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Mi aplauso del año

Mi aplauso del año

Es final de trimestre (o de curso, según calendarios escolares). ¡Por fin hemos llegado! Lo que parecía increíble en septiembre lo hemos hecho posible: abrir las puertas de los colegios, recibir a niños y jóvenes y dar clase todos los días. ¿Quién nos lo iba a decir a los docentes, cuando durante el verano nos daba vértigo pensar cómo podríamos llevar a cabo nuestro trabajo el próximo curso? Pues sí: LO HEMOS CONSEGUIDO.

Hemos sobrevivido a las nuevas rutinas imprescindibles en las escuelas: mascarilla 24/7, distancia 1.5m, ventilación constante (haga frío o calor; nos aclimatamos a lo que sea), micrófono incorporado, termómetro siempre a mano, desinfección de mesas cada cambio de clase y litros diarios de gel hidroalcohólico. Hemos incorporado nuevas condiciones para estar en nuestro puesto de trabajo, totalmente opuestas a las que acostumbrábamos a tener: mejor lejos que cerca, mejor reunirnos a través de la pantalla que en persona, mejor no comer juntos, mejor no compartir material ni espacio. Hemos desarrollado nuevas estrategias que parecían de película de ciencia ficción en un cole: inventar juegos y actividades grupales sin que nadie se mueva del sitio, dar clase simultáneamente a los del aula y a los de casa, aprender los nombres de nuestros alumnos reconociendo solo miradas y cumplir a rajatabla tanto protocolos sanitarios como programaciones didácticas. Todo hecho con diligencia y sin poner en duda la validez o no de las medidas que, por decreto ley, se tienen que cumplir.

También hemos sobrevivido a la incertidumbre inicial, al cambio de directrices y a la actualización de protocolos. Nos hemos habituado -como si lo normal fuera trabajar así- a los nervios y tensión constante desde el primer timbre hasta la hora de salida; al sobreesfuerzo en cada sesión por levantar más la voz y agudizar más el oído, por atender a los de casa y a los de clase intentando cumplir toda la programación como si fuera un curso normal. Estamos acostumbrados al estrés que supone la caída de la wifi y, por consiguiente, a no poder seguir con la clase tal y como la teníamos preparada. También a la tristeza y el enfado que supone recibir algunos mensajes de familias que juzgan nuestro trabajo, sin conocimiento de causa. Y, además, hemos aprendido a convivir con el miedo que produce la noticia de un nuevo positivo o confinamiento en el aula donde damos clase. Porque el grupo de mayor riesgo en un colegio -no lo olvidemos- somos los profesores.

Pero, por si esto no es suficiente, hemos logrado integrarlo todo transmitiendo la mayor serenidad y normalidad posible, siendo cercanos sin poder acercarnos unos a otros, con la certeza y la responsabilidad de saber que nuestro trabajo resulta indispensable para nuestros alumnos y familias, aprendiendo y enseñando a cuidarnos. También nos hemos especializado en ser agentes de esperanza, con nuestro ejemplo constante y nuestra valentía diaria. Y, algunos, intentamos sembrar alegría con nuestra oración compartida con los niños y jóvenes cada mañana y con nuestra confianza puesta en Dios, como nos enseña Calasanz.

Por todo esto me alegra ver estos días en las redes sociales y recibir cadenas de mensajes de whatsapp agradeciendo la labor de los docentes. Aunque no nos lo den, nos merecemos uno de los aplausos de 2020.

MARÍA MUÑOZ

MARÍA MUÑOZ

Educadora

Profesora de lengua castellana y valenciano en Secundaria y Directora General del colegio San José de Calasanz de Valencia (España). Casada y madre de dos hijos, pertenece a la Fraternidad de la provincia Betania.

Presencia Escolapia: Oportunidad para la sinergia

Presencia Escolapia: Oportunidad para la sinergia

El concepto de Presencia asumido en el n° 12 de nuestras Reglas no detalla, por motivos obvios, la manera como debemos trabajar los escolapios. Y si bien es cierto solemos utilizar como su clave hermenéutica el n° 103 de las mismas Reglas en cuanto a espacio de vinculación e impulso con/de la comunidad cristiana escolapia, quisiera comprender este concepto también desde la hermenéutica de nuestras Constituciones en sus capítulos 1° y 6°, ayudado del concepto de sinergia que también se adapta a esta dinámica conceptual.

En la Orden hemos avanzado mucho en la comprensión de lo que entendemos hoy como misión escolapia, reconociendo e impulsando al menos tres plataformas de ella: educación formal, educación no formal y parroquias. Como si fuera poco, los indicadores de calidad calasancia cada vez explicitan más la vinculación entre ellas, abriéndonos el camino de una nueva forma de organizar y gestionar nuestra vida y misión. En este sentido, el concepto de sinergia puede ayudarnos mucho, pues da mecanismos concretos para superar individualismos o visiones restringidas y/o privativas en el manejo de los bienes humanos y materiales, favoreciendo un clima mucho más horizontal, participativo y sinodal

La sinergia supone mucho más que la buena voluntad y el trabajo en equipo. Tampoco trata de la simple suma de cosas y personas o de un añadido interminable de propósitos y objetivos. Solo se trabaja realmente en sinergia cuando las partes se comprometen en un proyecto común y en su finalidad concreta. Se trata de un proceso de afinamiento colectivo-carismático que quiere aportar sentido y dirección a lo que hacemos, para ser más fieles y eficaces en la misión de reformar la sociedad (C.5) en clave de justicia y fraternidad (C.11), pero donde la manera de trabajo y organización explicite claramente nuestra forma de vivir el Evangelio.

Así, la vida y misión de la Presencia Escolapia, concebida organizativa desde la idea de sinergia, nos brinda una gran oportunidad:

  • Para renovar la capacidad que tenemos de “poner con alegría al servicio de los demás, nuestros bienes de naturaleza y de gracia, nuestra capacidad de trabajo y nuestro tiempo” (C. 66)
  • Para potenciar “nuestras obras (y proyectos) en beneficio de los pobres y jóvenes” (C. 71). Con novedosa y creciente rentabilidad en nuestra capacidad de misión.
  • Cuidando y utilizando responsablemente los bienes (C. 72).
  • Con criterio de subsidiaridad (C. 73). Es decir, comprendiendo los bienes y su organización desde una mirada mucho más amplia, generosa e inclusiva, con auténtica empatía cristiana y religiosa.

 

P. Rodolfo Robert Sch. P.

La Romana, República Dominicana

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

Escolapio

Nacido en San José, Costa Rica (1961) es Religioso Escolapio de la Provincia Centroamérica-Caribe. Se ha desempeñado en la Escuela Pía como educador, formador, Superior Mayor y Delegado General para el Ministerio. Actualmente sirve a la misión en La Romana, República Dominicana.