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Creer en el pueblo

Creer en el pueblo

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11).

En los tiempos actuales, pareciese extenderse como una plaga la “ignorancia pretendida”. Cuando escuchamos a “terraplanistas”, negacionistas de toda evidencia científica, seguidores de teorías conspirativas, etc. quienes valoramos la educación, la formación intelectual y la actualización constante, nos sentimos avergonzados por tanta ignorancia compartida y divulgada en redes sociales, medios de comunicación, etc.

Pero también en nosotros, quienes abogamos por una buena formación, existe una tentación. Cuando nos situamos en ambientes populares, más aún cuando son pueblos originarios con una cultura ancestral, podemos encaramarnos en nuestro juicio ilustrado y no descender de ahí. Desde nuestro pedestal intelectual, obviamos muchas veces la sabiduría del pueblo sencillo. Una sabiduría que proviene de la historia, forjada en las brasas de la opresión, de la dominación, del desprecio por parte de élites que siempre los trataron como inferiores.

Nuestros pueblos sencillos saben muchas cosas, como que la historia se construye con trabajo y lucha; que su voz debe hacerse respetar para no volver a los tiempos oscuros de la exclusión; que sus costumbres tienen fundamento y no son simple superstición; que su forma de organizarse y gobernarse es tan válida y respetable como la de cualquier otro pueblo.

Como escolapios, somos y debemos ser educadores, no ilustrados instructores de seres pequeños e ignorantes. Seamos más fraternos y menos paternalistas. Escuchemos más lo que los sencillos nos dicen. Creamos más en el pueblo, en sus anhelos de una vida digna y feliz, y, junto con ellos, busquemos los mejores caminos para lograrlo.

«La gran tradición bíblica prescribe a todos los pueblos el deber de escuchar la voz de los pobres y de romper las cadenas de la injusticia y la opresión que dan lugar a flagrantes e incluso escandalosas desigualdades sociales» (Francisco, 2015).

P. Carlos Aguerrea Sch. P.

Anzaldo (Bolivia)

CARLOS AGUERREA

CARLOS AGUERREA

Escolapio

Gente sencilla, silenciosa, llena de santidad, fuera de las “redes”

Gente sencilla, silenciosa, llena de santidad, fuera de las “redes”

Las “redes” en la actualidad son un medio privilegiado para comunicar, socializar, informar, enlazar, publicitar, incluso para evangelizar. La crisis sanitaria que vivimos no sería lo mismo sin las redes sociales. Una nueva cultura esta emergiendo y no sabemos que visión de ser humano va a privilegiar.

El fenómeno de “la economía de la atención y de la popularidad”, provoca que nuestra atención se centre en los correos electrónicos, en redes sociales, mensajes, fotos de famosos, likes, youtubers, retuits, en personas que tengan sólo cierto número de seguidores, de suscriptores, etc. Se escucha constantemente; «Las personas a las que sigues están prestando atención a este tema, leyendo tal libro, siguiendo a este influencer, usando esta línea de ropa, etc.»

La crisis sanitaria y las crisis que le acompañan ponen al descubierto la fragilidad de nuestro mundo cimentado sobre la arena de la soberbia de creernos dueños de la posmodernidad. Las cargas se están volviendo insoportables… En el mundo complejo en el que vivimos parece que no hay espacio para los sencillos, son otros los valores que prevalecen. No todos pueden entender/aceptar un lenguaje y este estilo de vida sencillo, callado, de “abajamiento”.

Hoy se habla poco de pequeños gestos de amor en lo cotidiano, quizás porque se vive con las prisas, las indiferencias, temores, la tecnología, etc. A lo mejor nos hemos acostumbrado a ver “grandes personajes” sólo en pantallas y lejos de nosotros, gente anónima muchas veces que simplemente la suben a la red. Quizás nos estamos perdiendo de lo mejor de nuestro “prójimo/próximo” que ha sembrado y cultivado grandes cosas desde el silencio de lo cotidiano.

Calasanz y el Papa Francisco iluminan este fenómeno social. Calasanz fue una persona sencilla y humilde, en continuo estado de abajamiento. Acompañó a los niños, religiosos, maestros, colaboradores, cofradías, enfermos. Se donaba con empeño y gratitud en pequeñas acciones: preparaba clases, escribía cartas, colaboraba con la limpieza de las aulas, acompañaba a los niños a sus casas después de la escuela, en la vida, fragilidad y búsquedas de sus religiosos. Seguramente podemos imaginarnos a Calasanz en más y variados escenarios como estos, actuando con profunda santidad y donación desde lo cotidiano, lo sencillo y el silencio.

El Papa Francisco nos habla sobre los «santos de la puerta de al lado» es la “santidad de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios o «la clase media de la santidad»” , personas con una sabiduría que sólo se aprende en la escuela de la fe y el amor. Hay mucha gente de “este calibre” a nuestro alrededor, sólo falta que abramos los ojos del corazón para mirar y donar una sonrisa agradecida por tan bellas personas.

Siguen existiendo muchas personas y muchos escolapios que siguen siendo modelos de santidad, como lo fue y sigue siendo Calasanz, que lo demuestran día a día. Estas personas son testimonio vivo y referentes de santidad cercanos a nosotros como lo dice el Papa.

Estas personas demuestran con su vida que el cristianismo y las Escuelas Pías son la revolución del amor ¿A quién no le fascina encontrarse con esas personas sabias que irradian y transmiten a través de su vida lo eterno sobre la realidad de lo cotidiano? Saben estar en la vida, tan presentes y entregadas, hacen lo que conviene hacer y saben dejar a otros hacer cuando así conviene. Personas sencillas, humildes, a veces cansadas, que nos hacen presente la bondad y belleza del rostro del Amor que las habita.

Calasanz se hizo santo desde lo pequeño, desde el silencio. Gracias Calasanz y gracias a tantos hermanos que nos demuestran que una vida en santidad es posible. Gracias por estas expresiones de amor y por la actitud humilde de ustedes, que aceptan a Dios como centro de la vida y de la historia, que puede transformar la pequeñez en grandeza.

Descubramos en Calasanz un referente de Santidad desde el abajamiento y lo cotidiano. Su vida sin lugar a duda puede darnos referentes de cómo cultivar una auténtica relación con Dios que se vea reflejada en nuestros quehaceres cotidianos y escolapios.

Sergio Zamarripa Alfaro

SERGIO RENÉ ZAMARRIPA ALFARO

SERGIO RENÉ ZAMARRIPA ALFARO

Escolapio

Religioso Escolapio de México. Actualmente estudia Teología y Educación. Acompaña procesos de Movimiento Calasanz, Sínodo Escolapio de los Jóvenes y es miembro del Consejo Provincial de México. Apasionado por la pastoral y el acompañamiento de adolescentes y jóvenes. Jesús y Calasanz un referente para su vida.
Come cominciare? Come ri-cominciare? Come continuare?

Come cominciare? Come ri-cominciare? Come continuare?

Qualche giorno fa ho ricevuto da Andrés l’invito a scrivere un blog, il mio primo blog… L’ho accettato.

Naturalmente la mia prima domanda rivolta a me stesso era: su che cosa scrivere?

Ma subito ho avvertito in me un allarme interiore, che mi diceva: “Attenzione! La domanda: ‘su che cosa scrivere?’ può essere una piccola auto-trappola!

Auto-trappola che è simile a quella della domanda del giovane ricco del Vangelo: “cosa devo fare?” (Mt 19,16-22).

Domanda di per se buona e anche giusta, ma che potrebbe avere in se l’aspettativa di un risultato rapido e grandioso. Ma la rapidità a la grandiosità non sono dei valori molto evangelici, anzi.

E allora qual è una domanda abbastanza buona e giusta per partire? Cioè, quella che garantisce un fondamento solido (=evangelico) del come cominciare, come ricominciare, come continuare?

Penso che il modo più sicuro è prestare attenzione e partire dal “qui e ora” (…è proprio ciò che cerco di fare fin dalla prima riga).

Saltando il “qui e ora” e passare subito al “cosa devo fare?”, rischierei d’ignorare il processo.

Rischierei di cadere in un duplice autoinganno:

  • Autoinganno della importanza della forma: porre l’accento a quello che è subito visibile, dare l’importanza alla pubblicità per vendere il prodotto con successo;
  • Sarebbe interessante conoscere quale aspettativa riguardo alla forma aveva il giovane ricco da Gesù;
  • Quale forma esterna, secondo lui, Gesù gli avrebbe potuto proporre?
  • Autoinganno della importanza del contenuto: diventare convintissimo che sono soprattutto i contenuti più moderni (metodi, strategie, pianificazioni…) che meglio garantiscono il vendere del prodotto; proprio perché si aspetta un’efficacia veloce.
  • È interessante osservare, come Gesù (non) risponde al giovane ricco alla sua domanda, ma gli pone una contro-domanda: “perché mi chiami buono?” – ecco la domanda che riporta il giovane dalle nuvole del sognato futuro più presto possibile realizzato al semplice, pacifico e reale “qui e ora”, con i piedi sulla terra;
  • Soltanto dopo aver trovato una risposta sincera,qui e ora”, in questo caso al “perché mi chiami buono?”, questa può diventare il trampolino per un “domani” solido.
  • Il contenuto e anche la forma sono importanti nel nostro “fare”, ma solo quando sono in giusto equilibrio con il processo che riesce a garantire un’attenzione adeguata a “qui e ora” di ogni uno degli agenti del nostro operare.
  • Ascolto attento del giovane ricco da parte di Gesù e la sua contro domanda sono buoni esempi dell’attenzione al processo da parte di Gesù e anche l’invito al giovane di rallentare e riflettere sul proprio processo interiore.
  • Sarebbe interessante sapere, in che direzione aveva continuato la riflessione del giovane dopo il suo andarsene rattristato. Forse è stata per lui una “tristezza beata”…

Mi sembra, almeno per ora ne sono convinto, che questa potrebbe essere la strada per cominciare, ricominciare, continuare… non soltanto di questo mio blog, ma di ogni nostra opera buona, perché sia basata su un fondamento solido.

P. Juraj Gendiar Sch. P.

JURAJ GENDIAR

JURAJ GENDIAR

Scolopio

Nato nel 1974, scolopio di Slovacchia dal 1993, attualmente rettore della comunitá di Trenčín, insegnante di religione nel liceo. Dal 2007 presta ai consacrati e ai laici il servizio dell’acompagnamento psico-spirituale e psicoterapeutico.

Cuidar los lugares donde nos humanizamos

Cuidar los lugares donde nos humanizamos

Uno de los efectos de la pandemia mundial y la necesidad de reducir la actividad social para evitar los contagios, ha sido el debilitamiento de los lugares donde las personas referimos nuestras vidas, nos reconocemos, nos relacionamos, nos ayudamos, en definitiva, donde nos humanizamos.

Cuando Marc Augé, antropólogo francés, publicó en 1992 “Los no lugares. Espacios del anonimato”, nos alertó sobre un efecto causado por lo que él llamo la sobremodernidad: la proliferación acelerada de los no lugares. En estos espacios producidos por las instituciones modernas, domina la lógica de la funcionalidad concreta asignada socialmente: un aeropuerto, un centro comercial, una oficina de empleo, por ejemplo, son espacios creados, diseñados y pensados para una función concreta. En ellos, lo central no es la persona que lo utiliza, sino el servicio que se presta o la mercancía que se distribuye. En los no lugares es habitual, porque forma parte de la economía propia del espacio, sentirse un número más, un expediente, un individuo anónimo que es atendido, pero no reconocido. El anonimato es la norma, ya que de este modo se pretende asegurar la equidad y la transparencia, por no existir, idealmente, la posibilidad del trato de favor a una persona cercana. Las relaciones establecidas desde el anonimato no pasan, en el mejor de los casos, de las normas sociales de cortesía.

Cuando la pandemia nos ha impuesto el confinamiento, el toque de queda, la eufemísticamente llamada distancia social, y el enmascaramiento de nuestros rostros, la tendencia dominante ha sido la de acelerar todavía más el proceso de conversión de lugares donde las personas nos relacionábamos, nos reconocíamos y referíamos nuestra vida, en no lugares donde casi no nos cruzamos ni la mirada, interaccionamos lo menos posible, y, por supuesto, nos mantenemos siempre a distancia. En el mejor de los casos, hemos recurrido a la mediación de la tecnología para simular lugares de encuentro y relación, con las limitaciones que lógicamente conlleva.

Son muchas las tareas que, en estos tiempos, y más en los que van a venir, nos tocan asumir. Una de las más importantes va a ser la de REINICIAR y cuidar nuestras presencias escolapias, comunidades, colegios, centros culturales, hogares, proyectos sociales y parroquias, para que sean LUGARES donde sea posible otra vez relacionarse, reconocerse, acompañarse y crear comunidad, para que podamos ser personas en relación, para que el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Vida, encuentre un lugar donde habitar.

Alberto Cantero

ALBERTO CANTERO

ALBERTO CANTERO

Escolapio laico

Casado y padre de tres hijos. Escolapio laico. Licenciado en Antropología social y cultural y en Ciencias Físicas. Coordinador de formación de la Red Itaka-Escolapios y de Itaka-Escolapios Emaús. Miembro del Consejo de la Fraternidad General.

Reencuentros

Reencuentros

En este último año y medio la realidad se ha empeñado en adiestrarnos en el difícil arte de recomenzar. A veces se ha topado con nuestra resistencia y otras tantas con nuestra incapacidad para conocer de modo nuevo lo que estábamos acostumbrados a ver-escuchar-tratar a diario.

La semana de Pascua que iniciamos sugiere una suerte de “Manual de instrucciones” que apunta caminos de re-inicio de nuestras rutinas habituales,

  • …invitándonos a transitar del miedo a la alegría, sobrecogidos por la calidez de una presencia que nos sale al paso en los recorridos cotidianos y nos saluda con la buena noticia de la paz.
  • Citándose con nosotros en las primeras horas de cada día, cuando entre el sueño y el escalofrío de lo que traerá la nueva jornada otros se interesan por cómo nos va y nos devuelven un destello que sabe a identidad recobrada y a misión recibida a favor de muchos.
  • Demostrándose capaz de conjurar las ilusiones estériles del “nosotros esperábamos…” para ponernos de nuevo en camino con el corazón caldeado y los ojos prendidos en la belleza de Quien es capaz de hacer nuevas todas las cosas, incluso aquellas que a primera vista parecen tener un arreglo difícil.
  • Con el sabor intenso del pan partido y las brasas que esperan el fruto de una pesca abundante y asombrosa, dándonos la oportunidad de pasar un tiempo juntos. Corresponder a su gesto comienza a restañar las heridas del adentro causadas por la precipitación desmedida, disuelta en un “te quiero” que suena más a continuará que a happy end.
  • Con las notas alegres del reencuentro, posible a pesar de las puertas y los cerrojos, que abre a un presente distinto y a un futuro mejor.

Los coprotagonistas de los relatos de la Pascua se convierten en compañeros imprescindibles de camino cuando reemprendemos la tarea habitual modulando de modos diversos el mensaje del Resucitado que se empeña en mostrarnos de nuevo cómo la V/vida puede más.

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.

Hacer silencio… dejarnos interpelar por el Amor que nos habita

Hacer silencio… dejarnos interpelar por el Amor que nos habita

Las palabras que siguen están para ser dichas a mí mismo y, por si a alguno les pudiera servir, ahí las dejo.

Observo desde hace un tiempo, y yo mismo lo voy experimentando, que vivimos en un mundo muy exigente, en el cual la presión de rendimiento parece imponerse en el día a día. También en nuestros ambientes escolapios, urgidos por una misión que sigue de rabiosa actualidad, nos vemos envueltos en afanes, trabajos, acciones, proyectos; se nos exigen respuestas pedagógicas y pastorales de calidad, dedicación ministerial…

A veces puede parecer que nuestra labor al servicio de los demás se convierte en un frenético activismo, santo y bueno, pero que puede llegar a quemar a las personas y alejarlas del sentido profundo de esa misión. Ese sentido no es otro que colaborar en la construcción del Reino, pero…  “Nadie puede dar lo que no tiene”. Esta frase me ronda desde hace tiempo. Trabajar por el Reino sin haber descubierto que el Reino está dentro de nosotros… puede ser cuanto menos contradictorio e incluso contraproducente.

Por eso, considero que sería de gran importancia, en aquellos que nos consideramos escolapios, religiosos y laicos, parar un poco el ritmo, hacer silencio y dejarnos interpelar por el amor que nos habita. Sólo cada uno puede hacer ese viaje hacia los adentros. Me temo que no lo hacemos por miedo a lo que podamos encontrar, miedo a las heridas del alma, a lo desconocido… miedo a dejar nuestras ataduras, en fin. Mientras seguimos con la maquinaria encendida de nuestras santas acciones nos parece que no hay tiempo para apostar por esa mirada contemplativa, esa en la que aparecemos vulnerables, indefensos… pero que paradójicamente es la manera de rendirnos al Amor, un Amor que es fuente de plenitud y fecundidad para nuestra vida y nuestras acciones.

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador