+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net
Las palabras

Las palabras

Muchas veces no nos damos cuenta de cómo dañamos a las personas. Y es que hay tantas formas, que uno debe tener cuidado cuando interactúa con el otro, con nuestro hermano. Mucha razón tiene Benito Taibo en su libro Persona normal cuando dice: “La gente tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie para siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como Justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero… Lo importante es cómo se usan y qué se quiere decir cuando se usan”. En este apartado se verá desde la perspectiva de algo esencial en la comunicación.

Ciertamente, las palabras pueden ser pétalos de rosas que al expresarlas acaricien la mejilla del otro, alegrándole el día, el mes, el año, incluso la vida, pero también pueden ser como una daga filosa que penetre hasta el corazón y lo haga desangrarse y, por ende, destruir a las personas. Jesús mismo uso palabras para enseñar a sus discípulos, cuando comía con ellos les enseñaba. Y es que pareciera que hasta en los momentos más sencillos, las palabras correctas pueden construir el Reino de una manera impresionante. Siempre una palabra precisa en el momento preciso hará que alguien te lo agradezca toda la vida.

Con las palabras se puede ofender a Dios de varias maneras; mintiendo, levantando falsos o difamando o murmurando contra mi hermano. La afirmación o murmuración debe evitarse. Además, las palabras, dependiendo del tono y la intención, cobran significados distintos. Si se dicen con mala fe, intentando herir, incluso las palabras aparentemente más sencillas pueden volverse horrorosas. Pero en el fondo no son más que palabras.

Por lo tanto, desde nuestra realidad escolapia (colegio, parroquia, centros sociales, Movimiento Calasanz, nuestra comunidad y familia) seamos de Dios construyendo el Reino de Dios con nuestra prédica. Como dice correcta y acertadamente San Oscar Arnulfo Romero en una de sus homilías: “La palabra es la fuerza. La palabra cuando no es mentira lleva la fuerza de la verdad. Por eso hay tantas palabras que no tienen fuerza ya en nuestra patria, porque son palabras que han perdido su razón de ser”. Que el Señor siempre nos lleve de su mano misericordiosa.​

José Emmanuel Campa Gándara Sch.P.

 

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

Escolapio

Nacido en Celaya, Guanajuato. Religioso escolapio de la Provincia de México desde 2015. Actualmente estudiante de licenciatura en teología, así mismo de licenciatura en educación media superior intercultural con especialidad en español y literatura. Apasionado de la música. Ha coordinado grupos juveniles y Canta Calasanz en la misma provincia.

Juvenicidio: un grito al que hay que responder

Juvenicidio: un grito al que hay que responder

Cuando se necesita crear un término para describir una realidad, es porque esta alcanza un nivel notable de relevancia. De eso trata, por desgracia, el “juvenicidio”, definido por José Manuel Valenzuela, como “el conjunto de procesos radicales de precarización, vulnerabilidad, estigmatización, criminalización y muerte de la población joven”.

Desde cualquier mirada y en cualquier lugar del mundo, el drama es siempre el mismo: son predominantemente jóvenes los que llenan las noticias y estadísticas de exclusión y muerte.

Se trata de una franja de población específica profundamente castigada, sin canales eficaces de movilidad social y en evidente tensión estructural, donde sus integrantes más pobres se perciben como poco productivos, sin proyectos reales de preparación y socialmente “incómodos”. Eso los vuelve, no solamente prescindibles a nivel social, sino también sacrificables.

Sin la fuerza visible de otros colectivos más organizados, la juventud experimenta una auténtica amenaza que compromete sus derechos humanos básicos, comenzando con el de la misma vida. Su alto nivel de informalidad escolar y laboral y un mundo de horizontes restringidos hacen de esta población un sujeto colectivo en grave riesgo: altamente expuesto al trabajo de explotación, a la condición de no trabajar y tampoco estudiar (Ninis); a participar como víctimas-victimarios en diversos conflictos armados; unirse a la creciente población apátrida en procesos migratorios cada vez más desfavorables; a ser agentes activos y víctimas de redes criminales, particularmente de narcotráfico y trata; y hasta padecer hambre y muerte prematuras por falta de acceso a servicios sociales y de salud adecuados.

Una lectura de mirada estrecha del n° 2 de nuestras Constituciones, puede hacernos creer que la “liberación de la ignorancia y del pecado”, centrada en los niños y jóvenes como sujetos de esas carencias y no como víctimas sociales de ellas, no tiene que ver con los atropellos criminales que sufren los jóvenes más vulnerables. Quizás la larga reflexión sobre las “nuevas pobrezas” donde los escolapios poníamos especial atención a problemas educativos y emocionales nos hicieron desviar la mirada de una realidad que se mantenía y expandía con toda su crueldad: la de la pobreza abierta, la marginación, la explotación y la muerte de los jóvenes.

Los efectos macro sociales de esta Pandemia (aún por verse) no solo se llevarán conocimientos y competencias educativas y emocionales. Se llevarán, al menos por una década, los sueños y posibilidades de una vida digna para millones de jóvenes. Y mientras tanto, las armas de la muerte se preparan para dar nuevos zarpazos, a través de mecanismos de explotación y destrucción cada vez más oscuros.

La urgencia por “volver” a los radicales esenciales de la misión escolapia, debe llevarnos a una profunda reflexión que se traduzca en acciones directas y eficaces para proteger la vida de la juventud. Por eso insto, con todo respeto, a los participantes del próximo Capítulo General de la Orden, a dar un espacio que permita discernir un poco este enorme desafío, que toca de manera tan directa a nuestro carisma.

P. Rodolfo Robert Sch. P.

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

Escolapio

Nacido en San José, Costa Rica (1961) es Religioso Escolapio de la Provincia Centroamérica-Caribe. Se ha desempeñado en la Escuela Pía como educador, formador, Superior Mayor y Delegado General para el Ministerio. Actualmente sirve a la misión en La Romana, República Dominicana.

El valor de la gratuidad

El valor de la gratuidad

Nuestra sociedad es calificada como sociedad de consumo, de clases, de la información, del conocimiento, del bienestar, de los derechos… Ojalá fuera la sociedad de la gratuidad y no del comercio, del agradecimiento y no de la queja, del dar sin esperar nada a cambio y no de la conveniencia, de la sabiduría y no de la acumulación de títulos, del maravillarnos por los regalos que recibimos en la vida y las personas que nos rodean, de la felicidad por las cosas pequeñas y no de las ansias infinitas de querer más, de sentir cerca al Padre Dios que nos ama y no en creernos dioses.

Los educadores hemos de tener muy claro qué vamos a ofrecer a nuestros niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias.

Podemos orientarles a ser más eficientes, informados, exigentes consigo mismo y los demás… y no está mal: eso les va a dar más posibilidades. Podemos hacerles crecer en conocimientos, en expectativas de futuro, en sueños para sí mismos y los suyos… y eso es bueno porque les hace avanzar. Podemos desarrollar su inteligencia, el control de sus emociones, las diversas habilidades, los rasgos de su carácter, su sociabilidad… y eso les abrirá un mundo de posibilidades.

Pero si queremos que sean felices, que sean constructores de un mundo mejor para toda la humanidad, que valoren cada segundo de su vida, hemos de enseñarles a descubrir la gratuidad. La gratuidad de una vida regalada con todo lo que conlleva: una mente para entender, un corazón para sentir, unas manos para hacer, unos pies para movernos, unos ojos para maravillarnos, un cuerpo para ser nosotros mismos… y, sobre todo, unas personas para querer y ser querido, una naturaleza para vivir en sintonía y cuidar.

Para ello hemos de educar desde y en la gratuidad. Lo más importante es gratis, es regalo. Está bien tener derechos, pero es mucho mejor ser un regalo para los demás, vivir todo como un regalo. El descubrimiento del don de lo que nos rodea, el ser voluntario, el compartir, el dar sin esperar… es el camino de vida plena. El encontrarse con el Dios amor que se da gratis nos muestra que la gratuidad es el camino de vida plena que nos muestra Jesucristo (Mt 10, 8).

P. Javier Aguirregabiria Aguirre Sch. P.

JAVIER AGUIRREGABIRIA AGUIRRE

JAVIER AGUIRREGABIRIA AGUIRRE

Escolapio

Escolapio, religioso, sacerdote, educador, amigo de Jesús, enamorado de la misión escolapia, apasionado por la Fraternidad y el laicado. Ejerce actualmente como Provincial de Brasil – Bolivia y Presidente de la Red Itaka – Escolapios.

La exposición social, un síntoma de un deseo profundo

La exposición social, un síntoma de un deseo profundo

Dice Aristóteles que el ser humano desea saber, pero, podemos realizarnos la pregunta de forma diferente: ¿el ser humano desea revelar?

Hoy existe mucha información personal en internet: datos que proporcionamos de forma consiente e inconsciente, ¿qué dicen los primeros de nosotros?

El filósofo Axel Honneth sostiene su teoría política de las “esferas del reconocimiento”. Son tres. En ellas el ser humano procura ser reconocido: en la más amplia se espera obtener la legalidad del Estado; en la segunda, la colaboración de los cercanos; finalmente, la más pequeña, la del amor, abarca a las personas más íntimas.

Podemos comprender así la mayoría de las acciones humanas desarrolladas también en las redes sociales. Se anhela estar dentro de estas esferas, especialmente la más íntima, que implica una acogida total de nuestra identidad.

La escena de Jesús frente a Pilato con la pregunta sobre la verdad nos enseña una gran lección: la verdad no es un “qué”, sino un “quién”. Soy yo mismo como persona. Interpretamos entonces que tanta insistencia en publicar trozos de nuestra vida en las redes, manifiestan un deseo profundo de ser acogidos tal y como somos por los otros, aún bajo el riesgo que esto implica de ser rechazados, burlados, acusados, juzgados… Esto, porque somos propensos al otro.

Lo mismo ocurre con Dios: la Revelación en un sentido simple significa que Él se acerca primero para dejarse ver tal cual es.

Decir la verdad es un desvelamiento de todo lo que uno es en vulnerabilidad junto con la esperanza de no ser atropellados en el intento. Pero tal revelación no puede ser comprendida por todos. Las redes sociales manifiestan el anhelo, pero no lo satisfacen a fondo.

Sólo se conoce lo que se ama y uno no se puede revelar del todo a quien no le ama, la verdad sólo se encuentra segura para andar desnuda, donde se sabe acogida. Esto es “pudor”, un no revelarse a todos, porque para llegar a esto se necesita gran confianza.

La interacción social manifiesta el deseo de ir al encuentro del otro, pero el ansia de la exposición social, es una manifestación de la verdad que no ha encontrado un puerto seguro donde arribar. Construir humanidad significa crear estos espacios.

Luis Demetrio Castillo Padilla Sch. P.

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

Escolapio

Nací en San José, Costa Rica y crecí en una zona montañosa del país. Actualmente estoy en Caracas donde vivo la misión escolapia y estudio teología.

Creer en el pueblo

Creer en el pueblo

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11).

En los tiempos actuales, pareciese extenderse como una plaga la “ignorancia pretendida”. Cuando escuchamos a “terraplanistas”, negacionistas de toda evidencia científica, seguidores de teorías conspirativas, etc. quienes valoramos la educación, la formación intelectual y la actualización constante, nos sentimos avergonzados por tanta ignorancia compartida y divulgada en redes sociales, medios de comunicación, etc.

Pero también en nosotros, quienes abogamos por una buena formación, existe una tentación. Cuando nos situamos en ambientes populares, más aún cuando son pueblos originarios con una cultura ancestral, podemos encaramarnos en nuestro juicio ilustrado y no descender de ahí. Desde nuestro pedestal intelectual, obviamos muchas veces la sabiduría del pueblo sencillo. Una sabiduría que proviene de la historia, forjada en las brasas de la opresión, de la dominación, del desprecio por parte de élites que siempre los trataron como inferiores.

Nuestros pueblos sencillos saben muchas cosas, como que la historia se construye con trabajo y lucha; que su voz debe hacerse respetar para no volver a los tiempos oscuros de la exclusión; que sus costumbres tienen fundamento y no son simple superstición; que su forma de organizarse y gobernarse es tan válida y respetable como la de cualquier otro pueblo.

Como escolapios, somos y debemos ser educadores, no ilustrados instructores de seres pequeños e ignorantes. Seamos más fraternos y menos paternalistas. Escuchemos más lo que los sencillos nos dicen. Creamos más en el pueblo, en sus anhelos de una vida digna y feliz, y, junto con ellos, busquemos los mejores caminos para lograrlo.

«La gran tradición bíblica prescribe a todos los pueblos el deber de escuchar la voz de los pobres y de romper las cadenas de la injusticia y la opresión que dan lugar a flagrantes e incluso escandalosas desigualdades sociales» (Francisco, 2015).

P. Carlos Aguerrea Sch. P.

Anzaldo (Bolivia)

CARLOS AGUERREA

CARLOS AGUERREA

Escolapio

Gente sencilla, silenciosa, llena de santidad, fuera de las “redes”

Gente sencilla, silenciosa, llena de santidad, fuera de las “redes”

Las “redes” en la actualidad son un medio privilegiado para comunicar, socializar, informar, enlazar, publicitar, incluso para evangelizar. La crisis sanitaria que vivimos no sería lo mismo sin las redes sociales. Una nueva cultura esta emergiendo y no sabemos que visión de ser humano va a privilegiar.

El fenómeno de “la economía de la atención y de la popularidad”, provoca que nuestra atención se centre en los correos electrónicos, en redes sociales, mensajes, fotos de famosos, likes, youtubers, retuits, en personas que tengan sólo cierto número de seguidores, de suscriptores, etc. Se escucha constantemente; «Las personas a las que sigues están prestando atención a este tema, leyendo tal libro, siguiendo a este influencer, usando esta línea de ropa, etc.»

La crisis sanitaria y las crisis que le acompañan ponen al descubierto la fragilidad de nuestro mundo cimentado sobre la arena de la soberbia de creernos dueños de la posmodernidad. Las cargas se están volviendo insoportables… En el mundo complejo en el que vivimos parece que no hay espacio para los sencillos, son otros los valores que prevalecen. No todos pueden entender/aceptar un lenguaje y este estilo de vida sencillo, callado, de “abajamiento”.

Hoy se habla poco de pequeños gestos de amor en lo cotidiano, quizás porque se vive con las prisas, las indiferencias, temores, la tecnología, etc. A lo mejor nos hemos acostumbrado a ver “grandes personajes” sólo en pantallas y lejos de nosotros, gente anónima muchas veces que simplemente la suben a la red. Quizás nos estamos perdiendo de lo mejor de nuestro “prójimo/próximo” que ha sembrado y cultivado grandes cosas desde el silencio de lo cotidiano.

Calasanz y el Papa Francisco iluminan este fenómeno social. Calasanz fue una persona sencilla y humilde, en continuo estado de abajamiento. Acompañó a los niños, religiosos, maestros, colaboradores, cofradías, enfermos. Se donaba con empeño y gratitud en pequeñas acciones: preparaba clases, escribía cartas, colaboraba con la limpieza de las aulas, acompañaba a los niños a sus casas después de la escuela, en la vida, fragilidad y búsquedas de sus religiosos. Seguramente podemos imaginarnos a Calasanz en más y variados escenarios como estos, actuando con profunda santidad y donación desde lo cotidiano, lo sencillo y el silencio.

El Papa Francisco nos habla sobre los «santos de la puerta de al lado» es la “santidad de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios o «la clase media de la santidad»” , personas con una sabiduría que sólo se aprende en la escuela de la fe y el amor. Hay mucha gente de “este calibre” a nuestro alrededor, sólo falta que abramos los ojos del corazón para mirar y donar una sonrisa agradecida por tan bellas personas.

Siguen existiendo muchas personas y muchos escolapios que siguen siendo modelos de santidad, como lo fue y sigue siendo Calasanz, que lo demuestran día a día. Estas personas son testimonio vivo y referentes de santidad cercanos a nosotros como lo dice el Papa.

Estas personas demuestran con su vida que el cristianismo y las Escuelas Pías son la revolución del amor ¿A quién no le fascina encontrarse con esas personas sabias que irradian y transmiten a través de su vida lo eterno sobre la realidad de lo cotidiano? Saben estar en la vida, tan presentes y entregadas, hacen lo que conviene hacer y saben dejar a otros hacer cuando así conviene. Personas sencillas, humildes, a veces cansadas, que nos hacen presente la bondad y belleza del rostro del Amor que las habita.

Calasanz se hizo santo desde lo pequeño, desde el silencio. Gracias Calasanz y gracias a tantos hermanos que nos demuestran que una vida en santidad es posible. Gracias por estas expresiones de amor y por la actitud humilde de ustedes, que aceptan a Dios como centro de la vida y de la historia, que puede transformar la pequeñez en grandeza.

Descubramos en Calasanz un referente de Santidad desde el abajamiento y lo cotidiano. Su vida sin lugar a duda puede darnos referentes de cómo cultivar una auténtica relación con Dios que se vea reflejada en nuestros quehaceres cotidianos y escolapios.

Sergio Zamarripa Alfaro

SERGIO RENÉ ZAMARRIPA ALFARO

SERGIO RENÉ ZAMARRIPA ALFARO

Escolapio

Religioso Escolapio de México. Actualmente estudia Teología y Educación. Acompaña procesos de Movimiento Calasanz, Sínodo Escolapio de los Jóvenes y es miembro del Consejo Provincial de México. Apasionado por la pastoral y el acompañamiento de adolescentes y jóvenes. Jesús y Calasanz un referente para su vida.