+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net
Sencillos actos de amor

Sencillos actos de amor

“Él opina que solo un gran poder puede contener el mal, pero eso no es lo que yo he aprendido. He aprendido que son los detalles cotidianos, los gestos de la gente corriente, los que mantienen el mal a raya, los actos sencillos de amor” (Gandalf -Mithrandir- en El hobbit, un viaje inesperado).

El mundo del cine nos ha venido presentando, a través de sus grandes producciones, batallas grandiosas, masificadas, exageradas en los detalles bélicos y, al mismo tiempo, detalladas en gestos concretos de sacrificio, entrega y donación. Desde el desembarco en la playa de Omaha (Salvar al soldado Ryan, Steven Spielberg, 1998), o la resistencia imposible de Balian de Ibelín en Jerusalén (Kingdom of Heaven, Ridley Scott, 2005), el heroísmo de Desmond Doss en Hasta el último hombre (Mel Gibson 2016), o las sagas de El señor de los anillos y El Hobbit, Juego de Tronos, Vengadores… la lucha del bien contra el mal se desarrolla siempre de forma dicotómica, mientras nos introducen en grandilocuentes batallas llenas de sangre y muerte, al mismo tiempo, nos dan un respiro de vida y esperanza con pequeños detalles y gestos de solidaridad, de entrega, de ternura, de confianza en un bien mayor que sobrevive a tanta angustia y desolación.

La historia humana se ha ido forjando sobre una tierra regada con sangre, sembrada con vidas inocentes sacrificadas en nombre del poder, el dominio económico, los mapas o las banderas. Sin embargo, las verdaderas conquistas de la humanidad y que han supuesto un punto de inflexión, nos remiten a avances científicos y tecnológicos, innovaciones intelectuales y culturales, testimonios públicos o anónimos de entrega por una causa que nos dignifica y humaniza. Cuando lo mejor del corazón humano aflora y se comparte, todo alrededor cambia y se transfigura.

Ya nos lo decía Jesús: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mt. 11,12). Pero también: “Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha” (Mc, 4,26-29).

Hay dos caminos hacia el Reino de Dios, hacia ese sueño que Dios tiene para la humanidad y para el universo. Uno de violencia, de esfuerzo, de grandes hazañas, de heroicas entregas. El otro suele pasar desapercibido y está lleno de pequeños gestos de cariño, de palabras de ánimo, de miradas cómplices, de abrazos y besos (incluso a pesar de pandemias), de servicios silenciosos para el bien común, de pensamientos altruistas y actitudes generosas, de actos sencillos de amor.

Cuando las grandes causas, los discursos aprendidos y los rituales establecidos, no van acompañados de esos sencillos actos de amor, de esas pequeñas semillas sembradas en el corazón humano, de esa cotidianidad empática y cariñosa, son como fantasmas, humo de incienso para disfrazar la realidad hedionda, que no mueve ni transforma nada.

“Belleza, bondad y verdad” deben caminar siempre juntas si queremos ser creíbles. O, con otras palabras, “estética, ética y autenticidad” deben sostener nuestros proyectos y quehaceres diarios. No creo haber sido llamado a grandes batallas, pero sí a la lucha diaria por sembrar aquello en lo que creo, por traducir en gestos y compartir con los demás aquellas intuiciones que voy descubriendo en la intimidad con Dios.

P. Carlos Aguerrea Sch. P.

Anzaldo (Bolivia)

CARLOS AGUERREA

CARLOS AGUERREA

Escolapio

El Reino de Dios se llama paz

El Reino de Dios se llama paz

Escribo en momentos de guerra en Ucrania, invadida por Rusia, su Presidente Putin. Con alarmas, sin ser adivino de malaventuranzas, de posible desarrollo involucrando otros países e incluso continentes. Una locura que supera todo calificativo de rechazo total. Lo bueno y deseable, por el contrario, es la paz. Paz que empieza con uno mismo: estar reconciliado con lo que uno es. Pero prosigue a todos los estamentos sociales y a todos los pueblos. Es verdad que este innato deseo de todo ser humano siempre ha estado frustrado desde que el hombre es hombre. Pensemos en lo de Caín y Abel, ya en el génesis de la historia bíblica. Pensemos en toda la historia que parece como una cadena de historias de guerras. Con todo, la paz es deseada sobre todo. Y este deseo universal lo uno esta vez con la evangelización. Pienso –es una opinión- que trabajar por conseguir la paz, ser constructores de paz viene a ser evangelizar, construir ya el Reino de Dios.

La paz es el nombre de la evangelización, hoy y quizás lo ha sido siempre. “Paz a vosotros”, saluda Jesús. Id por las poblaciones cercanas, entrad en ellas y en sus casas saludando “la paz a esta casa”. Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). En ser hijos de Dios, adoptivos en el Hijo Cristo Jesús, fue el núcleo de toda buena noticia para el ser humano. Su misión, en obediencia al Padre, fue mostrarnos que Dios es nuestro Padre. Un Padre de misericordia, perdón y ternura. ¿Y qué viene a ser la paz, en último término? La paz es imprescindible para la felicidad personal. El enfrentado tensional en sí mismo no es feliz ni hace felices a los demás que con él conviven. Y de un corazón belicoso no puede venir la paz a ningún nivel. No la construirá en sus relaciones sociales y comunitarias. Si reviste cargos políticos, no la verá sino como resultado de la guerra y el dominio violento.

Por muchas razones que llevan al escepticismo de alcanzar algún día la paz en todo rincón de la tierra, la paz es posible. La meta se reviste, sí, de proyecto utópico pero no ahoga el afán universal de vivir en paz. La visión de Isaías, no es el sueño de un visionario sino de quien anuncia planes de Dios para el mundo: “De las espadas forjarán arados, de las lanzas posaderas. No alzará su espada pueblo contra pueblo; no se adiestrarán para la guerra” (Is 2, 4).

P. Jesús María Lecea Sch. P.

Pamplona, marzo de 2022

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
Responsabilidad social: ¿altruismo o lavado de conciencia?

Responsabilidad social: ¿altruismo o lavado de conciencia?

La experiencia propia me permite pensar que hablar de Responsabilidad social debería entenderse como la posibilidad de abrir espacios donde la equidad se legitime, donde las manos y voces se encuentren para construir un proyecto común conjunto que permee escenarios para la inclusión, para mirar y escuchar al otro más allá de su capacidad productiva, más allá de una fuerza de trabajo, más allá de su cosificación…es decir, escenarios que permitan responder a la pregunta ¿Podremos vivir juntos?[1]

Últimamente se han puesto en boca de muchos dos términos que a primera vista encierran todo un compromiso axiológico: Responsabilidad social; sin embargo, surge la inquietud si en nuestro contexto colombiano (conflicto armado, corrupción, clientela política, inequidad, pobreza…) y en aquellos en cuyas manos y voces especialmente resuenan las dos palabras, existe el verdadero espíritu de querer reconocer en otros su verdadera condición humana que implica la posibilidad de desarrollo personal en términos de educación, inserción social y política, acceso a la información, sentido de pertenencia y naturalmente la satisfacción de necesidades vitales que aseguren su supervivencia.

Pues es claro que contextos de exclusión, marginalidad y pobreza (Colombia es el país más desigual de toda América Latina según informe del Índice de Desarrollo Regional para Latinoamérica 2020 – IDERE LATAM), requieren de una atenta y cuidadosa mirada que permita replantear las prácticas y proyectos que hasta ahora se han venido desarrollando en aras del compromiso o responsabilidad social, de lo contrario tal y como lo plantea Amartya Sen “la iniquidad y la pobreza son muy sensibles a cualquier tipo de ejercicio de desarrollo. La principal razón de hacer algo respecto a la iniquidad es reconocer la negatividad intrínseca de una sociedad donde hay un alto nivel de iniquidad. Esta, además predispone a la violencia y conlleva una serie de consecuencias desfavorables: una de ellas es la inestabilidad económica y la protesta.”[2]

Ahora bien, ¿se podrá esperar que además de reflexionar, escribir, debatir y por qué no denunciar exista una real capacidad de compromiso que rebase el mero discurso? Y entiendo por capacidad real de compromiso la posibilidad de resignificar conceptos como competencia, poder, conflicto, convivencia, ciudadano, una resignificación que permita hablar de cooperación, de un poder que no sea el que mueve la ambición y los intereses particulares sino precisamente el que permite la interacción social y política desde el reconocimiento del otro como igual por su condición humana, pero diferente en tanto historia propia, diferencia que nutre y enriquece validando el vivir con otros. Otros y todos no solo espectadores sociales (simples ciudadanos), sino actores sociales que se construyen “imponiendo a la sociedad instrumentalizada, mercantil y técnica, principios de organización y límites conformes a su deseo de libertad y a su voluntad de crear formas de vida social favorables a la afirmación de sí mismo y al reconocimiento del otro…”[3]

¿Estaremos dispuestos todos en lo que a cada uno corresponde (Estado, Empresa Privada, Iglesia, Academia…) a cambiar la mirada y dispuestos a apostar a un nuevo proyecto de construcción social?

Un nuevo proyecto de construcción y participación social que asegure una mejor distribución del ingreso y la riqueza, que disminuya la brecha de la desigualdad, que deslegitime la violencia que nace precisamente de la disparidad social y económica, que sea capaz de reescribir y reinterpretar la historia de una Nación, que nació precisamente fundada en los intereses de una clase particular sostenida gracias a la expropiación y explotación de una mayoría, situación que pareciera perpetuarse en el tiempo…

Pastora González Colino


[1] TOURAINE, Alain. “¿Podremos vivir juntos?” Argentina, Fondo de cultura económica, 1996.

[2] SEN, Amartya. Premio Nóbel de economía, 1998.

[3] TOURAINE, Alain. Op. Cit.

PASTORA GONZÁLEZ COLINO

PASTORA GONZÁLEZ COLINO

Ingeniera Industrial

Colombiana/Española. Directora Ejecutiva de la Fundación Educativa Calasanz y Coordinadora Provincial ENF y Voluntariado en la Demarcación Nazaret.  Comprometida con la transformación y la justicia social, con entusiasmo y espíritu solidario,

Repensar la familia

Repensar la familia

Es común escuchar frases como: “se han perdido los valores”, “familia es papá, mamá e hijos”, “mis mascotas y amigos son parte de la familia”. Estas expresiones son solo un ejemplo del auge en modelos familiares que no son los llamados “tradicionales cristianos”.

La mayoría del cristianismo sostiene que el concepto de familia tradicional es el de papá, mamá e hijos; y el máximo modelo a seguir es el de Nazaret: José, María y Jesús.

Pero en la complejidad actual se encuentran muchas convivencias en las cuales no se vive así. Madres o padres solteros, parejas sin hijos, personas solas o con mascotas, sociedades de amigos, parejas del mismo sexo, abuelos con nietos, vecinos cuidadores, y un largo etcétera imposible de clasificar. Añadamos también a quienes bajo un mismo techo deciden vivir con una regla en común: los de vida consagrada.

Algunos de estos ejemplos, según ciertos discursos, han venido a desafiar la tradicional familia cristiana. Pero antes de juzgar, preguntémonos, ¿qué nos quiere decir esta realidad?, ¿no será que, desde la iglesia, deberíamos reflexionar?, ¿qué nos pide Dios?

Considero que se puede encontrar luz a estas preguntas desde dos aspectos que provienen del mismo Cristo.

El primero es la forma en que vivió Jesús en la Galilea del I siglo. Los evangelios nos dicen quienes eran su padre y madre, pero la familia judía en aquel tiempo era mucho más extensa. Las casas compartían un patio interno donde hacían vida varias personas, y esta convivencia hacía los participantes de este núcleo fueran la familia, por eso se puede llamar con verdad que había “hermanos de Jesús” en un sentido pleno. Esto ya diversifica el concepto tradicional.

El segundo aspecto es más violento. Jesús en un cierto momento, decide retirarse de su vivienda para asumir un nuevo estilo. Esta ruptura (no resaltada lo suficiente), provocó que sus familiares fueran a buscarlo, pues consideraban que estaba fuera de sí.

Al saber Jesús que lo requerían, Él enseña una familia novedosa, una que está totalmente centrada en el Padre. Quien cumple la voluntad, el querer del Padre, ese es madre, hermano y hermana.

Quizá sí necesitemos repensarnos de forma radical. No bastan los lazos legales, de simpatía, ni de sangre para hablar de familia. Ella existirá solamente donde sus miembros conozcamos al Padre y con Él vivamos.

Luis Demetrio Castillo Padilla Sch. P.

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

LUIS DEMETRIO CASTILLO PADILLA

Escolapio

Nacido en San José, Costa Rica. Es estudiante de teología y realiza su misión en la capital de esta nación centroamericana.

Sobre la educación en un mundo líquido

Sobre la educación en un mundo líquido

Hoy es crucial el papel de la educación en reorientar la sociedad y, así mismo, es la tarea más difícil “la más difícil de las hazañas es seguir siendo humano en condiciones inhumanas”.  En esta pequeña obra que es el resultado de una conversación con el escritor y docente italiano Ricardo Mazzeo, Bauman [1] aborda las cuestiones más acuciantes de nuestro tiempo que va desde la inmigración en Europa, la educación, la juventud, el consumismo en esta modernidad líquida hasta la realidad de una maestra italiana hablando de su definición sobre cómo sería un “estudiante ideal”. Todo ello, con un lenguaje sencillo, cercano y lleno de metáforas -como es habitual en él- de referencias de lo más variopintas; no obstante, sin perder el rigor del análisis. Realmente es un diagnóstico brillante de nuestra sociedad postmoderna que, a mi juicio, arroja mucha luz y nos enriquece y al mismo tiempo, nos interroga en nuestra tarea de educar como escolapios hoy.

La obra -puesto es que es una entrevista- está ordenada por capítulos que, a su vez, cada capítulo responde a una de las preguntas de dicha entrevista. En estas conversaciones, este gran pensador polaco analiza los distintos temas de la sociedad actual entre los cuales la situación de la educación es uno de ellos. Uno de los rasgos indispensables para entender bien el autor y dicha obra es captar el sentido de lo que se denomina el universo líquido.

La modernidad líquida es una de la categoría sociológica del autor para definir el estado actual de nuestra sociedad, aunque cabe decir que recientemente el Papa Francisco ha ofrecido una cariñosa corrección a Bauman señalando que el mundo ya no es líquido sino “gaseoso” por la volatilidad del mundo que vivimos. Sea como fuere lo cierto es que Bauman lo define como una sociedad de cambio constante y de transitoriedad; esto sucede no solo en lo cultural, en lo económico, en lo laboral sino también en lo educativo.

Sobre la educación afirma Bauman que, a pesar de que los sistemas educativos hoy están sometidos al juego del consumismo y que la cultura moderna ya no es una cultura del aprendizaje, del esfuerzo, sino caracterizado por el despilfarro, exceso y la discontinuidad, ésta aún tiene el poder de transformación social y nos puede recuperar el horizonte perdido. Sigue siendo una estrategia viable para que no se deterioren los conocimientos, para que avale la responsabilidad moral hacia los demás. En el fondo, no es más que volver a su tarea primigenia que es enseñar el arte de vivir.

Julião de Oliveira Sch. P.

[1] Zygmunt Bauman, Sobre la educación en un mundo líquido, conversaciones con Ricardo Mazzeo, (Madrid: Editorial Espasa, 2013)

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

Escolapio

Junior escolapio de Timor Leste. Está en el Juniorato de Aluche, de la Provincia Betania. Actualmente colabora con el Movimiento Calasanz en el Colegio de Aluche y en el equipo Provincial de Pastoral Vocacional. Estudia Teología en la Universidad Pontificia Comillas Madrid.

 

Volver al Colegio…Con 60 o más años

Volver al Colegio…Con 60 o más años

“Pido al Señor para todos juntos gran deseo de trabajar con el prójimo, mediante nuestro ministerio, Y que sea con grandísimo mérito de ustedes y buen ejemplo de los seglares” (San José de Calasanz 27-6-1648)

Cuando era niña, el texto obligatorio en el primer año de la escuela primaria: La alegría de leer, “se convirtió probablemente en uno de los libros colombianos más vendidos antes de las obras de García Márquez.” [1] Una cartilla con dibujos básicos de múltiples colores, mezclando ejercicios y letras, para que poco a poco descubriéramos que la unión de esos signos en nuestra voz se convertía en sonidos que formaban palabras.

Esos primeros años de colegio, en los que el papel, el lápiz, los juegos, los libros o cartillas y los nuevos amigos se convertían en nuestros motivos diarios para aprender, emocionarnos y estar alegres, hoy los revivo en el Colegio Calasanz Bogotá (CCB) con un nuevo programa dirigido a la población mayor de 60 años que vive en el sector. El propósito de esta iniciativa es que los adultos mayores, regresen a nuestras aulas un día a la semana en horario extra escolar para compartir la vida, desarrollar habilidades y recuperar confianza en el encuentro cara a cara con otros en estos tiempos de pandemia.

En La Vanguardia de Barcelona, el pasado 9 de junio del presente año aparecía lo siguiente: “La sexalescencia caracteriza a personas que han llegado a una madurez sin miedos, sin complejos, plenamente integrados a nivel comunitario, social y laboral. No se retiran para dar paso a la juventud. Saben que pueden aportar su experiencia, sabiduría y serenidad y que estas tienen valor. Están motivados, tienen curiosidad e interés por lo que ocurre a su alrededor y se implican en todo aquello que les gratifica. Siguen teniendo ilusiones y proyectos y son muy positivos y vitales.”[2]

Y encontramos en los vecinos del CCB, personas entre 60 y 87 años dispuestas a que mente, cuerpo, espíritu y saberes se activen una vez a la semana siendo parte de “Calasanz para Todos”

Nuestra primera sesión (27-10-2021) colmada de emoción, nos llevó a conocer hombres y mujeres, casados, viudos, separados, con hijos y nietos en la distancia… abuelos que después de haber ejercido diversas profesiones hoy se encuentran retirados, vitales, solos y con tiempo suficiente para volver al colegio, donde voluntariamente maestros calasancios y profesionales aliados dedican parte de su tiempo libre a preparar actividades y llevarlas a cabo: Danza (Profesora Dayana Lemus), Artes Plásticas (Profesora María Paula Samper), Espiritualidad (Pastoralista Omar Serrano), Cooperación (Psicólogo Germán López), Hábitos saludables (Profesionales Fundación Universitaria de Ciencias de la salud) y todos bajo la coordinación de la psicopedagoga María Fernanda Forero quien a la vez ha sido la encargada de gestionar lo necesario para dar vida a este nuevo espacio de tal manera que el carisma calasancio continúe estando presente en la vida de niños, jóvenes, adultos y mayores.

Para el cierre de actividades, celebraremos Navidad anticipadamente, dando gracias al Niño Dios por este año lleno de amor y fe, con la esperanza puesta en un 2022 que nos permita regresar y acompañar: hacernos compañeros, compartir, incluir, escuchar, observar, encontrarnos y reconocernos al mejor estilo de Calasanz.

Pastora González Colino


[1] https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-110/alegria-de-leer

[2] https://www.lavanguardia.com/vivo/longevity/20210609/7515930/quienes-son-sexalescentes.html

PASTORA GONZÁLEZ COLINO

PASTORA GONZÁLEZ COLINO

Ingeniera Industrial

Colombiana/Española. Directora Ejecutiva de la Fundación Educativa Calasanz y Coordinadora Provincial ENF y Voluntariado en la Demarcación Nazaret.  Comprometida con la transformación y la justicia social, con entusiasmo y espíritu solidario,