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Sinodalidad como actitud espiritual

Sinodalidad como actitud espiritual

La comunidad eclesial, por iniciativa del Papa Francisco, está ya caminando por un itinerario de participación para conseguir que la Iglesia se configure como una comunidad sinodal, es decir, una comunidad que camina unida por un camino compartido, inspirado en el evangelio. Formular este camino de presente y de futuro será el objetivo del convocado Sínodo de Obispos para el otoño de 2023, a celebrarse en Roma.

Como en todas las cosas que conciernen a una sociedad o comunidad humana, llegar a resultados positivos pasa por una mediación de las personas individuales. Cuando se da una mentalidad, un sentimiento, unas valoraciones que, aun siendo diversas, confluyen en un bien común buscado y requerido, el camino es más llano para conseguir ese bien común y configurar la sociedad misma o la comunidad en ese espíritu del objetivo conseguido.

Incorporar a la propia experiencia vital la sinodalidad y construir un “corazón ensanchado” en expresión bíblica. ¿Qué quiere decir esto? Adoptar posturas, actitudes, comportamientos que llevan a incorporarse a metas comunes con otras personas, dentro o fuera de instituciones. En la Iglesia se trata de abrirse a su pluralidad con un horizonte de unidad o comunión. Decimos con razón que unidad no es uniformidad sino confluencia de aportaciones diversas, donde se acoge y respeta el protagonismo de personas y grupos, tendencias y perspectivas de modo que el diferente no es ni enemigo ni adversario con el que establecer controversia y menos confrontación, sino escucha, esfuerzo por comprender colocándose en la realidad del otro, valoración de cosas del otro, poner al lado de ellas nuestras aportaciones.

Esta actitud puede vivirse como acción del Espíritu en cada uno, Él que es comunión, abogado de unidad que vence la confusión babélica dando paso a la intercomunicación de idiomas y culturas de Pentecostés.

Lógicamente para posibilitar, favorecer y potenciar personas con “corazón ensanchado” supone dar vida a instituciones donde pueda acogerse este protagonismo con una participación activa de las personas involucradas en ellas.

En visión creyente esto es seguimiento evangélico para la Iglesia y construcción de humanidad para la sociedad.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
Carta a voluntarios escolapios

Carta a voluntarios escolapios

El 5 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Voluntarios, una fecha que busca resaltar la importante labor que realizan todas aquellas personas que deciden de forma desinteresada servir a los demás para hacer de nuestro mundo un lugar mejor. San José de Calasanz también vivió una intensa experiencia como voluntario entre los más pobres que desembocó en una entrega total a la educación popular. En el día de hoy, el santo escribe una carta a todos los voluntarios que dedican su tiempo a la misión escolapia.

 Carta a voluntarios escolapios

Me alegra mucho recibir noticias de cómo hay muchos jóvenes que abrazan nuestro Instituto a pesar de la dureza del trabajo con los niños. Es un signo de que las Escuelas Pías son una obra de Dios y de gran utilidad a la sociedad.

En su carta me comenta que hay muchachos que salieron de las Escuelas Pías que desean formar una congregación para continuar con su formación y ejercer un apostolado entre los pobres desde su condición de seglares. Me alegra mucho esta noticia porque denota que valoran mucho la educación recibida en la escuela y desean continuarla. Por mi parte no hay problema siempre que trabajen con amor y sean competentes en el servicio que hacen.

La inquietud que muestran estos muchachos me recuerda mucho los primeros años en Roma cuando me dediqué durante años a las obras de misericordia en las diversas cofradías que me apunté.

Cuando comencé a implicarme más en la escuela de Santa Dorotea, trabajé junto a voluntarios muy devotos y serviciales que pertenecían a la Cofradía de la Doctrina Cristiana. Sin su apoyo incondicional, habría sido imposible el nacimiento de las Escuelas Pías.

Las visitas que hice a los barrios de Roma siendo miembro de la cofradía de los Doce Apóstoles me hicieron mucho bien. El encuentro con los ancianos, tullidos y enfermos me recordaba el pasaje evangélico del joven herido al borde del camino y que fue socorrido por el buen samaritano. Es imposible mirar a los ojos de los necesitados y no sentirse interpelado por ellos, son el mismo Jesús que dice desde la cruz: “dame de beber”.

En los mismos hogares que visité había muchos niños, algunos de ellos con signos claros de desnutrición y con mucha ignorancia, tanto de las cuestiones de la fe cristiana como de las ciencias humanas, así que también hacíamos algo de catequesis los domingos en las iglesias.

No recuerdo bien las visitas que hice en total. Había semanas que salía más de tres veces a llevar limosnas que nos daban y, sobre todo, a escuchar los problemas y angustias de la gente sencilla, que son la mayoría.

La cofradía fue una verdadera escuela de vida cristiana. Descubrí la presencia de Dios en los pobres y necesitados, me ayudó a rezar más y mejor, me enseñó a ser más humilde, paciente y generoso con los demás.

Estaba muy orgulloso de ser sacerdote para acompañar a la gente en su camino espiritual, para consolar a los tristes y administrar la gracia de Dios. Estaba convencido de que ya había descubierto mi vocación, pero aparecieron en el camino los niños que terminaron de robarme el corazón para siempre. Descubrí que necesitaban de la presencia diaria de sacerdotes preparados y dispuestos a darles el pan de la piedad y las letras.

Por ello, si hay muchachos con deseos de ayudar, busque el mejor modo de canalizar esta inquietud. Promueva con diligencia la fundación de alguna cofradía o congregación mariana para que los muchachos conozcan la realidad de la gente sencilla y se dediquen a las obras de misericordia, que es cosa muy grata a Dios y de gran utilidad para el progreso de la sociedad.

A los jóvenes deseosos de ayudar a los demás, les pediría lo mismo que deseo a los maestros de las Escuelas Pías: que amen a Dios, adquieran las virtudes de la caridad, la paciencia, humildad y que sean muy competentes y constantes en su compromiso. Que recuerden que, si trabajan por puro amor de Dios e inspiren un grado de amor de Dios en el corazón de los niños, el Señor les dará el ciento por uno, si estuvieren en la gracia de Dios. (EP 3042)

Deseo a los voluntarios que tengan un espíritu grande para ayudar no solo a los con ejemplo y doctrina (EP 4321) y, sobre todo, que recuerden las palabras de Jesús que tanto han resonado en mi corazón: “Lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Comencé dando unas horas a la semana por los pobres y terminé consagrado a ellos como religioso de las Escuelas Pías.

Que Dios bendiga a todos los jóvenes que tienen la inquietud y el deseo de ayudar a los demás. Han elegido un camino hermoso que les enseñará a ser buenos cristianos y ciudadanos activos para la reforma de la sociedad.

 José de Calasanz

 

 

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

La vida comunitaria como regalo prestado

La vida comunitaria como regalo prestado

La vida comunitaria es la manera en que Jesús nos pide que vivamos. El estar dentro de una comunidad religiosa escolapia siendo un laico es toda una experiencia que vale la pena agradecer y compartir. Todo este tiempo al lado de mis hermanos escolapios ha sido un cúmulo de instantes y emociones que nos hacen crecer y nos invitan a amar todavía más.

El compartir la vida, la fe y, en este caso, la fundación del sueño escolapio en Guatemala es manifestación del Espíritu en cada uno de nosotros; pues, en medio de nuestras diferencias, el centro son los niños y la comunidad parroquial.

Hemos compartido la emoción de llegar a lo desconocido; la osadía de comenzar en medio de la pandemia; la alegría de soñar juntos un mundo escolapio en estas tierras. Todos hemos dado lo mejor que tenemos para hacer que esto sea una realidad que día a día nos invite a ir por más.

Sin duda alguna, el momento más difícil fue cuando el COVID llegó a la comunidad. Un padre gravemente enfermo nos hizo unirnos como comunidad y cada quien hacer lo que le tocaba hacer apretando el hombro para que la obra siguiese en pie y todo siguiera tal cual Dios lo tuviera planeado.

Así que invito a todos los laicos a animarse a vivir de manera prestada esta vida comunitaria escolapia, que no es otra cosa que el medio que necesitamos para acércanos todos juntos al Reino. Ser parte de esta vida comunitaria escolapia es un regalo que Dios da a los valientes que se arriesgan a todo con tal de llevar el ideal calasancio a aquellos lugares donde aún hacen falta manos escolapias. Así que no tengamos miedo de compartir nuestras manos, nuestros pensamientos y nuestro espíritu escolapio; verán que este arriesgarse es una verdadera ganancia en nuestras vidas.

Francisco López Jiménez

FRANCISCO LÓPEZ JIMÉNEZ

FRANCISCO LÓPEZ JIMÉNEZ

Educador

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, muy meritorio, MUY BENEFICIOSO, MUY ÚTIL, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy beneficioso, por ayudar a todos en todo: sin ninguna acepción de personas y, por tanto, suministrando lo necesario y haciendo pedagogos de todos los niños, incluso acompañándolos hasta sus propias casas.

Muy útil, por los numerosos cambios de vida efectuados, como puede comprobarse con frecuencia entre los muchachos, tanto que no se reconocen según eran anteriormente.” (MCT)

Beneficio y utilidad.

En estas dos descripciones de los efectos del ministerio educativo aparece el Calasanz de la escuela. No el pedagogo de oficina, no el funcionario de educación, no el teórico e ilustrado. Aquí firma el santo con el sobrenombre de maestro.

La educación es una actividad casi espiritual como ya henos visto, pero encarnada, profundamente arraigada a la naturaleza humana (como veremos más adelante), y por ello, todo lo humano conlleva implicaciones para la persona, sean del signo que sean; si es positivo hablamos de beneficios y si es negativo de perjuicios. Pero, además, dado que la educación mira al desarrollo de la persona, esto es, tiene un propósito, un horizonte, hemos de constatar su utilidad o no. Esta mirada sobre la educación es tremendamente moderna, pero con una peculiaridad que supera la actualidad: la utilidad no está en los procesos instrumentales (contenidos, saberes, aprendizajes) sino en el logro de la finalidad: transcurso feliz de la vida. Ahí hay que constatar la utilidad o no del ministerio educativo.  Examinémolos por partes, aunque sea brevemente.

La educación ayuda ‘a todos en todo’, y esto lo han sabido descubrir las sociedades modernas haciendo de la escuela el hipermercado de los aprendizajes vitales. Lo que antes se aprendía en casa, o con el grupo de iguales en el barrio o en el pueblo, o en la relación con las generaciones de mayores, o en la iglesia… ahora se vuelca en la escuela. En el siglo XVII, dado que los pobres no tenían esos ámbitos de aprendizaje enumerados, Calasanz vislumbra una escuela como la de hoy, pero con toda seguridad, hoy no la plantearía así, sino que despojaría a la escuela de aprendizajes propios de otros ámbitos empoderando a estos y dejando la escuela para integrar y manejar lo anterior. Ese ‘abandono’ tácito o explícito que se hace de la educación de los hijos (por parte de los padres) y de los ciudadanos (por parte de los estados) han convertido la escuela, con perdón, en el vertedero de todos los saberes, aprendizajes y enseñanzas que se considera debe adquirir una persona, imposibilitando que la escuela desarrolle con calidad y efectividad los dones y talentos intelectuales y emocionales de los estudiantes. Tener que hacer educación vial, nutrición, primeros auxilios, comportamientos democráticos, tratar la igualdad, el buen trato, la higiene personal, el cuidado del cuerpo, la prevención de las dependencias y el maltrato, el respeto a las propias tradiciones, el amor a la patria, la buena utilización de las redes sociales, el uso del tiempo libre y la cantidad de hidratos de carbono que debo consumir diariamente… hacen muy compleja la labor de un maestro que, además, es evaluado no por todo lo anterior, sino por un currículo en el que debe desarrollar su materia y sus enseñanzas concretas.

Calasanz asume todo esto por imposibilidad real, incluso, como él mismo expresa, haciéndose guías de los niños (pedagogos) acompañándolos a sus casas para que no perdieran en la calle lo que habían adquirido en la escuela. Pero hoy tenemos otros medios para despojar a la escuela de tantas adherencias que son propias de otros estamentos y posibilitar en ella procesos que ayuden a hacer crecer en los niños y adolescentes todas sus capacidades. Hoy, además, el beneficio no se da en acompañar a los estudiantes a sus casas sino en acompañarlos personalmente en su trayectoria vital.

Y la utilidad.

¿En qué pensamos cuando hablamos de una educación útil o de la utilidad de la educación? Seguramente nos viene a la cabeza que nuestros alumnos sean útiles a la sociedad, o que puedan estudiar algo útil para ganarse la vida, o quizá que lo aprendido sea útil para el futuro familiar o laboral. Utilidad como gravamen de lo recibido en mi educación, como una tasa que he de pagar en el futuro, como expresa su etimología, la capacidad de ser usado. Y, sin embargo, llega este santo viejo que se hizo maestro cuando llegaba casi a su jubilación (actual) y apunta al centro de la finalidad de la educación: el cambio de vida, la conversión, humana y religiosa. Un buen proceso educativo ‘convierte’ a la persona, la rehace, la reconfigura, sería como un nuevo nacimiento. Para Calasanz el ministerio educativo es como un buen proceso de iniciación cristiana que concluye con la verificación del cambio de vida y la recepción del bautismo. Hacerse hombre, hacerse mujer, hacerse ciudadano, hacerse cristiano. Y llegados aquí es obligada la pregunta: ¿qué cambios significativos de vida descubrimos en nuestros alumnos? En ocasiones, cuando vamos por la vida y nos regala el encuentro con aquel estudiante díscolo e impertinente que cruza la calle para saludarte y con educación y respeto reverente alude a la paciencia que se tuvo con él y nos cuenta el cambio de su vida, nos llenamos de satisfacción y gozo. Eso es utilidad verificada. Pero desgraciadamente, también nos encontramos con corruptos, ladrones, ambiciosos o simplemente aquellos que no supieron ni pudieron cambiar el signo de una vida miserable transmitida, que formaron parte de nuestras aulas y que siguieron nuestros procesos. ‘Cambios de vida’, he ahí un propósito educativo para pegar en nuestras pizarras al comenzar nuestra clase cada día. En educación, para Calasanz, la utilidad es descubrir el secreto de mi vida, para qué he sido creado y tirar adelante con ello, mi propia vocación. Nada más útil que descubrir para qué he sido creado. Eso, me cambia la vida.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Juvenicidio: Desafío para volver a lo esencial

Juvenicidio: Desafío para volver a lo esencial

​Durante los últimos tiempos la Orden ha realizado un esfuerzo extraordinario de expansión, que no siempre ha sido bien comprendido en su total significado. Si en algún terreno ha sido audaz nuestro Padre General, Pedro Aguado, ha sido precisamente en este campo. Y no dudo que ha debido enfrentar las críticas de que somos pocos, de que no llegamos a más. Esto siempre ha sido así, desde la época de Calasanz. Los números nunca cuadran, tampoco las condiciones y planes iniciales. Lo interesante es el impulso y deseo por ir más allá: a la orilla periférica y a otras culturas que no reflejan al Occidente dominante. Se trata de una visión macro que comparto plenamente, porque nos recuerda el valor de la mirada larga.

Cuando los escolapios buscamos expandirnos lo hacemos convencidos de que nuestro carisma, operante en la misión, aporta caminos y alternativas de mejora para la niñez y juventud de cualquier lugar y cultura. Al leer el Memorial Tonti y contrastarlo con otras fuentes, me convenzo que la gran novedad de Calasanz no estaba en considerar este carisma como deseado por Dios o de derecho natural. Ni siquiera la unidad de Piedad y Letras es tan original, como el de llevar su proyecto y acción salvífica a todas las personas sin excepción. La novedad de que la ciudadanía es un derecho de todos sin importar su origen es extraordinaria. Concluir que la buena educación es un derecho para los más pobres, es el camino para romper una sociedad rígida y estamentaria creando ciudadanos que aspiren por ellos mismos a una vida buena y digna, impulsando, a su vez, espacios de reforma social bajo esas mismas claves. ¡Ese es el gran aporte de Calasanz! De ahí su defensa radical por dar estabilidad al carisma y a sus instituciones; su insistencia de no excluir y su convicción por ir siempre más lejos, llevando esa intuición divina a todos los lugares, especialmente pequeños.

La expansión de la Orden nos recuerda que los procesos micros de calidad son importantes, pero hay mucha gente e instituciones que los hacen, impulsados por lo más novedoso de la pedagogía, la administración y los recursos pastorales más íntimos y cercanos. No es que eso me parezca mal. Me gusta y he participado de esos proyectos toda mi vida escolapia. Pero si quiero ser fiel en estos tiempos, debo dejar que me duelan de verdad las grandes exclusiones y violencias del mundo.

La llegada de las Escuelas Pías a lugares geográficos y sociológicos con graves desafíos en el tema primario y esencial de garantizar la vida misma, han de marcar nuestro ministerio y liberarlo de las ataduras casi microscópicas con los que estamos concibiendo el acompañamiento pastoral y pedagógico. Debemos responder con valentía frente al hambre, la violencia que hace migrar o que termina matando; la carencia de oportunidades, el racismo y la explotación económica. La pandemia no traerá un aire de bien, como la gente que vimos al inicio cantando en los balcones de sus casas propias. La pandemia trae más hambre, contradicción y violencia. La pandemia expulsa millones de niños y jóvenes de la institución escolar; denigra oportunidades laborales y suscitará, sin la menor duda, nuevas formas de violencia económica y social. La muerte violenta de muchachos cercanos a nosotros se hace cada vez más evidente en las noticias de comunidades y obras… Y si el ruido de la muerte está tan cerca de instituciones hasta cierto punto seguras, ¿cómo será en los medios más expuestos y lejanos?

El juvenicidio, con la explotación y muerte de los jóvenes, es el gran anti-signo para los escolapios en estos tiempos. Frente a ello debemos reconvertir obras y proyectos en lugares teológicos, sociales y educativos que den auténtica protección y alternativas a los que están más expuestos. Tenemos que ver de nuevo la realidad que toca las puertas desde afuera y no quedarnos con la propia y umbilical, donde nuestro alcance se agota en mayores o menores competencias, celebraciones más o menos cuidadas o el cumplimiento de ordenanzas burocráticas. Nuestra misión no es aislarnos de la realidad cuanto usar todos nuestros medios para transformarla. La audacia de la expansión geográfica exige ahora la audacia de abrirnos a la reforma de la sociedad. ¡El tiempo pasa y la significatividad se estrecha! ¡Los tiempos capitulares son una gran oportunidad!

P. Rodolfo Robert Sch. P.

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

Escolapio

Nacido en San José, Costa Rica (1961) es Religioso Escolapio de la Provincia Centroamérica-Caribe. Se ha desempeñado en la Escuela Pía como educador, formador, Superior Mayor y Delegado General para el Ministerio. Actualmente sirve a la misión en La Romana, República Dominicana.

“Ya no me siento sola”

“Ya no me siento sola”

Compartir la buena noticia de lo que el Señor ha hecho en mi vida me ha llevado a emprender un camino nuevo, suave y artesanal, en el que el encuentro y la comunión se vayan convirtiendo en necesidad y aliento del Espíritu.

Así, desde hace 4 años, bajo una intuición con personas sensibles a la escucha de la Palabra de Jesús en medio de los niños, surgió la petición de ellas: ¿dónde vives, Maestro? Y comprendí que la invitación del Padre era a acompañar a algunas personas en un proceso de escucha e interiorización. Cada una, con historias de vida distintas y experiencias formativas muy diversas, con una vida de fe popular con matices algo formados, pero todas ellas compartiendo el mayor tesoro: la búsqueda y disposición para dejarse abrazar por Jesús.

Así, a través de la oración y de la meditación de distintas exhortaciones del Papa Francisco, cada una fue creciendo en interioridad, en la necesidad de encontrarse con las otras y ahí, con gran disposición, descubrirse renovadas por la paz y la alegría, signos de la presencia del Espíritu.

El proceso fue al modo de cada una y al mismo tiempo, de la interacción y compartir de los frutos del camino. Sin presiones, sin prisas y casi sin rumbos propios, se fueron dejando conducir por las mociones del Padre en sus corazones. Jesús fue hablando de manera personal con la historia presente y pasada de ellas y sanando las huellas de los fragmentos de vida que dolieron y rompieron con la comunión con los demás, e incluso, consigo mismas.

La oración se fue convirtiendo en el pan necesitado y buscado y el encuentro sincero y voluntario en el modo en el que Dios iba aclarando las dudas y haciéndose presente en lo cotidiano. “Ya no me siento sola”, fue una de las frases que han marcado la experiencia del resucitado en la vida de la comunidad.

Sus frutos han sido muy diversos: atender y cuidar a quienes estuvieron acompañando a sus familiares en enfermedades prolongadas, estar prontos a la escucha cuando algún otro se sentía confundido en sus afectos, favorecer la comunión de bienes para hacer llegar recursos a niños y familias con necesidades básicas, acompañar a niños en su encuentro con Jesús en distintas obras, buscar espacios de formación en identidad cristiana y calasancia…

Cada una, en ese viaje a su interior, fue encontrándose con un Padre que sale a nuestro camino, a cualquier hora del día, y les ha enviado desde Él y no a título personal, a anunciar en medio de los niños, principalmente los más pequeños, el proyecto de vida que nos ha dejado como herencia: nuestra mejor forma de ser.

En este proceso, se han hermanado con mayor profundidad con otros que recorren los caminos de la espiritualidad y carisma escolapio, ya sean laicos y religiosos, en un plano de familiaridad y sintonía. Indudablemente, se han reconocido como parte de la gran comunidad cristiana escolapia, donde cada quien, a su paso y ritmo, va disfrutando de la presencia de Dios en medio de las necesidades y aspiraciones de los pequeños. Y todo para mayor amor al Padre y servicio al prójimo.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.