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La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

“Un ministerio insustituible… y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.”

Recuerdo cuando leí hace más de treinta años este memorial por primera vez. Algunas de las palabras sonaron a mis jóvenes oídos, arcaicas y anacrónicas. Curiosamente una de ellas era la expresión ‘la reforma de las corrompidas costumbres’, y, sobre todo, por lo de ‘corrompidas’. Tres décadas después y cuatro siglos tras su primera escritura, vuelvo a escuchar a diestro y siniestro a mi alrededor la palabra ‘corrupción’. Como si la historia quisiera hacerle un requiebro al tiempo, y al igual que a Calasanz le removió la conciencia ver a tanto niño y adolescente de la calle dedicados al robo, la extorsión, el pillaje y a saber qué otras ‘lindas’ prácticas corruptas, hoy nos remueve a muchos ver a tantos políticos, jueces, policías, funcionarios… corruptos. Y si lo son de adultos, es posible inferir que no recibieron la educación debida para enderezar esas ‘tendencias torcidas’ (expresión calasancia) que debieron aparecer ya en sus infancias. Sería legítimo preguntarnos, ¿para qué sirvió la educación en estas personas? ¿Fueron educadas para desarrollar el mal (de manera inconsciente ciertamente) o simplemente no les propició ningún cambio interior a lo que despuntaba como germen en ellas? ¿La educación les cambió para mejorar o les consolidó en lo que ya estaba inoculado en ellos?

Quizá, la clave está en la primera palabra de la expresión destacada, reforma. Calasanz apela a una educación que reforma a la persona, no que la instruye únicamente, no que la prepara para la vida adulta solamente, no que la capacita para un trabajo o un estudio superior sin más, no que la dota de una pátina humana y cristiana sin tocar su centro, sino que el proceso que viva el niño en la escuela debe ser el que le permita desarrollarse felizmente como persona. Y nunca la corrupción crea felicidad, ni siquiera al que la ejerce.

Reforma de las corrompidas costumbres, ¿nos atrevemos a enumerar algunas de hoy? El ejercicio del poder político en beneficio propio, la malversación de fondos sociales, la prevaricación en funcionarios públicos en el ámbito de la justicia, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violencia de género, el trato discriminatorio por edad, sexo, ideología, nacimiento… Y seguro que a muchos les van viniendo muchas otras ‘corrompidas costumbres’. Y tras enumerarlas miramos siempre hacia afuera, como si este mal fuese un coronavirus selectivo que ataca a algunos (normalmente los que pueden), sin caer en la cuenta que lo que se corrompe es lo que se posee no lo que se adquiere. Ya con razón Jesús en el evangelio avisa sobre esta escapatoria moral de culpabilizar a lo que está afuera: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mt. 15,19)

El santo viejo descubrió esto mismo en carne de niño callejero. Y quiso proponer un remedio saludable por medio de la educación, sabiendo que, si el niño ‘desde su tierna infancia es imbuido diligentemente en la piedad y las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de toda su vida’, como afirma de nuevo con otras palabras en este memorial. ¿Nuestros procesos educativos actuales propician esta reforma de las corrompidas costumbres? Porque yo lo que veo en muchos de mis alumnos es que desearían emular a los que hoy consiguen fama, prestigio y plata sin importarles la senda ni los medios que los llevaron hasta ahí.

Una buena educación, quizá, la única educación que se precie de llevar este nombre, no es la que mantiene ni la que posibilita la continuidad ni la que prepara para asegurar las estructuras sociales actuales (algunas de ellas corruptas), sino la que reforma, esto es, da nueva forma. La educación actual en el mejor de los casos ‘ahorma’ no ‘reforma’. Hoy sigue actual y vigente este llamado de Calasanz a hacer de la educación el arma más poderosa de transformación social, por ello, como lo saben los que gobiernan, quieren arrostrarse el derecho de manejarla a su antojo, o al servicio de sus ideologías, o al servicio de la ética capitalista-consumista, o peor, al antojo de las costumbres corrompidas. De repente, hemos revertido la finalidad de la educación haciendo de ella un instrumento de poder al servicio del poder establecido. Y ahí surgen todos los problemas de los sistemas educativos de nuestras sociedades.

Hoy evidenciamos que nuestras sociedades necesitan ciudadanos acríticos, dóciles y amaestrados, por eso se elaboran con precisión programas educativos donde las humanidades (filosofía, ética, historia, educación religiosa, música y artes en general) tengan una presencia residual o simplemente, no aparezcan. Al estar centrada en la producción y el trabajo, elaboran currículos tecnológicos y pragmáticos llenándolos de materias instrumentales inoculando una brutal competitividad utilitarista entre los estudiantes. Y aquí que cada cual analice su currículo nacional y su ley educativa y descubrirá sin mucho esfuerzo qué sociedad desean los que nos gobiernan.

Ante este panorama, identificar y clarificar la finalidad de la educación que impartimos es fundamental. El horizonte y la orientación de la educación es clave para educar. En Calasanz está claro: la felicidad o, dicho de otra manera, el ‘buen vivir’ del hombre futuro (y no el ‘bien-estar’).

Visto lo anterior, el debate y la reflexión de los Estados debería centrarse en qué piensan y creen que hace feliz a una persona para poder establecer el proceso educativo que le ayude a vivirlo. Seguro que llegan a conclusiones muy interesantes y sin buscarlo, consensuarían una realidad que daría un gran impulso al país y un futuro prometedor a sus ciudadanos. Si queremos llegar a un Pacto, hemos de saber mirar juntos un horizonte compartido. Y seguramente, lo esencial, lo podemos consensuar: una buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Continuará…

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Pasión por la verdad. Faustino Míguez Sch.P.

Pasión por la verdad. Faustino Míguez Sch.P.

Leyendo el Proemio de las Constituciones de san José de Calasanz a cuatro siglos de distancia me sigue impactando la rotundidad de sus expresiones y la claridad con la que el santo va exponiendo las claves esenciales de la identidad de las Escuelas Pías. La centralidad del ministerio educativo, el horizonte de felicidad personal que propone como objetivo último de la misión, la referencia a la Virgen María y al evangelio de Jesús como ejes vertebradores de una propuesta de vida cristiana accesible a todos, o la importancia de discernir y ofrecer un itinerario formativo capaz de sostener una entrega cada vez más consistente y libre sorprenden por su frescura y actualidad.

A su luz es posible contemplar la cadena ininterrumpida de compasión y solidaridad que caracteriza a la obra calasancia: más de cuatrocientos años de respuesta fiel a una llamada que encuentra en Calasanz y en su modo de educar el estilo con el que teñir el itinerario personal de seguimiento. Quizás es por esto que al contemplar hoy la trayectoria de Faustino Míguez Sch. P (Xamirás, 1831- Getafe, 1925) se actualizan las palabras del texto:

“Los medios necesarios que nos transformen en idóneos cooperadores de la verdad, se esperarán, con actitud humilde, de Dios Omnipotente, que nos ha llamado como operarios a esta mies fertilísima” [Co 3]

Faustino acierta a convertir su existencia en una continua búsqueda de la verdad, que desde sus primeras mociones vocacionales le dirigirán a las Escuelas Pías, auténtica tierra prometida en la que anclar el proyecto de seguimiento de Jesús al estilo de Calasanz y compartirlo con otros. Su itinerancia por Guanabacoa, Celanova, El Escorial, Monforte de Lemos, Sanlúcar de Barrameda y Getafe se tiñe con los tonos fuertes de la honestidad personal que no entiende de medias tintas y se inclina siempre hacia el débil, el pequeño y el necesitado.

En él descubrimos al escolapio apasionado por la verdad; una pasión que le hace alzar la voz e introducirse a veces en los terrenos movedizos de lo políticamente incorrecto, enfrentando el criterio propio a las decisiones no siempre clarificadas de los superiores. Apasionarse por la verdad le acarrea sufrimientos e infamias de los de dentro y los de fuera: acusaciones que rebate con ímpetu y decisión para defender cuanto cree justo y recto. Actitud y carácter que le convirtieron en presencia incómoda por cuestionar lo que “siempre ha sido así” o lo que simplemente no era “conforme a la verdad”. Con todo, esa pasión por la verdad le llevó a ser consecuente y fiel con la llamada recibida, permaneciendo hasta el final de sus días como miembro vivo y dinámico de la Orden.

Su cooperación con la verdad divina le acredita como escolapio, invitando a cuantos formamos parte de las Escuelas Pías a confrontarnos también con el Proemio de las Constituciones calasancias renovando nuestra opción de apostar decididamente por cuanto contribuye a la plenitud, la vida buena y a la felicidad de los prójimos. Quizás convenga también recordar hoy de la mano de Faustino que es imposible apasionarse sin pagar el peaje del sufrimiento.                         

Ángel Ayala Guijarro schp

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.

Gracias por nuestros maestros

Gracias por nuestros maestros

​Erasmo de Roterdam fue un gran pensador humanista que desarrolló su filosofía durante la primera mitad del siglo XVI con el que buscaba la reforma de la sociedad y de la iglesia a través de la vuelta a los evangelios y al estudio de los autores clásicos.

De las muchas obras que tiene, hay una con un fuerte contenido pedagógico: “De cómo los niños han de ser precozmente iniciados en la piedad y las buenas letras”. En sus páginas, ofrece valiosas orientaciones pedagógicas de gran actualidad, especialmente para los niños de 3 a 6 años.

Para el holandés, la responsabilidad de instruir a los niños “debería ser la preocupación pública tanto del magistrado seglar como de los altos representantes eclesiásticos”. Todos los niños deben ser educados del mismo modo: “los hijos de los ciudadanos, los que los que tienen un cargo en la guerra o los que cantan en los templos”. Busca argumentos en los autores clásicos: “Vespasiano repartía de su propio dinero una notable cantidad anual a los rétores latinos y griegos. También Plinio el Joven entregaba de su peculio privado una enorme suma con el mismo fin”. Concluye que “si la ayuda pública desaparece, debe cada uno estar atento en su propia casa”.

Pero Erasmo se quedó solo en la teoría pues no pudo resolver de modo efectivo el problema del acceso de los pobres a la escuela en igualdad de condiciones que los ricos. El reformador alemán Martin Lutero intentó crear una red pública para instruir a las clases populares, pero no tuvo suficiente respuesta. Fue San José de Calasanz quien ideó un modelo exitoso de escuela pública que se extendió por Italia y Centroeuropa, con la colaboración de las administraciones públicas. En el siglo XIX la mayoría de Estados modernos asumieron la educación pública como una de sus primeras obligaciones.

El humanista avanza en su discurso: “Me preguntas cómo van a arreglárselas los pobres, si apenas tienen para alimentar a sus hijos, cuanto menos para contratar los servicios de un profesor. A esto no sé qué responderte, si no es lo que dice la comedia: Según podemos, ya que como queremos no puede ser. Nosotros discurrimos el mejor método educativo, mas no podemos conceder riqueza. A menos que deba también aquí la generosidad de los ricos subvenir a las necesidades de los ingenios valiosos pero que por estrecheces familiares no son capaces de desarrollar su capacidad natural”.

En efecto, hace falta dinero para asegurar el derecho de todos a la educación. Si no sale de las administraciones públicas, tiene que salir del bolsillo de los que sí tienen. Así que, la solución que propone es que los que tienen más recursos deberían ayudar a los niños pobres de buen ingenio. Siempre hay personas nobles y muy generosas que, movidos por la compasión y la justicia, han procurado que los pobres accedan a una educación de calidad. Hoy asumimos que el Estado gracias a los impuestos de todos, debe ser el garante del derecho a la educación, especialmente de los pobres.

Si el humanista holandés viviera en esta época y se pasara por Venezuela, se encontraría con una situación semejante: un Estado quebrado y débil que es incapaz de dar una solución satisfactoria a la educación de los pobres.

Y es que, este país vive una coyuntura muy difícil y compleja. El salario del maestro apenas alcanza los tres dólares mensuales. Además, no hay educación presencial por la pandemia lo que dificulta la relación educativa con los niños. Es la “tormenta perfecta” que daña una generación que no recibirá instrucción en la escuela o si la recibe, sería de muy baja calidad.

Los que tienen recursos económicos y valoran una buena educación para sus hijos se pagan una escuela privada o contratan profesores particulares. Así, los niños no pierden el hábito de estudio y siguen aprendiendo para alcanzar las competencias necesarias. Ya lo dijo Erasmo, que “cada uno debe estar atento en su propia casa”; es decir, “cada uno se busque la vida como pueda”. Pero: ¿y los pobres?

Los escolapios tenemos seis escuelas en Venezuela, cinco de ellas “de convenio”, es decir, privadas con administración de bienes públicos. Nuestros maestros sufren la grave crisis del país y trabajan en condiciones casi heroicas. Hoy por hoy, el Estado no está dando una respuesta que devuelva la dignidad salarial a los maestros y así, recuperar la normalidad en las escuelas populares. Es una situación de agonía que puede terminar en un colapso de la propia escuela y del futuro de una generación.

Como ya predijo Erasmo hace 500 años, si los poderes públicos no ejercen su responsabilidad natural en la educación de los pobres, habrá que pedir a los que tienen recursos económicos, que sean especialmente generosos para que no se pierda una generación de alumnos de gran talento. Nos jugamos el futuro de todos.

Mientras el sistema educativo mejora, infinitas gracias a los maestros venezolanos que aún resisten y siguen creyendo en el poder de la educación para transformar la sociedad.

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

A Pastoral Letter from the Piarist Bishop of the Archdiocese of Manila

A Pastoral Letter from the Piarist Bishop of the Archdiocese of Manila

In the book, The Philippine Islands, 1493-1898, Volume 50, one can find the copy of the English translation of the Pastoral Letter of Archbishop Basilio Sancho of Manila, dated October 25, 1771. This letter instructs the Archdiocese secular priests about retirement and abstraction from the world, behavior, schools, catechism, social and parish activities.

In his letter, he reminded his priests to observe their behavior outside their parishes by not entering any house except for administering the sacraments or facilitating some functions that have something to do with souls’ care. He added that they should also pay all respect and courtesy to the officials of the villages and justices. Also, the governing persons cannot remove their caps in the priests’ presence and serve them during the meal.

Furthermore, he also made some precautions to his priests by instructing them to prohibit women from entering the convent; by observing the church rubrics; forbidding game of cards; not leaving their respective villages except for hearing confessions; wearing priestly robes, and the punishment for any priests who are not appropriately dressed; and spending time in prayer and studies.

As a Piarist, he also ordered his clergymen to visit the schools for boys and, if possible, the schools for girls. He likewise stated that priests should not meddle with election matters but instead win the people’s affection and reverence by attending to their spiritual needs and giving counsels.

In line with the parishioners’ catechism and formation, he directed his priests to explain the doctrine and the gospel in the Castilian language and instruct the people with words and actions until the Christian message sinks into them, creating love and obedience to the church.

Lastly, Bishop Sancho ordered his priests to promote peace among their parishioners and to stop them from being idle by cultivating the land. Moreover, he encouraged them to halt cockfighting and liquor drinking in their villages and disallow young women or any woman to clean the church. Any priest who shall not observe the adornment and cleanliness of his church shall be punished. They were also mandated to remove the abuses concerning furnishing crosses and candlesticks of wood for the poor and silver for those who pay the fees. Finally, each priest shall prepare a book in which these decrees shall be written.

Synoptic

This article is a summary of Bishop Basilio Sancho’s Pastoral Letter from Historia de PP. Dominicos (Madrid, 1871 ), trans. By Blair & Robertson, The Philippine Islands, Volume 50, p. 265.

John Michael O. Dion Sch. P.

Br. JOHN MICHAEL O. DION

Br. JOHN MICHAEL O. DION

Piarist

John Michael hails from the Diocese of Tarlac, Philippines. He is a Psychology graduate, joined the Piarist Fathers in 2012. He took Philosophy units at the Rogationist Seminary and Certificate for Professional Education at the University of San Carlos in Cebu City. In 2020, he finished his Bachelor in Sacred Theology and Master of Arts in Pastoral ministry, specialized in Spirituality and Retreat Direction at the Loyola School of Theology – Ateneo de Manila University, Philippines. Currently, he is assigned at Calasanz de Davao Community, working as a subject teacher for Philippine history, World Religions, Applied Social Sciences, and Religious Studies at Calasanz de Davao Academy, Inc.

Retos misioneros de nuestra vida comunitaria

Retos misioneros de nuestra vida comunitaria

La dimensión comunitaria de la vida no experimenta buenos tiempos al menos desde las últimas dos décadas, víctima de un creciente individualismo proveniente de modelos económicos/organizativos y también de algunas escuelas psicológicas. Es el caso del concepto de resiliencia, original de la ingeniería y generalizado por la llamada psicología positiva a partir de los 80´s y 90´s como la capacidad personal de asumir con flexibilidad situaciones adversas y sobreponerse a ellas. Una apuesta por recuperar una “vida sana” en una sociedad básicamente “enferma”.

Reconozco haber trabajado la resiliencia en la misión de varios años con jóvenes en riesgo social de la Ciudad Hogar Calasanz en Costa Rica. Sin embargo, actualmente su uso indiscriminado me parece contraproducente, pues debilita la gestión comunitaria y social de la conflictividad potenciando más el individualismo. Mi reciente experiencia mexicana fue de gran ayuda para reconocer la importancia de las redes familiares y comunitarias (fuertes en el sustrato cultural mexicano), así como la urgencia por protegerlas y estimularlas. Sobre todo, porque una parte esencial del drama humano de nuestro tiempo proviene de una soledad individualista que lleva a la persona a ser su propio límite, pero también su propio juez, pudiendo sentirse fracasada por no alcanzar los resultados según el proyecto social que se identifica con realización y felicidad, potenciando un mundo falso y cruel de “ganadores” y “perdedores”. Se trata de una realidad donde los controles sociales tradicionales no son necesarios, pues son sustituidos por el autocontrol y la autoexplotación de personas aparentemente libres. La relación de esto, por ejemplo, con la depresión o el enojo y frustración expresados en las redes sociales, resulta más que evidente.

Es aquí donde los escolapios tenemos la oportunidad de transmitir nuestra experiencia comunitaria. Para esto me apoyo en las Constituciones. El n° 25, que nos invita a ser “ministros de la esperanza del Reino futuro y de la unión fraterna entre los hombres”; y el n° 38 (Cf. Gaudium et spes n° 1) al afirmar que: “nuestra comunidad, miembro de toda la familia humana y siempre dispuesta a servir, hace suyos, con gusto y decisión, los gozos y esperanzas, las tristezas y afanes de todos los hombres, particularmente en la comunidad local en que vivimos.” Encuentro en estas claves comunitarias muchas luces para la misión:

  1. Dando cabida y experiencia real a un “Dios que no hace distinciones, acepta al que le teme y practica la justicia, sea de la nación que sea” (Hch 10, 34)
  2. Favoreciendo el trabajo colaborativo (más allá de lo funcional) para potenciar la convivencia entre diferentes, su empatía y superior comunión evangélica
  3. Superando el debate teórico de la inculturación, al abrazar con amor cristiano y análisis respetuoso los anhelos de transformación social de familias y comunidades en los lugares donde vivimos y trabajamos
  4. Favoreciendo procesos y redes de acompañamiento de aquellos que sufren condiciones de precariedad, explotación y angustia.

En este durísimo contexto que vivimos, donde cada vez más personas sienten que no logran por sus propias fuerzas mantener una actitud positiva frente a las adversidades, abrigando la sensación de no ser felices y, por si fuera poco, sintiéndose culpables, los escolapios tenemos mucho que decir, mostrando al Dios de Jesucristo que busca, ama, reconcilia y salva. Nuestra vida comunitaria puede ser un gran signo y camino para ello.

P. Rodolfo Robert Sch. P.

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

RODOLFO ROBERT ESQUIVEL

Escolapio

Nacido en San José, Costa Rica (1961) es Religioso Escolapio de la Provincia Centroamérica-Caribe. Se ha desempeñado en la Escuela Pía como educador, formador, Superior Mayor y Delegado General para el Ministerio. Actualmente sirve a la misión en La Romana, República Dominicana.

Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna

Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna

Quien se da a sí mismo ha dado cuanto podía dar”. (San José de Calasanz)

San José de Calasanz encontró su vocación definitiva, aquella con la que se desarrolla lo mejor de sí mismo, en la ancianidad de la vida de entonces. A los 60 años hacía su profesión religiosa como el primer escolapio de la historia de la Iglesia. Antes de vivir ese momento, intentó buscar alternativas, intermediarios, llamó a muchas puertas, dio parte de su tiempo, de su hacienda, de su misma vocación sacerdotal, hasta que entendió por la lectura que hizo de su historia pasada, y descubrió en la educación de los niños pobres que Dios le pedía la vida, sin reservarse nada, debía dar un salto al vacío y dejarse guiar en esa nueva realidad, inédita en la Iglesia hasta ese momento, que fueron las Escuelas Pías, la primera Orden religiosa cuyo carisma fue la educación popular como medio de santificación (hoy diríamos de evangelización). Ese 25 de marzo de 1617 entregó todo lo que tenía y se consagró para siempre, dio cuanto podía dar, a sí mismo, sus proyectos, sus sueños, su tierra… y se le regalaron 30 años más de vida. Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna.

 

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.