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Los nuevos retos educativos de navegar en la virtualidad

Los nuevos retos educativos de navegar en la virtualidad

El último año ha generado en la educación una transformación en temas de acceso a la información, tecnología y nuevos procesos de aprendizajes que eran anhelados desde hace décadas. Cambios que han llegado en muchos casos para quedarse, pero plantean a nivel global cierto retos, entre ellos tenemos: 

Acceso en contextos vulnerables: En lugares de de privación sociocultural, los estudiantes y docentes no cuentan con las condiciones necesarias para lograr el proceso de enseñanza aprendizaje como tener internet, una computadora, un teléfono… así como lo leen, un teléfono, servicio de datos móviles… y pare usted contar. Además, encontramos que elementos esenciales como la alimentación, vivienda, acceso al agua y servicios públicos en general no están a la orden del día, lo cual hacen muy cuesta arriba poder entrar en la educación virtual, agudizando un retroceso en los logros alcanzados a nivel cognitivo, afectación del desarrollo a nivel emocional y un alto porcentaje de deserción escolar.

Cuidado de la interioridad de los docentes expuestos a la tensión de una realidad que demanda una constante adaptación, sumando situaciones personales de duelo y la preocupación por lo económico y espiritual. Es imperativo categórico la atención grupal y personalizada desde la escucha, espacios de oración, encuentros y cultivo del mundo interior para evitar el agotamiento o el quebrantamiento.

Calidad e innovación del proceso educativo y la significatividad del aprendizaje. Evitando caer en el error de creer que novedad/nuevas formas es innovar. Podemos contar con la mejor plataforma para desarrollar nuestras clases, pero tener una calidad mermada y la innovación como la gran ausente. Generar espacios donde se construya la aldea educativa que nos sugiere el Papa Francisco, replantear el perfil de los estudiantes, crecer en identidad y contrastar el aprendizaje con la vida. Pero, sin la persona en el centro y una clara identidad institucional, la educación carece de una antropología que construye a la persona, por tanto de innovación y calidad.

El acompañamiento grupal y diferenciado de los estudiantes en sus necesidades. Planteo algunas preguntas: ¿cómo desarrollamos los procesos de adaptación de los estudiantes de vuelta a las aulas más allá de simples protocolos de bioseguridad? ¿Cuánto tiempo hemos dedicado a escuchar lo que sienten y viven? ¿Son capaces de estar de golpe varias horas sentados en un salón? ¿Cómo logramos acompañar la cohesión de los grupos que se encuentran con una realidad diferente a lo que soñaban con volver al colegio/escuela? No es solo volver, es ayudar en el proceso de adaptación valorando todo el mundo interior de cada uno.

Educar para el servicio, la transformación social y la cultura del encuentro. Aquí he sido arriesgado, hay mucho que decir al respecto, pero solo me permito algunas ideas. Solo lograremos la transformación de la sociedad si generamos espacios de sensibilización/encuentro de nuestras comunidades educativas con los más necesitados; intentando superar la barrera de simple actividades asistencialistas o convertir al que sufre en un cuadro de museo que visitamos, le tomamos fotos, pero no dignificamos. Es un reto de poner nuestras redes, capacidades y recursos en función de los que están en las fronteras.

Una última idea, levantar la mirada en este mar de virtualidad que nos abre a un cambio necesario y humanizado de la educación. Es una oportunidad que requiere inversión económica, formación dirigida a todos los actores que hacen parte del proceso, y una puerta que se abre para adaptar el aprendizaje a un mundo interconectado y vulnerable que requiere mantener a la persona en el centro, evitando dejar de lado a los más pobres buscando espacios de solidaridad y valentía.

 

JOSÉ ALEJANDRO PEÑA

JOSÉ ALEJANDRO PEÑA

Escolapio

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

“Un ministerio insustituible… y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.”

Recuerdo cuando leí hace más de treinta años este memorial por primera vez. Algunas de las palabras sonaron a mis jóvenes oídos, arcaicas y anacrónicas. Curiosamente una de ellas era la expresión ‘la reforma de las corrompidas costumbres’, y, sobre todo, por lo de ‘corrompidas’. Tres décadas después y cuatro siglos tras su primera escritura, vuelvo a escuchar a diestro y siniestro a mi alrededor la palabra ‘corrupción’. Como si la historia quisiera hacerle un requiebro al tiempo, y al igual que a Calasanz le removió la conciencia ver a tanto niño y adolescente de la calle dedicados al robo, la extorsión, el pillaje y a saber qué otras ‘lindas’ prácticas corruptas, hoy nos remueve a muchos ver a tantos políticos, jueces, policías, funcionarios… corruptos. Y si lo son de adultos, es posible inferir que no recibieron la educación debida para enderezar esas ‘tendencias torcidas’ (expresión calasancia) que debieron aparecer ya en sus infancias. Sería legítimo preguntarnos, ¿para qué sirvió la educación en estas personas? ¿Fueron educadas para desarrollar el mal (de manera inconsciente ciertamente) o simplemente no les propició ningún cambio interior a lo que despuntaba como germen en ellas? ¿La educación les cambió para mejorar o les consolidó en lo que ya estaba inoculado en ellos?

Quizá, la clave está en la primera palabra de la expresión destacada, reforma. Calasanz apela a una educación que reforma a la persona, no que la instruye únicamente, no que la prepara para la vida adulta solamente, no que la capacita para un trabajo o un estudio superior sin más, no que la dota de una pátina humana y cristiana sin tocar su centro, sino que el proceso que viva el niño en la escuela debe ser el que le permita desarrollarse felizmente como persona. Y nunca la corrupción crea felicidad, ni siquiera al que la ejerce.

Reforma de las corrompidas costumbres, ¿nos atrevemos a enumerar algunas de hoy? El ejercicio del poder político en beneficio propio, la malversación de fondos sociales, la prevaricación en funcionarios públicos en el ámbito de la justicia, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violencia de género, el trato discriminatorio por edad, sexo, ideología, nacimiento… Y seguro que a muchos les van viniendo muchas otras ‘corrompidas costumbres’. Y tras enumerarlas miramos siempre hacia afuera, como si este mal fuese un coronavirus selectivo que ataca a algunos (normalmente los que pueden), sin caer en la cuenta que lo que se corrompe es lo que se posee no lo que se adquiere. Ya con razón Jesús en el evangelio avisa sobre esta escapatoria moral de culpabilizar a lo que está afuera: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mt. 15,19)

El santo viejo descubrió esto mismo en carne de niño callejero. Y quiso proponer un remedio saludable por medio de la educación, sabiendo que, si el niño ‘desde su tierna infancia es imbuido diligentemente en la piedad y las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de toda su vida’, como afirma de nuevo con otras palabras en este memorial. ¿Nuestros procesos educativos actuales propician esta reforma de las corrompidas costumbres? Porque yo lo que veo en muchos de mis alumnos es que desearían emular a los que hoy consiguen fama, prestigio y plata sin importarles la senda ni los medios que los llevaron hasta ahí.

Una buena educación, quizá, la única educación que se precie de llevar este nombre, no es la que mantiene ni la que posibilita la continuidad ni la que prepara para asegurar las estructuras sociales actuales (algunas de ellas corruptas), sino la que reforma, esto es, da nueva forma. La educación actual en el mejor de los casos ‘ahorma’ no ‘reforma’. Hoy sigue actual y vigente este llamado de Calasanz a hacer de la educación el arma más poderosa de transformación social, por ello, como lo saben los que gobiernan, quieren arrostrarse el derecho de manejarla a su antojo, o al servicio de sus ideologías, o al servicio de la ética capitalista-consumista, o peor, al antojo de las costumbres corrompidas. De repente, hemos revertido la finalidad de la educación haciendo de ella un instrumento de poder al servicio del poder establecido. Y ahí surgen todos los problemas de los sistemas educativos de nuestras sociedades.

Hoy evidenciamos que nuestras sociedades necesitan ciudadanos acríticos, dóciles y amaestrados, por eso se elaboran con precisión programas educativos donde las humanidades (filosofía, ética, historia, educación religiosa, música y artes en general) tengan una presencia residual o simplemente, no aparezcan. Al estar centrada en la producción y el trabajo, elaboran currículos tecnológicos y pragmáticos llenándolos de materias instrumentales inoculando una brutal competitividad utilitarista entre los estudiantes. Y aquí que cada cual analice su currículo nacional y su ley educativa y descubrirá sin mucho esfuerzo qué sociedad desean los que nos gobiernan.

Ante este panorama, identificar y clarificar la finalidad de la educación que impartimos es fundamental. El horizonte y la orientación de la educación es clave para educar. En Calasanz está claro: la felicidad o, dicho de otra manera, el ‘buen vivir’ del hombre futuro (y no el ‘bien-estar’).

Visto lo anterior, el debate y la reflexión de los Estados debería centrarse en qué piensan y creen que hace feliz a una persona para poder establecer el proceso educativo que le ayude a vivirlo. Seguro que llegan a conclusiones muy interesantes y sin buscarlo, consensuarían una realidad que daría un gran impulso al país y un futuro prometedor a sus ciudadanos. Si queremos llegar a un Pacto, hemos de saber mirar juntos un horizonte compartido. Y seguramente, lo esencial, lo podemos consensuar: una buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Continuará…

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Lo que fue yermo se torna vergel. Memorial al Cardenal Tonti (I)

Lo que fue yermo se torna vergel. Memorial al Cardenal Tonti (I)

Este año 2021 conmemoramos en la Orden de las Escuelas Pías los 400 años de uno de los textos más significativos y hermosos de san José de Calasanz, el Memorial al Cardenal Miguel Ángel Tonti.

San José de Calasanz escribió con este memorial (escrito eclesial que defiende o reivindica algo) uno de los documentos más bellos en defensa de la educación popular. Con la noble intención de que se aprobara una nueva Orden religiosa en la Iglesia, mostró ante los que regían en aquel momento los designios terrenales de la Iglesia y parte de la humanidad conocida en aquel momento, que educar a los niños pobres era el futuro y la prosperidad de una sociedad y que debía ser una prioridad para los estados propiciar educación a sus niños para que fuesen dignos y buenos ciudadanos capaces de transformar la sociedad, renovar la Iglesia y hacer del desarrollo de sus propias vidas un proceso de felicidad y bienaventuranza. Y esto lo pensó y lo defendió hace 400 años.

Me propongo en varias entregas actualizar ese documento que como hemos indicado se dirige a un cardenal, el cual era el que debía permitir la creación de una nueva organización clerical cuando se pensaba que ya todo estaba creado y no hacían falta más. José de Calasanz, tras haber escrito la Regla (Constituciones) de lo que hasta entonces era su Congregación, escribió con 64 años, con pie y medio en la jubilación forzosa, este escrito con el que no solo consiguió doblegar el parecer y decisión de la iglesia jerárquica (que ya tiene su mérito), sino que los hizo acérrimos defensores de esta nueva obra que se dio a conocer como las Escuelas Pías.

Nuestro santo, queriendo aportar razones para justificar la novedad de su obra, plasmó una de las más hermosas compilaciones a favor de la educación popular, universal, cristiana y gratuita. Sin quererlo, miró al horizonte o mejor, vio en los ojos de aquellos niños harapientos y vulgares de los rincones romanos del Trastévere romano, que el horizonte del ser humano se fragua en su infancia por medio de la educación que recibe y experimenta. Cuando una semilla seca, deforme y aparentemente inútil, es plantada en una tierra cuidada, abonada y regada, saca de lo más íntimo de su fealdad la criatura hermosa que lleva dentro, y lo que fue yermo se torna vergel. Esta es la intuición de fondo en las palabras del santo viejo y que poco a poco iremos actualizando.

400 años después de este canto a la educación popular que es un canto a la libertad humana, los que rigen las voluntades del pueblo y las someten (políticos y gobernantes), se han dado cuenta que hacer crecer bosques a nuestro alrededor es peligroso, porque no se puede controlar la vida de un ente tan plural, diverso y vital (que es lo que provoca una educación como defiende Calasanz en este memorial), así que han secuestrado la potestad de sembrar y han puesto todos los medios para hacer crecer, en su lugar, parques de bonsáis, haciendo de la educación, el arma más sutil y poderosa de asegurar ciudadanos serviles al sistema impuesto para el beneficio de unos pocos, sea en democracia, en dictadura, en teocracia o cualesquiera que sea el régimen político. Por eso, no es de extrañar que, en muchos países democráticos, las leyes que más cambian y se modifican son las leyes educativas, pues no miran a la persona en sí y el bien común (no cambiamos tanto en tan poco tiempo), sino los intereses políticos del gobierno de turno.

Por eso, hoy más que nunca, importa poner en valor la prístina intuición de este viejo español, que tras 24 años educando a niños de las calles romanas, descubrió que la verdadera felicidad del hombre reside en el interior de cada persona y que si no se le acompaña en su primer crecimiento, desde la más tierna infancia, con el agua templada de la sabiduría de la vida hecha cultura, y con el abono de la fe y las buenas costumbres, se endurece y se seca de tal manera con el tiempo que, por más que se lo proponga alguien, rara vez logra despertar la riqueza que atesora. Piedad y Letras, lo resumió José de Calasanz.

Me gustaría mostrar a lo largo de estos comentarios, la importancia o quizá, la urgente necesidad que tienen los pueblos actualmente de hacer de la educación un tema de Estado (incluso ‘de Estados’) que no dependa del gobierno de turno ni de los vaivenes de modas, ocurrencias y tendencias educativas. El Papa Francisco ha bautizado este impulso nuevo y holístico, como la búsqueda de un Pacto Educativo Global.

No hay duda, aquellos Estados que logren ponerse de acuerdo en educar bien a sus nuevas generaciones, serán los que heredarán un mejor futuro humano y sostenible.

San José de Calasanz en este memorial, se adelantó más de tres siglos a lo que para cualquier cultura avanzada es hoy incuestionable: el derecho de todos los niños sin distinción a la educación.

Dos advertencias finales:

  1. Con estas entregas mi pretensión no es hacer un estudio histórico o pedagógico o carismático del texto, sino un comentario personal actualizado. Nada más.
  2. Sería ideal que pudieran darse un tiempo para leer el texto entero (no es largo), aunque en cada comentario copiaremos el texto desde el que nace nuestra reflexión.
CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

“Quien piensa saberlo todo fácilmente se encuentra engañado muy a menudo” (San José de Calasanz)

San José de Calasanz fue un hombre de una formación muy esmerada. En sus estudios para acceder al sacerdocio se benefició de las nuevas orientaciones del concilio de Trento que exigía una formación teológica más exigente y, por lo que parece, llegó a doctorarse posteriormente en Barcelona antes de viajar a Roma. Esto le valió el interés de varios obispos que lo tomaron como su hombre de confianza a su lado. Calasanz aspiraba a grandes cargos en la Iglesia, ese fue su horizonte, no por vanidad sino por servir mejor a la Iglesia desde un puesto de responsabilidad. Pensaba saberlo todo de su vida y su futuro, pero se engañó. Los niños de la calle le enseñaron lo que no ilustra ningún libro ni ninguna carrera universitaria: la verdadera sabiduría se esconde en los sencillos. ¡Cuántos errores nos ahorraríamos si desconfiando más de nosotros y de nuestros saberes aprendiéramos a leer la vida ‘desde abajo’! A Calasanz, lo que le dio el saber más importante de la vida que es el propio conocimiento fue su relación cotidiana con los niños en la escuela. Aprender a ver la vida como adultos con los ojos y el corazón de un niño dota a la persona de una nueva inteligencia que le abre más a las dudas que a las certezas, a las preguntas que las respuestas y, ‘caminando como un niñito de dos años que no sabe dar dos pasos sin trastabillar’ no apartamos la vista de quien es apoyo, luz y guía: Dios.

 

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Gracias por nuestros maestros

Gracias por nuestros maestros

​Erasmo de Roterdam fue un gran pensador humanista que desarrolló su filosofía durante la primera mitad del siglo XVI con el que buscaba la reforma de la sociedad y de la iglesia a través de la vuelta a los evangelios y al estudio de los autores clásicos.

De las muchas obras que tiene, hay una con un fuerte contenido pedagógico: “De cómo los niños han de ser precozmente iniciados en la piedad y las buenas letras”. En sus páginas, ofrece valiosas orientaciones pedagógicas de gran actualidad, especialmente para los niños de 3 a 6 años.

Para el holandés, la responsabilidad de instruir a los niños “debería ser la preocupación pública tanto del magistrado seglar como de los altos representantes eclesiásticos”. Todos los niños deben ser educados del mismo modo: “los hijos de los ciudadanos, los que los que tienen un cargo en la guerra o los que cantan en los templos”. Busca argumentos en los autores clásicos: “Vespasiano repartía de su propio dinero una notable cantidad anual a los rétores latinos y griegos. También Plinio el Joven entregaba de su peculio privado una enorme suma con el mismo fin”. Concluye que “si la ayuda pública desaparece, debe cada uno estar atento en su propia casa”.

Pero Erasmo se quedó solo en la teoría pues no pudo resolver de modo efectivo el problema del acceso de los pobres a la escuela en igualdad de condiciones que los ricos. El reformador alemán Martin Lutero intentó crear una red pública para instruir a las clases populares, pero no tuvo suficiente respuesta. Fue San José de Calasanz quien ideó un modelo exitoso de escuela pública que se extendió por Italia y Centroeuropa, con la colaboración de las administraciones públicas. En el siglo XIX la mayoría de Estados modernos asumieron la educación pública como una de sus primeras obligaciones.

El humanista avanza en su discurso: “Me preguntas cómo van a arreglárselas los pobres, si apenas tienen para alimentar a sus hijos, cuanto menos para contratar los servicios de un profesor. A esto no sé qué responderte, si no es lo que dice la comedia: Según podemos, ya que como queremos no puede ser. Nosotros discurrimos el mejor método educativo, mas no podemos conceder riqueza. A menos que deba también aquí la generosidad de los ricos subvenir a las necesidades de los ingenios valiosos pero que por estrecheces familiares no son capaces de desarrollar su capacidad natural”.

En efecto, hace falta dinero para asegurar el derecho de todos a la educación. Si no sale de las administraciones públicas, tiene que salir del bolsillo de los que sí tienen. Así que, la solución que propone es que los que tienen más recursos deberían ayudar a los niños pobres de buen ingenio. Siempre hay personas nobles y muy generosas que, movidos por la compasión y la justicia, han procurado que los pobres accedan a una educación de calidad. Hoy asumimos que el Estado gracias a los impuestos de todos, debe ser el garante del derecho a la educación, especialmente de los pobres.

Si el humanista holandés viviera en esta época y se pasara por Venezuela, se encontraría con una situación semejante: un Estado quebrado y débil que es incapaz de dar una solución satisfactoria a la educación de los pobres.

Y es que, este país vive una coyuntura muy difícil y compleja. El salario del maestro apenas alcanza los tres dólares mensuales. Además, no hay educación presencial por la pandemia lo que dificulta la relación educativa con los niños. Es la “tormenta perfecta” que daña una generación que no recibirá instrucción en la escuela o si la recibe, sería de muy baja calidad.

Los que tienen recursos económicos y valoran una buena educación para sus hijos se pagan una escuela privada o contratan profesores particulares. Así, los niños no pierden el hábito de estudio y siguen aprendiendo para alcanzar las competencias necesarias. Ya lo dijo Erasmo, que “cada uno debe estar atento en su propia casa”; es decir, “cada uno se busque la vida como pueda”. Pero: ¿y los pobres?

Los escolapios tenemos seis escuelas en Venezuela, cinco de ellas “de convenio”, es decir, privadas con administración de bienes públicos. Nuestros maestros sufren la grave crisis del país y trabajan en condiciones casi heroicas. Hoy por hoy, el Estado no está dando una respuesta que devuelva la dignidad salarial a los maestros y así, recuperar la normalidad en las escuelas populares. Es una situación de agonía que puede terminar en un colapso de la propia escuela y del futuro de una generación.

Como ya predijo Erasmo hace 500 años, si los poderes públicos no ejercen su responsabilidad natural en la educación de los pobres, habrá que pedir a los que tienen recursos económicos, que sean especialmente generosos para que no se pierda una generación de alumnos de gran talento. Nos jugamos el futuro de todos.

Mientras el sistema educativo mejora, infinitas gracias a los maestros venezolanos que aún resisten y siguen creyendo en el poder de la educación para transformar la sociedad.

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

Las Nuevas Narraciones

Las Nuevas Narraciones

Érase una vez… un artículo que surge de dos experiencias y una reflexión.

Como todas las dificultades en la vida, esta pandemia también ha traído un buen saco de oportunidades inesperadas. Una de ellas ha sido tener tiempo para poder ver y comentar series y películas en familia (subrayo en familia).

Hemos cambiado la chimenea y los viejos relatos orales por el mando a distancia y el catálogo de las diferentes plataformas digitales en las que se aglutinan “Las Nuevas Narraciones”.

El mundo ha cambiado y también la manera de narrar historias, pero en absoluto la importancia y vigencia de estas como forma de aprendizaje ético y moral. Hoy las nuevas narraciones las encontramos en un lenguaje audiovisual con forma de películas y de manera especial de series, esas que conquistan el corazón, cerebro y tiempo de nuestros adolescentes y jóvenes.

Hace unos días, en clase de lengua, trabajaba con mis alumnos de primero de Secundaria el género narrativo y les decía que el hombre, desde que es hombre, utiliza las “historias” para contar las cosas verdaderamente importantes de la vida y que las “historias” están en el ADN del ser humano. Repasamos y reflexionamos sobre algunos de los grandes relatos de la humanidad como el Génesis y alguna fábula de Esopo (que destilaba sabiduría práctica para la vida cotidiana). También les comenté que ellos también tendrían que componer la narración de su propia vida. (Ricoeur decía que la narración termina de dar significado a la acción, a los acontecimientos de cada vida.)

Todo esto me lleva a reflexionar y a afirmar que, como educadores escolapios, tenemos la oportunidad de utilizar todas estas “historias” que nos brindan el cine y las series para trabajar el conocimiento y el desarrollo de valores morales, para invitar a nuestros chicos a reflexionar, para ir construyendo su propia ética personal y pensamiento crítico (tan necesario en estos tiempos). Las nuevas narraciones se pueden convertir en un gran laboratorio de experimentos morales. En ellas se nos ofrecen modelos de “vida buena” que podemos decidir o rechazar desde la reflexión y la libertad.

¿Cómo podemos hacer esto? Hace años era más fácil ya que el número de narraciones (películas, series y novelas) eran limitadas y podíamos compartir un “universo simbólico común”. Hoy con la desbordante oferta parece imposible.

Creo que la clave está en “enseñar a leer” estas narraciones, en acompañar a nuestros alumnos en el proceso de aprendizaje donde ellos descubran que la narración no es un mero entretenimiento, sino que tiene capas o niveles de lectura. Se puede aprender mucho de la trama, los personajes, conflictos… Se trataría de ofrecerles un “método” para sacar todo el jugo a esos relatos.

La identidad personal se construye a partir de la capacidad de relatar la propia vida. Decía Hannah Arendt que “todos los pesares pueden ser soportados si los pones en una historia o si cuentas una historia acerca de ellos”. Esto nos abre un nuevo horizonte ya que a través del Acompañamiento Personal o de la Tutoría con los alumnos la narración de sus historias de vida y problemas nos otorga herramientas para ayudar a los chicos a descubrir esa “interna inclinación” de la que nos habla Calasanz. Pero esa es otra historia…

Y colorín colorado…

YAMIN MOYA

YAMIN MOYA

Educador

Sociólogo de formación, profesor en Secundaria y FP Básica del área de Ciencias Sociales y Filosofía del colegio Ntra. Sra. de las Escuelas Pías de Aluche (Madrid). Enamorado de su tarea de “evangelizar educando”. Casado y padre de dos hijos.