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Memorial al Cardenal Tonti (III)

Memorial al Cardenal Tonti (III)

“Ministerio en verdad MUY DIGNO, muy noble, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

Calasanz en esta parte de la defensa del ministerio educativo utiliza unos aumentativos que describen las claves, no solo de la educación cuanto del educador. Y esta es una clave bien importante: la educación, al final, depende del educador. El peor sistema educativo puede dar excelentes resultados con buenos educadores, pero también el mejor sistema educativo fracasa con unos educadores mediocres. De ahí, deberíamos concluir que, la formación, consideración, gratificación y trato a los educadores deberían estar exquisitamente cuidados por los gobiernos, y sería mucho mejor que lo fueran por los estados. Un indicador de calidad de un sistema educativo no son los resultados comparados con otros países, sino el trato que se da a los educadores, y en muchas ocasiones correlacionan. Y ciertamente, en una sociedad, ¿a quién se trata mejor?, a los que se les considera más dignos: jueces, médicos, arquitectos, grandes empresarios, banqueros, artistas y deportistas famosos… Pues según sea la dignidad que se le da a alguien, así se le valora. De esta manera el santo viejo busca presentar el ministerio educativo como el ejercicio de un oficio elevado, sublime, por ser la base de las sociedades modernas (y lo dice iniciando el siglo XVII). Y lo describe con estos aumentativos que en alguna ocasión se tradujeron por superlativos (dignísimo, nobilísimo, meritísimo…) y que los iremos comentando.

“MUY DIGNO, por girar en torno a la salvación, conjuntamente, del alma y del cuerpo.” (MCT)

Lo digno es lo que es merecedor de respeto y estima. Y para san José de Calasanz el ministerio de la educación debería ser muy respetado y estimado.

Pero aquí se está poniendo en valor la educación para todos y, en concreto, para los pobres, los que no tienen recursos, para los que se les ha privado de una vida digna. Una escuela es un lugar ‘dignificador’ de las personas. Cuando Calasanz apunta a la dignidad de la educación está señalando los efectos que provoca en el ser humano, pues despojándolo de todo juicio o disfraz, lo descubre como hijo de Dios y, por tanto, como un ser con toda la dignidad posible.

Educar es evidenciar lo que somos, apartándonos de una práctica presente en todas las épocas que tiende a dividir y clasificar a los seres humanos por sus recursos, lugar de nacimiento, color de piel, creencias, relaciones, etc.

Educar es considerar, poner en valor la igual dignidad de todos y presentar procesos para que esta esencia humana crezca y se acredite.

Educar es la acción más respetable que puede realizar un hombre con otro, pues no solo lo hermana, sino que lo mejora.

Educar es participar de la misma acción de Dios, por eso dignifica al que la propone y al que la recibe y responde al primer mandato que Dios da al ser humano tras su creación: ‘creced y multiplicaos’.

La educación para Calasanz no es digna porque enseñe o forme a la persona, eso también lo hacen otro tipo de disciplinas no educativas, sino porque salva o participa del proceso de salvación de la persona. La salvación no es un concepto únicamente religioso, sino que es la aspiración más elevada, sublime y profunda de cualquier ser humano. Un niño se salva cuando vive equilibradamente su infancia; un adolescente se salva cuando integra armónicamente sus cambios; un joven se salva cuando es capaz de desplegar toda la riqueza para la que ha sido creado. Por eso la educación gira ‘en torno a la salvación’, sabiendo que afecta a la globalidad de la persona, a su cuerpo y a su alma. Ambas realidades que han de ser educadas (descubiertas y desarrolladas) por las letras (cultura) y la piedad (fe). La medicina cura personas, la educación, las salva. Si es digno curar personas, el ministerio educativo es ‘muy digno’.

Pero la dignidad ni se da ni se quita, se tiene. Y ahí reside el problema, en que lo digno corrompido es una tragedia. Un educador es digno en sí mismo, y si no es considerado digno es porque no es un educador. Podrán respetarlo más o menos, se le valorará o no, será considerado o despreciado, pero si es educador, no pierde en nada su dignidad, al contrario, la evidencia. Pero si se corrompe a sí mismo por ideología, por intereses particulares bastardos o por dinero, se convierte en el mayor de los males, la más nefasta de las realidades porque se traiciona a sí mismo, a sus estudiantes y a la sociedad a la que debería servir y mejorar. Decían los latinos ‘corruptio optimi, pessima’ (la corrupción de lo óptimo es la peor). Y una manera muy sutil de corromper la educación es fragmentar la realidad humana: por un lado, la inteligencia, por otra la biología, por otra lo espiritual, por otra lo psicológico y lo emocional. Fragmentar al hombre o negarle alguna de estas dimensiones en educación es la mejor de las manipulaciones que puede realizar un estado. Por eso la intuición de Calasanz es tan actual, porque la dignidad está en el ‘conjuntamente’, en abordar a la persona en su globalidad, ¿qué ciencia, disciplina o saber es capaz de acercarse a la persona en su totalidad? Solo la educación; y los que desean corromperla por intereses, lo que intentarán siempre es dividir, desmembrar para intentar producir una creatura que responda a los intereses de cada época. Y curiosamente, cada época, hipervalora una dimensión distinta.

Dignificar la educación es presentar al hombre lo que realmente es, desarrollar la más sublime de las antropologías que se reconoce en la persona de Jesucristo, ‘Cristo manifiesta el hombre al propio hombre’ (GS 22). Y esto último, tampoco ha de ser tomado como un apunte religioso, aunque para Calasanz sí lo fuera, porque detrás de cada sistema educativo hay un modelo de hombre y la única manera honesta de no manipular, es presentar el modelo más completo de ser humano o, al menos, el que genera un mayor bien para uno mismo y para los demás. Reto a cualquiera a que presente un modelo de hombre más completo, integrador y generador de vida y convivencia que Jesús de Nazaret. Pongan a su lado el boceto antropológico que subyace a los sistemas educativos actuales, y se darán cuenta que, educar desde este referente es evidenciar la mayor dignidad de cualquier persona. Y entregar la vida a conseguirlo, lo más digno.

Visto así, sin duda, el ministerio educativo es muy digno.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Artesanos de vida: desde una mirada educativa

Artesanos de vida: desde una mirada educativa

Nos encontramos en el tiempo litúrgico de la Pascua, un tiempo que nos habla, nos remite, nos sabe a vida; a esa nueva Vida inaugurada por Cristo con su resurrección. 

En estos días me detenía a reflexionar sobre este acontecimiento crucial de nuestra fe, desde la experiencia que nos narran los discípulos, y surgía en mi interior el mirarlo como la obra maestra de Dios. Desde ahí, me sentía llevada a contemplar a Dios como artesano de la vida, de la única y verdadera Vida.

Y me decía que Él que nos creó a su imagen, nos ha dotado, por tanto, de la posibilidad de ser también nosotros artesanos de vida.

Así es, en y desde nuestra sencillez, somos posibilidad de alentar y fortalecer la vida. Pero creo que para ello es necesario dejar que Aquel que nos ama haga, con nosotros y de nosotros, su obra de artesanía para el servicio de los demás, que es nuestra forma de dar vida.

Es aquí donde mi mirada, casi sin darme cuenta se dirigió a Calasanz y a Faustino Míguez, ¡dos auténticos artesanos de vida!

Lo son realmente porque primero dejaron que el Espíritu modelase su ser por el amor, la bondad, la amabilidad, la ternura, el sufrimiento, la incomprensión, y así se fueron transformando en personas al servicio de la vida, generadoras de un mundo mejor.

Y, segundo, porque cada uno de ellos, Calasanz y Faustino Míguez, fueron posibilitadores de vida, artesanos de vida, desde la mirada sencilla, humana, delicada y compasiva que supieron tener al corazón del ser humano; una mirada de corazón a corazón, como la de Jesús.

Una mirada con la que percibieron la vida debilitada en muchas realidades sociales y, sobre todo, en los más pequeños; en los niños, José de Calasanz y en las niñas, Faustino Míguez.

Desde su alma de educadores fueron unos convencidos de que esa mirada al corazón, -que es la mirada educativa, la mirada de lo artesano-, ayuda a descubrir la interna inclinación que suscita el Espíritu para un feliz transcurso de la vida, en palabras de Calasanz. Y en las de Faustino Míguez posibilita dar vida y despertar facultades dormidas.

Sus vidas tuvieron y siguen teniendo lo que es propio de una obra de artesanía cuando la vemos: sencilla y calladamente nos impulsan a cuidar la vida, a optar por la vida, a posibilitar la vida. Y a hacerlo a través de la más noble y sublime misión: el ministerio educativo.

                                                                                   Sacramento Calderón

SACRAMENTO CALDERÓN

SACRAMENTO CALDERÓN

Calasancia

Nacida en Daimiel (Ciudad Real) en 1954. Religiosa Calasancia Hija de la Divina Pastora. Apasionada por la educación. Forma parte del Equipo de Gobierno al servicio de las hermanas y de la vida del Instituto como Madre General.

Los nuevos retos educativos de navegar en la virtualidad

Los nuevos retos educativos de navegar en la virtualidad

El último año ha generado en la educación una transformación en temas de acceso a la información, tecnología y nuevos procesos de aprendizajes que eran anhelados desde hace décadas. Cambios que han llegado en muchos casos para quedarse, pero plantean a nivel global cierto retos, entre ellos tenemos: 

Acceso en contextos vulnerables: En lugares de de privación sociocultural, los estudiantes y docentes no cuentan con las condiciones necesarias para lograr el proceso de enseñanza aprendizaje como tener internet, una computadora, un teléfono… así como lo leen, un teléfono, servicio de datos móviles… y pare usted contar. Además, encontramos que elementos esenciales como la alimentación, vivienda, acceso al agua y servicios públicos en general no están a la orden del día, lo cual hacen muy cuesta arriba poder entrar en la educación virtual, agudizando un retroceso en los logros alcanzados a nivel cognitivo, afectación del desarrollo a nivel emocional y un alto porcentaje de deserción escolar.

Cuidado de la interioridad de los docentes expuestos a la tensión de una realidad que demanda una constante adaptación, sumando situaciones personales de duelo y la preocupación por lo económico y espiritual. Es imperativo categórico la atención grupal y personalizada desde la escucha, espacios de oración, encuentros y cultivo del mundo interior para evitar el agotamiento o el quebrantamiento.

Calidad e innovación del proceso educativo y la significatividad del aprendizaje. Evitando caer en el error de creer que novedad/nuevas formas es innovar. Podemos contar con la mejor plataforma para desarrollar nuestras clases, pero tener una calidad mermada y la innovación como la gran ausente. Generar espacios donde se construya la aldea educativa que nos sugiere el Papa Francisco, replantear el perfil de los estudiantes, crecer en identidad y contrastar el aprendizaje con la vida. Pero, sin la persona en el centro y una clara identidad institucional, la educación carece de una antropología que construye a la persona, por tanto de innovación y calidad.

El acompañamiento grupal y diferenciado de los estudiantes en sus necesidades. Planteo algunas preguntas: ¿cómo desarrollamos los procesos de adaptación de los estudiantes de vuelta a las aulas más allá de simples protocolos de bioseguridad? ¿Cuánto tiempo hemos dedicado a escuchar lo que sienten y viven? ¿Son capaces de estar de golpe varias horas sentados en un salón? ¿Cómo logramos acompañar la cohesión de los grupos que se encuentran con una realidad diferente a lo que soñaban con volver al colegio/escuela? No es solo volver, es ayudar en el proceso de adaptación valorando todo el mundo interior de cada uno.

Educar para el servicio, la transformación social y la cultura del encuentro. Aquí he sido arriesgado, hay mucho que decir al respecto, pero solo me permito algunas ideas. Solo lograremos la transformación de la sociedad si generamos espacios de sensibilización/encuentro de nuestras comunidades educativas con los más necesitados; intentando superar la barrera de simple actividades asistencialistas o convertir al que sufre en un cuadro de museo que visitamos, le tomamos fotos, pero no dignificamos. Es un reto de poner nuestras redes, capacidades y recursos en función de los que están en las fronteras.

Una última idea, levantar la mirada en este mar de virtualidad que nos abre a un cambio necesario y humanizado de la educación. Es una oportunidad que requiere inversión económica, formación dirigida a todos los actores que hacen parte del proceso, y una puerta que se abre para adaptar el aprendizaje a un mundo interconectado y vulnerable que requiere mantener a la persona en el centro, evitando dejar de lado a los más pobres buscando espacios de solidaridad y valentía.

 

JOSÉ ALEJANDRO PEÑA

JOSÉ ALEJANDRO PEÑA

Escolapio

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

“Un ministerio insustituible… y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.”

Recuerdo cuando leí hace más de treinta años este memorial por primera vez. Algunas de las palabras sonaron a mis jóvenes oídos, arcaicas y anacrónicas. Curiosamente una de ellas era la expresión ‘la reforma de las corrompidas costumbres’, y, sobre todo, por lo de ‘corrompidas’. Tres décadas después y cuatro siglos tras su primera escritura, vuelvo a escuchar a diestro y siniestro a mi alrededor la palabra ‘corrupción’. Como si la historia quisiera hacerle un requiebro al tiempo, y al igual que a Calasanz le removió la conciencia ver a tanto niño y adolescente de la calle dedicados al robo, la extorsión, el pillaje y a saber qué otras ‘lindas’ prácticas corruptas, hoy nos remueve a muchos ver a tantos políticos, jueces, policías, funcionarios… corruptos. Y si lo son de adultos, es posible inferir que no recibieron la educación debida para enderezar esas ‘tendencias torcidas’ (expresión calasancia) que debieron aparecer ya en sus infancias. Sería legítimo preguntarnos, ¿para qué sirvió la educación en estas personas? ¿Fueron educadas para desarrollar el mal (de manera inconsciente ciertamente) o simplemente no les propició ningún cambio interior a lo que despuntaba como germen en ellas? ¿La educación les cambió para mejorar o les consolidó en lo que ya estaba inoculado en ellos?

Quizá, la clave está en la primera palabra de la expresión destacada, reforma. Calasanz apela a una educación que reforma a la persona, no que la instruye únicamente, no que la prepara para la vida adulta solamente, no que la capacita para un trabajo o un estudio superior sin más, no que la dota de una pátina humana y cristiana sin tocar su centro, sino que el proceso que viva el niño en la escuela debe ser el que le permita desarrollarse felizmente como persona. Y nunca la corrupción crea felicidad, ni siquiera al que la ejerce.

Reforma de las corrompidas costumbres, ¿nos atrevemos a enumerar algunas de hoy? El ejercicio del poder político en beneficio propio, la malversación de fondos sociales, la prevaricación en funcionarios públicos en el ámbito de la justicia, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violencia de género, el trato discriminatorio por edad, sexo, ideología, nacimiento… Y seguro que a muchos les van viniendo muchas otras ‘corrompidas costumbres’. Y tras enumerarlas miramos siempre hacia afuera, como si este mal fuese un coronavirus selectivo que ataca a algunos (normalmente los que pueden), sin caer en la cuenta que lo que se corrompe es lo que se posee no lo que se adquiere. Ya con razón Jesús en el evangelio avisa sobre esta escapatoria moral de culpabilizar a lo que está afuera: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mt. 15,19)

El santo viejo descubrió esto mismo en carne de niño callejero. Y quiso proponer un remedio saludable por medio de la educación, sabiendo que, si el niño ‘desde su tierna infancia es imbuido diligentemente en la piedad y las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de toda su vida’, como afirma de nuevo con otras palabras en este memorial. ¿Nuestros procesos educativos actuales propician esta reforma de las corrompidas costumbres? Porque yo lo que veo en muchos de mis alumnos es que desearían emular a los que hoy consiguen fama, prestigio y plata sin importarles la senda ni los medios que los llevaron hasta ahí.

Una buena educación, quizá, la única educación que se precie de llevar este nombre, no es la que mantiene ni la que posibilita la continuidad ni la que prepara para asegurar las estructuras sociales actuales (algunas de ellas corruptas), sino la que reforma, esto es, da nueva forma. La educación actual en el mejor de los casos ‘ahorma’ no ‘reforma’. Hoy sigue actual y vigente este llamado de Calasanz a hacer de la educación el arma más poderosa de transformación social, por ello, como lo saben los que gobiernan, quieren arrostrarse el derecho de manejarla a su antojo, o al servicio de sus ideologías, o al servicio de la ética capitalista-consumista, o peor, al antojo de las costumbres corrompidas. De repente, hemos revertido la finalidad de la educación haciendo de ella un instrumento de poder al servicio del poder establecido. Y ahí surgen todos los problemas de los sistemas educativos de nuestras sociedades.

Hoy evidenciamos que nuestras sociedades necesitan ciudadanos acríticos, dóciles y amaestrados, por eso se elaboran con precisión programas educativos donde las humanidades (filosofía, ética, historia, educación religiosa, música y artes en general) tengan una presencia residual o simplemente, no aparezcan. Al estar centrada en la producción y el trabajo, elaboran currículos tecnológicos y pragmáticos llenándolos de materias instrumentales inoculando una brutal competitividad utilitarista entre los estudiantes. Y aquí que cada cual analice su currículo nacional y su ley educativa y descubrirá sin mucho esfuerzo qué sociedad desean los que nos gobiernan.

Ante este panorama, identificar y clarificar la finalidad de la educación que impartimos es fundamental. El horizonte y la orientación de la educación es clave para educar. En Calasanz está claro: la felicidad o, dicho de otra manera, el ‘buen vivir’ del hombre futuro (y no el ‘bien-estar’).

Visto lo anterior, el debate y la reflexión de los Estados debería centrarse en qué piensan y creen que hace feliz a una persona para poder establecer el proceso educativo que le ayude a vivirlo. Seguro que llegan a conclusiones muy interesantes y sin buscarlo, consensuarían una realidad que daría un gran impulso al país y un futuro prometedor a sus ciudadanos. Si queremos llegar a un Pacto, hemos de saber mirar juntos un horizonte compartido. Y seguramente, lo esencial, lo podemos consensuar: una buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Continuará…

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Lo que fue yermo se torna vergel. Memorial al Cardenal Tonti (I)

Lo que fue yermo se torna vergel. Memorial al Cardenal Tonti (I)

Este año 2021 conmemoramos en la Orden de las Escuelas Pías los 400 años de uno de los textos más significativos y hermosos de san José de Calasanz, el Memorial al Cardenal Miguel Ángel Tonti.

San José de Calasanz escribió con este memorial (escrito eclesial que defiende o reivindica algo) uno de los documentos más bellos en defensa de la educación popular. Con la noble intención de que se aprobara una nueva Orden religiosa en la Iglesia, mostró ante los que regían en aquel momento los designios terrenales de la Iglesia y parte de la humanidad conocida en aquel momento, que educar a los niños pobres era el futuro y la prosperidad de una sociedad y que debía ser una prioridad para los estados propiciar educación a sus niños para que fuesen dignos y buenos ciudadanos capaces de transformar la sociedad, renovar la Iglesia y hacer del desarrollo de sus propias vidas un proceso de felicidad y bienaventuranza. Y esto lo pensó y lo defendió hace 400 años.

Me propongo en varias entregas actualizar ese documento que como hemos indicado se dirige a un cardenal, el cual era el que debía permitir la creación de una nueva organización clerical cuando se pensaba que ya todo estaba creado y no hacían falta más. José de Calasanz, tras haber escrito la Regla (Constituciones) de lo que hasta entonces era su Congregación, escribió con 64 años, con pie y medio en la jubilación forzosa, este escrito con el que no solo consiguió doblegar el parecer y decisión de la iglesia jerárquica (que ya tiene su mérito), sino que los hizo acérrimos defensores de esta nueva obra que se dio a conocer como las Escuelas Pías.

Nuestro santo, queriendo aportar razones para justificar la novedad de su obra, plasmó una de las más hermosas compilaciones a favor de la educación popular, universal, cristiana y gratuita. Sin quererlo, miró al horizonte o mejor, vio en los ojos de aquellos niños harapientos y vulgares de los rincones romanos del Trastévere romano, que el horizonte del ser humano se fragua en su infancia por medio de la educación que recibe y experimenta. Cuando una semilla seca, deforme y aparentemente inútil, es plantada en una tierra cuidada, abonada y regada, saca de lo más íntimo de su fealdad la criatura hermosa que lleva dentro, y lo que fue yermo se torna vergel. Esta es la intuición de fondo en las palabras del santo viejo y que poco a poco iremos actualizando.

400 años después de este canto a la educación popular que es un canto a la libertad humana, los que rigen las voluntades del pueblo y las someten (políticos y gobernantes), se han dado cuenta que hacer crecer bosques a nuestro alrededor es peligroso, porque no se puede controlar la vida de un ente tan plural, diverso y vital (que es lo que provoca una educación como defiende Calasanz en este memorial), así que han secuestrado la potestad de sembrar y han puesto todos los medios para hacer crecer, en su lugar, parques de bonsáis, haciendo de la educación, el arma más sutil y poderosa de asegurar ciudadanos serviles al sistema impuesto para el beneficio de unos pocos, sea en democracia, en dictadura, en teocracia o cualesquiera que sea el régimen político. Por eso, no es de extrañar que, en muchos países democráticos, las leyes que más cambian y se modifican son las leyes educativas, pues no miran a la persona en sí y el bien común (no cambiamos tanto en tan poco tiempo), sino los intereses políticos del gobierno de turno.

Por eso, hoy más que nunca, importa poner en valor la prístina intuición de este viejo español, que tras 24 años educando a niños de las calles romanas, descubrió que la verdadera felicidad del hombre reside en el interior de cada persona y que si no se le acompaña en su primer crecimiento, desde la más tierna infancia, con el agua templada de la sabiduría de la vida hecha cultura, y con el abono de la fe y las buenas costumbres, se endurece y se seca de tal manera con el tiempo que, por más que se lo proponga alguien, rara vez logra despertar la riqueza que atesora. Piedad y Letras, lo resumió José de Calasanz.

Me gustaría mostrar a lo largo de estos comentarios, la importancia o quizá, la urgente necesidad que tienen los pueblos actualmente de hacer de la educación un tema de Estado (incluso ‘de Estados’) que no dependa del gobierno de turno ni de los vaivenes de modas, ocurrencias y tendencias educativas. El Papa Francisco ha bautizado este impulso nuevo y holístico, como la búsqueda de un Pacto Educativo Global.

No hay duda, aquellos Estados que logren ponerse de acuerdo en educar bien a sus nuevas generaciones, serán los que heredarán un mejor futuro humano y sostenible.

San José de Calasanz en este memorial, se adelantó más de tres siglos a lo que para cualquier cultura avanzada es hoy incuestionable: el derecho de todos los niños sin distinción a la educación.

Dos advertencias finales:

  1. Con estas entregas mi pretensión no es hacer un estudio histórico o pedagógico o carismático del texto, sino un comentario personal actualizado. Nada más.
  2. Sería ideal que pudieran darse un tiempo para leer el texto entero (no es largo), aunque en cada comentario copiaremos el texto desde el que nace nuestra reflexión.
CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

“Quien piensa saberlo todo fácilmente se encuentra engañado muy a menudo” (San José de Calasanz)

San José de Calasanz fue un hombre de una formación muy esmerada. En sus estudios para acceder al sacerdocio se benefició de las nuevas orientaciones del concilio de Trento que exigía una formación teológica más exigente y, por lo que parece, llegó a doctorarse posteriormente en Barcelona antes de viajar a Roma. Esto le valió el interés de varios obispos que lo tomaron como su hombre de confianza a su lado. Calasanz aspiraba a grandes cargos en la Iglesia, ese fue su horizonte, no por vanidad sino por servir mejor a la Iglesia desde un puesto de responsabilidad. Pensaba saberlo todo de su vida y su futuro, pero se engañó. Los niños de la calle le enseñaron lo que no ilustra ningún libro ni ninguna carrera universitaria: la verdadera sabiduría se esconde en los sencillos. ¡Cuántos errores nos ahorraríamos si desconfiando más de nosotros y de nuestros saberes aprendiéramos a leer la vida ‘desde abajo’! A Calasanz, lo que le dio el saber más importante de la vida que es el propio conocimiento fue su relación cotidiana con los niños en la escuela. Aprender a ver la vida como adultos con los ojos y el corazón de un niño dota a la persona de una nueva inteligencia que le abre más a las dudas que a las certezas, a las preguntas que las respuestas y, ‘caminando como un niñito de dos años que no sabe dar dos pasos sin trastabillar’ no apartamos la vista de quien es apoyo, luz y guía: Dios.

 

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

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