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La consciencia de ser hijos de Calasanz que camina y evangeliza educando: una clave para crecer en unas Escuelas Pías interculturales

La consciencia de ser hijos de Calasanz que camina y evangeliza educando: una clave para crecer en unas Escuelas Pías interculturales

Me pongo a escribir esta pequeña reflexión después de haber participado en el 2º encuentro de juniores de la Orden organizado por la Congregación General sobre “la inculturación, interculturalidad y misión”. Ha sido realmente un encuentro bello, iluminador y enriquecedor donde he tenido la oportunidad de escuchar al Cardenal Tagle y de compartir las inquietudes y reflexiones con los escolapios jóvenes de otras demarcaciones.

La interculturalidad es una realidad sobre la que hoy la Orden está reflexionando y trabajando mucho. Porque quiera o no, cada vez es más habitual, no solo a nivel eclesial, sino también a nivel escolapio. He experimentado en primera persona esta realidad a lo largo de mi formación, pero no me voy a extender en ello. Para todos los que estamos en esta pequeña barca de las Escuelas Pías (religiosos y laicos), es sin duda hoy un gran reto y desafío, promover y crecer en este nuevo paradigma e integrarlo a la luz del evangelio para que sean verdaderamente unas Escuelas Pías interculturales profundas, plenas y de signo profético.

El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, habla de la Iglesia como un único pueblo de Dios que evangeliza y que tiene muchos rostros. Porque “se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales tiene su propia cultura” EG 115-118. Aquí entiende las diferencias culturales como un modo de vida que se da cita en el pueblo de Dios y la Iglesia, como un pueblo con distintos rostros donde nadie puede presumir orgullosamente. Afirman algunos estudiosos que esta autocomprensión eclesial es necesaria para caminar hacia una catolicidad más inculturada e intercultural.

Veo muy iluminador esta visión aplicando a nuestro ámbito escolapio desde la consciencia de que todos somos hijos de Dios -porqué no- hijos de Calasanz que caminamos y evangelizamos educando. Igual que la Iglesia, las Escuelas Pías están conformadas por personas de distintos rostros, costumbres y culturas. Pero todos seguimos a Cristo al único estilo de nuestro Santo Padre y cada uno aporta y construye esta formidable obra desde sus dones y talentos.

Partiendo de esta consciencia de ser hijos de Calasanz convocados por Dios a vivir fraternalmente y compartiendo un mismo sueño, nos situamos en una realidad mucho más profunda que va más allá de cualquier diferencia cultural. Pues, todos somos hermanos en Cristo y en Calasanz. 

Julião de Oliveira Sch. P.

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

Escolapio

Junior escolapio de Timor Leste. Está en el Juniorato de Aluche, de la Provincia Betania. Actualmente colabora con el Movimiento Calasanz en el Colegio de Aluche y en el equipo Provincial de Pastoral Vocacional. Estudia Teología en la Universidad Pontificia Comillas Madrid.

 

Memorial al Cardenal Tonti (V)

Memorial al Cardenal Tonti (V)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, MUY MERITORIO, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy meritorio, por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia, un remedio preventivo y curativo del mal, inductor e iluminador para el bien, destinado a todos los muchachos de cualquier condición -y, por tanto, a todos los hombres, que pasan primero por esa edad- mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo…” (MCT)

Meritorio es que merece reconocimiento. Y lo que es digno de reconocerse socialmente es porque aporta un bien, una utilidad y un beneficio al conjunto de una sociedad. La educación de los pobres es meritoria, y lo es por los motivos que Calasanz indica como efectos de un proceso que también señala. En el fondo, está evidenciando la causa y el efecto de la educación, y con ello, el camino (la metodología) para llegar al propósito final de la misma.

  1. Remedio preventivo y curativo del mal.

Posiblemente de las primeras veces que alguien habla del que luego se conocería como método educativo preventivo (y se lo atribuyen a san Juan Bosco dos siglos después). No pensar en el mal a curar sino en la evitación del mismo es una de las finalidades de la educación calasancia. En un momento que en las sociedades vemos las consecuencias de la avaricia, el egoísmo, la vanidad, la manipulación ideológica… tenemos en nuestras manos la posibilidad de ‘prevenir’. La educación no observa la realidad actual para sanar el mal, sino para aprender a prevenirlo en la siguiente generación. Es este un principio que debería primar en las leyes de educación: la sociedad que deseamos y no la prevalencia con parches y retoques de la actual. En el fondo, no habrá transformación si no hay prevención.

Cuando hay tantos intereses que mantener, se desea controlar la educación, pues puede prevenir (y por tanto transformar) o puede consolidar el statu quo. Lo estamos viendo estos días (y se propagará más), tras unos sistemas educativos centrados en lo instrumental, lo afectivo, lo lúdico, lo técnico y lo productivo, hemos generado unas generaciones frágiles, incapaces de saber esperar para alcanzar metas, insuficientemente preparadas para el esfuerzo y la creatividad ante lo adverso, con una mirada centrada en el consumo y la adquisición al precio que sea, y desmemoriadas de su historia, de las luchas y sufrimientos de sus antepasados para llegar a sociedades democráticas e igualitarias. Estas generaciones centradas en el producto y no en el sujeto, inflan lo competencial (la capacidad de hacer) y no tanto el propio sujeto, la persona, que es donde nace la verdadera prevención. Uno puedo prevenir lo que conoce, por propia experiencia o por la experiencia de otro. Pero se nos ha educado sin raíces, como dueños no como administradores, de manera que nos sentimos llenos de derechos y faltos de obligaciones. Valores como la discreción, la verdad, el pudor, la urbanidad, la humildad, la paciencia, el agradecimiento, el esfuerzo, la fortaleza (o resiliencia),el perdón… han sido relegados al ámbito de lo religioso y lo privado, emparejándolos con la fragilidad y la inutilidad, en el fondo, con la no productividad.

La historia ya no hace falta memorizarla y si se hace, se reduce a los acontecimientos tribales y locales, sufriendo una fragmentación tal que ya no hay visiones globales sino particulares y localistas que no permiten ver más allá de mi propio ombligo histórico; la filosofía no hace falta estudiarla porque bajo el aforismo ‘hay que enseñar a pensar’, omitimos los logros y avances de nuestros pensadores pasados para educar a pensar lo que queremos que se piense, lo que se ha llamado el pensamiento único. Y para justificar la ausencia de estos saberes humanísticos, han aparecido en la escuela una enorme cantidad de aprendizajes bastardos y ajenos a la escuela para desfigurarla y vaciarla de su propio contenido. ¿Podemos decir mirando los últimos 30 años que con la educación que estamos desarrollando estamos previniendo el mal social y curando las heridas pasadas del odio racial, la xenofobia, la discriminación sexual, protección del medio ambiente, desigualdad de oportunidades o la cultura de la deshonestidad y la corrupción? Porque si no podemos, nuestro sistema educativo está podrido, viciado y rancio. Con nuestro santo viejo, o la educación previene y cura el mal o no estamos educando bien.

  1. Inductor e iluminador para el bien.

¿Cabe una definición más hermosa del hecho de educar? ‘In-ducir’ es hacer que una persona tienda a algo que yo quiero, pues nos guste o no, toda educación es una manera de manipulación, pero ese no es el problema (en todo caso el problema es no reconocerlo), sino para qué y para quién manipulo, educo. Por eso se hace tan importante lo que en algunas tradiciones orientales llaman ‘la iluminación’ que es ese estado en el que uno se encuentra con lo bueno, bello y verdadero, lo saborea y suscita en él el deseo de adquirirlo, de vivirlo. Sin pretender que Calasanz pensara en estas categorías, sí vislumbró la necesidad de ‘iluminar’ pues solo necesita ser iluminado lo que está a oscuras, lo que no se ve o se percibe con dificultad. La educación para Calasanz debe ‘iluminar para el bien’, debe ayudar a crear los resortes vitales necesarios para percibir y descubrir lo bueno, lo bello y lo verdadero en la vida. ¿Qué bien percibe hoy un adolescente? ¿O qué belleza y verdad? El dinero, el poder, la fama, el éxito, el placer sexual (¡como si no existiesen más fuentes de placer!)… Si eso es lo que perciben, esa es la luz que les ha aportado su educación. No vayamos descargando responsabilidades a la familia, la sociedad, el ambiente. Cuando se ilumina la verdad, la bondad y la belleza (que es un proceso que necesita ser educado), el hombre desea vivir por ellas. De nuevo hemos de preguntarnos qué iluminamos con nuestras materias, con nuestras propuestas educativas, con las actividades que proponemos, con la manera de valorar y evaluar los aprendizajes. ¿Estamos induciendo e iluminando para el bien?

  1. Destinado a todos.

Hoy parece una perogrullada, pero hace cuatro siglos era un atrevimiento: pensar que la educación era un derecho universal. Y viendo la situación que estamos viviendo estos días uno diría que no es tan de Perogrullo. Millones de estudiantes que han podido continuar sus estudios en algunas partes del mundo sin salir de casa, escuchando y viendo sus maestros, realizando sus tareas y siendo valoradas al instante. Mientras, otros, desplazándose kilómetros para captar las ondas de una radio para escuchar, o esperando con paciencia a que su celular descargue un archivo en whatsapp o que su vecino le pueda llevar la tarea que enviaron por alguna red social. ¿Universal? Ciertamente, en Calasanz, se percibe un romanticismo educativo, deseando más que constatando, que la educación y las condiciones que la posibilitan, son un bien de primera necesidad.

Y todo esto tan meritorio, ¿cómo? Y aquí radica una de las intuiciones más delicadas y de más calado de san José de Calasanz: “mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo”. Piedad y Letras, lo resumió para su Orden. No son suficientes los saberes humanos, pues eso por sí solo hincha y ensoberbece al hombre, es necesaria para un equilibrio y estabilidad desarrollar también el espíritu, la innata dimensión transcendente. El santo nunca utilizó las expresiones ‘educación integral’, ‘educación emocional’ o ‘inteligencias múltiples’, pero detrás de su pensamiento estaba que la persona para ser educada ha de serlo en su globalidad, si no, provoca monstruos. Y para aquellos tiempos el hombre era una unidad de cuerpo y alma, y por tanto, la educación debía hacerse cargo de todas sus dimensiones. Negar el desarrollo espiritual (aquello que va más allá de lo físico) en educación, es la nueva manera de manipular y aherrojar al ser humano a los límites de su biología castrando una parte sustancial de la existencia humana. Desarrollar esa dimensión con áreas como religión, tutoría o desarrollo personal no deberían estar cuestionadas en ningún sistema que se digne llamarse integral o global.

Y comenzaba Calasanz diciendo que esto se daba ‘por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia’. Como apéndice final, para tanto cantamañanas, soplagaitas y necios que andan sueltos por ahí negando la historia y rescribiéndola en tiras de papel higiénico, quizá les haga bien recordar (si algo vale para instruir a un necio convencido), que muchos de los derechos humanos, de la configuración de las sociedades libres y democráticas, de los avances en la igualdad y, sobre todo, del desarrollo de la educación para todos, se deben a personas como Calasanz que siendo Iglesia entregaron su vida para consolidar una realidad que hoy nos la hemos encontrado hecha. ¡Eso sí que es meritorio!

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Haciendo Balance

Haciendo Balance

Ahora que ya estamos finalizando el curso llegan desde todos los frentes diferentes evaluaciones que permiten valorar cómo ha ido el curso. Valoraciones de los diferentes departamentos, de las correspondientes asignaturas, de los cursos de formación y en definitiva de todo lo que se ha hecho o dejado de hacer.

No es ninguna de estas evaluaciones lo realmente importante. La evaluación más importante es la que surge en el corazón de uno mismo, ojalá que sea así, y le obliga a preguntarse si el curso ha ido bien, si ha cumplido su propósito, tanto desde el punto de vista del propio educador como desde el punto de vista del alumno.

Si de un educador no brota de forma espontánea este interrogante es que, o bien no está en el lugar adecuado, o bien su situación presente es tan desafortunada que le impide reaccionar de esta manera.

¿Y cómo hacer este balance? ¿Cómo mide uno este resultado? Nos podemos encontrar con diferentes métricas que al final subjetivan de forma global el resultado poniendo una marca positiva o negativa en el corazón del educador. Por ejemplo, para un educador el resultado global se puede medir en función de si se ha ganado o no el campeonato deportivo de turno. En otro caso puede ser suficiente con ver las medias académicas. En algún caso el peso se lo llevan las actuaciones musicales durante el curso o bien los proyectos realizados a lo largo del mismo. Es una forma de contestar a la pregunta ¿Con qué te quedas de todo este curso? Nos sorprenderán algunas respuestas, ya lo sabes.

No obstante, en un colegio escolapio la métrica debería ser diferente a las anteriores. Bastaría con mirar con los ojos de Calasanz y ver si se ha logrado que al menos uno de nuestros alumnos haya orientado mejor su vida, especialmente en dos vertientes: la piedad y las letras.

Es decir, algo tan fácil como ver si alguno de los alumnos ha comenzado a mirar a Dios de una manera diferente, como Padre, como amigo, pero, sobre todo, como Dios. Ser testigo de que ha crecido su amor a Dios y a sus compañeros desde la confianza de saberse amado sin límite por Jesús. Si sólo uno de los alumnos ha crecido espiritualmente, si su alma se ha ensanchado para acoger el don de Dios y seguirle, el curso ya ha merecido la pena, y saltan por los aires todas las métricas del mundo.

Si esto mismo ha ocurrido con un compañero, un docente, un educador que ha aprendido a mirar a Dios de forma tal que su mirada hacia los niños ha cambiado, viendo en ellos lo más precioso del mundo y aquellos pequeños por los que merece la pena darlo todo con un amor infatigable y sacrificado que sólo Dios puede nutrir, también habrá merecido la pena.

Estos son nuestros colegios. Alguno diréis: “¿Y cuándo vas a hablar de las Letras?” Me consta que no es tan urgente, pues en general lo hacemos bien, y para aquellos que académicamente se van quedando rezagados o por el camino, en la mayor parte de las ocasiones la causa de ello es la anterior. No descubrir y experimentar este amor lleva a cualquiera al poco amor a sí mismo y la falta de autoconfianza que deriva en respuestas poco constructivas.

Pedro Jara

PEDRO JARA

PEDRO JARA

Educador

Casado, con tres hijos, diácono permanente en la diócesis de Madrid desde 2011 y profesor del Real colegio Escuelas Pías de San Fernando desde 2007. Autor de varios libros, entre ellos «A la sombra de Madre Teresa» (Edibesa) y «El diácono pobre y fiel en lo poco» (EDICE)

Memorial al Cardenal Tonti (IV)

Memorial al Cardenal Tonti (IV)

“Ministerio en verdad muy digno, MUY NOBLE, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy noble, por ser menester angélico y divino, realizado por los ángeles custodios, de los cuales los hombres se constituyen en esto cooperado­res.” (MCT)

Lo noble hace referencia a lo que es auténtico, sin doblez, que no busca otro interés sino en ser lo que se es. Por eso vivimos tiempos de tan poca nobleza. Nos disfrazamos, nos escondemos bajo máscaras y artificios, evitamos ser quienes somos para parecernos a todos, una ingeniosa manera de sobrevivir, ser como los demás y secuestrar nuestro yo más auténtico.

Para Calasanz el ministerio educativo es una acción divina, ejercido fundamentalmente por ángeles, esto es, creaturas creadas por Dios para evidenciar su bondad y misericordia y cuidar de los demás. Más allá de creer o no en la existencia de los ángeles, se está apuntando a la excelencia del ejercicio docente, que no solo no puede ser ejercido por cualquiera, sino que es prerrogativa exclusiva de Dios y a quien se lo encomiende. En un momento donde la docencia de los niños y de los pobres era considerada como un ‘oficio vil y despreciable’ por los mismos humanistas del siglo XVII, san José de Calasanz agiganta la figura del maestro. Me gustaría saber quién ha colocado en la historia de la humanidad a tanta altura y reconocimiento el hacer del educador: cooperador directo de Dios. Más adelante matizará esta expresión para referirse al educador como cooperador de la Verdad (de Dios y de lo creado). ¡Cuánto bien nos haría a las sociedades modernas suscitar en los niños y jóvenes una sed ávida por la verdad! En un momento donde se ha universalizado el uso de las ‘fake news’, de la mentira institucional y de la trampa como medio de subsistencia, poder educar en la verdad es un auténtico ejercicio revolucionario. Sin duda, los populismos, son el efecto de una educación fragmentada, precaria e ideologizada que, en vez de poner el centro en la felicidad de la persona y su desarrollo, lo pone en la necesidad del sistema establecido y del mercado. Como recibía hace unos días en una afirmación de otro gran pedagogo contemporáneo, Paulo Freire, ‘lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer’.

‘Muy noble’ es otro aumentativo que pone en evidencia que la educación no puede estar sujeta a los vaivenes políticos, a las modas ambientales ni a los ‘lobbys’ ideológicos de turno. Lo noble es lo auténtico, y eso no depende de una tendencia o capricho, sino que está escrito en el corazón de cada ser humano, en la entraña de todo lo creado. Por tanto, un sistema educativo estará bien orientado si tiene como premisa primera y fundamental a la persona y el desarrollo feliz de su vida. Todo lo demás, en mayor o menor medida, es manipulación.

De la misma manera, afirmar que es un ‘menester angélico y divino’ es confirmar la intuición moderna de que la educación no depende tanto de programas y leyes cuanto de la capacitación y formación de los actores de la misma: los maestros. Y para tener sujetos bien preparados, requiere una propuesta formativa exigente y rigurosa. El acceso a la carrera de profesor debería ser el más exigente y restrictivo, como ocurre con medicina, arquitectura u otros estudios de difícil acceso por el corte de nota. Con todos mis respetos a cuanto estudian educación (magisterio), no puede ser la carrera donde acaban los que no han podido acceder a otras carreras universitarias. Que se convierta en los estudios de consolación, la segunda división de las carreras universitarias. Pero para eso, la sociedad debería considerar la enseñanza como pilar de una sociedad y eso evidenciarlo con un trato, tanto en dignidad como en retribución, de excelencia.

Junto al rigor formativo, la escrupulosidad humana, psicológica y espiritual. Para Calasanz el oficio educativo no pueden llevarlo adelante sino los que mejor acceso a la formación tenían y con un considerable desarrollo de su vida espiritual: los sacerdotes. Él precisará que deben ser especialmente sacerdotes los que se dediquen a la educación porque con eso se aseguraba, en aquel entonces, una esmerada formación y una cuidada vida espiritual. De ahí la nobleza. Traduzcamos a nuestros días qué suponen esas dos condiciones para la vida de un educador.

Como vemos, con este nuevo aumentativo, el santo viejo convierte el ejercicio educativo no solo en una cuidada y respetada profesión sino en un verdadero ministerio eclesial, a la altura y valoración de cualquier otro, lo que supondrá una mirada tan innovadora que no volvemos a escucharlo hasta tres siglos y medio después en el Concilio Vaticano II.

Muy noble es la vida y dedicación de millones de educadores que hay en el mundo que, muy aparte de la consideración social, el salario o las condiciones precarias en las que desarrollan su ministerio, siguen mostrando al mundo que, acompañar la vida humana en sus inicios para desarrollarla y sacar lo mejor de sí, continúa siendo una experiencia impresionante. Lo noble también sería una gratitud inmensa para con cada uno de ellos.​

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

A la escucha

A la escucha

Contemplar la realidad desde los ojos de Calasanz se me presenta como una oportunidad de aprender a escuchar desde sus entrañas de misericordia al modo y forma del Espíritu. Cada día brinda la oportunidad de discernir formas nuevas de acompañar a los niños y adolescentes, pero no desde lo que mi intelecto, experiencia y sentir me indican, pues ello sólo respondería a mi, sino desde ellos, desde lo que ven, comprenden, sienten y anhelan.

Si algo estoy aprendiendo en los caminos con los más pequeños y vulnerables es a escuchar sus dolores y silencios, a mirar sus horizontes y compartir sus ilusiones y esperanzas. Sentir con ellos y dejarme tocar por aquello que les aqueja y que les brinda ánimo para salir de su automarginación, se ha convertido en una práctica cotidiana. No puedo negar que vivir con las entrañas abiertas es incómodo, pero ahí se revelan en mi interior las entrañas esperanzadoras de Calasanz.

Así mismo, he ido aprendiendo a no pensar desde mis propios referentes, ritmos y estructuras mentales, a no prestar oído a mis afectos para responder con prontitud a lo que se me presenta como una oportunidad de intervenir. En mi interior, la voz del Padre me ha pedido que escuche y sienta con ellos, y como en el camino de Emaús, aprenda a acompañar a cada uno según su modo y forma. Y que, mediante la compañía en el camino vaya revelando lo que el Padre quiere para cada uno y para todos: vivir en alegría y paz mediante el amor generoso.

Es bien cierto, que la funcionalidad y eficiencia como cultura contemporánea me ha invadido en más de una década para hacer que los planes se realicen según mi forma y modo, considerado como lo conveniente, lo bueno y lo agradable; pero en esta pascua, lo que se me ha presentado como epifanía es la necesidad de ponerme de rodillas frente a las formas de vida de los pequeños, de los sencillos, donde quiera que se encuentren, sin juzgar ni querer solucionar desde mí, sino con ellos, cada uno de acuerdo a su capacidad y posibilidad, quizás sin buscar soluciones prontas, pero sí el encuentro fraterno y la cercanía empática, y así diluir la falsa idea de ir solos en el camino que se nos presenta árido y monótono.

Es ahí, donde se me ha revelado el rostro de un Dios que quiere encontrarse con sus hijos y desea comunicar su amor y voluntad. Sea pues las huellas del viejo Aragonés las señales que me conduzcan a servir y cooperar en la encarnación de un reino aún siempre por venir, aún siempre por revelar en cada uno de los más pequeños la grandeza de ser suyos.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

Memorial al Cardenal Tonti (III)

Memorial al Cardenal Tonti (III)

“Ministerio en verdad MUY DIGNO, muy noble, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

Calasanz en esta parte de la defensa del ministerio educativo utiliza unos aumentativos que describen las claves, no solo de la educación cuanto del educador. Y esta es una clave bien importante: la educación, al final, depende del educador. El peor sistema educativo puede dar excelentes resultados con buenos educadores, pero también el mejor sistema educativo fracasa con unos educadores mediocres. De ahí, deberíamos concluir que, la formación, consideración, gratificación y trato a los educadores deberían estar exquisitamente cuidados por los gobiernos, y sería mucho mejor que lo fueran por los estados. Un indicador de calidad de un sistema educativo no son los resultados comparados con otros países, sino el trato que se da a los educadores, y en muchas ocasiones correlacionan. Y ciertamente, en una sociedad, ¿a quién se trata mejor?, a los que se les considera más dignos: jueces, médicos, arquitectos, grandes empresarios, banqueros, artistas y deportistas famosos… Pues según sea la dignidad que se le da a alguien, así se le valora. De esta manera el santo viejo busca presentar el ministerio educativo como el ejercicio de un oficio elevado, sublime, por ser la base de las sociedades modernas (y lo dice iniciando el siglo XVII). Y lo describe con estos aumentativos que en alguna ocasión se tradujeron por superlativos (dignísimo, nobilísimo, meritísimo…) y que los iremos comentando.

“MUY DIGNO, por girar en torno a la salvación, conjuntamente, del alma y del cuerpo.” (MCT)

Lo digno es lo que es merecedor de respeto y estima. Y para san José de Calasanz el ministerio de la educación debería ser muy respetado y estimado.

Pero aquí se está poniendo en valor la educación para todos y, en concreto, para los pobres, los que no tienen recursos, para los que se les ha privado de una vida digna. Una escuela es un lugar ‘dignificador’ de las personas. Cuando Calasanz apunta a la dignidad de la educación está señalando los efectos que provoca en el ser humano, pues despojándolo de todo juicio o disfraz, lo descubre como hijo de Dios y, por tanto, como un ser con toda la dignidad posible.

Educar es evidenciar lo que somos, apartándonos de una práctica presente en todas las épocas que tiende a dividir y clasificar a los seres humanos por sus recursos, lugar de nacimiento, color de piel, creencias, relaciones, etc.

Educar es considerar, poner en valor la igual dignidad de todos y presentar procesos para que esta esencia humana crezca y se acredite.

Educar es la acción más respetable que puede realizar un hombre con otro, pues no solo lo hermana, sino que lo mejora.

Educar es participar de la misma acción de Dios, por eso dignifica al que la propone y al que la recibe y responde al primer mandato que Dios da al ser humano tras su creación: ‘creced y multiplicaos’.

La educación para Calasanz no es digna porque enseñe o forme a la persona, eso también lo hacen otro tipo de disciplinas no educativas, sino porque salva o participa del proceso de salvación de la persona. La salvación no es un concepto únicamente religioso, sino que es la aspiración más elevada, sublime y profunda de cualquier ser humano. Un niño se salva cuando vive equilibradamente su infancia; un adolescente se salva cuando integra armónicamente sus cambios; un joven se salva cuando es capaz de desplegar toda la riqueza para la que ha sido creado. Por eso la educación gira ‘en torno a la salvación’, sabiendo que afecta a la globalidad de la persona, a su cuerpo y a su alma. Ambas realidades que han de ser educadas (descubiertas y desarrolladas) por las letras (cultura) y la piedad (fe). La medicina cura personas, la educación, las salva. Si es digno curar personas, el ministerio educativo es ‘muy digno’.

Pero la dignidad ni se da ni se quita, se tiene. Y ahí reside el problema, en que lo digno corrompido es una tragedia. Un educador es digno en sí mismo, y si no es considerado digno es porque no es un educador. Podrán respetarlo más o menos, se le valorará o no, será considerado o despreciado, pero si es educador, no pierde en nada su dignidad, al contrario, la evidencia. Pero si se corrompe a sí mismo por ideología, por intereses particulares bastardos o por dinero, se convierte en el mayor de los males, la más nefasta de las realidades porque se traiciona a sí mismo, a sus estudiantes y a la sociedad a la que debería servir y mejorar. Decían los latinos ‘corruptio optimi, pessima’ (la corrupción de lo óptimo es la peor). Y una manera muy sutil de corromper la educación es fragmentar la realidad humana: por un lado, la inteligencia, por otra la biología, por otra lo espiritual, por otra lo psicológico y lo emocional. Fragmentar al hombre o negarle alguna de estas dimensiones en educación es la mejor de las manipulaciones que puede realizar un estado. Por eso la intuición de Calasanz es tan actual, porque la dignidad está en el ‘conjuntamente’, en abordar a la persona en su globalidad, ¿qué ciencia, disciplina o saber es capaz de acercarse a la persona en su totalidad? Solo la educación; y los que desean corromperla por intereses, lo que intentarán siempre es dividir, desmembrar para intentar producir una creatura que responda a los intereses de cada época. Y curiosamente, cada época, hipervalora una dimensión distinta.

Dignificar la educación es presentar al hombre lo que realmente es, desarrollar la más sublime de las antropologías que se reconoce en la persona de Jesucristo, ‘Cristo manifiesta el hombre al propio hombre’ (GS 22). Y esto último, tampoco ha de ser tomado como un apunte religioso, aunque para Calasanz sí lo fuera, porque detrás de cada sistema educativo hay un modelo de hombre y la única manera honesta de no manipular, es presentar el modelo más completo de ser humano o, al menos, el que genera un mayor bien para uno mismo y para los demás. Reto a cualquiera a que presente un modelo de hombre más completo, integrador y generador de vida y convivencia que Jesús de Nazaret. Pongan a su lado el boceto antropológico que subyace a los sistemas educativos actuales, y se darán cuenta que, educar desde este referente es evidenciar la mayor dignidad de cualquier persona. Y entregar la vida a conseguirlo, lo más digno.

Visto así, sin duda, el ministerio educativo es muy digno.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.