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¿Para qué un capítulo general en la vida religiosa?

¿Para qué un capítulo general en la vida religiosa?

  • Objetivo: ¿para qué de un capítulo general?
  • Trabajo: todas las estrategias para que todos los miembros del Instituto sean corresponsables.
  • Perspectivas nuevas: dar la voz a todos los miembros del Instituto. Poder superar la tendencia de quedarnos satisfechos porque emitimos documentos y porque todo se hace vertical.

 Objetivo:

En la Vida religiosa se ha constituido en su organización carismática, la celebración del Capítulo General como órgano máximo donde se da cuentas por parte del gobierno saliente. Se elige el nuevo gobierno y se programa hasta el próximo capítulo.

A veces algunos capítulos han sido nulos, por la incapacidad de vislumbrar los signos de los tiempos y la negación a interpretar lo que Dios está diciendo.

También por creer que los muchos documentos justifican la existencia de un capítulo general.

No obstante, en este tiempo de gracia que nos ha tocado vivir se nos invita por parte de los expertos en la vida religiosa a hacer de este momento un Kairos, donde se devuelva la palabra a todos los hermanos o hermanas que pertenecen al cuerpo del instituto.

 Trabajo:

Es así que en estos tiempos de pandemia el Capítulo General estaba llamado proféticamente a devolver la voz todos los hermanos o hermanas para escuchar y discernir los tiempos nuevos.

¿Cómo promover el vino nuevo en odres nuevos? Los nuevos derroteros de la educación y la formación de los niños, adolescentes y jóvenes. ¿Cómo formar surfistas, que sepan surcar las olas, aún en tiempo de tormenta, sin soltarse da la tabla, que supone solidez y salvación para el mismo?

Buscar orientaciones de las claves para vivir cada vez más comprometidos la misión compartida. Con orientación a la madurez

Decía el Padre Jesucristo García Paredes: solamente curando el tejido del instituto, donde se inyecta la capacidad de encontrar, escuchar y discernir, los hermanos y hermanas se sentirán corresponsable con lo que se guise en el Capítulo General en sinergia horizontal y vertical.

 Perspectivas nuevas:

Que los escolapios avizoremos caminos de conversión auténtica y nos vayamos moviendo desde una educación-formación que cuide la madre tierra, por la formación de una ciudadanía capaz de reforma social; unos religiosos escolapios que se dejen convertir a la compasión de una vida samaritana, donde el abuso y la búsqueda de afirmar poder se erradiquen y solamente se viva sirviendo como Jesús; en interculturalidad, itinerancia e intercongregacionalidad. Con hondo sentido de andar en salida y hoy también diríamos en actitud sinodal y en salida.

P. Marco A. Véliz Cortés Sch. P.

MARCO ANTONIO VÉLIZ CORTÉS

MARCO ANTONIO VÉLIZ CORTÉS

Escolapio

Nacido en Veracruz, México, en 1958.  Escolapio hace 45 años. Entre las escuelas y la formación. Lic. en Ciencias Sociales y  Teología Espiritual. Facilita ejercicios espirituales y actualmente Provincial.

Du football à Calasanz

Du football à Calasanz

Au mois de septembre 2021, le Vicariat piariste du Congo a ouvert son noviciat dans une maison en location à Kinshasa, chez les Frères des Ecoles Chrétiennes de Saint Jean de la Salle. C’est une grande concession à l’intérieur de laquelle se trouvent plusieurs écoles. Dans les négociations avec les Frères, ces derniers nous ont permis d’occuper tous les soirs, autant qu’on le voudrait, le terrain de football de l’un de leurs collèges, situé à une centaine de mètres de notre communauté.

Avec ce stade de football des Lasalliens, l’équipe formative venait là de résoudre une difficulté : assurer aux jeunes novices et scolastiques un espace pour le sport nécessaire pour leur équilibre et développement. Ainsi, quotidiennement, le temps réservé au sport était mis à profit. Le football était à l’honneur. Les premières semaines, nos jeunes commencèrent à jouer au ballon tout seuls. Puis, certainement alerté par le bruit du ballon, Papa Philippe, un des ouvriers des Sœurs Carmélites (nos voisines), déjà âgé d’environ soixante ans, demanda à rejoindre nos joueurs. La permission lui fut accordée sans problème. C’est un homme jovial, ancien footballeur de Vita Club, la deuxième meilleure équipe de football de la République Démocratique du Congo. Pour ceux qui connaissent le football espagnol, Vita Club est à Kinshasa ce que le Barça est à Barcelone ou, pour éviter la polémique, ce que le Réal est à Madrid ! Mais bon, passons…

Papa Philippe, constatant que notre effectif ne nous permettait pas d’avoir deux équipes de onze joueurs chacune, fit venir son fils qui plus tard fit venir à son tour quelques uns de ses amis. Au fil du temps, petit à petit, on se retrouva avec beaucoup de jeunes du quartier, prêts à entrer sur le terrain. Cette situation inattendue n’était pas sans provoquer quelques problèmes : assez régulièrement, certains de nos novices qui n’avaient pas un grand talent footballistique se retrouvaient hors de la feuille de match au profit des jeunes du quartier.

Le très grand nombre de joueurs avait fini par développer la concurrence. Et ce qui pour nous était juste un sport de mise en forme devint de plus en plus violent, avec le risque de perdre sa jambe. L’intention n’était plus la même, la vision avait changé. La victoire à tout prix était devenue l’objectif principal.

Il fallait contrôler la situation avant qu’un accident malheureux ne survienne. On dit aux jeunes ce qu’on attendait d’eux et qu’au cas où ils ne respectaient pas les consignes, on leur fermerait les portes du stade. Cette mise au point eût un effet positif immédiat : nos jeunes avaient désormais la priorité sur le terrain et toute violence dans le jeu disparut. Les remplacements étaient plus nombreux pour permettre au plus grand nombre de jouer.

Mieux : cet environnement sportif est en train de se transformer en apostolat. Désormais tous les soirs, à la fin de chaque match, tous les joueurs se réunissent pour la prière. Chose encore curieuse, un de ces jeunes veut connaître plus sur saint Joseph Calasanz et veut devenir piariste. Il fait partie actuellement du groupe de nos aspirants. Une véritable vocation du football.

P. Félicien Mouendji Sch. P.

FÉLICIEN MOUENDJI MASSONGO

FÉLICIEN MOUENDJI MASSONGO

Piariste

Prêtre piariste de nationalité camerounaise. J’ai travaillé principalement comme formateur au Sénégal et au Cameroun. J’ai occupé les fonctions d’assistant provincial et responsable d’Itaka dans la Province d’Afrique centrale. Actuellement, j’exerce comme Supérieur du Vicariat piariste du Congo et Maître des scolastiques à Kinshasa (RD Congo).

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, muy meritorio, MUY BENEFICIOSO, MUY ÚTIL, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy beneficioso, por ayudar a todos en todo: sin ninguna acepción de personas y, por tanto, suministrando lo necesario y haciendo pedagogos de todos los niños, incluso acompañándolos hasta sus propias casas.

Muy útil, por los numerosos cambios de vida efectuados, como puede comprobarse con frecuencia entre los muchachos, tanto que no se reconocen según eran anteriormente.” (MCT)

Beneficio y utilidad.

En estas dos descripciones de los efectos del ministerio educativo aparece el Calasanz de la escuela. No el pedagogo de oficina, no el funcionario de educación, no el teórico e ilustrado. Aquí firma el santo con el sobrenombre de maestro.

La educación es una actividad casi espiritual como ya henos visto, pero encarnada, profundamente arraigada a la naturaleza humana (como veremos más adelante), y por ello, todo lo humano conlleva implicaciones para la persona, sean del signo que sean; si es positivo hablamos de beneficios y si es negativo de perjuicios. Pero, además, dado que la educación mira al desarrollo de la persona, esto es, tiene un propósito, un horizonte, hemos de constatar su utilidad o no. Esta mirada sobre la educación es tremendamente moderna, pero con una peculiaridad que supera la actualidad: la utilidad no está en los procesos instrumentales (contenidos, saberes, aprendizajes) sino en el logro de la finalidad: transcurso feliz de la vida. Ahí hay que constatar la utilidad o no del ministerio educativo.  Examinémolos por partes, aunque sea brevemente.

La educación ayuda ‘a todos en todo’, y esto lo han sabido descubrir las sociedades modernas haciendo de la escuela el hipermercado de los aprendizajes vitales. Lo que antes se aprendía en casa, o con el grupo de iguales en el barrio o en el pueblo, o en la relación con las generaciones de mayores, o en la iglesia… ahora se vuelca en la escuela. En el siglo XVII, dado que los pobres no tenían esos ámbitos de aprendizaje enumerados, Calasanz vislumbra una escuela como la de hoy, pero con toda seguridad, hoy no la plantearía así, sino que despojaría a la escuela de aprendizajes propios de otros ámbitos empoderando a estos y dejando la escuela para integrar y manejar lo anterior. Ese ‘abandono’ tácito o explícito que se hace de la educación de los hijos (por parte de los padres) y de los ciudadanos (por parte de los estados) han convertido la escuela, con perdón, en el vertedero de todos los saberes, aprendizajes y enseñanzas que se considera debe adquirir una persona, imposibilitando que la escuela desarrolle con calidad y efectividad los dones y talentos intelectuales y emocionales de los estudiantes. Tener que hacer educación vial, nutrición, primeros auxilios, comportamientos democráticos, tratar la igualdad, el buen trato, la higiene personal, el cuidado del cuerpo, la prevención de las dependencias y el maltrato, el respeto a las propias tradiciones, el amor a la patria, la buena utilización de las redes sociales, el uso del tiempo libre y la cantidad de hidratos de carbono que debo consumir diariamente… hacen muy compleja la labor de un maestro que, además, es evaluado no por todo lo anterior, sino por un currículo en el que debe desarrollar su materia y sus enseñanzas concretas.

Calasanz asume todo esto por imposibilidad real, incluso, como él mismo expresa, haciéndose guías de los niños (pedagogos) acompañándolos a sus casas para que no perdieran en la calle lo que habían adquirido en la escuela. Pero hoy tenemos otros medios para despojar a la escuela de tantas adherencias que son propias de otros estamentos y posibilitar en ella procesos que ayuden a hacer crecer en los niños y adolescentes todas sus capacidades. Hoy, además, el beneficio no se da en acompañar a los estudiantes a sus casas sino en acompañarlos personalmente en su trayectoria vital.

Y la utilidad.

¿En qué pensamos cuando hablamos de una educación útil o de la utilidad de la educación? Seguramente nos viene a la cabeza que nuestros alumnos sean útiles a la sociedad, o que puedan estudiar algo útil para ganarse la vida, o quizá que lo aprendido sea útil para el futuro familiar o laboral. Utilidad como gravamen de lo recibido en mi educación, como una tasa que he de pagar en el futuro, como expresa su etimología, la capacidad de ser usado. Y, sin embargo, llega este santo viejo que se hizo maestro cuando llegaba casi a su jubilación (actual) y apunta al centro de la finalidad de la educación: el cambio de vida, la conversión, humana y religiosa. Un buen proceso educativo ‘convierte’ a la persona, la rehace, la reconfigura, sería como un nuevo nacimiento. Para Calasanz el ministerio educativo es como un buen proceso de iniciación cristiana que concluye con la verificación del cambio de vida y la recepción del bautismo. Hacerse hombre, hacerse mujer, hacerse ciudadano, hacerse cristiano. Y llegados aquí es obligada la pregunta: ¿qué cambios significativos de vida descubrimos en nuestros alumnos? En ocasiones, cuando vamos por la vida y nos regala el encuentro con aquel estudiante díscolo e impertinente que cruza la calle para saludarte y con educación y respeto reverente alude a la paciencia que se tuvo con él y nos cuenta el cambio de su vida, nos llenamos de satisfacción y gozo. Eso es utilidad verificada. Pero desgraciadamente, también nos encontramos con corruptos, ladrones, ambiciosos o simplemente aquellos que no supieron ni pudieron cambiar el signo de una vida miserable transmitida, que formaron parte de nuestras aulas y que siguieron nuestros procesos. ‘Cambios de vida’, he ahí un propósito educativo para pegar en nuestras pizarras al comenzar nuestra clase cada día. En educación, para Calasanz, la utilidad es descubrir el secreto de mi vida, para qué he sido creado y tirar adelante con ello, mi propia vocación. Nada más útil que descubrir para qué he sido creado. Eso, me cambia la vida.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

La consciencia de ser hijos de Calasanz que camina y evangeliza educando: una clave para crecer en unas Escuelas Pías interculturales

La consciencia de ser hijos de Calasanz que camina y evangeliza educando: una clave para crecer en unas Escuelas Pías interculturales

Me pongo a escribir esta pequeña reflexión después de haber participado en el 2º encuentro de juniores de la Orden organizado por la Congregación General sobre “la inculturación, interculturalidad y misión”. Ha sido realmente un encuentro bello, iluminador y enriquecedor donde he tenido la oportunidad de escuchar al Cardenal Tagle y de compartir las inquietudes y reflexiones con los escolapios jóvenes de otras demarcaciones.

La interculturalidad es una realidad sobre la que hoy la Orden está reflexionando y trabajando mucho. Porque quiera o no, cada vez es más habitual, no solo a nivel eclesial, sino también a nivel escolapio. He experimentado en primera persona esta realidad a lo largo de mi formación, pero no me voy a extender en ello. Para todos los que estamos en esta pequeña barca de las Escuelas Pías (religiosos y laicos), es sin duda hoy un gran reto y desafío, promover y crecer en este nuevo paradigma e integrarlo a la luz del evangelio para que sean verdaderamente unas Escuelas Pías interculturales profundas, plenas y de signo profético.

El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, habla de la Iglesia como un único pueblo de Dios que evangeliza y que tiene muchos rostros. Porque “se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales tiene su propia cultura” EG 115-118. Aquí entiende las diferencias culturales como un modo de vida que se da cita en el pueblo de Dios y la Iglesia, como un pueblo con distintos rostros donde nadie puede presumir orgullosamente. Afirman algunos estudiosos que esta autocomprensión eclesial es necesaria para caminar hacia una catolicidad más inculturada e intercultural.

Veo muy iluminador esta visión aplicando a nuestro ámbito escolapio desde la consciencia de que todos somos hijos de Dios -porqué no- hijos de Calasanz que caminamos y evangelizamos educando. Igual que la Iglesia, las Escuelas Pías están conformadas por personas de distintos rostros, costumbres y culturas. Pero todos seguimos a Cristo al único estilo de nuestro Santo Padre y cada uno aporta y construye esta formidable obra desde sus dones y talentos.

Partiendo de esta consciencia de ser hijos de Calasanz convocados por Dios a vivir fraternalmente y compartiendo un mismo sueño, nos situamos en una realidad mucho más profunda que va más allá de cualquier diferencia cultural. Pues, todos somos hermanos en Cristo y en Calasanz. 

Julião de Oliveira Sch. P.

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

JULIAO OLIVEIRA DA SILVA

Escolapio

Junior escolapio de Timor Leste. Está en el Juniorato de Aluche, de la Provincia Betania. Actualmente colabora con el Movimiento Calasanz en el Colegio de Aluche y en el equipo Provincial de Pastoral Vocacional. Estudia Teología en la Universidad Pontificia Comillas Madrid.

 

Memorial al Cardenal Tonti (V)

Memorial al Cardenal Tonti (V)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, MUY MERITORIO, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy meritorio, por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia, un remedio preventivo y curativo del mal, inductor e iluminador para el bien, destinado a todos los muchachos de cualquier condición -y, por tanto, a todos los hombres, que pasan primero por esa edad- mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo…” (MCT)

Meritorio es que merece reconocimiento. Y lo que es digno de reconocerse socialmente es porque aporta un bien, una utilidad y un beneficio al conjunto de una sociedad. La educación de los pobres es meritoria, y lo es por los motivos que Calasanz indica como efectos de un proceso que también señala. En el fondo, está evidenciando la causa y el efecto de la educación, y con ello, el camino (la metodología) para llegar al propósito final de la misma.

  1. Remedio preventivo y curativo del mal.

Posiblemente de las primeras veces que alguien habla del que luego se conocería como método educativo preventivo (y se lo atribuyen a san Juan Bosco dos siglos después). No pensar en el mal a curar sino en la evitación del mismo es una de las finalidades de la educación calasancia. En un momento que en las sociedades vemos las consecuencias de la avaricia, el egoísmo, la vanidad, la manipulación ideológica… tenemos en nuestras manos la posibilidad de ‘prevenir’. La educación no observa la realidad actual para sanar el mal, sino para aprender a prevenirlo en la siguiente generación. Es este un principio que debería primar en las leyes de educación: la sociedad que deseamos y no la prevalencia con parches y retoques de la actual. En el fondo, no habrá transformación si no hay prevención.

Cuando hay tantos intereses que mantener, se desea controlar la educación, pues puede prevenir (y por tanto transformar) o puede consolidar el statu quo. Lo estamos viendo estos días (y se propagará más), tras unos sistemas educativos centrados en lo instrumental, lo afectivo, lo lúdico, lo técnico y lo productivo, hemos generado unas generaciones frágiles, incapaces de saber esperar para alcanzar metas, insuficientemente preparadas para el esfuerzo y la creatividad ante lo adverso, con una mirada centrada en el consumo y la adquisición al precio que sea, y desmemoriadas de su historia, de las luchas y sufrimientos de sus antepasados para llegar a sociedades democráticas e igualitarias. Estas generaciones centradas en el producto y no en el sujeto, inflan lo competencial (la capacidad de hacer) y no tanto el propio sujeto, la persona, que es donde nace la verdadera prevención. Uno puedo prevenir lo que conoce, por propia experiencia o por la experiencia de otro. Pero se nos ha educado sin raíces, como dueños no como administradores, de manera que nos sentimos llenos de derechos y faltos de obligaciones. Valores como la discreción, la verdad, el pudor, la urbanidad, la humildad, la paciencia, el agradecimiento, el esfuerzo, la fortaleza (o resiliencia),el perdón… han sido relegados al ámbito de lo religioso y lo privado, emparejándolos con la fragilidad y la inutilidad, en el fondo, con la no productividad.

La historia ya no hace falta memorizarla y si se hace, se reduce a los acontecimientos tribales y locales, sufriendo una fragmentación tal que ya no hay visiones globales sino particulares y localistas que no permiten ver más allá de mi propio ombligo histórico; la filosofía no hace falta estudiarla porque bajo el aforismo ‘hay que enseñar a pensar’, omitimos los logros y avances de nuestros pensadores pasados para educar a pensar lo que queremos que se piense, lo que se ha llamado el pensamiento único. Y para justificar la ausencia de estos saberes humanísticos, han aparecido en la escuela una enorme cantidad de aprendizajes bastardos y ajenos a la escuela para desfigurarla y vaciarla de su propio contenido. ¿Podemos decir mirando los últimos 30 años que con la educación que estamos desarrollando estamos previniendo el mal social y curando las heridas pasadas del odio racial, la xenofobia, la discriminación sexual, protección del medio ambiente, desigualdad de oportunidades o la cultura de la deshonestidad y la corrupción? Porque si no podemos, nuestro sistema educativo está podrido, viciado y rancio. Con nuestro santo viejo, o la educación previene y cura el mal o no estamos educando bien.

  1. Inductor e iluminador para el bien.

¿Cabe una definición más hermosa del hecho de educar? ‘In-ducir’ es hacer que una persona tienda a algo que yo quiero, pues nos guste o no, toda educación es una manera de manipulación, pero ese no es el problema (en todo caso el problema es no reconocerlo), sino para qué y para quién manipulo, educo. Por eso se hace tan importante lo que en algunas tradiciones orientales llaman ‘la iluminación’ que es ese estado en el que uno se encuentra con lo bueno, bello y verdadero, lo saborea y suscita en él el deseo de adquirirlo, de vivirlo. Sin pretender que Calasanz pensara en estas categorías, sí vislumbró la necesidad de ‘iluminar’ pues solo necesita ser iluminado lo que está a oscuras, lo que no se ve o se percibe con dificultad. La educación para Calasanz debe ‘iluminar para el bien’, debe ayudar a crear los resortes vitales necesarios para percibir y descubrir lo bueno, lo bello y lo verdadero en la vida. ¿Qué bien percibe hoy un adolescente? ¿O qué belleza y verdad? El dinero, el poder, la fama, el éxito, el placer sexual (¡como si no existiesen más fuentes de placer!)… Si eso es lo que perciben, esa es la luz que les ha aportado su educación. No vayamos descargando responsabilidades a la familia, la sociedad, el ambiente. Cuando se ilumina la verdad, la bondad y la belleza (que es un proceso que necesita ser educado), el hombre desea vivir por ellas. De nuevo hemos de preguntarnos qué iluminamos con nuestras materias, con nuestras propuestas educativas, con las actividades que proponemos, con la manera de valorar y evaluar los aprendizajes. ¿Estamos induciendo e iluminando para el bien?

  1. Destinado a todos.

Hoy parece una perogrullada, pero hace cuatro siglos era un atrevimiento: pensar que la educación era un derecho universal. Y viendo la situación que estamos viviendo estos días uno diría que no es tan de Perogrullo. Millones de estudiantes que han podido continuar sus estudios en algunas partes del mundo sin salir de casa, escuchando y viendo sus maestros, realizando sus tareas y siendo valoradas al instante. Mientras, otros, desplazándose kilómetros para captar las ondas de una radio para escuchar, o esperando con paciencia a que su celular descargue un archivo en whatsapp o que su vecino le pueda llevar la tarea que enviaron por alguna red social. ¿Universal? Ciertamente, en Calasanz, se percibe un romanticismo educativo, deseando más que constatando, que la educación y las condiciones que la posibilitan, son un bien de primera necesidad.

Y todo esto tan meritorio, ¿cómo? Y aquí radica una de las intuiciones más delicadas y de más calado de san José de Calasanz: “mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo”. Piedad y Letras, lo resumió para su Orden. No son suficientes los saberes humanos, pues eso por sí solo hincha y ensoberbece al hombre, es necesaria para un equilibrio y estabilidad desarrollar también el espíritu, la innata dimensión transcendente. El santo nunca utilizó las expresiones ‘educación integral’, ‘educación emocional’ o ‘inteligencias múltiples’, pero detrás de su pensamiento estaba que la persona para ser educada ha de serlo en su globalidad, si no, provoca monstruos. Y para aquellos tiempos el hombre era una unidad de cuerpo y alma, y por tanto, la educación debía hacerse cargo de todas sus dimensiones. Negar el desarrollo espiritual (aquello que va más allá de lo físico) en educación, es la nueva manera de manipular y aherrojar al ser humano a los límites de su biología castrando una parte sustancial de la existencia humana. Desarrollar esa dimensión con áreas como religión, tutoría o desarrollo personal no deberían estar cuestionadas en ningún sistema que se digne llamarse integral o global.

Y comenzaba Calasanz diciendo que esto se daba ‘por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia’. Como apéndice final, para tanto cantamañanas, soplagaitas y necios que andan sueltos por ahí negando la historia y rescribiéndola en tiras de papel higiénico, quizá les haga bien recordar (si algo vale para instruir a un necio convencido), que muchos de los derechos humanos, de la configuración de las sociedades libres y democráticas, de los avances en la igualdad y, sobre todo, del desarrollo de la educación para todos, se deben a personas como Calasanz que siendo Iglesia entregaron su vida para consolidar una realidad que hoy nos la hemos encontrado hecha. ¡Eso sí que es meritorio!

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Haciendo Balance

Haciendo Balance

Ahora que ya estamos finalizando el curso llegan desde todos los frentes diferentes evaluaciones que permiten valorar cómo ha ido el curso. Valoraciones de los diferentes departamentos, de las correspondientes asignaturas, de los cursos de formación y en definitiva de todo lo que se ha hecho o dejado de hacer.

No es ninguna de estas evaluaciones lo realmente importante. La evaluación más importante es la que surge en el corazón de uno mismo, ojalá que sea así, y le obliga a preguntarse si el curso ha ido bien, si ha cumplido su propósito, tanto desde el punto de vista del propio educador como desde el punto de vista del alumno.

Si de un educador no brota de forma espontánea este interrogante es que, o bien no está en el lugar adecuado, o bien su situación presente es tan desafortunada que le impide reaccionar de esta manera.

¿Y cómo hacer este balance? ¿Cómo mide uno este resultado? Nos podemos encontrar con diferentes métricas que al final subjetivan de forma global el resultado poniendo una marca positiva o negativa en el corazón del educador. Por ejemplo, para un educador el resultado global se puede medir en función de si se ha ganado o no el campeonato deportivo de turno. En otro caso puede ser suficiente con ver las medias académicas. En algún caso el peso se lo llevan las actuaciones musicales durante el curso o bien los proyectos realizados a lo largo del mismo. Es una forma de contestar a la pregunta ¿Con qué te quedas de todo este curso? Nos sorprenderán algunas respuestas, ya lo sabes.

No obstante, en un colegio escolapio la métrica debería ser diferente a las anteriores. Bastaría con mirar con los ojos de Calasanz y ver si se ha logrado que al menos uno de nuestros alumnos haya orientado mejor su vida, especialmente en dos vertientes: la piedad y las letras.

Es decir, algo tan fácil como ver si alguno de los alumnos ha comenzado a mirar a Dios de una manera diferente, como Padre, como amigo, pero, sobre todo, como Dios. Ser testigo de que ha crecido su amor a Dios y a sus compañeros desde la confianza de saberse amado sin límite por Jesús. Si sólo uno de los alumnos ha crecido espiritualmente, si su alma se ha ensanchado para acoger el don de Dios y seguirle, el curso ya ha merecido la pena, y saltan por los aires todas las métricas del mundo.

Si esto mismo ha ocurrido con un compañero, un docente, un educador que ha aprendido a mirar a Dios de forma tal que su mirada hacia los niños ha cambiado, viendo en ellos lo más precioso del mundo y aquellos pequeños por los que merece la pena darlo todo con un amor infatigable y sacrificado que sólo Dios puede nutrir, también habrá merecido la pena.

Estos son nuestros colegios. Alguno diréis: “¿Y cuándo vas a hablar de las Letras?” Me consta que no es tan urgente, pues en general lo hacemos bien, y para aquellos que académicamente se van quedando rezagados o por el camino, en la mayor parte de las ocasiones la causa de ello es la anterior. No descubrir y experimentar este amor lleva a cualquiera al poco amor a sí mismo y la falta de autoconfianza que deriva en respuestas poco constructivas.

Pedro Jara

PEDRO JARA

PEDRO JARA

Educador

Casado, con tres hijos, diácono permanente en la diócesis de Madrid desde 2011 y profesor del Real colegio Escuelas Pías de San Fernando desde 2007. Autor de varios libros, entre ellos «A la sombra de Madre Teresa» (Edibesa) y «El diácono pobre y fiel en lo poco» (EDICE)