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Maestro en la constancia

Maestro en la constancia

“Solo la perseverancia hasta el final merece la corona”  (San José de Calasanz)

San José de Calasanz no es un teórico de la educación o un filósofo de la vida, es un hombre de su tiempo con una mirada audaz que le permitió percibir realidades que ante otros muchos pasaban desapercibidas.

Esto nos indica que cuando Calasanz hace una afirmación no es una sentencia sapiencial fruto de una reflexión cuanto una constatación de la vida. Hoy, esta frase que nos acompaña, es el resumen de su vida, por eso comenzamos por ella, porque ha experimentado que solo la perseverancia en lo que se cree y por lo que se vive permite ver el fruto, aunque este sea invisible o no se dé en el momento que uno espera o desea, ahí está la perseverancia hasta el final.

Gracias, Calasanz, por ser un maestro en la constancia y mostrarnos que, también en tiempos de pandemia, solo la perseverancia hasta el final merece la corona.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Un recuerdo agradecido a tantos

Un recuerdo agradecido a tantos

Es de bien nacidos ser agradecidos… y de eso se trata en las líneas que siguen a continuación.

Uno de los muchos regalos con los que me he encontrado en mi tarea escolapia desde que estoy en el colegio como Educador, ha sido la de impartir la clase de Historia del Arte en el Bachillerato. Reconozco que disfruto de cada una de las sesiones tratando de introducir a los alumnos en las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia, en la riqueza de sentido de la iconografía, ayudando a abrir los ojos para contemplar la belleza que el ser humano ha ido creando hasta el día de hoy. Frente a tantos motivos por los que se nos quiere hacer creer que el mundo está lleno de fealdad, pienso que no hay más que estar atento para contemplar que lo que predomina es lo contrario…

Y  surge en mí un agradecimiento grande a aquellos que me ayudaron a descubrir la maravilla que encierra un capitel historiado románico o la tamizada luz que penetra en una catedral gótica a través de sus vidrieras, la indescriptible belleza de la decoración de una mezquita o la desnudez sencilla de un monasterio cisterciense… Pero sobre todo, el agradecimiento profundo a aquellos que, con paciencia calasancia, colaboraron en mi crecimiento como persona; me escucharon sin juzgarme, me acompañaron sin imponerse, lloraron cuando lloré y se alegraron con mi alegría.

En fin, en estos días en que celebramos a Calasanz, mi recuerdo agradecido a mis maestros, especialmente a aquellos que con su testimonio y buen hacer fueron sembrando en mí el deseo de acompañar a niños y jóvenes en el descubrimiento de la belleza que encierra la vida y las creaciones humanas. Pero sobre todo e  indisolublemente unido, lograron sembrar en mí el deseo de acompañar a otros, de escucharlos, de llorar y alegrarme con ellos. ¡Va por vosotros, mis profes del cole!

MARIO CONTELL

MARIO CONTELL

Educador

Unir la alegría y la paciencia

Unir la alegría y la paciencia

“Si unes la alegría a la paciencia, realizarás obras de mucho mérito”                 

San José de Calasanz

San José de Calasanz es un santo admirable en su manera de vivir la paciencia. El papa Pío XII lo llamó ‘el Job de la nueva alianza’, recordando la entereza y paciencia que muestra el personaje del antiguo testamento y comparándolo con el final de vida de nuestro santo. Para Calasanz la paciencia no es aguante ni una capacidad que permite mantenerse firme ante la adversidad, la paciencia es el modo de obrar de Dios con nosotros. Cuando uno se siente bien tratado y experimenta la paciencia de Dios sobre su vida es capaz de vivir la paciencia con los demás. Y esto es posible aprenderlo vitalmente, de manera especial, tratando con niños. Cuando uno descubre en sí mismo las actitudes de un niño y se mira así ante Dios, evidencia esa ternura y saber esperar divino que denominamos paciencia. Si todo un Dios tiene esa condescendencia asombrosa con el ser humano, ¿qué no haremos y viviremos con los demás? San José de Calasanz aplica esto en su escuela y provoca cambios reales en sus estudiantes: tratar a una persona con paciencia es la mejor manera de hablar de Dios sin nombrarlo, y esto se logra con una actitud humilde que se reconoce igualmente tratado por el Padre. Aquí está la fuente de la alegría: para quien ejerce la paciencia, porque ve evidentes frutos; para quien la recibe, porque acaba consiguiendo lo que creía imposible. Unir alegría y paciencia genera obras realmente meritorias. Saberse acompañado alegremente sin ser presionado, empujado ni juzgado es la experiencia más bella del aprendizaje, suscitando una huella imborrable en la memoria y generando dinámicas de crecimiento en la persona. ¿Qué no puede conseguir la paciencia? «Para Dios nada hay imposible» (esa es la paciencia de Dios). Ya escribió san Pedro en su segunda carta: «Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación.» Y Calasanz lo sabía.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Celebrar a Calasanz

Celebrar a Calasanz

Una de las cosas que más le agradezco a esta pandemia es que me haya recordado la importancia de vivir cada día sin esperar a que llegue el siguiente, por lo que pueda pasar mañana. Por eso este año, a pesar de las dificultades que estamos experimentando en los colegios, no podemos relegar a un segundo plano la fiesta de Calasanz.

El 2020 nos ha puesto a prueba a todos. En los centros educativos nos hemos encontrado con muchas normas y recomendaciones desde el inicio de curso para poner en marcha las actividades ordinarias imprescindibles. En un primer momento y por proteger la salud de todos, hemos renunciado a gran parte de las actividades extraordinarias que completan el desarrollo de un año escolar.

Pero ha llegado noviembre y, con él, el día de San José de Calasanz. Teniendo siempre en el horizonte la prudencia y el sentido común, la inquietud de señalar este día tan especial no ha cejado en su empeño. Menos mal porque, de este modo, hemos logrado lo que tanto necesitábamos los colegios escolapios: una fórmula adaptada para celebrar a Calasanz.

Seguramente los recuerdos sean un buen recurso para los maestros y los alumnos veteranos. También los testimonios de aquellos que pasaron antes por nuestras aulas y que siguen teniendo presente esta fecha tan señalada. Juegos por grupos burbuja, actividades en el aula manteniendo la distancia, vídeos y música… Todo lo que permita cumplir las medidas sanitarias tiene cabida en esta fiesta tan singular. ¡Hasta el tradicional chocolate en la nueva modalidad Covid-19! 

Sin embargo, como ocurre con casi todo en esta vida, lo importante no está afuera, sino adentro. La verdadera celebración reside en algo mucho más sencillo que hacer montajes audiovisuales espectaculares u organizar la ocupación de patios, y es posible llevarla a cabo hasta en tiempos de pandemia: celebrar a Calasanz es vivir con alegría y agradecimiento sinceros su día, por tanto bien recibido, sobre todo en un año tan complicado. Él es maestro de fe, paciencia y humildad para todos los que nos sentimos cercanos a las Escuelas Pías. Nos ha cuidado y nos ha guiado para empezar un curso que creíamos imposible y, llegado su mes, aquí estamos, como él estuvo hace siglos: ¡con las escuelas abiertas y llenas de niños y jóvenes! Nos sobran, pues, los motivos para celebrar, especialmente este año. ¡Feliz día de Calasanz!

 

 

 

 

 

 

 

 

MARÍA MUÑOZ

MARÍA MUÑOZ

Educadora

Profesora de lengua castellana y valenciano en Secundaria y Directora General del colegio San José de Calasanz de Valencia (España). Casada y madre de dos hijos, pertenece a la Fraternidad de la provincia Betania.

Recordar a Calasanz siempre viene a cuento

Recordar a Calasanz siempre viene a cuento

Estamos pasando una pandemia que nos pone a discernir. También estamos como escuela concertada en España pasando unos tiempos de descrédito y pérdida de valoración social, con la aprobación de una ley que deja en entredicho una de nuestras certezas, que colaboramos al bien común y la mejora de la sociedad.  ¡Qué mejores tiempos que estos, y qué mejor semana que esta, para alinear nuestra espiritualidad con la de Calasanz!

La primera pandemia que afrontó Calasanz fue un año antes de la fecha del nacimiento de la escuela popular en 1597. Las inundaciones han dejado el barrio del Trastévere a merced de la enfermedad. Destaca Calasanz, a juicio de los cronistas, junto con Camilo de Lelis, fundador de los Camilos y santo como el nuestro, como voluntario socorrista entre tanto sufrimiento. Calasanz hace de la desgracia ocasión de discernimiento: su sentimiento de pertenencia a una clase noble se deshace ante el grito de los pobres. Su espíritu tiembla ante la necesidad. Sus pretensiones de medrar se acallan y sólo los gritos de aquellas familias hacen ecos en el corazón de José. No tardará en poblar su corazón el sueño de la herramienta que cure tanto dolor, la escuela. Una invitación a discernir la solidaridad.

La segunda epidemia fue la peste italiana, que asoló parte de Italia entre 1629 y 1631 cuando el fundador tenía 72 años y las Escuelas Pías vivían un periodo de expansión. Calasanz no frena la expansión de la red de colegios. Más bien se acelera su crecimiento, pues las peticiones también lo hacen. Muchas escuelas cerrarán por la peste, pero el llamado de Calasanz es a cuidar a los más débiles. Oración, prevención y solidaridad podrían resumir el tono de las cartas de esos difíciles años. Una invitación a trabajarnos la esperanza.

Sobre incomprensiones y enemistades en las esferas de poder, similares a las de la ley Celaá o peores, sabido es que poblaron la vida del santo en sus últimos años. Quizá no se pueda ser santo sin pasar por la fragua del descrédito y el martirio. Calasanz los atraviesa, y aún muere sin haberse aliviado su oprobio.  Durante la prueba, la confianza puesta solo en Dios, y el corazón puesto en los niños. Una invitación a mantener el corazón unido a Dios, y a sentirlo cerca en la figura del niño pobre, serenidad y paz en la tormenta, esperanza inquebrantable.

Hoy muchas escuelas están pasándolo realmente mal. Desde aquí mi aplauso a los que, en medio de incomprensiones y pandemias, aprendan de Calasanz la esperanza, la paciencia tesonera y la caridad admirable de quién sabe que, amando, no se equivoca, aunque lluevan las críticas.  

JUAN CARLOS DE LA RIVA

JUAN CARLOS DE LA RIVA

Escolapio

Soy escolapio en Vitoria, colaborando en la pastoral del colegio y de la parroquia, acompañando al Movimiento Calasanz y a las familias que sienten las Escuelas Pías como su referencia de fe y una ayuda para la evangelización de sus hijos e hijas. Coordino la plataforma de la Revista de Pastoral Juvenil, y en la provincia animo tareas de secretaría y comunicación.