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Anunciar el Evangelio

Anunciar el Evangelio

Para el anuncio creíble de la Buena Noticia, de la fe, debo vivir y confesar lo que proclamo. Todas las palabras que no son un ejemplo son mentiras. Si hemos de amar a las personas, a los niños, a quienes anunciamos el Evangelio, hay que amar a los niños. De lo contrario, somos como vallas publicitarias colgadas en algún lugar que hacen poco o nada: por ejemplo, «Jesús te ama». Sí, ¿y qué? No funciona sin una relación viva.

La fe no es un saber sino una relación. Si algo o una persona no significa nada para mí, me deja frío. Lo que me deja frío no me toca. Lo que no me toca, no lo puedo amar. Sin amor, no hay relación.

Así, los niños (adultos) sólo pueden experimentar la fe cuando se les da amor (con este amor originado en Dios, el abuso del niño es imposible).

«Amad a vuestros enemigos…, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os maltratan» – esto no tiene nada que ver con un mandamiento, ni siquiera con la caridad. Porque quien dice tales palabras ha experimentado la unidad con todos los seres, con todos los hombres.

Sabe que lo que hago a otro, me lo hago a mí mismo. Da su camisa, su abrigo, él mismo en el otro, en el vecino. Con este conocimiento, Jesús abraza también al adversario, al criminal, al canalla. Esto es cualquier cosa menos piedad sentimental, es el amor que proviene de la experiencia de la unidad, de la experiencia de que el otro no existe fuera de mí.

Hoy sabemos que la conciencia genera una energía que tiene un efecto en la materia. Las emociones y los pensamientos pueden materializarse. El odio y la agresión pueden enfermar a las personas y al medio ambiente. Los buenos deseos, el amor, la benevolencia crean campos, generan fuerzas ordenadoras, sanadoras.

La oración es eficaz. No porque haya uno entronizado en algún lugar allá arriba que me dé algo porque recé 3 Padres Nuestros, sino porque éste ha puesto todo en una ley natural en un nivel superior, que se llama amor. Dios mismo con su benevolencia está allí. El amor está ahí.

¡»AMOR» es el nombre más hermoso para Dios!

Así que los niños necesitan personas (padres…) que les quieran. Para la transmisión de la fe, necesitan cristianos que estén alegres en su fe y que puedan transmitir su alegría. Necesitan una educación religiosa que, partiendo de las realidades cotidianas de la vida, lleve a los niños a experimentar el cristianismo como algo digno de ser vivido, significativo y bello. ¡Y necesitan nuestro acompañamiento también y nuestra oración!

Un ejemplo de la vida cotidiana: la mesa alrededor de la cual se reúne la familia para comer juntos. Esta mesa se convierte en el signo de la comunidad (también de la comunión). Durante el día, todos los miembros de la familia están ocupados con sus obligaciones y tareas diarias. La comida común les une y provoca en ellos un sentimiento de pertenencia. Comer juntos en familia es un acto de amor fundamental, pero tristemente demasiado poco tomado en serio (también comemos el amor que la madre ha invertido en la cocina). Cuando una familia no come junta, se desmorona.

A partir de esta experiencia, podemos llamar la atención de los niños sobre la gran familia de Dios, la Iglesia, que durante la semana está comprometida en todas partes y allí donde cada uno se encuentra por sus compromisos: el mundo del trabajo, la escuela, etc. El domingo, sin embargo, Jesús pone su mesa para nosotros y nos invita a una comida (pan y vino, cuerpo entregado por nosotros – y sangre derramada por nosotros…). Esta comida, la Santa Misa, nos une a Jesús y a los demás, la gran familia mundial de Dios.

P. Pius Platz Sch. P.

PIUS PLATZ CAROL

PIUS PLATZ CAROL

Escolapio

Sacerdote escolapio. Nacido en Barcelona en el año 1935. Inició su vida religiosa en 1959 en la ciudad de Viena, Austria. Estudió la filosofía en la Universidad de Viena y la teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Se ha desempeñado como maestro de religión, vicario parroquial, párroco, rector tanto en la iglesia de María Treu como en la de Santa Tecla. Ha creado cursillos de meditación para niños, para padres de familia, preparación para los sacramentos, entre otros.
L’eau et les larmes pour la conversion

L’eau et les larmes pour la conversion

L’appel à la conversion est une partie essentielle de l’annonce du Royaume : les temps sont accomplis et le Royaume de Dieu est tout proche ; repentez-vous et croyez à la Bonne Nouvelle (Mc 1,15). Dans la prédication de l’Église cet appel s’adresse d’abord à ceux qui ne connaissent pas encore le Christ et son Évangile. Aussi, le Baptême est-il le lieu principal de la conversion première et fondamentale. C’est par la foi en la Bonne Nouvelle et par l’eau du Baptême (cf. Ac 2, 38) que l’on renonce au mal et qu’on acquiert le salut, c’est-à-dire la rémission de tous les péchés et le don de la vie nouvelle.

Or, l’appel du Christ à la conversion continue à retentir dans la vie des chrétiens. Cette conversion est une tâche ininterrompue pour toute l’Église qui, ayant « des pécheurs dans son propre sein (…) est donc à la fois sainte et appelée à se purifier, et qui poursuit constamment son effort de pénitence et de renouvellement » (LG 8). Cet effort de conversion n’est pas seulement une œuvre humaine. Elle est le mouvement du « cœur contrit » (Ps 51, 19) attiré et mû par la grâce (cf. Jn 6, 44 ; 12, 32) à répondre à l’amour miséricordieux de Dieu qui nous a aimés le premier (cf. 1 Jn 4, 10). En nous purifiant des péchés, l’eau du Baptême, par la force de l’Esprit Saint, reçoit la grâce de nous convertir des ténèbres à la vie de lumière. Par cette conversion, nous obtenions la nature de fils et filles adoptifs de Dieu.

Par ailleurs, dans la conversion de saint Pierre, après le triple reniement de son Maître, les larmes sont un élément remarquable. En effet, le regard d’infinie miséricorde de Jésus provoque chez Pierre les larmes du repentir (Lc 22, 61) et, après la résurrection du Seigneur, la triple affirmation de son amour envers lui authentifie ce repentir (cf. Jn 21, 15-17). Ce type de conversion a donc aussi une dimension communautaire, puisque Pierre converti par l’amour, est investi de la charge de ‘pasteur’ de tout le troupeau.

Saint Ambroise dit alors des deux conversions que, dans l’Église, « il y a l’eau et les larmes : l’eau du Baptême et les larmes de la Pénitence. »

 P. Adalbert Fouda Sch. P.

ADALBERT FOUDA

ADALBERT FOUDA

Piariste

Né à Yaoundé. Religieux et prêtre piariste. Exerce actuellement son ministère à Libreville comme enseignant de mathématiques et religion au Collège Calasanz; et vicaire de la Paroisse. L’enfant c’est ma passion!  

Yo, yo ¿y el otro?

Yo, yo ¿y el otro?

Uno de los grandes aprendizajes, a lo largo de esta pandemia, que hemos reconocido, es la importancia de la compañía al prójimo. Esta será la tesis principal del presente artículo de opinión. Una de las consecuencias que ensombrecen la conciencia de nuestro prójimo debido a la pandemia es la distancia relacional. Por ejemplo; en Semana Santa estamos acostumbrados a celebrar los misterios pascuales con la gente, y ahora que nuestras Iglesias están vacías, nos damos cuenta de ello, o el simple hecho de reunirse para comer en familia o amigos. Todo esto ha sido limitado y exigiendo la “sana distancia” por más de un año. Lamentablemente existen diversas ideologías que bombardean el compartir con el prójimo para transformar nuestra vida en una ceguera egoísta. En consecuencia, se pierde el sentido del prójimo y solo nos hace ver por nosotros mismos.

Otra consecuencia de las prácticas sociales por la pandemia que oscurecen la compañía del prójimo, es el crear fronteras con las puertas de nuestra casa, en la cual, nadie entra, y si entra, es peligroso; creando así más división de la que hay, incluida la misma familia. Por lo tanto, necesitamos un “algo” que nos anime, nos ayude a reunirnos y estar juntos a pesar de la distancia, y por lo tanto, a mirar hacia adelante.

El Papa Francisco reconoce, en su encíclica “Fratelli Tutti”, la importancia de soñar juntos; “Solos se corre el riesgo de tener espejismos en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos” [F.T.8] Soñar en compañía del otro es precisamente, combatir el individualismo, romper esa barrera o frontera que nos separa. Estos espejismos que menciona son todas aquellas cosas que nos separan de Dios, y del prójimo, tales como: el celular, los juegos de video, pleitos, rencores, discusiones, entre otras cosas que el egoísmo “vestido de distanciamiento social” nos va cegando. Por lo tanto, el apóstol Pedro nos exhorta a estar siempre alertas ya que, nuestro “adversario (ὁ ἀντίδικος ὑμῶν[1]) el diablo, como león rugiente, está buscando a quién devorar” (Cf. 1 Pe 5, 8-9).  Si de verdad deseamos un desarrollo humano integral para todos y caminar juntos, para permanecer como “los sarmientos permanecen en la vid”, debemos evitar, a toda costa, que el distanciamiento social en la forma de sus consecuencias egoístas, merme la relación con nuestros hermanos, el caminar juntos y resistir firmes en la fe.

Por último, cada día se nos ofrece una nueva oportunidad de reiniciar y transformar aquellas sociedades heridas que necesitan rehabilitación, comenzando siempre con las personas que nos rodean, desde abajo, desde nuestra presencia escolapia. Por lo tanto, no nos quedemos en discursos teóricos y tengamos contacto con los afectados para abrirnos a nuevos ideales que hacen la vida más digna y bella. “No deje de considerar que es muy grata a Dios la ayuda que usted de al prójimo por puro amor suyo”. (Calasanz, 1645).

José Emmanuel Campa Gándara Sch.P.

 


[1] (El adversario de ustedes) Tomando la traducción original, Pedro invita a la comunidad a confiar en Dios y, sobre todo, estar vigilantes a todas aquellas cosas que nos separan y distraen de Él.

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

EMMANUEL CAMPA GÁNDARA

Escolapio

Nacido en Celaya, Guanajuato. Religioso escolapio de la Provincia de México desde 2015. Actualmente estudiante de licenciatura en teología, así mismo de licenciatura en educación media superior intercultural con especialidad en español y literatura. Apasionado de la música. Ha coordinado grupos juveniles y Canta Calasanz en la misma provincia.

A la escucha

A la escucha

Contemplar la realidad desde los ojos de Calasanz se me presenta como una oportunidad de aprender a escuchar desde sus entrañas de misericordia al modo y forma del Espíritu. Cada día brinda la oportunidad de discernir formas nuevas de acompañar a los niños y adolescentes, pero no desde lo que mi intelecto, experiencia y sentir me indican, pues ello sólo respondería a mi, sino desde ellos, desde lo que ven, comprenden, sienten y anhelan.

Si algo estoy aprendiendo en los caminos con los más pequeños y vulnerables es a escuchar sus dolores y silencios, a mirar sus horizontes y compartir sus ilusiones y esperanzas. Sentir con ellos y dejarme tocar por aquello que les aqueja y que les brinda ánimo para salir de su automarginación, se ha convertido en una práctica cotidiana. No puedo negar que vivir con las entrañas abiertas es incómodo, pero ahí se revelan en mi interior las entrañas esperanzadoras de Calasanz.

Así mismo, he ido aprendiendo a no pensar desde mis propios referentes, ritmos y estructuras mentales, a no prestar oído a mis afectos para responder con prontitud a lo que se me presenta como una oportunidad de intervenir. En mi interior, la voz del Padre me ha pedido que escuche y sienta con ellos, y como en el camino de Emaús, aprenda a acompañar a cada uno según su modo y forma. Y que, mediante la compañía en el camino vaya revelando lo que el Padre quiere para cada uno y para todos: vivir en alegría y paz mediante el amor generoso.

Es bien cierto, que la funcionalidad y eficiencia como cultura contemporánea me ha invadido en más de una década para hacer que los planes se realicen según mi forma y modo, considerado como lo conveniente, lo bueno y lo agradable; pero en esta pascua, lo que se me ha presentado como epifanía es la necesidad de ponerme de rodillas frente a las formas de vida de los pequeños, de los sencillos, donde quiera que se encuentren, sin juzgar ni querer solucionar desde mí, sino con ellos, cada uno de acuerdo a su capacidad y posibilidad, quizás sin buscar soluciones prontas, pero sí el encuentro fraterno y la cercanía empática, y así diluir la falsa idea de ir solos en el camino que se nos presenta árido y monótono.

Es ahí, donde se me ha revelado el rostro de un Dios que quiere encontrarse con sus hijos y desea comunicar su amor y voluntad. Sea pues las huellas del viejo Aragonés las señales que me conduzcan a servir y cooperar en la encarnación de un reino aún siempre por venir, aún siempre por revelar en cada uno de los más pequeños la grandeza de ser suyos.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

La atención pastoral de los niños

La atención pastoral de los niños

Para José de Calasanz, la atención pastoral de los maestros-sacerdotes a los niños, aunque ciertamente diferente a la de hoy, era una tarea indispensable. A los niños no se les permitió volver a la calle. La escuela y la catequesis los domingos era obligatoria todo el año. Todos los Escolapios fueron asignados de tal manera que sin interrupción pudieran estar con los niños. Sólo entonces se podía pensar en las vacaciones. El escolapio era, pues, profesor en la escuela y pastor fuera de ella. Esto sigue siendo nuestra misión y tarea hoy en día.

Para la transmisión de la fe a los niños, los padres, la escuela (y la parroquia) deben trabajar juntos, si se quiere dar un ejemplo de fe cristiana y hacerles experimentar la Iglesia de forma concreta.

Cada vez hay más padres que no educan a sus hijos religiosamente. Han dejado la instrucción religiosa a la «iglesia» (nosotros, profesores de religión; catequistas,…). Cada vez hay mas padres que son puramente materialistas, que crían a sus hijos sólo con mentalidad materialista. Esto significa indiferencia religiosa e incapacidad para un humanismo constructivo y falta de fe viva (pensemos en lo que se pierde ahí).

Jesús eligió a sus discípulos para enviarlos al mundo. Pero primero tenía que instruirlos, enseñarles. Dos discípulos de Juan el Bautista siguieron a Jesús. Le preguntaron. Maestro, ¿dónde vives? Jesús les dijo: venid y veréis. Entonces vinieron con él y vieron dónde vivía, y se quedaron con Él aquel día (Juan 1:35-51). Permanecer con Jesús es un requisito indispensable para el anuncio de la palabra. Estar con Jesús significa, en primer lugar, escucharle, aprender de él, entusiasmarse con Jesús.

Por lo tanto: aún más importante que decir algo (hablar) sobre Dios, (Jesús), es escuchar a Dios y hablar con Él. Rezar en el Padrenuestro: “Santificado sea tu nombre” es pedir a Dios que santifique su nombre mostrándose como Dios salvador, liberador, amoroso y perdonador en mi vida (en la vida de los demás, en la historia).

De esto se deduce que la primera tarea en la predicación, en el ministerio pastoral, es la ORACIÓN: en silencio, escuchando lo que Dios nos dice y desea: “habla, Señor, tu siervo escucha” (1 Sam 3,1-10).

Aquí no hay lugar para medias verdades teológicas ni para experimentos de fe. Todos somos mensajeros de Dios y no podemos proclamar lo que queremos.

P. Pius Platz Sch. P.

PIUS PLATZ CAROL

PIUS PLATZ CAROL

Escolapio

Sacerdote escolapio. Nacido en Barcelona en el año 1935. Inició su vida religiosa en 1959 en la ciudad de Viena, Austria. Estudió la filosofía en la Universidad de Viena y la teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Se ha desempeñado como maestro de religión, vicario parroquial, párroco, rector tanto en la iglesia de María Treu como en la de Santa Tecla. Ha creado cursillos de meditación para niños, para padres de familia, preparación para los sacramentos, entre otros.

The heart is the most value

The heart is the most value

All of us have areas that we are struggling with. However, God does not evaluate his children basing on its mistakes, but the hearts do: The heart is always highlighted by the Lord, as it said in Mk 7:6, “These people honor me with their lips, but their hearts are far from me.” God is always looking for those who live with Him from the heart; 2 Chronicles 16:9 said, “The eyes of the Lord range throughout the earth to strengthen those whose hearts are fully committed to him.” We knew and were convinced that God is not only looking for the perfect ones, well performance, good manners, and behaviors, people, who were never making mistakes, but he also looking to the people who have the perfect heart toward Him.

Hezekiah was announced by Isaiah that ‘you are about to die’ ‘Hezekiah turned his face to the wall and prayed to the Lord.’ Two concrete action verbs that ‘turn’ and ‘pray.’ It doesn’t matter how sinful we are, how many mistakes we had committed, but after all, did we turn, pray, and look for the mercy of God? Hezekiah’s prayer at the last moment he said, “Remember, Lord, how I have walked before you faithfully and with wholehearted devotion and have done what is good in your eyes.” (2nd Kings 20:3) Scripture described that moment he wept bitterly, not simply weeping but wept bitterly. I noticed that; in Hezekiah’s prayer, he didn’t mention any negative things or what are his wrongdoings were against God, but he said what pleasing to Him (God). It is showing us, the mercy of God is greater than all other things in the eyes of God, and God’s looking at his children is much greater mercy; the mercy of God greater than the law. I am convinced that the way God looks at us, what the people cannot see is the heart.

The wrong things that we did cannot say who we are; the only One can say that who we are is the Most High God; the fact that we cannot change our dignity “the Children of God” Whenever we are here on earth, we are in the process of changing:

The key for us here is to accept we are in the process of changing and turning the heart to Him.“I will give you a new heart and put a new spirit in you; I will remove from you your heart of stone and give you a heart of flesh.” Ezekiel (36:26). If we do so, I do believe that God is also telling us what he said to Hezekiah “I have heard you; I will heal you; I will rescue you; I will be your shield…”

Br. Van Luc Tran Sch. P.

VAN LUC TRAN

VAN LUC TRAN

Piarist

Br. Tran Van Luc Sch. P. hails from the Archdiocese of Hanoi, Viet Nam. He is a Marketing graduate, joined the Piarist Fathers in 2014. He took Philosophy units at the Adamson University and Certificate for Practical Social Skills Class at HCMC Youth Employment Service and Vocational Training Center. He is the writer of several books, like, “Hanh Phuc & Khon Ngoan; Tien Van Tam-Nha Giao Duc…” Currently, he is taking Master of Arts in Theological Studies (MATS) – Maryhill School of Theology.