+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net
Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

La gente estaba asombrada de las palabras de Jesús porque “hablaba con autoridad y no como los fariseos” (Mt 7,29). Enseñaba con sencillez, con ejemplos de la vida cotidiana y con parábolas para que todos pudieran entenderlo. Los discípulos estaban orgullosos de su maestro por su sabiduría y su liderazgo. Tenían altas expectativas sobre su ministerio: “Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel” (Lc 24, 21).

Los discípulos se desconcertaron cuando en el camino hacia Cafarnaúm les hizo una revelación que no entendieron: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, resucitará”. Jesús era un hombre bueno, respetaba las leyes, hacía milagros y enseñaba con sencillez. Tenía perfil de un gran líder. ¿Qué sentido tendría matarlo? 

A los discípulos no les entra en la cabeza lo que les dice Jesús. Les da miedo hasta preguntarle. No entra en sus planes ni expectativas la posibilidad de que su maestro muera violentamente, como un fracasado.

Jesús aprovecha el desconcierto que viven sus discípulos para indicarles que el sacrificio, la renuncia y el servicio conducen a una vida mejor: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. En su grupo nadie ha de pretender estar sobre los demás. Al contrario, ha de ocupar el último lugar, ponerse al nivel de quienes no tienen poder ni ostentan rango alguno. Y, desde ahí, ser como Jesús: “servidor de todos”.

Si buscamos un camino seguro para alcanzar la Vida, Jesús propone acercarse a los niños, especialmente a los más pobres. Ellos son unos verdaderos maestros que enseñan el camino de la salvación.

Bien lo sabía por experiencia San José de Calasanz, un sacerdote con ambiciones y cualidades suficientes para ser alguien importante en la Iglesia. Los niños del Trastévere le enseñaron a ser más humilde, paciente y generoso. Entregándose a los niños descubrió el mejor modo de servir a Dios.

En 1629, escribe al P. Frescio para indicarle cual es el verdadero camino de la humildad: “A mí me displace mucho que V.R. tenga tantos desasosiegos y turbaciones como me significa por su última carta los cuales no proceden de humildad que si la tuviera conociera que el camino más breve y más fácil para ser exaltado al propio conocimiento y de este a los atributos de la misericordia, prudencia e infinita paciencia y bondad de Dios es el abajarse a dar luz a los niños y en particular a los que son como desamparados de todos que por ser oficio a los ojos del mundo tan bajo y vil pocos quieren abajarse a él y suele Dios dar ciento por uno, más si haciéndolo bien tuviere persecuciones o tribulaciones en las cuales tomadas con paciencia de la mano de Dios se halla el céntuplo de espirito; y porque pocos saben practicar esta Doctrina pocos reciben el céntuplo en bienes espirituales” (EP1236).

P. Javier Alonso Sch. P.

Domingo 19 de Septiembre de 2021 | 25º domingo de tiempo ordinario

Marcos 9, 30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Francisco Javier Alonso Arroyo. Religioso escolapio: Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

Gracias por nuestros maestros

Gracias por nuestros maestros

​Erasmo de Roterdam fue un gran pensador humanista que desarrolló su filosofía durante la primera mitad del siglo XVI con el que buscaba la reforma de la sociedad y de la iglesia a través de la vuelta a los evangelios y al estudio de los autores clásicos.

De las muchas obras que tiene, hay una con un fuerte contenido pedagógico: “De cómo los niños han de ser precozmente iniciados en la piedad y las buenas letras”. En sus páginas, ofrece valiosas orientaciones pedagógicas de gran actualidad, especialmente para los niños de 3 a 6 años.

Para el holandés, la responsabilidad de instruir a los niños “debería ser la preocupación pública tanto del magistrado seglar como de los altos representantes eclesiásticos”. Todos los niños deben ser educados del mismo modo: “los hijos de los ciudadanos, los que los que tienen un cargo en la guerra o los que cantan en los templos”. Busca argumentos en los autores clásicos: “Vespasiano repartía de su propio dinero una notable cantidad anual a los rétores latinos y griegos. También Plinio el Joven entregaba de su peculio privado una enorme suma con el mismo fin”. Concluye que “si la ayuda pública desaparece, debe cada uno estar atento en su propia casa”.

Pero Erasmo se quedó solo en la teoría pues no pudo resolver de modo efectivo el problema del acceso de los pobres a la escuela en igualdad de condiciones que los ricos. El reformador alemán Martin Lutero intentó crear una red pública para instruir a las clases populares, pero no tuvo suficiente respuesta. Fue San José de Calasanz quien ideó un modelo exitoso de escuela pública que se extendió por Italia y Centroeuropa, con la colaboración de las administraciones públicas. En el siglo XIX la mayoría de Estados modernos asumieron la educación pública como una de sus primeras obligaciones.

El humanista avanza en su discurso: “Me preguntas cómo van a arreglárselas los pobres, si apenas tienen para alimentar a sus hijos, cuanto menos para contratar los servicios de un profesor. A esto no sé qué responderte, si no es lo que dice la comedia: Según podemos, ya que como queremos no puede ser. Nosotros discurrimos el mejor método educativo, mas no podemos conceder riqueza. A menos que deba también aquí la generosidad de los ricos subvenir a las necesidades de los ingenios valiosos pero que por estrecheces familiares no son capaces de desarrollar su capacidad natural”.

En efecto, hace falta dinero para asegurar el derecho de todos a la educación. Si no sale de las administraciones públicas, tiene que salir del bolsillo de los que sí tienen. Así que, la solución que propone es que los que tienen más recursos deberían ayudar a los niños pobres de buen ingenio. Siempre hay personas nobles y muy generosas que, movidos por la compasión y la justicia, han procurado que los pobres accedan a una educación de calidad. Hoy asumimos que el Estado gracias a los impuestos de todos, debe ser el garante del derecho a la educación, especialmente de los pobres.

Si el humanista holandés viviera en esta época y se pasara por Venezuela, se encontraría con una situación semejante: un Estado quebrado y débil que es incapaz de dar una solución satisfactoria a la educación de los pobres.

Y es que, este país vive una coyuntura muy difícil y compleja. El salario del maestro apenas alcanza los tres dólares mensuales. Además, no hay educación presencial por la pandemia lo que dificulta la relación educativa con los niños. Es la “tormenta perfecta” que daña una generación que no recibirá instrucción en la escuela o si la recibe, sería de muy baja calidad.

Los que tienen recursos económicos y valoran una buena educación para sus hijos se pagan una escuela privada o contratan profesores particulares. Así, los niños no pierden el hábito de estudio y siguen aprendiendo para alcanzar las competencias necesarias. Ya lo dijo Erasmo, que “cada uno debe estar atento en su propia casa”; es decir, “cada uno se busque la vida como pueda”. Pero: ¿y los pobres?

Los escolapios tenemos seis escuelas en Venezuela, cinco de ellas “de convenio”, es decir, privadas con administración de bienes públicos. Nuestros maestros sufren la grave crisis del país y trabajan en condiciones casi heroicas. Hoy por hoy, el Estado no está dando una respuesta que devuelva la dignidad salarial a los maestros y así, recuperar la normalidad en las escuelas populares. Es una situación de agonía que puede terminar en un colapso de la propia escuela y del futuro de una generación.

Como ya predijo Erasmo hace 500 años, si los poderes públicos no ejercen su responsabilidad natural en la educación de los pobres, habrá que pedir a los que tienen recursos económicos, que sean especialmente generosos para que no se pierda una generación de alumnos de gran talento. Nos jugamos el futuro de todos.

Mientras el sistema educativo mejora, infinitas gracias a los maestros venezolanos que aún resisten y siguen creyendo en el poder de la educación para transformar la sociedad.

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

De sentido común

De sentido común

​El sentido común me dice que la identidad de una persona, una institución, una idea, una nación… no se puede entender en “oposición a…” otra sino “en relación a…” Por ejemplo, la identidad masculina se entiende como complementa a la femenina, la “maternidad” con la “filiación”, la luz con la oscuridad, las izquierdas con las derechas y así, con todo.

Heráclito reflexiona explícitamente sobre la identidad de los opuestos: Aunque diferentes y opuestos en su diversidad y oposición, todo lo que existe, tomado absolutamente, es idéntico a los demás. No hay identidad pura, sino en relación.

En la tradición filosófica oriental también aparece una reflexión parecida. “Yin yang” es un principio filosófico y religioso que explica la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias que son esenciales en el universo. El “yin” está asociado a lo femenino, la oscuridad, la pasividad y la tierra; y el “yang” vinculado a lo masculino, la luz, lo activo y el cielo. Según esta filosofía, ambos dinamismos son necesarios para mantener el equilibrio universal.

En definitiva, toda identidad está asociada al equilibrio entre dinamismos que parecen opuestos y enfrentados, pero que en realidad son complementarios y necesarios.

Este principio de metafísica elemental se puede aplicar a muchas realidades. En este artículo, lo aplicaré a los diferentes modelos educativos que pueden darse en un país y su necesaria complementariedad para que toda la sociedad salga beneficiada.

En la última ley educativa (Lomloe) que se está debatiendo en España estos días (Lomloe) se dice que la Escuela Pública es el eje que vertebra el sistema educativo dejando a la Escuela Concertada como subsidiaria. Con este planteamiento, El Estado se constituye en el garante único del derecho a la educación con la mal llamada “escuela pública” –yo la llamaría estatal-. Los otros modelos (concertada, privada) quedan supeditados a la “publica”.

Hay muchas voces que dicen: “Si los padres quieren escuela católica (o de otra naturaleza), que se la paguen aparte”. También dicen: “Los de la escuela concertada se aprovechan de los recursos del Estado para adoctrinar, para hacer su negocio privado”. Está bien, quizá haya escuelas concertadas que “laven el cerebro” de los niños y que estén montadas como negocio; pero son la excepción. No se puede legislar con excepciones.

La garante del derecho a la educación es la sociedad civil (la tribu) en su conjunto (iglesia, empresas, gremios, sindicatos, asociaciones…) de la que los padres son los primeros responsables. La sociedad confía en una estructura administrativa (Estado) para que gestione del mejor modo el acceso a la escuela de todos, siempre escuchando la voz de los padres.

Todos tienen derecho a que la educación básica sea gratuita, ya sea de iniciativa estatal o privada. El Estado tiene la obligación de construir una buena red de escuelas y ponerlas al servicio de la comunidad; pero si hay escuelas de titularidad privada que tengan vocación pública, debe recibir subvención del Estado siempre y cuando esté garantizado el principio de gratuidad y exista la demanda en las familias.

La Escuela Concertada no es subsidiaria sino complementaria a las gestionadas directamente por la administración pública (Escuelas Estatales). Es complementaria porque también ejerce una función pública; es decir, garantiza el derecho a la educación de los que optan por un proyecto educativo determinado y aceptado libremente por los padres.

En el siglo XVII, cuando la estructura del Estado era muy débil y la sociedad no tenía conciencia que la educación es un derecho de los niños, José de Calasanz abrió escuelas gratuitas para todos (públicas) y solicitó sin complejos la ayuda de administraciones públicas e iniciativas privadas. Más tarde, le siguieron en Francia los hermanos de La Salle y muchos otros hasta nuestros días.

Sólo bien entrado el siglo XIX los Estados tomaron conciencia de su responsabilidad, pero ya las escuelas de la Iglesia llevaban tiempo garantizando este derecho fundamental. Por eso, carece de sentido común que los Estados quiten esta función pública a la Iglesia cuando fue pionera en abrir escuelas populares.

La belleza aparece cuando hay armonía entre los colores y las formas. La sociedad no es monocromática, sino compleja y diversa. Hay diferentes cosmovisiones y antropologías; por tanto, es razonable, que existan diferentes proyectos educativos que coexistan en un proyecto común de sociedad que ilusione a todos.

Escuchemos a Heráclito. Busquemos la unidad en la diversidad y la complementariedad de los opuestos. Es de sentido común que trabajemos por un “Pacto por la Educación” en el que superemos las diferencias ideológicas y busquemos el bien de los niños. Ese es el camino.

 

 

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.