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Pasión por la verdad. Faustino Míguez Sch.P.

Pasión por la verdad. Faustino Míguez Sch.P.

Leyendo el Proemio de las Constituciones de san José de Calasanz a cuatro siglos de distancia me sigue impactando la rotundidad de sus expresiones y la claridad con la que el santo va exponiendo las claves esenciales de la identidad de las Escuelas Pías. La centralidad del ministerio educativo, el horizonte de felicidad personal que propone como objetivo último de la misión, la referencia a la Virgen María y al evangelio de Jesús como ejes vertebradores de una propuesta de vida cristiana accesible a todos, o la importancia de discernir y ofrecer un itinerario formativo capaz de sostener una entrega cada vez más consistente y libre sorprenden por su frescura y actualidad.

A su luz es posible contemplar la cadena ininterrumpida de compasión y solidaridad que caracteriza a la obra calasancia: más de cuatrocientos años de respuesta fiel a una llamada que encuentra en Calasanz y en su modo de educar el estilo con el que teñir el itinerario personal de seguimiento. Quizás es por esto que al contemplar hoy la trayectoria de Faustino Míguez Sch. P (Xamirás, 1831- Getafe, 1925) se actualizan las palabras del texto:

“Los medios necesarios que nos transformen en idóneos cooperadores de la verdad, se esperarán, con actitud humilde, de Dios Omnipotente, que nos ha llamado como operarios a esta mies fertilísima” [Co 3]

Faustino acierta a convertir su existencia en una continua búsqueda de la verdad, que desde sus primeras mociones vocacionales le dirigirán a las Escuelas Pías, auténtica tierra prometida en la que anclar el proyecto de seguimiento de Jesús al estilo de Calasanz y compartirlo con otros. Su itinerancia por Guanabacoa, Celanova, El Escorial, Monforte de Lemos, Sanlúcar de Barrameda y Getafe se tiñe con los tonos fuertes de la honestidad personal que no entiende de medias tintas y se inclina siempre hacia el débil, el pequeño y el necesitado.

En él descubrimos al escolapio apasionado por la verdad; una pasión que le hace alzar la voz e introducirse a veces en los terrenos movedizos de lo políticamente incorrecto, enfrentando el criterio propio a las decisiones no siempre clarificadas de los superiores. Apasionarse por la verdad le acarrea sufrimientos e infamias de los de dentro y los de fuera: acusaciones que rebate con ímpetu y decisión para defender cuanto cree justo y recto. Actitud y carácter que le convirtieron en presencia incómoda por cuestionar lo que “siempre ha sido así” o lo que simplemente no era “conforme a la verdad”. Con todo, esa pasión por la verdad le llevó a ser consecuente y fiel con la llamada recibida, permaneciendo hasta el final de sus días como miembro vivo y dinámico de la Orden.

Su cooperación con la verdad divina le acredita como escolapio, invitando a cuantos formamos parte de las Escuelas Pías a confrontarnos también con el Proemio de las Constituciones calasancias renovando nuestra opción de apostar decididamente por cuanto contribuye a la plenitud, la vida buena y a la felicidad de los prójimos. Quizás convenga también recordar hoy de la mano de Faustino que es imposible apasionarse sin pagar el peaje del sufrimiento.                         

Ángel Ayala Guijarro schp

ÁNGEL AYALA

ÁNGEL AYALA

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.

La alegría desconocida

La alegría desconocida

El tercer domingo de Adviento reta a vivir en la alegría. La Iglesia presiente ya “muy cercano al Emmanuel” invitando a todos a celebrar el gozo de su venida. Los espacios se adornan y los ánimos se van disponiendo poco a poco para anticipar la llegada de Quien da comienzo a una fiesta que no tiene fin.

Es entonces cuando irrumpe con fuerza, ocupando el centro de la escena, Juan, el Bautista. Su figura hirsuta, sus modos adustos y su palabra hiriente parecen situarse en las antípodas de la propuesta jovial y amable del evangelio. Sin embargo, su experiencia y su actitud preparan el anuncio de la buena noticia de Jesús.

Renunciando a todo protagonismo, atenúa su presencia. Intensifica así la claridad de Aquél que es la Luz para el mundo. Silenciándose hasta el monosílabo, da paso a la Palabra que viene a habitar en medio de nosotros. Bautizando con agua, anuncia el fuego de un deseo que prende las entrañas, abrasa el juicio y vuelve incandescente un Rostro en el que se refleja el ser mismo de Dios.

Desde el margen, Juan hace posible la acogida. En el desierto, la soledad y la desprotección se tornan camino practicable para llamar a todos a una vida abundante. El último de los profetas evoca la nube de testigos que convierten a la nuestra en historia de salvación. La correa de las sandalias anuncia los preparativos de la boda y la llegada del Novio que viene en medio de la noche.

Y para que Él llegue, siguen siendo esenciales los amigos. Esos que señalan, acompañan y sugieren. Los que están siempre y a cualquier precio. Aquellos con su hacer generoso reconocen su espacio y no usurpan el del Otro. Los que esquivan, certeros, los reclamos de yo que empequeñece para tornarse  signo de un Tú aún más grande. Los que, desconocidos, se hacen voceros de una alegría ajena, extraña y hasta molesta que se empeña en decirnos que el Reino de Dios, aunque no lo parezca, está ya en medio nuestro.

Esos amigos que, como Juan, son los mejores testigos de una alegría que nada, ni nadie, podrá arrebatarnos.

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

Domingo 13 de Diciembre de 2020 | Domingo 3º de Adviento

Juan 1,6-8.19-28: En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: « ¿Tú quién eres?». Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: « ¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». « ¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No».

Y le dijeron: « ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

ÁNGEL AYALA

ÁNGEL AYALA

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.