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Disponibles

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¿Qué hizo posible la llegada de los magos al pesebre? Si pensásemos con criterios y medios contemporáneos podría pensarse en la exactitud de sus navegadores, la velocidad de sus vehículos o la idoneidad de las vías de comunicación. Con ello los devolveríamos a los parámetros de eficacia y eficiencia de los que, evidentemente, ellos han querido desmarcarse: demostrándose capaces de ver la estrella y, sobre todo, arriesgándose a seguirla dejándose guiar por ella, los Magos de Oriente demuestran poseer una “sabiduría alternativa”:

  • Frente a las posibles urgencias y exigencias de su tarea, aciertan a re-conocer el momento (“kairós”) que invita a posponer lo propio invirtiendo tiempo, esfuerzo e incomodidad en un viaje de consecuencias insospechadas.
  • El riesgo de autoreferencialidad se desvanece al vivirse en función de Otro que reclama de ellos un movimiento de salida-de-sí, invita a mirar más allá y hacia arriba, con-sentir y obedecer. Cuatro direcciones (hacia afueraarribaal unísonoadentro) de una misma dinámica que convoca en la búsqueda común y genera encuentro.
  • La alegría revela lo afortunado y exitoso del recorrido: sentir cómo una corriente de alegría inmensa les inunda en la contemplación del Niño y de su Madre autentifica el camino recorrido y el discernimiento realizado.
  • Su deseo de adorar, que implica todo el ser (arrodillados-postrados) y los haberes (abrir los cofres/ofrecer dones) muestra el fruto de su itinerario: los que salieron confiados siguiendo la estrella, acaban postrados ante el Sol que es Jesús.
  • Un gesto que, de nuevo, invita a salir, re-conociendo la dignidad del Niño y de su Madre, a quienes rinden homenaje como a reyes, reconociendo la presencia de Dios, y asombrándose al comprobar cómo nada de lo humano les es ajeno.

Los Magos de Oriente indican también ellos con los gestos y las actitudes que el texto les asigna, la senda certera por la que aún hoy es posible “encontrar al Niño y a su Madre”: la que trazan la escucha atenta y desvelada en medio de las noches, la confianza en los signos y la disponibilidad a dejarse guiar. La alegría en el servicio y la donación sirve de señal luminosa que indica el lugar donde Dios hecho niño se manifiesta.                       

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Madrid (1976). Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Responsable en Roma del departamento de Identidad y Carisma Calasancio.

Buenas sensaciones

Buenas sensaciones

“No tengo buenas sensaciones, pero confío en la Escritura, que consigue iluminar lo que aparentemente no tiene buena pinta”.

La confidencia de un amigo se tornó inspiración para penetrar en la tercera semana de Adviento, de la mano del Domingo de la Alegría que, a través del anuncio del Bautista, revela cómo las situaciones cotidianas se tornan camino practicable que prepara la venida del Señor:

  • En la solidaridad concreta y encarnada de quien comparte aquello que tiene: túnica, comida, capacidades, tiempo… para salir al encuentro del otro y hacer posible la fraternidad renovada y la amistad.
  • Por la trasparencia honesta de quien busca no defraudar, “no exigiendo más de lo establecido” en una medida que, rebasando lo económico, se extiende a las relaciones en el trabajo, en casa, con los más cercanos e íntimos. Viviéndose en el encuentro y creando espacios amplios donde todos se sientan seguros y, sobre todo, libres.
  • Ejerciendo la tarea diaria de un modo competente, que desvanece las sombras de la ineficacia y la falta de profesionalidad. Siendo cada vez más conscientes de que el desempeño de la propia vocación nos ofrece el camino por el que Dios (también en este Adviento) acontece en nuestras existencias y se revela como Señor de la Vida.

La triple diatriba que los distintos grupos presentan a Juan prepara el anuncio solemne de Jesús, cuya llegada es inminente. Gestos cotidianos como desatar la correa de una sandalia, aventar la parva, reunir el grano o quemar la paja (de fuerte sabor escatológico) muestran la potencia simple de quien viene como Fuego a consumir lo antiguo y sus malas sensaciones para dar comienzo a un tiempo nuevo, cuyos precursores son la Bondad y la Alegría.​

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

​Domingo 12 de Diciembre de 2021 | Domingo 3º de Adviento

Lucas 3, 10-18: ¿Qué hacemos nosotros?

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Madrid (1976). Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Responsable en Roma del departamento de Identidad y Carisma Calasancio.

Cuidar el corazón

Cuidar el corazón

El consejo del libro de los Proverbios: “Cuida tu corazón, en él está la fuente de la vida” (Prov 4,23), descubre la dignidad que la sabiduría bíblica concede a la dimensión afectiva e intelectiva que nos constituye como personas abiertas a la relación. La tradición hebrea concentra en el corazón una amplia gama de significados y actividades que el mundo occidental asocia al juicio, la ponderación, el discernimiento o la racionalidad.

La antropología bíblica, integral e integradora, contempla el corazón humano como fuente de plenitud y cauce para una relación armónica con uno mismo, con los otros y también con Dios. Quizás por ello los grandes testigos de la Escritura anhelan y suplican “un corazón sabio” (2 Cro 1,10-11) capaz de agradar a Dios y practicar lo que es justo, estimándose de una manera ponderada, sin exageraciones vanidosas y libre, también, de falsas humildades.

Del corazón mana la vida, y desde esta certeza asentada en la historia de Israel, Jesús de Nazaret hace de la suya un espacio abierto a las relaciones, a la donación incondicional y al servicio gratuito. Encontrarse con Él abre a los alejados a la buena noticia de que es posible volver para saberse amados y aceptados sin juicios ni cuentas pendientes. Los enfermos encuentran la curación a la herida profunda causada por el des-cuido de los otros, y los pequeños se saben primeros en un reino que les pertenece, mientras tantos les niegan la posibilidad de ser-en-plenitud que Dios ha prometido.

Contemplar y saberse atraído por el corazón abierto del Crucificado rubrica el camino de Jesús que, al fin, abre de par en par la puerta de su Cuerpo para que “todos tengan acceso al Padre” trasparentando un amor que “perdona, soporta, cree y espera” sin límite. Seducidos por la incondicionalidad del profeta nazareno somos emplazados a cuidar el corazón para que siga siendo posible la paradoja de dar la vida para que otros la disfruten.

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Madrid (1976). Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Responsable en Roma del departamento de Identidad y Carisma Calasancio.

Pobres de la Madre de Dios

Pobres de la Madre de Dios

Las expresiones calasancias del epistolario sobre María se sitúan, aparentemente, en el continuo devocional que la contempla como la “patrona”, la “protectora”, e incluso la “fundadora y dueña” de sus Escuelas Pías. No obstante, es posible atisbar una línea alternativa de pensamiento mariano que Calasanz nos entrega de modo conciso y concentrado en otros escritos en los que subraya la centralidad y relevancia que concede a María en el conjunto de su obra.

La Corona de las Doce Estrellas, formulada para la práctica de la Oración Continua, presenta a María como mujer-en-relación, asociada de un modo singular y privilegiado con cada una de las personas de la Trinidad. La filiación que la une al Padre, la maternidad y el discipulado vinculadas al Hijo, y la plenitud concedida por el Espíritu Santo ofrecen las claves esenciales de la identidad cristiana, que Calasanz proyecta a partir de la experiencia de María. De este modo la propone como paradigma de la vocación del escolapio.

Tal vez por ello, en el Proemio de las Constituciones sitúa a María como eje a partir del que acoger la palabra y el deseo de Jesús en la única cita evangélica de todo el texto (Mt 25,40). Al mismo tiempo, indica con sus actitudes cómo ejercer un servicio educativo que, rebasando lo instruccional, se comprende como cuidado integral de los más pequeños y necesitados:

“Porque somos auténticos Pobres de la Madre de Dios en ninguna circunstancia menospreciaremos a los niños pobres sino que con tenaz paciencia y caridad nos empeñaremos en dotarlos de toda cualidad, impulsados principalmente por la palabra del Señor: Lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, conmigo lo hicisteis” [Co 4].

Más allá de lo devocional encontramos a María como modelo en el ejercicio y en el despliegue del proyecto de vida y misión de las Escuelas Pías. Ella impulsa decididamente nuestro seguimiento de Jesús en el esfuerzo por hacer realidad su deseo de vida para todos (Jn 10,10).

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.

Reencuentros

Reencuentros

En este último año y medio la realidad se ha empeñado en adiestrarnos en el difícil arte de recomenzar. A veces se ha topado con nuestra resistencia y otras tantas con nuestra incapacidad para conocer de modo nuevo lo que estábamos acostumbrados a ver-escuchar-tratar a diario.

La semana de Pascua que iniciamos sugiere una suerte de “Manual de instrucciones” que apunta caminos de re-inicio de nuestras rutinas habituales,

  • …invitándonos a transitar del miedo a la alegría, sobrecogidos por la calidez de una presencia que nos sale al paso en los recorridos cotidianos y nos saluda con la buena noticia de la paz.
  • Citándose con nosotros en las primeras horas de cada día, cuando entre el sueño y el escalofrío de lo que traerá la nueva jornada otros se interesan por cómo nos va y nos devuelven un destello que sabe a identidad recobrada y a misión recibida a favor de muchos.
  • Demostrándose capaz de conjurar las ilusiones estériles del “nosotros esperábamos…” para ponernos de nuevo en camino con el corazón caldeado y los ojos prendidos en la belleza de Quien es capaz de hacer nuevas todas las cosas, incluso aquellas que a primera vista parecen tener un arreglo difícil.
  • Con el sabor intenso del pan partido y las brasas que esperan el fruto de una pesca abundante y asombrosa, dándonos la oportunidad de pasar un tiempo juntos. Corresponder a su gesto comienza a restañar las heridas del adentro causadas por la precipitación desmedida, disuelta en un “te quiero” que suena más a continuará que a happy end.
  • Con las notas alegres del reencuentro, posible a pesar de las puertas y los cerrojos, que abre a un presente distinto y a un futuro mejor.

Los coprotagonistas de los relatos de la Pascua se convierten en compañeros imprescindibles de camino cuando reemprendemos la tarea habitual modulando de modos diversos el mensaje del Resucitado que se empeña en mostrarnos de nuevo cómo la V/vida puede más.

P. Ángel Ayala Guijarro Sch. P.

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

ÁNGEL AYALA GUIJARRO

Escolapio

Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), actualmente se encuentra en Roma, finalizando su Tesis Doctoral.