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Amor persuasivo

Amor persuasivo

Predicar sobre la conversión puede ser una actuación arriesgada, depende de cómo uno se ponga a ello. Uno no puede dejar de recordar al bueno de Jonás con la encomienda de ir a Nínive para que se convirtieran, bajo amenaza de que la ciudad sería destruida. No parece fácil la tarea del profeta que anuncia el enfado de Dios y sus amenazas. Algún resto de este tipo de profecía le quedaba a Juan Bautista, que mencionaba el hacha puesta en la raíz y cosas así.

Pero Jesús, sin dejar de usar el verbo convertirse, y hacerlo además en imperativo, cambia el tono. Le añade una coletilla que lo cambia todo: creed la buena noticia. Que no te conviertes para mí, expresaba Jesús, sino para que tú recibas una buenísima noticia, que es por ti la cosa, que de ese cambio depende tu vida plena.

Podríamos decir, como reza el título de los ejercicios de Pablo Domínguez, “Convertirse es ser atraído”, seducido a la manera de Oseas, o San Agustín, o tantísimas otras buenas gentes cuyo mérito fue el de dejarse seducir. Así nos lo cuenta Pablo en la introducción a su libro:

“Escuché en un retiro «Convertirse a alguien es ser atraído por él». Yo pensaba que la conversión consistía primariamente en un apartarse de… Sin embargo, cada día me convenzo más de que la conversión tiene que ver, inicial y principalmente, con un dirigirse hacia… por haber sido seducido por… (…) Porque alguien nos atrae, nos convertimos a él, no al revés».

 Un científico ecologista y genetista, Charles Birch, queriendo reconciliar las doctrinas evolucionistas con su fe en un Dios personal, encontró en su maestro Whitehead inspiración. Él lo expresa así:

“…fui capaz de reconocer que el Dios que influye en la vida humana opera del mismo modo en el resto de la creación. (…) El futuro está abierto. Entendí que una de las razones que explican esto es que Dios no es la única causa de todo lo que acontece. Dios ejerce causalidad siempre en relación con seres que tienen su propia medida de autodeterminación. Dios es nuestro compañero en el avance creador hacia la realización de posibilidades aún no realizadas”.

 Y así, el científico se quedó con la definición de Dios como AMOR PERSUASIVO. ¡Qué bien suena lo de que Dios se empeñe en atraernos hacia la realización de todas esas posibilidades aún no realizadas! Quién le iba a decir a Pedro, pescador experimentado, que iba a ser predicador y dedicarse a atraer a otros, por ejemplo.

Por mi parte, cada vez tengo más obsesión por usar en pasiva los verbos para el crecer espiritual hacia esas potencialidades: quizá dejarse hacer sea más difícil que hacer muchas cosas aparentemente santas y buenas, pero más centradas en el ego que en el amor.

Sin embargo, no arriesgaba menos Jesús que Jonás o que Juan el Bautista. Y también a él le quisieron lanzar barranco abajo en su propio pueblo por decir que con él empezaban las buenas noticias. Su campaña de persuasión no era una operación de márketing, un mero dos por uno: había que dejar claro que él, su vida y su propuesta, eran nuestra mejor opción de vida.

Y es que Jesús atraía sólo a quien se dejaba atraer. Quien veía en él a un mero vecino con pretensiones, no sentía atracción que lo moviera de su sitio. Así que la voz pasiva se mezcla con la activa, y algo hay que poner de parte de uno. ¡Al menos no agarrarse demasiado a la silla, para entender que es Jesús y su ser persona lo que me va a venir bien a mí!

P. Juan Carlos de la Riva Sch. P.

 

Domingo 24 de Enero de 2021 | 3º domingo de tiempo ordinario

Marcos 1,14-20: Convertíos y creced en el Evangelio

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

JUAN CARLOS DE LA RIVA

JUAN CARLOS DE LA RIVA

Escolapio

Soy escolapio en Vitoria, colaborando en la pastoral del colegio y de la parroquia, acompañando al Movimiento Calasanz y a las familias que sienten las Escuelas Pías como su referencia de fe y una ayuda para la evangelización de sus hijos e hijas. Coordino la plataforma de la Revista de Pastoral Juvenil, y en la provincia animo tareas de secretaría y comunicación.

Y siguieron a Jesús…

Y siguieron a Jesús…

Al iniciar el tiempo ordinario de este año 2021, nos encontramos con un evangelio que nos habla de la llamada, del seguimiento de Jesús. A diferencia de los sinópticos, el Evangelio de Juan nos muestra a estos discípulos que no son llamados por Jesús pero que deciden seguirlo después del anuncio que les ha hecho Juan el Bautista.

Para quienes vivimos nuestro ser escolapio cotidianamente, seguramente muchas veces hemos podido aportar un granito de arena a tantos niños, niñas y jóvenes que están en búsqueda de respuestas a sus grandes interrogantes. Que anhelan encontrar un sentido a sus vidas en medio de un mundo que les quiere vender respuestas prefabricadas. Que no quieren que les digan todo lo que tienen qué hacer, sino que necesitan una guía, un acompañante, alguien que esté a su lado, les diga una palabra que sea luz por un tiempo y sepa cuándo dejarlos seguir solos para que se encuentren con el Señor y Él sea quien les cambie sus vidas totalmente. Pero que lo haga Él, no nosotros.

Este evangelio nos recuerda que el protagonista de la historia es Jesús que mira a cada ser humano y le pregunta “¿qué buscas?” Esa pregunta la escuchamos de manera personal y de la misma forma la respuesta de Jesús a la nuestra es única: “Ven y lo verás”. Dos verbos que implican movimiento y apertura. Por ende, si nos sentimos cómodos donde estamos, si nuestros ojos se han acostumbrado a “ver el paisaje que tenemos delante” sin descubrir la novedad que allí subyace, será difícil dejar que el Señor cambie hasta nuestro nombre, es decir, que le dé sentido a nuestra existencia partiendo de lo que somos en esencia. Él es capaz de ver el ciento por ciento de lo que somos, lo que nos hace únicos, nuestra belleza interior, y puede hacer relucir todo esto si se lo permitimos.

Que cada uno de nosotros sepa acoger lo que es en profundidad para poder ponerlo al servicio de los demás. El mundo necesita lo que cada uno de nosotros tiene para aportarle y seguir contruyendo el Reino de los Cielos acá en la tierra. Que este año reiniciemos con entusiasmo nuestras actividades, especialmente las de acompañamiento y, quedándonos con el Señor, habremos escogido la parte mejor para nosotros y para los demás.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 17 de Enero de 2021 | 2º domingo del tiempo ordinario

Juan 1,35-42: Vieron dónde vivía y se quedaron con él

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, y vivieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Andrés Valencia Henao

Andrés Valencia Henao

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.

Bautizarse con Espíritu

Bautizarse con Espíritu

Tal vez nos bautizamos sólo con agua y nunca comenzamos una nueva etapa en nuestra vida…

El bautismo de Jesús marca el final del período de la Navidad y el comienzo del período del tiempo ordinario. Jesús se bautizó en las aguas del Jordán. Pero, ¿qué tipo de agua es ésta? Esta es la que usaron todos los que querían arrepentirse: oficiales de aduanas, prostitutas, soldados, etc.

La inmersión de Jesús es simbólica, pero lo que tiene que decir es muy real. No se trata del agua del Jordán, no se trata del espectáculo. La inmersión de Jesús es un signo de encuentro con Dios y de muerte y resurrección. Sumergirse es el acto de morir para este mundo, morir al pecado y resucitar a una vida diferente. Para que luego, como personas diferentes, podamos trabajar de otro modo por el reino de Dios.

Cuando alguien decide bautizarse, en este caso en su vida comienza una nueva etapa. El acto simbólico de sumergirse significa que el creyente renace, comenzando una vida diferente a la anterior. Jesús sintió que tenía que cambiar su vida vivida como obrero y abandonar Nazaret. Cualquier persona que se sumerja en el agua y salga de allí muere y resucita. Jesús también muere a su forma de vida y comienza un nuevo modo de vida. Está lleno del Espíritu Santo, se entrega al liderazgo del Espíritu, y desde entonces quiere ayudar a todas las personas a pensar y actuar de acuerdo con el Espíritu.

Según el texto, “al salir del agua, vio que los cielos se abrían”. Especialmente en invierno, el cielo está cubierto de nubes durante largos días y semanas. Durante este tiempo no podemos ver el sol, nos sentimos “desconectados”. “Los cielos se abrían” significa que el estado de separación de Dios termina, y se establece una conexión viva entre el cielo y la tierra; Dios está con los hombres.

En este domingo, la palabra de Dios nos invita a examinarnos a nosotros mismos ¿sí estamos en una relación viva con Él? ¿O tenemos claro que Él está «sobre las nubes», y vivimos sin ella? Tal vez nos bautizamos sólo con agua y nunca comenzamos una nueva etapa en nuestra vida… Podemos pedirle a Jesús, que nos «bautice» con su Espíritu, para que podamos vivir, tratar a las personas, a Él mismo y al mundo como él lo hacía.

Roland Márkus Sch. P.

Domingo 10 de Enero de 2021 | Bautismo del Señor 

Marcos 1,7-11: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

ROLAND MÁRKUS

ROLAND MÁRKUS

Escolapio

Escolapio en Budapest. Universitario y colabora en el colegio. Coordinador provincial del Movimiento Calasanz. 

Vivir desde la Navidad

Vivir desde la Navidad

En el segundo Domingo después de Navidad leemos de nuevo el solemne texto de la fiesta de la Encarnación, el prólogo del Evangelio según San Juan. Es una invitación renovada a contemplar la gloria del Unigénito del Padre, que “se hizo carne y habitó entre nosotros”. Una invitación a contemplar “la verdadera luz que vino al mundo”, y al mismo tiempo a contemplar cómo Él “alumbra a todo hombre”, y contemplar cómo “a cuantos le recibieron les dio poder de ser hijos de Dios”.

Celebrar la Navidad significa reconocer de modo nuevo a Dios, su amor, y significa también reconocer de modo nuevo la existencia humana como una existencia con la cual nuestro Dios se ha unido definitivamente y así ha renovado esta existencia, dándole a ella nuevas posibilidades, nuevas energías.

Este Domingo del tiempo de Navidad y que celebramos al empezar el Año Nuevo, nos invita a vivir este inicio año desde la Navidad.

Vivir desde la Navidad – o vivir “navideñamente” – significa tomar conciencia de nuestra renovada existencia que nos da la posibilidad de vivir como hijos de Dios, como seguidores de Jesús, del Verbo Encarnado. A veces  pensamos que “no somos capaces” de amar a nuestros hermanos como quisiéramos amarles, pensamos que “no somos capaces” de vivir una vida intensa, entregada al servicio de los demás, pensamos que “no somos capaces” de perdonar y reiniciar una relación en el matrimonio o en la comunidad.

En estos momentos el misterio de Navidad nos invita a escuchar atentamente la voz sutil del Espíritu que nos dice a nosotros: “Tú estás renovado, tu existencia, tu naturaleza está ya injertada en la naturaleza divina. Eres hijo amado, hijo de Dios.”

Vivir desde la Navidad significa creer en la fuerza renovadora de Dios e intentar siempre de nuevo vivir según esta nueva posibilidad. Así la Luz que una vez ya ha llegado al mundo puede llegar siempre de nuevo en formas nuevas, creativas, sorprendentes en nuestros entornos y puede llegar a hermanos que viven en diferentes formas de tiniebla y tienen sed de esta luz.

Domingo 3 de enero de 2021 | Domingo 2º de Navidad
Juan 1, 1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

ZSOLT LABANCZ

ZSOLT LABANCZ

Escolapio

Zsolt Labancz es un escolapio húngaro. Ha ejercido como superior provincial en el período 2011-2019, ahora está enseñando en el colegio de Vác.

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

El Hijo de Dios, hecho hombre, entra en la historia asumiendo todo aquello que nos hace personas, miembros de una familia e integrantes de un pueblo, de una tradición y cultura concretas, en todos sus aspectos. Jesús, con María y José, es presentado en el Templo y, como primogénito, es consagrado a Dios, de acuerdo con la Ley de Israel. El rito tradicional es superado por lo que se dice del niño, a través de las palabras proféticas, por ser del Espíritu Santo, de los ancianos Simeón y Ana. Pueden reconocer en el niño la presencia de la salvación del pueblo porque su esperanza estaba cimentada en la fe y en la vida de oración y amor.

La admiración de María y José ante estos testimonios revela un paso importante en el camino de la fe: Dios llama y espera nuestra respuesta. Una respuesta que va a ir configurando el sentido de familia, es decir, la primacía del amor que acoge, acompaña, respeta, perdona y da gracias a Dios por el Hijo, que es su Palabra definitiva de salvación. El camino de le fe seguirá avanzando y volverán a su ciudad de Nazaret, donde en la vida de cada día, el niño crecerá y desarrollará su personalidad, porque la gracia de Dios habitaba en él. María y José irán participando del misterio de Jesús e irán reconociendo en él la presencia divina, comprendiendo cada vez más el plan de salvación para la humanidad.

La familia de Nazaret es un modelo para toda familia que quiera abrirse a la Palabra de vida y salvación que es Jesús. En palabras de S. Pablo VI “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio”, de ahí su decisiva importancia en la transmisión de la fe, el gran reto de nuestro tiempo. De tal manera, que el papa Francisco, en su reciente encíclica Fratelli tutti, ha afirmado con fuerza que la familia es “el ámbito privilegiado para la transmisión de la fe”. Una misión que debe ser asumida y continuada por los educadores cristianos y los pastores de la Iglesia, como un compromiso ineludible, inspirado en María y José, para anunciar la Buena Noticia de Jesús a los hombres y mujeres, a menudo tan llenos de incertidumbre y desánimo.

P. Enric Ferrer Sch. P.

Domingo 27 de Diciembre de 2020 | La Sagrada Familia

Lucas 2,22-40: El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

ENRIC FERRER

ENRIC FERRER

Escolapio

El Principio y la Palabra

El Principio y la Palabra

En el principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba con Dios,

y la Palabra era Dios.

Ella en el principio estaba con Dios.

Todo se hizo por ella

y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.

Ella era la Vida,

y la Vida era la luz de los hombres,

y la luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la recibieron.

 

“El principio”, no sólo hace referencia a un tiempo antes del tiempo ni a un antes antes de todo antes, es también el fundamento, lo que le da esencia y existencia a todo lo que es. Los primeros pensadores miraron el mundo y se preguntaron de qué estaba hecho: no se referían a lo material, sino a aquello que le daba subsistencia a lo que existe. Hablaron del agua, el aire, el fuego, la tierra, lo indeterminado, los átomos, el devenir o el ser. Tal vez las respuestas no eran correctas; pero la pregunta era precisa: ¿cuál es el fundamento de todo? El fundamento es lo que provee base, solidez, estabilidad, permanencia, subsistencia, existencia. Como vivimos en la fugacidad y en la finitud y como no está en nuestras posibilidades evadir esa fugacidad y esa finitud, justamente por ello nos preguntamos acerca de lo que sostiene la realidad, pues es claro que no somos nosotros. Yo no hice mi ser, no sostengo mi ser ni sostengo el ser de nada. Puedo usarlo o administrarlo; pero ni siquiera la persona más rica del mundo puede comprar un segundo más de ser, porque es algo que nadie puede ni vender ni prestar ni regalar. El fundamento de todo es la Palabra: Dios nos pronuncia. Sin fundamento, la vida no tiene en qué apoyarse. Sólo nos queda calmar apetitos del cuerpo, buscar emociones y sentimientos intensos, construir argumentos racionales y lógicos que intenten generar algún tipo de sentido; pero en verdad, se siente la ausencia de bases sólidas. Somos tan frágiles, tan cambiantes, tan provisionales, tan susceptibles al desánimo y al cansancio, tan sensuales, tan emocionales, tan racionalistas, porque nuestros fundamentos son poco fundamentales. Somos como esa gran estatua gloriosa con la que soñó Nabucodonosor: hecha de oro, pero con los pies de barro.

Por todo lo anterior, “en el principio” es una meditación sobre el milagro de la propia vida, del propio ser y de la vida y el ser de todos los que hacen parte de nuestra vida y de nuestro ser. Un drama del hombre actual es que ha perdido el principio y el fundamento. La Creación no es una teoría del surgimiento del cosmos al lado de otras teorías. La Creación es una experiencia vivencial del sentido y del valor de nosotros mismos. Sin experiencia de Creación somos azar, casualidad, vulgaridad, fatuidad, somos algo baladí, fútil, inútil, descartable, prescindible, reemplazable, sin importancia, sin valor. La Creación es la experiencia de saber que el Amor de los Amores, la Luz de toda luz, la Vida que concede la vida, pronunció nuestro ser y nos ama como si en todo el cosmos y en toda la historia del tiempo, sólo existiéramos Él y nosotros. Por eso se hizo carne: para tocarnos con su luz y su vida y no dejar jamás de pronunciarnos.

P. Juan Jaime Escobar Valencia Sch. P.

Viernes 25 de Diciembre de 2020 | Natividad del Señor | Misa del día 

Juan 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.