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« Heureux ceux qui croient sans avoir vu », une nouvelle Béatitude du Ressuscité.

« Heureux ceux qui croient sans avoir vu », une nouvelle Béatitude du Ressuscité.

L’Évangile de ce dimanche relate deux scènes d’apparition du Ressuscité à ses disciples. Ces derniers sont enfermés dans leurs peurs, encore bouleversés par les évènements de la Passion et ceux autour du tombeau vide. Le Seigneur apparait donc pour apaiser la tempête de leurs âmes en leur offrant, comme à toute l’Église, trois dons : le don de la Paix, le don de l’Esprit Saint et le don de la Miséricorde. Ces dons, qui découlent tous du cœur aimant du Dieu Trine, sont liés. En effet, le don de l’Esprit Saint qui suit celui de la paix accompagne l’institution du sacrement de la miséricorde divine (la Confession). « La paix soit avec vous », dit le Ressuscité à trois reprises. Le Christ ressuscité nous offre donc en premier ce qui dissipe nos peurs et nos doutes, à savoir, la paix ! La paix dont parle l’évangile de saint Jean n’est pas un simple souhait, mais un véritable don, comme un héritage que le Maitre laisse à l’Église (peuple de Dieu). Celle-ci a donc pour mission de continuer d’être, par-dessus tout, le sacrement de la paix dans un monde actuellement en proie aux violences, aux crises, aux guerres et aux calamités de toutes sortes. Car, le premier don qu’elle reçoit du Christ-Ressuscité est la paix. En outre, en tant que communauté de foi unie au Christ ressuscité, elle a aussi pour mission de continuer d’être en ce monde, le sacrement de la miséricorde divine (dont les plaies sont les traces sur le corps glorieux du Ressuscité), par la force que donne l’Esprit Saint. Toutefois, il faut souligner que l’abandon dans la foi est la condition de réception de ces dons divins (Paix, Esprit saint et Miséricorde); d’où l’épisode de Thomas.

En effet, l’incrédulité de Thomas nous a valu une nouvelle Béatitude : « Heureux ceux qui croient sans avoir vu. » Ces mots du Ressuscité sont adressés à tous ceux qui reconnaissent et confessent le Christ ressuscité. Par cette nouvelle Béatitude, le Christ vole au secours de l’incrédulité de chacun de nous ses disciples. Elle loue tous ceux qui avec les ‘yeux’ de l’esprit s’ouvriront au Ressuscité pour obtenir, à travers la confession sacramentelle, la paix que donne l’Esprit.

 P. Adalbert Fouda Sch. P.

Dimanche 11 Avril 2021 | 2e Dimanche de Temps de Pâques

Jn 20,19-31: Parce que tu m’as vu, Thomas, tu as cru, dit le Seigneur. Heureux ceux qui croient sans voir.

Ce même soir, le premier jour de la semaine, les disciples avaient verrouillé les portes du lieu où ils étaient, car ils avaient peur des Juifs. Jésus vint, et il était là au milieu d’eux. Il leur dit: «La paix soit avec vous!». Après cette parole, il leur montra ses mains et son côté. Les disciples furent remplis de joie en voyant le Seigneur. Jésus leur dit de nouveau: «La paix soit avec vous! De même que le Père m’a envoyé, moi aussi, je vous envoie». Ayant ainsi parlé, il répandit sur eux son souffle et il leur dit: «Recevez l’Esprit Saint. Tout homme à qui vous remettrez ses péchés, ils lui seront remis; tout homme à qui vous maintiendrez ses péchés, ils lui seront maintenus».

Or, l’un des Douze, Thomas (dont le nom signifie: Jumeau) n’était pas avec eux quand Jésus était venu. Les autres disciples lui disaient: «Nous avons vu le Seigneur!». Mais il leur déclara: «Si je ne vois pas dans ses mains la marque des clous, si je ne mets pas mon doigt à l’endroit des clous, si je ne mets pas la main dans son côté, non, je ne croirai pas!».

Huit jours plus tard, les disciples se trouvaient de nouveau dans la maison, et Thomas était avec eux. Jésus vient, alors que les portes étaient verrouillées, et il était là au milieu d’eux. Il dit: «La paix soit avec vous!». Puis il dit à Thomas: «Avance ton doigt ici, et vois mes mains; avance ta main, et mets-la dans mon côté: cesse d’être incrédule, sois croyant». Thomas lui dit alors: «Mon Seigneur et mon Dieu!». Jésus lui dit: «Parce que tu m’as vu, tu crois. Heureux ceux qui croient sans avoir vu».

Il y a encore beaucoup d’autres signes que Jésus a faits en présence des disciples et qui ne sont pas mis par écrit dans ce livre. Mais ceux-là y ont été mis afin que vous croyiez que Jésus est le Messie, le Fils de Dieu, et afin que, par votre foi, vous ayez la vie en son nom.

ADALBERT FOUDA

ADALBERT FOUDA

Piariste

Né à Yaoundé. Religieux et prêtre piariste. Exerce actuellement son ministère à Libreville comme enseignant de mathématiques et religion au Collège Calasanz; et vicaire de la Paroisse. L’enfant c’est ma passion!  

La Resurrección: huellas para ver y creer

La Resurrección: huellas para ver y creer

El sepulcro vacío ha sido un asunto de frecuente diálogo e investigación, muchos se han interesado en analizar el aspecto verídico. La cristología lo considera como el punto de partida histórico para hablar de la resurrección del Señor. Hoy nosotros podremos quedarnos en una postura histórica, basados en datos, en el acontecimiento como tal; o también podremos apoyarnos en la experiencia de la Resurrección como realidad que acontece en nuestros días, como experiencia que hoy celebramos y que nos toca profundamente el corazón.

El evangelio que acompaña la liturgia del primer domingo de Pascua contiene un dinamismo profundo y significativo. Es un ir y venir, está basado en distintos estratos de la mirada: el observar, el mirar, el ver y el contemplar.

María Magdalena, la mujer que va al sepulcro, quizás a llorar la muerte de su Señor, observa, tal vez desde la lejanía, que la piedra ha sido removida, que algo ha sucedido. Su afán la lleva a salir corriendo para contar la noticia; no sabe lo que ha sucedido.

El otro discípulo, el amado, el amigo de Jesús, corre de manera intempestiva. Cuando llega, lo primero que hace es mirar, para ratificar lo que María Magdalena había notado. Espera a que llegue Pedro, a lo mejor para dar juntos el testimonio, o tal vez respetando la primacía petrina; y cuando entra, acontece el centro del evangelio: “Vio y creyó”. Da un salto del mirar, y ahora ve, un ver que lo lleva a recordar (a volver a pasar por el corazón) la Escritura.

Por su parte Pedro, tan solo necesita llegar para contemplar, al principio se asombra, pero su contemplación lo lleva a reconocer el acontecimiento de la Resurrección y llevarlo al corazón, guardarlo como un tesoro.

Así pues, si bien el sepulcro vacío, los lienzos en el suelo, el sudario en su puesto doblado son signos, que para algunos podrían ser noticia de que el cuerpo no ha sido robado (porque ha quedado lo que lo enrollaba); para otros es el maravilloso inicio de una nueva Vida, una vida que se capta no al instante, sino que se experimenta cuando se deja tiempo para ver y para contemplar.

Celebrar la Resurrección del Señor es darnos el tiempo para reconocer las huellas de Vida, huellas sencillas, nada grandilocuentes (un lugar vacío, unas vendas en el suelo, un sudario doblado), huellas que quizás pasarán inadvertidas para algunos, pero para nosotros, desde nuestra fe, será la posibilidad de reconocer la novedad, pues es la fe la que nos permite descubrir que tras lo sencillo está la Vida. Huellas de entrega, huellas de servicio, huellas de testimonio y coherencia, huellas que permiten “ver y creer”.

P. Daniel Toro Candamil Sch. P.

 

Domingo 04 de Abril de 2021 | Domingo de Pascua

Juan 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

DANIEL TORO CANDAMIL

DANIEL TORO CANDAMIL

Escolapio

Religioso y presbítero escolapio de la Provincia Nazaret. Desempeña su ministerio en el Colegio Calasanz de Pereira, Colombia. Apasionado por el acompañamiento de los niños y jóvenes. Alegre, trabajador y comprometido con los procesos pastorales de la Provincia Nazaret.

No busquéis entre los muertos al que vive. Reflexión ante el anuncio de la Resurrección

No busquéis entre los muertos al que vive. Reflexión ante el anuncio de la Resurrección

La Vigilia pascual es la celebración culmen del año litúrgico. En ella celebramos en clima de escucha, de oración y júbilo el anuncio del acontecimiento por excelencia de la historia de la salvación que es base y contenido central de nuestra fe en Cristo Jesús. Marcos, en el evangelio de la Vigilia, nos ofrece un texto breve, sencillo y al mismo tiempo asombroso en la historia que relata. Protagonistas son las mujeres. Sabemos sus nombres: María Magdalena, María la de Santiago y Salomé. Las tres protagonizan una hermosa historia de amor apasionado hacia la persona de Jesús. Lo vieron morir, ajusticiado vilmente en cruz, el más humillante de los ajusticiamientos de aquellos tiempos; al ser descolgado de la cruz, ungieron con todo cariño su cuerpo destrozado para llevarlo al sepulcro; lo tuvieron que hacer con prisa porque el tiempo urgía terminar antes de iniciar la pascua de los judíos aquel mismo día.  Se apresuraron para honrar debidamente el cuerpo muerto de Jesús y redimir con sus perfumes y caricias aquel cuerpo ultrajado y despreciado a la vista de todos. Su amor era apasionado, valiente y manifiesto sin miedo a posibles burlas o risitas burlonas: pobrecillas aún lo adoran, a pesar de ser un blasfemo malhechor. Este era el lenguaje del odio, de la venganza, del atropello contra Jesús que les incomodaba por sus denuncias a sus vidas hipócritas, hechas de apariencias, pero corruptas por el poder religioso y político que era lo que más les atraía. Lo otro, la religión practicada, era solo un instrumento para conseguirlo aún sometiendo al pueblo sencillo creyente a cargas leguleyas que ellos no cumplían.

El lenguaje de las mujeres era todo lo contrario, no lenguaje de odió, sino lenguaje de amor. Amor que solo el corazón femenino sabe expresar con tanta ternura y dedicación. Lo que Marcos nos cuenta es, pues, una historia de gran amor. No es posible explicar el amor: solo se vive. Lo vivieron aquellas mujeres a cuyo amor Jesús correspondió con reservarles, las primeras, el anuncio jubiloso de su resurrección.  Amor con amor se paga. Amor que además las convirtió en apóstoles y mensajeras del anuncio: id a decir a sus discípulos y a Pedro que Jesús, vivo ya, les adelanta en el camino hacia Galilea, a recomenzar una historia nueva que superará la que allí también comenzó años atrás. Jesús vive para seguir dándonos vida.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

Sábado 3 de abril de 2021 | Vigilia Pascual

Marcos 16,1-7: Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.

Concurs: «Ideal man, ideal woman»

Concurs: «Ideal man, ideal woman»

El recurs a un concurs ens pot ajudar a fer comprendre els infants i el joves el «Aquí teniu el vostre rei» de l’evangeli d’avui.

Aquests dies del Tríduum tinc la sort escolàpia de poder participar en celebracions amb presència d’alguns infants i joves, i els seus pares. Penso que si una cosa l’entenen els nens, també la podran entendre i aprofitar els grans. A la inversa, penso que no es compleix. Per tant, permeteu-me, adults, que m’adreci als joves.

– (Qui presideix) Avui, farem un concurs! Sí, aprofitarem que estem retransmetent la celebració via internet per fer que totes les famílies de Granollers puguin seguir el concurs per la tele. El concurs es diu: «Ideal man, ideal woman». (Lectors adults, recordeu aquest recurs pastoral?) Es presentaran uns candidats i tots votarem la persona guanyadora.

(Es demanen cinc voluntaris i voluntàries, a cadascun se li dona un rol, escrit en un paper, i alguna cosa per disfressar-se.)

– (Es presenta el primer candidat. Es posa dempeus, davant de tots) Jo crec que mereixo guanyar el concurs, perquè tinc la que considero millor qualitat humana: és la força. Fixeu-vos quins bíceps! (Aplaudiments)

– (El segon candidat) Fixeu-vos en la meva qualitat, que és millor que qualsevol altra: soc una de les persones més riques del món. (Aplaudiments)

– (El tercer candidat) Em sap greu pels dos candidats anteriors, però la meva qualitat supera les anteriors: tinc una bellesa insuperable. (Aplaudiments)

(Es poden presentar altres candidats: poder polític, intel·ligència matemàtica, etc.)

– (Es presenta un darrer candidat. Va vestit normal, sense disfressar) Bon dia! Jo no m’havia apuntat al concurs, però, passava per davant i me n’he assabentat. Puc participar?

– (Qui presideix) Endavant, endavant!

– (Candidat darrer, desplega un full i llegeix) «El qui vulgui ser el primer, que es faci servidor de tots». Qui vulgui guanyar la seva vida, la perdrà, però qui l’haurà perduda per causa meva, la trobarà. Feliços el pobres; feliços els compassius; feliços el nets de cor; feliços els qui posen pau; feliços els perseguits pel fet de ser justos: Déu és al seu costat.»

P. Víctor Filella Muset Sch. P.

 

– (Qui presideix, crida aquest candidat; li posa al damunt una capa i una corona, que s’assembli a una corona d’espines, i el presenta a la comunitat.) Aquí teniu l’home! Pilat disfressa Jesús de rei i el presenta al poble, que vol la seva mort, amb la intenció de ridiculitzar-lo. El que no sabia Pilat és que Jesús és veritablement el rei, és a dir, qui ens mostra què és ser persona humana. Perquè, qui viu en l’amor viu en plenitud la seva condició d’home o de dona. Perquè som fills i filles de Déu, que és Amor. És Jesús qui ens ho ha fet comprendre.

Viernes, 2 de Abril de 2021 | Viernes Santo

Juan 18,1-19,42: Pasión de N.S. Jesucristo según san Juan

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venia sobre él, se adelanto y les dijo:
+. «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús:
+. «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+. «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó:
+. «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+. «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»
* Llevaron a Jesús primero a Anás
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contesto:
+. «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
+. «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy
C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida canto un gallo.
Mi reino no es de este mundo
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en le pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
+. «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mi; ¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó:
+. «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+. «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar:
S. «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido.
* ¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los saldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron:
S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De donde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
+. «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Lo crucificaron, y con él a otros dos
C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.»»
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está.»
Se repartieron mis ropas
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre
C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+. «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C. Luego, dijo al discípulo:
+. «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Está cumplido
C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+. «Tengo sed.»
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+. «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
*Todos se arrodillan, y se hace una pausa
Y al punto salió sangre y agua
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

VÍCTOR FILELLA MUSET

VÍCTOR FILELLA MUSET

Escolapi

Escolapi, nascut l’any 1966. Soc de Barcelona. La meva vida escolàpia ha transcorregut sempre a Catalunya, tret de 6 anys a la comunitat de Guanabacoa (Cuba). Actual, visc a la comunitat de Camp de l’Arpa (Barcelona) i treballo a l’Escola Pia de Mataró.

El amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado

El amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado

Sin duda, hay varias interpretaciones sobre esta lectura bíblica, que se pronuncia en la celebración de hoy, el Jueves Santo. William R. Farmer la interpreta como “el fruto maduro de la reflexión de la comunidad juanina sobre el significado de Jesús y su misión, y sobre las consecuencias de esto para ellos como discípulos.” Creo que esta interpretación nos puede ayudar a vivir el significado más profundo de nuestra celebración.

Hay dos cosas que se pueden ver aquí y entenderlas como la llamada de Jesús a sus discípulos, a nosotros. La primera es el modelo y la cualidad del amor de Jesús, “hasta el extremo”. El texto se abre diciendo sobre el cumplimiento de la misión de Jesús, de su “hora”. Sabemos el significado de la “hora” en este evangelio. En este contexto de la hora suya, Jesús se ciñó la toalla (13:4) y se puso a lavar los pies de sus discípulos y a secarlos (13:5). Dos actos que, según la tradición Judea, pertenecen a los esclavos no judíos. Jesús se ha humillado. Se ha hecho esclavo gentil, esclavo de los esclavos.

La segunda es la enseñanza que Jesús quiso dejar como su testamento a sus discípulos, como el modelo del discipulado que debieran seguir. No es de extrañar que Pedro se puso resistente delante del ejemplo de humillación que mostró Jesús (13:8a). Era inconcebible que el Hijo de Dios, el Rey esperado, el Mesías debió ser humillado tanto así. Jesús confrontaba a Pedro explicándole que dejarse lavar los pies por Él significa ser parte de Él y de su misión (13:8b). Más todavía, les explicó a todos que era el modelo del discipulado que Él espera de sus discípulos.

Ser discípulo de Jesús significa ser como Él, el siervo de los siervos, y participar en su misión de amar hasta el extremo, humillándose infatigablemente.

En este Jueves Santo, se nos invita a celebrar dos cosas inseparables: el amor infatigable de Jesús y nuestro discipulado humilde y humillado.

Jueves 01 de Abril de 2021 | Jueves Santo

Juan 13,1-15: Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

 

MARCELINO LEO

MARCELINO LEO

Escolapio

Soy un Escolapio de Indonesia, de la Provincia Betania. He pasado mis años de estudios y formación tanto en Filipinas como en España (Madrid). Actualmente, estoy trabajando en Atambua, Indonesia, cuidando la Comunidad y la formación de los novicios indonesios.

La inutilidad de la muerte

La inutilidad de la muerte

(La Pasión no es un relato, es una invitación a una experiencia personal única).

El acontecimiento más impresionante que he vivido en mi vida fue estar a los pies de un volcán activo que cada dos o tres minutos hacía estremecer las entrañas de la montaña y escupía rocas que en su recorrido de caída chocaban con otras y se partían mostrando su corazón anaranjado e incandescente ante nosotros. Costa Rica.

Les podría contar de mil formas diferentes la sorpresa, el temor, el sobrecogimiento que sentíamos los imprudentes testigos ante aquel acontecimiento, pero nunca podría provocar de la misma forma aquellos sentimientos en otra persona; la experiencia puede ser narrada y compartida pero no vivida por otros, de manera vicaria.

Algo así es la Palabra de hoy, la Pasión según el evangelista Marcos. Nos propone un itinerario que debería provocar una experiencia personal. “Faltaban dos días para la Pascua”. Este inicio nos prepara, no encamina, nos invita a acompañar a Jesús estos dos días donde se van a dar palabras, acciones y hechos que perdurarán para siempre en la mente y el corazón de sus discípulos, de los de entonces y de los de ahora. Estos dos días de Marcos es nuestra semana santa, el programa de vida al que somos invitados a participar. A lo largo de todo este camino: incertidumbre y confianza, soledad y compañía, violencia y ternura, muerte y vida. Tras el anuncio del complot, se nos llena la pituitaria del aroma agradable y gratificante del perfume que no podrá borrarse por más desencanto y miseria humana, porque el amor es el olor perdurable tras todo lo feo. El deseo de amistad, de encuentro e intimidad con los amigos en la última cena alimentará el ayuno de la traición y el vacío de la negación de los cercanos. La ineludible soledad de Getsemaní, el lugar humano donde reconocernos tan frágiles que solo Dios puede sostener una debilidad tan cruda: la oración como el último trago de agua en la cantimplora extenuada. La humillación de los procesos civil y religioso a Jesús son más la escenificación de una humildad que invita a ser contemplada, asumida y deseada: “Señor, dame esta certeza de saberme en tus manos”. Las burlas son los adornos de la insensatez humana que ante el testimonio callado del amor de Cristo se derriten como azucarillos en el agua tibia de la esperanza cierta. Y la muerte, inútil, radicalmente inútil a la mirada pragmática, consumista y materialista. El primer evangelio solo hace hablar a Jesús para expresar su confianza en su Padre: “Dios mío, Dios mío…”, va musitando el salmo que concluye en una espera confiada. Lo que apenas intuimos los creyentes lo proclaman los alejados con mirada limpia: “Verdaderamente era Hijo de Dios”. Y concluye con un fundido en negro tras depositar el cuerpo inerte del Salvador: “María Magdalena y María de José observaban dónde le colocaban”. Y con las mujeres, cada uno de nosotros somos invitados a observar, a contemplar la aparente inutilidad de muerte que dará paso al milagro de la vida.

P. Carles Such Sch. P.

Domingo 28 de Marzo de 2021 | Domingo de Ramos

Marcos 14,1-15,47: Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

[C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.»
Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados:
S. «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.»
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
+. «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.»
Prometieron dinero a Judas Iscariote
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?
C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
C. Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
+. «Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo
C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:
+. «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.»
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Seré yo?»
C. Respondió:
+. «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!»
Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la alianza
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
+. «Tomad, esto es mi cuerpo.»
C. Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
+. «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres
C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+. Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.» Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan, yo no.»
C. Jesús le contestó:
+. «Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.»
C. Pero él insistía:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.»
C. Y los demás decían lo mismo.
Empezó a sentir terror y angustia
C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
+. «Sentaos aquí mientras voy a orar.»
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
+. «Me muero de tristeza; quedaos aquí velando.»
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+. «¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+. «Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:
+. «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
Prendedlo y conducidlo bien sujeto
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. «Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien sujeto.»
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. «¡Maestro!»
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+. «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.»
C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumo sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:
S. «Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
S. «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?…»
C. Jesús contestó:
+. «Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.»
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
S. «¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?»
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. «Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
No conozco a este hombre que decís
C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
S. «También tú andabas con Jesús, el Nazareno.»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.»
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. «Éste es uno de ellos.»
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:
S. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.»
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. «No conozco a ese hombre que decís.»
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.]
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le pregunto:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+. «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.
Llevaron a Jesús al Gólgota y los crucificaron
C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+. «Eloí, Eloí, lamá sabktaní.»
C. Que significa:
+. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
* Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
José rodó una piedra a la entrada del sepulcro
C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.]

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

​Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.