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Y tú, ¿para qué trabajas?

Y tú, ¿para qué trabajas?

A lo largo de estos dos años de pandemia se han publicado los datos de contagiados y defunciones de cada país. A la par, han ido apareciendo voces de alarma sobre otra causa colateral a la pandemia que son las muertes por suicidio, que han crecido de manera exponencial. ¿Qué hay detrás de un suicidio? Ciertamente es una realidad compleja pero donde encontramos, tras los cuadros de depresión, desilusión, pérdidas afectivas… una escalofriante falta de sentido de la vida. ¿Para qué vivo y para quién vivo? Tiene también mucha conexión con el tema vocacional. Pues hoy, en el evangelio de este domingo, Jesús se responde a esta pregunta y asume como proyecto de vida lo que le mantendrá en su misión y en los momentos de dificultades hasta su propia muerte violenta.

El evangelio de hoy es una apelación a nuestra conciencia, es una pregunta clara que requiere de una respuesta sincera: ¿para qué trabajas? La respuesta que demos marca el horizonte de sentido de nuestra vida. Si la respuesta es para ganar dinero, cuando pierda esta capacidad de adquirir, mi vida dejará de tener sentido. Si la respuesta es para sacar adelante a mi familia, cuando falten, mi vida dejará de tener sentido… Entonces, ¿qué respuesta mantiene el sentido de una vida? Jesús responde a quienes le escuchan: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”

Trabajar impulsado por lo que Dios quiere de mí (bajo el impulso de su Espíritu), liberar de tantas esclavitudes que vivimos en nuestros contextos, anunciar Buena Noticia a los pobres y desheredados, ayudar a ver a los que no ven más allá y trabajar por la fraternidad universal (año de gracia del Señor), da sentido a la vida ocurra lo que ocurra, pase lo que pase.

Jesús en Nazaret, en su pueblo natal, hoy renace con la visión clara de su vocación y aquello por lo que dará su vida, pues solo el que está dispuesto a dar la vida por algo es capaz de mantenerse más allá de la muerte.

En este domingo se nos invita a sacudir la modorra del materialismo, de la productividad, del consumismo, de la búsqueda vana de gloria humana para renovar los fundamentos de nuestra vida y preguntarnos con seriedad: ¿para quién soy yo?

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3er Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 1,1-4.4,14-21.

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra.
Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír».
CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Los signos de Jesús son señales de la llegada del Reino de Dios

Los signos de Jesús son señales de la llegada del Reino de Dios

En el marco de una boda, Jesús comienza sus signos de salvación, acompañado por su madre María y los discípulos, es decir, en comunidad. En la boda ha faltado el vino, el motor de la fiesta y de la alegría. La comunidad, a través de María, le expone a Jesús el problema. La respuesta de Jesús es terminante: “Todavía no ha llegado mi hora”, es decir, el misterio salvador de su muerte y resurrección. Para conocer a Cristo, el Señor, hace falta, en el itinerario de la fe, la luz de la Pascua. La insistencia de María, de la comunidad, es clara cuando se dirige a los sirvientes, a aquellos que “no somos más que unos pobres siervos” (Lc 17, 10), y les pide “haced lo que él os diga”, ya que sólo Jesús tiene palabras de vida eterna (Jn 6, 68).

Siguiendo las normas de purificación había unas tinajas de piedra, ya vacías porque los asistentes a la boda se habían lavado para poder reunirse y comer. La Ley antigua ya no da más de sí, pero ha cumplido su misión pedagógica de conducir a la nueva Ley, la del amor de Dios, que se ha revelado en Jesucristo. Cumplido el mandato de Jesús, las tinajas ya están llenas de agua y se sirve su contenido, ya convertido en un vino exquisito. El encargado de la fiesta se sorprende de que el orden de servicio de los vinos ha sido alterado, ya que primero, para impresionar, se deben servir los mejores y cuando sólo interesa beber para continuar la fiesta, se distribuirán los de más baja calidad. Sólo desde la fe en el Resucitado se podrá percibir la novedad de la Buena Noticia.

La respuesta de la comunidad ante el signo no es otra que manifestar y acrecentar la fe en Jesús, el Señor, que ya comienza a manifestar su gloria, es decir, su misterio de salvación. Se va así afianzando el itinerario de la fe que llevará a la confesión y a la adoración de Dios, tras pasar por pruebas y dificultades, no exentas de desánimo y cobardía. Se clarifica así un poco más, si cabe, la misión de transmitir la fe, central en el carisma calasancio.

La celebración de la Eucaristía, anuncio del banquete del Reino, como memorial de la muerte y resurrección de Cristo, responde a la petición de la comunidad que desea ver crecer su fe para poder dar testimonio de Jesús y servir a los hermanos.

P. Enric Ferrer Sch. P.

Domingo 16 de Enero de 2022 | 2º domingo de tiempo ordinario

Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.» Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.» Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.» Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

ENRIC FERRER

ENRIC FERRER

Escolapio

Y, ¿quién es el que ha de venir?

Y, ¿quién es el que ha de venir?

El pueblo estaba expectante por saber si Juan era el Mesías (Lc 3,15).

El bautismo de Jesús se ha convertido en la respuesta a las expectativas de los hombres que anhelan desde lo más profundo de su ser experimentarse salvados, libres de todo tipo de ataduras que oscurecen tanto su caminar como la construcción de un verdadero sentido para el desarrollo de sus vidas: las injusticias entre los hombres, las cegueras, los torrentes que arrasan lo valioso de los seres humanos, las pérdidas de libertad, la falta de educación para todos los niños y jóvenes del mundo,… aclaman por una respuesta que ayude a resolver los grandes desafíos de la humanidad.

Jesús, que recibe un bautismo de conversión ofrecido por Juan el Bautista, redimensiona el contenido del mismo al recibir en este el Espíritu de Dios; de esa forma el Bautismo, a partir del bautismo de Jesús, no solo perdona, prepara y dispone para Dios, sino que regala el mismo Espíritu de Dios, quien será la respuesta a las expectativas de los hombres.

“Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”: Jesús es el cumplimiento de la promesa, es el elegido (el Siervo) a quien sostengo, en quien está Dios y en quien Dios mismo se complace (cfr. Isaías 42,1) porque trae su justicia y está trabajando en el mundo y en nuestras vidas hasta que la alcance plenamente. El Bautismo del Señor revela la verdadera vocación de Jesús: ha venido al mundo para trasmitirnos el Espíritu de Dios y para enseñarnos a vivir con el fuego de dicho Espíritu que nos salva, ilumina y fortalece.

Nuestros niños y jóvenes van a nuestras escuelas y obras buscando aprender las claves esenciales de la vida que les permita situarse y desenvolverse en el mundo y, por ello, nuestra misión, nuestra principal misión, es que conozcan la manera cómo se manifiesta el Espíritu Santo, descubran que este es el verdadero guía de la vida y aprendan a seguir sus designios. Que a lo largo de este año hagamos el camino con los niños para ayudarles a profundizar en la fe, mostrándoles a Jesús como referencia fundamental para la salvación de sus vidas.

P. Juan Carlos Sevillano Gutiérrez Sch. P.

Domingo 9 de Enero de 2022 | Bautismo del Señor

Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espiritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

Juan Carlos SEVILLANO

Juan Carlos SEVILLANO

Escolapio

Las cosas del Padre

Las cosas del Padre

“¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”

La familia es lugar de revelación y realización del Misterio de Salvación. Esto implica que la familia es imagen del Dios Amor y lugar para vivir el Amor de Dios. No es simplemente una institución social para regularizar las relaciones afectivas y la crianza de la prole. La familia, en el plan de Dios, es experiencia profunda de la intimidad de Dios, de la relación trinitaria de amor pleno, y esa experiencia, la cual es conocimiento de Dios, se constituye en fuente de una manera de ser y existir haciendo relaciones de amor pleno. Ese amor pleno es el que transforma la relación conyugal en gozo, y es, ante todo, lo que permite que hijos e hijas no vengan al mundo simplemente para existir, sino para ser lo que tienen que ser, para no ser heridos en el alma (como tantos niños y niñas de familias destrozadas), sino para cumplir y realizar su misión.

Vivir es descubrir la propia vocación y realizarla en plenitud. La vocación no es otra cosa que hacer la obra del Padre, encargarse de sus cosas. El tipo de amor a Dios infantiloide que solemos manejar, pide a Dios que haga lo que se supone Él tiene que hacer, cuando a la luz del Evangelio, es Dios quien nos pide a nosotros que hagamos su obra. La Sagrada Familia de Jesús, José y María es el lugar donde ese niño, ahora adolescente, crece en lo que hay que crecer, en sabiduría, en estatura, y en gracia y ello ante los ojos de los hombres, pero sobre todo, ante los ojos de Dios. Ese crecimiento en lo fundamental es lo que permite un interno y profundo descubrimiento de aquello que Dios anhela y lo que da la fortaleza y resolución para comprometer la vida realizando ese deseo divino. El adolescente Jesús, gracias al amor de esa familia que le ha permitido crecer en lo importante, descubre que las cosas del Padre, esas cosas que tienen que ver con la bondad, la verdad, la belleza y la misericordia, merecen realizarse con urgencia y determinación. Y sin esperar, entrega el final de su niñez y el comienzo de su juventud para recorrer un camino que ha de culminar en la total entrega, pues esa total entrega es, en últimas, la cosa del Padre: el amor hasta el extremo.

P. Juan Jaime Escobar Valencia Sch. P.

Domingo 26 de Diciembre de 2021| La Sagrada Familia

Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Él les contesto: «¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

 

 

JUAN JAIME ESCOBAR

JUAN JAIME ESCOBAR

Escolapio

Colombiano, con cuarenta años de vida religiosa y treinta y tres de sacerdocio. En todos esos años, dedicado a la pastoral juvenil, especialmente al trabajo de Retiros Espirituales y acompañamiento personal. Formador de familia y filósofo de la educación.
“Miran cómo nos ama el Padre”

“Miran cómo nos ama el Padre”

Así lo afirma la lectura de la primera Carta de Juan, y agrega: “Podemos acercarnos a Dios con plena confianza”. Se trata en estos días de Navidad (Octava) de aprender a mirar a contemplar y también por ello poder confiar. En un mundo plagado de desconfianza se nos invita a confiar. Confiar como los niños confían y descansan en los brazos de su madre según el salmo. Así descansa el Niño en los brazos de María en este bendito día de su encarnación.

La confianza nos la brinda un hecho, el hecho de que Dios libérrimamente ha optado por venir a salvarnos enviándonos a su Hijo y lo contemplamos en estos días pequeño e indefenso en las manos de su Madre. Ése es el signo que como los Pastores debemos encontrar. Allí, en los brazos de la Madre, lo podemos contemplar y encontrar cercano, entre nosotros y por nosotros. Vino para tí, por tí y te invita a que lo recibas en tu vida, en tu corazón. 

Entrar en el misterio de ese Pesebre y de ese hogar familiar nos ayuda a vivir la confianza plena en su amor y nos hace reflexionar la capacidad de perseverar en la fe hasta el momento propicio, el Kairós del Señor. Ese tiempo cronológico que tantas veces nos hace zozobrar o desesperarnos cuando no llega lo que anhelamos o lo que entendemos debe ocurrir. 

Dios es fiel, no nos quedan dudas y si miramos a José y a María junto a Jesús somos capaces de aprender cómo vivir la esperanza y la fe, la confianza plena en la obra de Dios que con pequeños y sutiles pasos, esa “suavidad con la que gobierna el mundo” (Const. Cal. 3), dirige nuestra historia.

Esa familia bendecida por Dios con el encargo de hacer crecer en estatura, sabiduría y gracia al Niño Jesús, es modelo y estímulo de cada familia creyente y también de cada Escuela Pía en tantos lugares del mundo. Ellos tienen como centro el designio del Padre, abren sus vidas a la confianza en su Obra Providente. 

Las Escuelas Pías también confían en reconocerse “obra de Dios” (Const. 1) y por eso pueden seguir a su fundador en su santo “atrevimiento” con “tesonera paciencia”. En el Pesebre renovamos los escolapios ser “Pobres de la Madre de Dios”  (Const. Cal. 4) y nos disponemos a seguir siendo “Cooperadores de la Verdad” (Const. Cal. 3) al servicio suyo.  Estamos para el Niño Jesús guiados por la Madre de Dios. 

Pidamos en este Navidad, entonces, la confianza plena en el amor de Dios y renovemos en esta época tan convulsionada nuestro ministerio por amor a los niños, especialmente a los más pobres y pequeños, donde sabemos que está Jesús (Const. Cal. 4). 

P. Sergio Daniel Conci Magris Sch. P.

Sábado 25 de Diciembre de 2021 | Natividad del Señor

Misa del día 

Juan 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

 

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

SERGIO CONCI

SERGIO CONCI

Escolapio

Escolapio de la Provincia de Argentina, desempeña su misión allí, concretamente en la Ciudad de Córdoba. Exalumno Escolapio entró en la Orden a los 17 años y lleva 25 años como religioso Escolapio.

Es Doctor en Educación y se desempeña como docente y director del nivel medio y también como Asistente del P. Provincial en el área de Ministerio Escolapio.

Alegría en el servicio

Alegría en el servicio

La vida moderna, llena de afanes y prisas, no nos permite siempre detenernos por un instante para observar con calma tanto lo que sucede en nuestro interior, como lo que pasa en la vida de los otros, especialmente de los más necesitados. Nuestro lenguaje cada vez tiende más al individualismo, al egocentrismo. Incluso si nos viéramos en un espejo con el móvil en la mano u observando la pantalla del ordenador, nos daríamos cuenta de que nuestra posición se parece a la de la caparazón del caracol que se va encerrando poco a poco en sí mismo. Gente en los restaurantes que no se habla por estar pegados a sus móviles, padres de familia que no saben cómo criar a sus hijos y les dan una Tablet o un móvil para que no molesten, jóvenes y también adultos absortos en juegos on-line en sus dispositivos que se encierran en sí mismos, personas al volante que ponen sus vidas y las de los demás en riesgo por la prisa de revisar las notificaciones de los mensajes que llegan, música a alto volumen en los audífonos de tantos para no dejar que el “ruido” de fuera los disturbe o distraiga…

Esta radiografía de tantas personas en el mundo de hoy, hace difícil que haya más oportunidades de abrir el corazón con alegría por la venida del Señor que se manifiesta en tantas maneras, circunstancias y personas, pero que perdemos la oportunidad de encontrarlo en ellas por estar absortos en nuestro pequeño mundo pseudo-virtual.

María, en su época, podría haberse llenado de justificaciones como sus quehaceres cotidianos, su propio embarazo, el riesgo de un viaje, la inexperiencia sobre el tema de los partos, etc., para no ir donde su prima Isabel. Sin embargo, como se había manifestado abierta a hacer la voluntad del Padre, también se muestra en el evangelio de este domingo dispuesta a salir de su zona de confort para ir al encuentro de una persona mayor que necesitaba ayuda. Primó para ella el bienestar de los demás sobre el suyo. Lo hizo a prisa, no con pereza. Y esto llevó una gran alegría tanto a Isabel como al niño que estaba en su vientre. La bondad transforma, alegra, pacifica, fortalece y anima a quien la da y a quien la recibe.

Que este último domingo de Adviento, antes de celebrar la Navidad, sea un momento para que todos nosotros reafirmemos nuestro compromiso de seguir en la construcción del Reino de Dios para que Jesús, tomando forma y vida en nuestros corazones y a través de nuestras manos, pueda seguir haciendo el bien a todas las personas que encontremos por el camino, bendiciéndolas y alegrándolas profundamente.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 19 de Diciembre de 2021 | Domingo 4º de Adviento

Lucas 1, 39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.