Estamos finalizando año y toca reiniciar nuevo año. Podemos añorar –prefiero mejor decir recordar con agrado- los buenos momentos y experiencias vividos en este año 2022. Pero también no perder memoria, aunque no deberá ser enfermiza, de las dificultades y pruebas sufridas, los acontecimientos que nos han supuesto sufrimiento. Pero seguimos optando por la vida y esto significa que, cuando se acaba una etapa, se reinicia una nueva.
El reiniciar lo uno con el “renacer de nuevo” que pide Jesús a Nicodemo (ver Jn 3,1-15). Para el evangelio “renacer” es obre del Espíritu y en el ser humano empaparse del mismo. En efecto, el sentido evangélico de ser espiritual no es el estar despegado de las cosas materiales, es decir espiritual como lo opuesto a lo material, sino en la conducta estar guiado por el Espíritu Santo o escuchar sus insinuaciones y llevarlas a la práctica. La voz del Espíritu tiene muchos altavoces, no ruidosos ciertamente, pero si sugerentes en los aconteces de la vida y en las sensaciones internas de cada uno.
Si miramos el “reiniciar” como cosa humana podemos entenderlo como modo de entender nuestra vida en las circunstancias cambiantes de la misma y de los acontecimientos exteriores y también como de no pararse en el camino sino seguir caminando hacia adelante haciendo realidad presente nuestro sueños, deseos, ilusiones, planes de vida, empeño por cambiar nuestra sociedad hacia una sociedad más solidaria y humana. Reiniciar no es volver a tomar las cosas pasadas en sus inicios y seguirlas repitiendo. Lo veo mejor como en clave de fidelidad creativa, es decir sin perder la memoria de las cosas pasadas, buenas o no tan buenas, pero innovando al ritmo del desarrollo personal y de los cambios sociales. Si nos referimos a la clave evangélica, impulsar toda renovación personal hacia la imitación de Jesús y, dejando la indiferencia ante lo que pasa en la Iglesia, aportar impulso a su necesaria renovación.
Reiniciar es por tanto construir nuestra vida espiritual.
P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA
Escolapio