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Seguir a Jesús

Seguir a Jesús

“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo”. El seguimiento a Jesús implica un cambio de mentalidad, un cambio de ideas y paradigmas para poder renunciar a uno mismo. ¿Qué buscamos al seguir a Jesús? ¿Privilegios? ¿Estatus? ¿Admiración y aplausos de la gente? ¿Buscamos que todo marche bien, sin problemas ni obstáculos, acomodando ese seguimiento a nuestra medida?

El Evangelio de este domingo corresponde al primer anuncio de tres -en el evangelio según San Mateo- que hace Jesús de lo que padecerá en Jerusalén: un anuncio que deja sorprendidos a los discípulos. Recordemos que el domingo pasado escuchábamos aquella profesión de fe que hace Pedro: “tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”, ahora, la reacción de Pedro es de querer evadir a su Maestro de lo que acababa de anunciarles: “¡No lo permita Dios, Señor!” Pedro, a pesar de haber confesado anteriormente que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, sigue sin entender en qué consiste realmente ese mesianismo. La respuesta de Jesús a Pedro nos puede impresionar: “apártate de mí, Satanás” aunque literalmente su traducción es “atrás de mí” quizá haciendo alusión a que Pedro fuera consciente que es discípulo, el cual ha de ir atrás de su Maestro para seguirlo. Más adelante sigue una gran condición que da Jesús para seguirle: renunciar a sí mismo y tomar su cruz.

Seguir a Jesús implica renunciar a uno mismo y esta renuncia no se trata precisamente olvidarse de la dignidad que se posee como persona, como hijo de Dios, sino más bien de saber colocar en su justo lugar las cosas, dando prioridad a lo que en verdad es importante alejando los obstáculos que hacen incompatible el seguimiento de Jesús: el orgullo, la vanagloria, la vanidad, la soberbia, el sentirse autosuficiente, el buscar privilegios y un lugar ante la sociedad a costa de los demás, etc.

“¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?” ¿Cuál es el sentido de querer tenerlo todo y estar vacío por dentro? Un seguimiento de Jesús a medias queriendo ganar el mundo entero no sirve en realidad; se trata de todo, darlo todo en el seguimiento. Puede sonar duro, incompatible ante lo que presenta la sociedad actual, donde se presenta el éxito, la gloria, el poder y riqueza, el estatus y la victoria, y no es que Jesús nos pida quedarnos estáticos o no superarnos como personas para alcanzar nuestras metas y objetivos, sino que el problema está presente en aquello que ponemos primero: ¿el Reino de Dios, siendo fieles a la propia convicción de fe, o las pretensiones de grandeza, traicionando esa convicción? Por ello, la advertencia de “quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” va en esa misma tónica de ser fieles a Jesús, siguiéndolo, aún a costa de las posibles consecuencias que traiga que, como en Él, espera la cruz, pero seguros de que está la promesa: hallar la vida que en verdad tiene sentido. La invitación está, pues, en tener presente las palabras de Jesús de que “el que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo”.

Justino Abdiel Rodríguez Conde, SchP

Domingo, 3 de septiembre de 2023 | XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Mt 16, 21-27: Que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

 JUSTINO ABDIEL RODRÍGUEZ CONDE

JUSTINO ABDIEL RODRÍGUEZ CONDE

Piariste

Originario de Coatepec, Veracruz (México). Junior de la Provincia de México. Licenciado en Filosofía, estudiante de la licenciatura en Teología y de la Maestría en Innovación Educativa. Apasionado por la educación, admirador de la naturaleza y agradecido con Dios.

Junto al otro

Junto al otro

El acompañamiento (en el aspecto humano y espiritual) trata de compartir, y compartir propiamente la vida, ayudar a vivirla y lograr que se disfrute, llevando a la persona hacia Dios ayudando a reconciliar la vida y el pasado. El ministerio del acompañamiento humano y espiritual es una labor hermosa pero delicada: hermosa por compartir con el otro la experiencia tenida logrando abrir el corazón, delicada porque supone entrar a terreno sagrado.

En el acompañamiento ha de haber la apertura al otro como misterio que es, y esto no es como sinónimo de algo oculto sino de algo sagrado. El hermano, el acompañado, al abrir su corazón, deja entrar a un terreno sagrado, a una zona donde pocos pueden transitar y que amerita mirada de misericordia y, precisamente, el acompañamiento es un acto de misericordia.

Un paradigma principal -y primordial- dentro del acompañamiento es tener la misma actitud de Jesucristo, quien acompañaba a sus discípulos y seguidores, sacando lo mejor de ellos y ayudándolos a encontrar lo mejor. Jesús, como modelo de acompañante, nos muestra lo que es estar cercano a los demás: comer con ellos, compartir sus penas y gozos, tristezas y alegrías, alientos y desalientos; un Jesús que no le importaba “contaminarse” ritualmente, sino que se atrevía a tocar, a abrazar, a mirar, a hablar… 

Acompañar es ir junto al otro, caminar a su lado: así como el Paráclito -desde su definición etimológica- que es quien camina junto a alguien, de esta manera el acompañante ha de ser, de tal forma que no impulse desde atrás sin querer involucrarse, ni desde enfrente como un simple guía siendo paternalista o conformándose con dar indicaciones; se trata de ir a un lado, siendo todo en todos por Cristo.

Acompañar es un arte y un arte se aprende y mejora continuamente con la práctica. Así, pues, el hecho de acompañar al otro en los momentos clave de su vida supone entender aquello que él está viviendo y pasando. Y si en estos momentos de la vida se cuenta con alguien en quien se pueda confiar, que pueda escuchar y orientar, la vida se torna más llevadera.

Justino Abdiel Rodríguez Conde, SchP

 JUSTINO ABDIEL RODRÍGUEZ CONDE

JUSTINO ABDIEL RODRÍGUEZ CONDE

Piariste

Originario de Coatepec, Veracruz (México). Junior de la Provincia de México. Licenciado en Filosofía, estudiante de la licenciatura en Teología y de la Maestría en Innovación Educativa. Apasionado por la educación, admirador de la naturaleza y agradecido con Dios.

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