El acompañamiento (en el aspecto humano y espiritual) trata de compartir, y compartir propiamente la vida, ayudar a vivirla y lograr que se disfrute, llevando a la persona hacia Dios ayudando a reconciliar la vida y el pasado. El ministerio del acompañamiento humano y espiritual es una labor hermosa pero delicada: hermosa por compartir con el otro la experiencia tenida logrando abrir el corazón, delicada porque supone entrar a terreno sagrado.
En el acompañamiento ha de haber la apertura al otro como misterio que es, y esto no es como sinónimo de algo oculto sino de algo sagrado. El hermano, el acompañado, al abrir su corazón, deja entrar a un terreno sagrado, a una zona donde pocos pueden transitar y que amerita mirada de misericordia y, precisamente, el acompañamiento es un acto de misericordia.
Un paradigma principal -y primordial- dentro del acompañamiento es tener la misma actitud de Jesucristo, quien acompañaba a sus discípulos y seguidores, sacando lo mejor de ellos y ayudándolos a encontrar lo mejor. Jesús, como modelo de acompañante, nos muestra lo que es estar cercano a los demás: comer con ellos, compartir sus penas y gozos, tristezas y alegrías, alientos y desalientos; un Jesús que no le importaba “contaminarse” ritualmente, sino que se atrevía a tocar, a abrazar, a mirar, a hablar…
Acompañar es ir junto al otro, caminar a su lado: así como el Paráclito -desde su definición etimológica- que es quien camina junto a alguien, de esta manera el acompañante ha de ser, de tal forma que no impulse desde atrás sin querer involucrarse, ni desde enfrente como un simple guía siendo paternalista o conformándose con dar indicaciones; se trata de ir a un lado, siendo todo en todos por Cristo.
Acompañar es un arte y un arte se aprende y mejora continuamente con la práctica. Así, pues, el hecho de acompañar al otro en los momentos clave de su vida supone entender aquello que él está viviendo y pasando. Y si en estos momentos de la vida se cuenta con alguien en quien se pueda confiar, que pueda escuchar y orientar, la vida se torna más llevadera.
Justino Abdiel Rodríguez Conde, SchP

JUSTINO ABDIEL RODRÍGUEZ CONDE
Piariste
Originario de Coatepec, Veracruz (México). Junior de la Provincia de México. Licenciado en Filosofía, estudiante de la licenciatura en Teología y de la Maestría en Innovación Educativa. Apasionado por la educación, admirador de la naturaleza y agradecido con Dios.