+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net

No hace falta decir que vivimos, al menos en nuestro mundo más próximo pero también en muchas partes lejanas, un ritmo acelerado de vida, de prisas, a veces con ansiedad, de “corre ve y dile” en amplísima oferta de informaciones y noticias, verdaderas y falsas, que se filtran tantas veces sin diferenciación entre unas y otras. Tan poco hace falta citar realidades que constituyen motor u objeto de esta aceleración vital: las conocemos, las usamos, nos enganchan, nos dan libertad pero también mucha dependencia y hasta esclavitud. ¿Frenar para llevar un ritmo más sano y humanizado? ¿Introducir sosiego en la vida social, asociativa, laboral, vacacional, como individuos y como grupo humano? ¿Cómo conseguirlo? No tengo respuesta hecha. Solo señalo pistas, pero deteniéndome únicamente en la especificidad de este blog: la espiritualidad.

“La espiritualidad da paz interior” (Teilhard de Chardin, SJ, 1881-1955). Porque dar a nuestra vida una cadencia sosegada requiere gozar de paz interior. Donde hay tensión interna, disconformidad agresiva con sí mismo y con los demás, rechazo permanente de todo lo que nos rodea y del ambiente en el que vivimos, ya sean personas, ya sean situaciones, entran ansiedades y prisas que desazonan a uno y transmiten a sus ambientes un ritmo acelerado imaginando que corriendo se llega antes a las metas, cuando muchas veces ignoramos cuales son las que convienen.

La espiritualidad no es refugio o huida de la vida en su variada realidad, en lo malo y en lo bueno. La espiritualidad no es aislamiento que cultiva la egolatría y la autodefensa ante los demás, considerados adversarios o enemigos. Por el contrario la espiritualidad es una puerta abierta para salir hacia afuera (la Iglesia “en salida” de la que señala el Papa Francisco para su presente y futuro), puerta abierta para no dejarnos dominar por la autorreferencialidad que hace creernos los mejore y por encima de los otros. La espiritualidad es dejar entrar en nuestra experiencia la experiencia de los otros, sus valores y sus cosas positivas, darles entrada para mejorar tomando enseñanzas de ellos.

Para liberarnos de las prisas dañinas, va bien poner reposo en nuestra casa, en nuestra alma. Una casa sosegada da posibilidad de sentirse bien y crear ambiente de paz.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.