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The ruined church. A testament to faith amidst the waves

The ruined church. A testament to faith amidst the waves

Standing solemnly along the shores of Xương Điền, Hải Hậu district, Nam Định, Việt Nam. The Ruined Church is a silent witness to both history and the unrelenting power of nature. Once a sacred place of worship, it now stands in ruins-a hauntingly beautiful reminder of time’s passage and the resilience of faith in the face of destruction.

A Church Lost to the Sea

Built in the late 19th century, the church, originally named the Sacred Heart Church, was a magnificent Gothic structure with high vaulted ceilings, stained-glass windows, and intricate carvings. It was not just a place of worship but also a spiritual sanctuary for the local Catholic community. However, over time, coastal erosion and rising sea levels began to threaten the land it stood on. As the sea encroached further inland, homes and buildings disappeared beneath the waves. The church, once surrounded by a thriving village, was gradually abandoned. Today, only its skeletal remains stand, enduring the wind and tides like a relic of a bygone era.

Nature’s Force and the Test of Faith

The church’s downfall was not merely an architectural loss but also a testament to the struggle between man and nature. Rising sea levels, intensified by climate change, have caused severe erosion along the Nam Định coastline, washing away the foundations of many historical sites. Powerful storms and high tides have further battered the church, leaving it in its current state-roofless, eroded, and exposed to the elements.

Yet, amid this destruction, the church remains a powerful symbol of faith. Though its walls have crumbled, the spirit of the place endures. Pilgrims and visitors alike are drawn to its ruins, finding in its weathered stones a reminder of human perseverance and divine providence. The image of the church standing against the vast ocean evokes the Christian belief in hope, endurance, and the eternal presence of God, even in the face of devastation.

The Ruined Church of Nam Định is more than a relic-it is a spiritual monument, a bridge between the past and present, and a testament to faith that withstands even the fiercest storms.

Prayer:

Heavenly Father, bless this sacred place, worn by time and tide, Yet still a beacon of faith and hope. May it remind us that though all things fade, Your love endures forever. Amen.

Synoptic:

The Ruined Church of Nam Định, eroded by the sea, stands as a symbol of faith’s resilience. Though time and nature have worn it down, it remains a testament to hope and God’s enduring presence. 

VAN LUC TRAN

VAN LUC TRAN

Piarist

Br. Tran Van Luc Sch. P. hails from the Archdiocese of Hanoi, Viet Nam. He is a Marketing graduate, joined the Piarist Fathers in 2014. He took Philosophy units at the Adamson University and Certificate for Practical Social Skills Class at HCMC Youth Employment Service and Vocational Training Center. He is the writer of several books, like, “Hanh Phuc & Khon Ngoan; Tien Van Tam-Nha Giao Duc…” Currently, he is taking Master of Arts in Theological Studies (MATS) – Maryhill School of Theology.

 

La Toussaint: une vision claire, un chemin clair

La Toussaint: une vision claire, un chemin clair

La célébration de « Tous les Saints » est pour nous un projecteur. Car, elle projette nos cœurs et nos yeux vers le  telosde notre espérance, en donnant à notre vie présente, de voir le futur vers lequel chemine notre espérance croyante. En bref, la Toussaint donne à notre esprit une vision claire, mieux, l’horizon de notre futur.

Saint Jean (Ap 7, 2-4.9-14) parle de deux visions introduites par le verbe « voir » :

  • La première éclaire notre esprit sur l’union entre la liturgie céleste et la liturgie terrestre. Les sacrements que nous célébrons sur terre marquent nos âmes pour la gloire du ciel. Chaque fois que l’Eglise se rassemble pour célébrer, les « saints » sur terre (comme saint Paul appelle les « chrétiens » dans Rm 1, 7 ; Col 1, 2 ; Eph 1, 1), et les saints dans la gloire du Père s’unissent. Dans chaque acte liturgique cette union est réelle.
  • Deuxièmement, Jean donne une vision de ceux qui sont appelés à cette communion avec Dieu : TOUS ! Tous, sont appelés à la gloire du Père, ceux qui ont reçu le sceau d’une vie sacramentelle (les fidèles) et ceux chez qui nous ne reconnaissons pas une telle marque (les non-baptisés, les non-croyants). Ceux qui sont reconnus officiellement (comme Calasanz, Anuarite, Charles Lwanga….) et ceux qui ne le sont pas, mais dont les exemples de vie dans nos villages et villes sont indiscutables (les non proclamés sur l’autel consacré).

Nous sommes tous appelés à la sainteté ; tous appelés à blanchir nos robes c’est-à-dire, purifier nos cœurs, nos comportements et nos mentalités. Seulement de cette façon pouvons-nous être « semblables » à Lui (1Jn3, 3), et reconstituer un saint peuple des hommes et des femmes qui s’écoutent et s’accueillent mutuellement, synodalement et inter-culturellement ; conscient que Dieu lui a donné un amour tellement grand (1Jn3, 1).

Au départ, nous avons donc une claire vision de Dieu et ses mystères révélés en Jésus-Christ ; et à l’arrivée, notre finalité : être semblables à Dieu quand nous Le verrons. Entre ces deux points, il faut passer par un processus de bonification, en pratiquant les Béatitudes. Ces bonnes attitudes que Jésus enseigne sont le chemin clair de notre bonheur présent et futur.

Il faut apprendre la pauvreté du cœur, la douceur, le regret du péché du monde, être miséricordieux, affamés et assoiffés de justice, passer par la contradiction, la persécution à cause du Christ, pour pouvoir vivre la paix et le bonheur véritables. En plus d’être un chemin de vie heureuse, les Béatitudes sont des bénédictions que Jésus offre à toute l’humanité : heureuse seras-tu, humanité, quand tu retrouveras ces vraies voies du bonheur durable, ces voies de sainteté!

ADALBERT FOUDA

ADALBERT FOUDA

Piariste

Né à Yaoundé. Religieux et prêtre piariste. Exerce actuellement son ministère à Libreville comme enseignant de mathématiques et religion au Collège Calasanz; et vicaire de la Paroisse. L’enfant c’est ma passion!
Sólo Dios conoce lo que somos

Sólo Dios conoce lo que somos

Podemos conocer lo que los demás son, si conocemos a Dios, porque sólo Dios conoce lo que somos (Mt 16, 13-20)

No siempre lo que dicen las personas sobre nosotros es lo que implícitamente somos. Ésta afirmación se puede corroborar en la primera pregunta de Jesús sobre ¿quién dicen los hombres que es el hijo del hombre? Ninguna de las respuestas era verdadera, porque Jesús no era Juan el bautista, ni Elías, ni Jeremías, pero cada respuesta refleja lo que cada vivía en su interior, en su experiencia con la vida.

El texto presenta a Jesús alejándose del rechazo que Fariseos y Saduceos habían generado contra su persona y adentrándose a la región de Cesárea de Filipo. Esta zona se encuentra a 30 km al norte de Galilea. La historia establece que fue una zona fundada por Filipo, hermano de Herodes. La perícopa es parte de lo que algunos comentaristas definen como la quinta parte del evangelio, la de la formación de los discípulos. Jesús plantea una agenda instruccional. A mi juicio, lo hace al estilo de Sócrates cuando reunía a sus estudiantes y los sometía a su pedagogía basada en preguntas y respuestas, la llamada mayéutica. En el caso de Jesús, somete a sus discípulos a dos preguntas que implícitamente son una especie de prueba. Es probable que estas preguntas de Jesús tuvieran el propósito de verificar hasta donde sus discípulos estaban al tanto de la opinión pública en relación a su identidad.

La primera pregunta es al estilo general, es decir (los) que es pronombre personal plural: ¿quién dicen los hombres que es el hijo del hombre? Jesús no utiliza en este texto la primera persona  como en Marcos, sino que se refiere a él mismo en tercera persona, como hijo del hombre. Dicho concepto se ha interpretado tradicionalmente como un título mesiánico, como una sugerencia más que una afirmación explicita. Las respuestas son varias: Juan el bautista, Elías… de este modo Jesús es identificado con personas del pasado. Y cada respuesta tiene su razón de ser, es decir, las respuestas no vienen a lazar sino que tienen una razón profunda, por ejemplo Juan el Bautista que fue asesinado por Herodes y la respuesta viene de este círculo.

La segunda pregunta va dirigida directamente a sus discípulos, que han estado con él durante un tiempo extenso: y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro responde: tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente. La respuesta de Pedro a Jesús implica que Pedro tenía una buena relación espiritual con Dios, es por esto Jesús afirma que: esta respuesta no te ha sido revelada por carne ni sangre, sino por mi Padre que está en los cielos. ¿Qué significa esto? JESUS  aclara que la percepción espiritual expresada por Simón en dicha confesión no era el resultado de una deducción humana, de carne y sangre, sino que era el resultado de una revelación de Dios Padre. Pero no significa que la respuesta de Pedro se haya dado en el vacío. Es el producto de una fe que ha venido formándose en el camino con Jesús.  Es una respuesta madura que brota del corazón de Pedro, y nosotros, ¿que será nuestra respuesta frente a esta pregunta?  La confesión de Pedro hace referencia a lo que ocurre cuando confesamos a Jesús como el Cristo. Se nos otorga una nueva identidad que se ve reflejada en un nuevo hombre. A Simón se le llamó Pedro no solo para que tuviese memoria de aquel evento en su vida, sino para darle un nuevo propósito y misión: tú eres Pedro, y sobre esta roca edificare mi iglesia. En este sentido, cuando Jesús nos llama, no lo hace solo para que creamos en él, nos llama para servirle en medio de los demás, para servirle a través los jóvenes, para servirle en una institución: Escuelas Pías, para servirle en una comunidad concreta.

Desiderio EDU OSA NZANG    

DESIDERIO EDU OSA NZANG

DESIDERIO EDU OSA NZANG

Escolapio

Nacido en Guinea, Buscando en el interior de mí lo que estoy llamado a hacer y compartirlo con los demás.
Crisis: merma y crecimiento

Crisis: merma y crecimiento

Estamos en una crisis  grave  que  repercute de una u otra forma en todo el mundo. Es bien conocida de todos en todos sus elementos y formas, que por ello no hace falta evocar aquí. Pero hemos aprendido que, de toda realidad buena o mala, se puede sacar algo positivo y valioso, sobre todo en la construcción de nuestra vida interior. De la realidad de la crisis, tan preocupante e intranquilizadora por otra parte, podemos incorporar en nosotros algo enriquecedor y positivo, afrontando nuestro vivir cotidiano. Sin duda, la crisis es una merma reseñable de recursos, algunos básicos y necesarios. La falta de recursos deriva en carestía y esta a su vez en preocupación y desánimo cuando no se le ve, como es el caso actual, la luz al final del túnel. Es un dicho antiguo y de siempre actualidad que lo último que se pierde es la esperanza. Y todos deseamos no perderla nunca. Las cosas deseadas y vividas se fortalecen cuando son sometidas a prueba. También la esperanza se ve sometida a prueba algunas veces como es el caso de las crisis actuales. Entremos sin miedo en ese ejercicio espiritual que nos ofrece una esperanza puesta a prueba. Va a salir favorecida y más robusta. En su caso también liberada de visiones facilonas porque todo parece ir bien y viento en popa.

Por ello, al lado de la merma que está suponiendo la actual crisis que vive el mundo, y más los países empobrecidos, hay que poner el crecimiento. Estancarse en la vida no es bueno, aunque tengamos que descansar, que también es bueno y necesario junto al trabajo. El equilibrio de actividad y descanso debe acompañar toda la vida, en todas sus etapas. La muerte incluso, al menos desde la perspectiva cristiana, es una puerta abierta a la esperanza soñada, gozar de una vida plena y sin velos con Dios. La crisis vivida sea, por tanto, ocasión de fortalecernos en las dificultades, que de una forma u otra no falta nunca en el transcurrir de nuestros años (la merma) y el crecimiento que da todo el sabor a la misma vida y vence el inmovilismo paralizante.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
La fraternité, chemin du salut

La fraternité, chemin du salut

La longue histoire de Dieu avec l’humanité témoigne à bien des égards que le salut de l’homme passe par son frère. Depuis la création, Dieu ne veut pas l’homme seul. La création elle-même, n’aurait peut-être pas été satisfaisante à l’homme s’il ne recevait pas en don son alter ego : « l’os de mes os, la chair de ma chair » (Gn 2, 23). C’est dire que l’homme ne se reconnait réellement qu’en rencontrant l’autre. Quand cette rencontre fraternelle est bien vécue, l’homme se reconnait, s’épanouit, se réjouit, se développe, est exalté et dignifié : « os de mes os. » En bref, il chemine avec pleine vie vers son Créateur. Mais, lorsque la rencontre avec son semblable est mal vécue, il se perd dans la peur, la convoitise, la jalousie, la trahison (comme le jeune Joseph vendu par ses frères), la méfiance, la fragilité, le conflit comme Ésaü et Jacob. Il ne s’identifie plus, fuit et erre comme Caïn, régresse et perd sa dignité, il côtoie les sentiers de la mort comme Urie le Hittite (2Sam 11, 15) ; bref, il s’éloigne du salut.  La fraternité bien vécue s’impose alors comme sa voie d’accès à la plénitude de vie en Dieu.

Le Christ, en prenant « chair de notre chair » nous l’a bien démontré. Si cela n’était pas nécessaire Dieu aurait-il choisit de se faire semblable à nous pour nous sauver? L’homme de ce temps, peut donc comprendre davantage que le salut du monde tient à bien des mesures à cette fraternité si chère. Pour sa mission de salut, l’Homme-Dieu s’est Lui-même associé des semblables qu’Il a appelé « deux à deux » et envoyé « deux à deux » (Mc 6, 7), chacun avec son semblable.

Dieu veut le salut de l’homme, mais non sans lui-même. La fraternité doit alors retrouver sa place dans ce monde où l’homme écarte plutôt son semblable, dans un vain espoir de s’épanouir seul. Seule cette ouverture à l’altérité est chemin de vie en abondance et garantie d’un vrai épanouissement, au-delà même de nos propres frontières existentielles (Joseph en Égypte).

À Jésus, André a conduit Simon son frère, Philippe a conduit Nathanaël: où conduis-tu ton frère aujourd’hui? Qu’as-tu fait de ton frère –demande le Seigneur à Caïn. Bref, l’homme ne peut se présenter devant Dieu sans son frère; donc, la fraternité est le chemin véritable du salut.

P. Adalbert Fouda Sch. P.

ADALBERT FOUDA

ADALBERT FOUDA

Piariste

Né à Yaoundé. Religieux et prêtre piariste. Exerce actuellement son ministère à Libreville comme enseignant de mathématiques et religion au Collège Calasanz; et vicaire de la Paroisse. L’enfant c’est ma passion!
L’Enfer, le Purgatoire et le Ciel sont des états non des lieux

L’Enfer, le Purgatoire et le Ciel sont des états non des lieux

Commémorer les fidèles défunts offre une occasion de rappeler l’enseignement de l’Église au sujet de l’enfer, du purgatoire et du ciel.

ENFER : Selon le Catéchisme de l’Église Catholique (CEC, 1033), l’enfer désigne l’état d’auto-exclusion définitive de la communion avec Dieu et avec les bienheureux. En effet, cette idée est fondée tant sur l’enseignement de Jésus (Mt 5, 22. 29; Lc 13, 28) que sur les écrits des Apôtres (1 Th, 5, 3; 2 Th 1, 9; Rm 9, 22; Ap 14, 10). Il s’agit ici d’un refus de choisir l’Amour de Dieu, et d’accueillir sa miséricorde. Car, Dieu ne prédestine personne pour l’enfer, son projet de salut est pour tous; c’est l’homme lui-même qui le choisit, par son aversion volontaire de Dieu et son obstination à y demeurer jusqu’à la fin de sa vie. L’enseignement sur l’enfer a pour but d’appeler l’homme à la conversion et la responsabilité dans l’usage de sa liberté en vue de son destin éternel.

PURGATOIRE : Selon le CEC- 1030, ceux qui meurent dans la grâce et l’amitié de Dieu, mais imparfaitement purifiés, bien qu’assurés de leur salut éternel, souffrent après leur mort, une purification. Donc, le purgatoire désigne la purification finale des élus, qui est tout à fait distincte du châtiment des damnés. Loin d’être un lieu, comme un centre de concentration (ou de torture), le purgatoire est plutôt le processus interne et nécessaire de transformation de l’homme, par lequel ce dernier devient capable du Christ, capable de Dieu et par suite capable de s’unir à toute la communio sanctorum.

CIEL : Ceux qui meurent dans la grâce et l’amitié de Dieu, et qui sont parfaitement purifiés, vivent pour toujours avec le Christ (CEC- 1023). Cette vie parfaite avec la sainte Trinité, cette communion de vie et d’amour avec Elle, avec la Vierge Marie, les anges et les bienheureux est appelée « le ciel » (CEC, 1024). Le ciel est donc la fin ultime et la réalisation des aspirations les plus profondes de l’homme, l’état de bonheur suprême et définitif.  Vivre au ciel c’est « être avec le Christ ». Selon une expression empruntée de Hans Kung, « le ciel de la foi –dont nous parlons ici – n’est pas un lieu mais une manière d’être »; et Ratzinger ajoutera, il est avant tout participation au mode d’existence du Christ.

 P. Adalbert Fouda Sch. P.

ADALBERT FOUDA

ADALBERT FOUDA

Piariste

Né à Yaoundé. Religieux et prêtre piariste. Exerce actuellement son ministère à Libreville comme enseignant de mathématiques et religion au Collège Calasanz; et vicaire de la Paroisse. L’enfant c’est ma passion!
Panorama Calasanz
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