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¿Dónde quedaron tus hermosas palabras y tus liberadoras acciones? ¿Dónde están tus fuertes denuncias y tus generosos gestos? ¿Hacia dónde volaron tus banderas y tus sueños, tu sonrisa y tu esfuerzo? ¿Por qué frenaron tu amor incontenible, tu libertad derramada, el Reino que desataste? Ya no es tiempo de camino, de aldeas y de milagros. Detuvieron tus pasos, tu palabra y tu aliento. Ahora es tiempo de silencio, de dolor injusto, de muerte absurda. Es tiempo de abandono, de gritos en la noche, de ventanas cerradas y venganzas liberadas. Es el tiempo de tu amor sacrificado, de tu palabra realizada, de tu entrega sin medida.

Pero tu cruz lleva hoy mi nombre grabado en ella con sangre. Sus maderos son del color de mi carne. Su textura es como las asperezas de mi vida, con sus astillas, sus nudos y sus agujeros. ¡Te crucifican, Jesús, en mi propia carne! Estás clavado en mi pecado, en mi debilidad y en mi fracaso. Y, sin embargo, no soy yo quien te sustenta. Es tu muerte quien me alienta, tu sangre quien me nutre, tu dolor quien me inspira.

Tu amor sacrificado me recuerda para qué vivo, por qué lloro y para quién canto. No murió tu proyecto, tu entrega ni tu Reino. Tú lo grabaste con tu sangre en mi carne. Te vaciaste en mi agitado corazón, demasiado pequeño para recibir tan grande amor.

Tu palabra grita con más fuerza que nunca entre mis miedos y mis canciones: “Felices los que se entregan en la cruz del mundo, porque mi Padre, nuestro Padre, hace florecer el desierto, hace brillar las estrellas en la oscuridad y resucita a quien por mí muere”.

Hoy te descubro tan próximo como mi esfuerzo, tan vivo como mi cuerpo, amado y entregado. Dame la mano, Señor, y guíame por los desiertos de la tentación y del encuentro, ilumíname el camino para llegar al Padre, en quien se encuentra la paz, el amor, la fuerza. Háblame una vez más de desvivirme sin temor, de derramarme sin límites, de morir resucitando. Háblale al Padre para que no permita que me pierda en tanta noche, que no me deje continuar buscando en el vacío aquello que solamente en ti encontré. Habla con El, que funda nuestros horizontes, nuestros corazones y nuestros sueños, hasta que tus caminos y mis caminos se vayan haciendo uno.

P. Carlos Aguerrea Sch. P.

Anzaldo (Bolivia)

CARLOS AGUERREA

CARLOS AGUERREA

Escolapio