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Estamos en una crisis  grave  que  repercute de una u otra forma en todo el mundo. Es bien conocida de todos en todos sus elementos y formas, que por ello no hace falta evocar aquí. Pero hemos aprendido que, de toda realidad buena o mala, se puede sacar algo positivo y valioso, sobre todo en la construcción de nuestra vida interior. De la realidad de la crisis, tan preocupante e intranquilizadora por otra parte, podemos incorporar en nosotros algo enriquecedor y positivo, afrontando nuestro vivir cotidiano. Sin duda, la crisis es una merma reseñable de recursos, algunos básicos y necesarios. La falta de recursos deriva en carestía y esta a su vez en preocupación y desánimo cuando no se le ve, como es el caso actual, la luz al final del túnel. Es un dicho antiguo y de siempre actualidad que lo último que se pierde es la esperanza. Y todos deseamos no perderla nunca. Las cosas deseadas y vividas se fortalecen cuando son sometidas a prueba. También la esperanza se ve sometida a prueba algunas veces como es el caso de las crisis actuales. Entremos sin miedo en ese ejercicio espiritual que nos ofrece una esperanza puesta a prueba. Va a salir favorecida y más robusta. En su caso también liberada de visiones facilonas porque todo parece ir bien y viento en popa.

Por ello, al lado de la merma que está suponiendo la actual crisis que vive el mundo, y más los países empobrecidos, hay que poner el crecimiento. Estancarse en la vida no es bueno, aunque tengamos que descansar, que también es bueno y necesario junto al trabajo. El equilibrio de actividad y descanso debe acompañar toda la vida, en todas sus etapas. La muerte incluso, al menos desde la perspectiva cristiana, es una puerta abierta a la esperanza soñada, gozar de una vida plena y sin velos con Dios. La crisis vivida sea, por tanto, ocasión de fortalecernos en las dificultades, que de una forma u otra no falta nunca en el transcurrir de nuestros años (la merma) y el crecimiento que da todo el sabor a la misma vida y vence el inmovilismo paralizante.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
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