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Endurance and Fidelity in Christian Life Amid Trials

Endurance and Fidelity in Christian Life Amid Trials

Dear brothers and sisters, as we approach the end of the liturgical year, the readings invite us to reflect on our dispositions as Christians amid struggles and suffering. Human life is indeed marked by trials and difficult moments, that cause a lot of anxiousness and search for quick remedies. Unluckily many progressive preachers profit to treat prayers as “tablets” that instantly removes every problem. The Gospel of today teaches us something different. Christ tells us today that suffering, human struggle, pain etc. is not a sign the absence of God, nor is a sign we are not praying well or we are evil. God is always with us even in our suffering state. What we need to do is to entrust our struggle to him and live according to his teachings. To live in truth, in justice, in love, and in charity will not always make us popular. In fact, we may be criticized, mocked, or misunderstood. People may say to us: Who do you think you are? Do you think you are the first to be kind, honest, or charitable?” Jesus himself warns us in today’s Gospel that following him may even bring betrayal from family, friends, and those we love. We may be hated simply because we live according to the way of Christ and uphold the moral values of the Gospel. But he equally tells us to keep in mind that we are not to prepare our defense beforehand, because he himself shall give us eloquence and wisdom that none of our opponents will be able to resist or contradict. He might not take away our suffering, but he will give us courage, wisdom and strength to face it. The problem is, sometimes out of egoism and because we need acceptance and to be feel loved, we compromise Christian and moral values, we conform with others to act in injustice, evil, lies. How often have we changed our decisions, acted against our conscience, or conformed to the expectations of others—family, friends, or society—even when we knew these choices contradicted Christian values and the demands of justice and charity? Out of fear or convenience, we may sometimes cooperate with what is wrong. Today, the Lord calls us to say “No” to evil and “Yes” to the path of Christ. Jesus assures us: “Not a hair of our head will be lost.” He invites us to trust in him and to endure, for “by our endurance we will gain our lives.” 

In the first reading, God reminds us that our choices have consequences. Those who choose evil, arrogance, or injustice, those who harm others without remorse—will face the bitterness of their actions. But those who persevere in doing good, living according to Christ, will receive a glorious reward. As the psalmist says: “The Lord comes to rule the peoples with  fairness.” However, being Christian does not mean spending all our time in church, escaping from the world, or living a strange, overly spiritualized and isolated life. The second reading teaches us that we must work, contribute to the development of our families, society, and country. Christian life is not idleness; it is a life that evangelizes through action, through daily work done with integrity, love, and justice. Let us therefore ask the Lord to give us the grace to persevere, to remain faithful witnesses to his love, truth, and justice in the moments when it is hardest to do so. Amen 

NGALA AUSTIN KANJO

NGALA AUSTIN KANJO

Piarist

Ngala Austin Kanjo is a religious and priest in the Order of the Piarist Schools from the Province of Central Africa. Born in Shisong, Cameroon. He is currently undergoing a master’s program on formation of formators at the Gregorian University.

Habla, Señor, tu siervo escucha

Habla, Señor, tu siervo escucha

Leyendo la Palabra y preguntándome el significado de responder, encontraba una constante: “Samuel creció. El Señor estaba con él”

Descubro en las lecturas de este II Domingo del tiempo ordinario, un increíble paralelismo con cualquier vocación cristiana. En el caso de los escolapios, dicen por ahí que, nuestra vocación en la Iglesia se debe a la obra que Dios realizó en Calasanz y la respuesta que él dio a la llamada de Dios.

Responder es un primer paso, igual que vivir en el Templo donde estaba  el Arca de Dios. Bastante curioso saber que Samuel vivía en el templo y aún no conocía al Señor. Los discípulos preguntan: “¿Maestro, dónde vives?” Es como si sólo buscarán un seguimiento meramente corporal. Finalmente, Pablo da en el blanco: “El cuerpo no es para el pecado, sino para Dios, y Dios, para el cuerpo”.

Nuestro llamado como hijos de Dios, va más allá de solo ser “buenos”. La bondad encuentra su plenitud cuando podemos darle nombre al centro de nuestra vida.

Sí vivo lo que soy, puedo hacerme de autenticidad.

Al final, no vamos solos. Nunca iremos solos. La fe es el poder de sabernos acompañados y cuando vivimos aquello que asumimos, es Dios quien nos contrasta y enseña. Y como Elí a Samuel, podremos brinadar aquella luz que no sale de nosotros mismos, sino de Aquél quién hace crecer.

Isaac Mendoza.

14 de enero de 2024 | II Domingo del Tiempo Ordinario

Jn 1, 35-42: Venid y veréis

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»  Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.  Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»

Y lo llevó a Jesús.  Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

ISAAC RABIN MEZA MENDOZA

ISAAC RABIN MEZA MENDOZA

Escolapio

Nací en Chiautempan, Tlaxcala. Religioso escolapio. Apasionado por la vida y su sentido.

Carta a voluntarios escolapios

Carta a voluntarios escolapios

El 5 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Voluntarios, una fecha que busca resaltar la importante labor que realizan todas aquellas personas que deciden de forma desinteresada servir a los demás para hacer de nuestro mundo un lugar mejor. San José de Calasanz también vivió una intensa experiencia como voluntario entre los más pobres que desembocó en una entrega total a la educación popular. En el día de hoy, el santo escribe una carta a todos los voluntarios que dedican su tiempo a la misión escolapia.

 Carta a voluntarios escolapios

Me alegra mucho recibir noticias de cómo hay muchos jóvenes que abrazan nuestro Instituto a pesar de la dureza del trabajo con los niños. Es un signo de que las Escuelas Pías son una obra de Dios y de gran utilidad a la sociedad.

En su carta me comenta que hay muchachos que salieron de las Escuelas Pías que desean formar una congregación para continuar con su formación y ejercer un apostolado entre los pobres desde su condición de seglares. Me alegra mucho esta noticia porque denota que valoran mucho la educación recibida en la escuela y desean continuarla. Por mi parte no hay problema siempre que trabajen con amor y sean competentes en el servicio que hacen.

La inquietud que muestran estos muchachos me recuerda mucho los primeros años en Roma cuando me dediqué durante años a las obras de misericordia en las diversas cofradías que me apunté.

Cuando comencé a implicarme más en la escuela de Santa Dorotea, trabajé junto a voluntarios muy devotos y serviciales que pertenecían a la Cofradía de la Doctrina Cristiana. Sin su apoyo incondicional, habría sido imposible el nacimiento de las Escuelas Pías.

Las visitas que hice a los barrios de Roma siendo miembro de la cofradía de los Doce Apóstoles me hicieron mucho bien. El encuentro con los ancianos, tullidos y enfermos me recordaba el pasaje evangélico del joven herido al borde del camino y que fue socorrido por el buen samaritano. Es imposible mirar a los ojos de los necesitados y no sentirse interpelado por ellos, son el mismo Jesús que dice desde la cruz: “dame de beber”.

En los mismos hogares que visité había muchos niños, algunos de ellos con signos claros de desnutrición y con mucha ignorancia, tanto de las cuestiones de la fe cristiana como de las ciencias humanas, así que también hacíamos algo de catequesis los domingos en las iglesias.

No recuerdo bien las visitas que hice en total. Había semanas que salía más de tres veces a llevar limosnas que nos daban y, sobre todo, a escuchar los problemas y angustias de la gente sencilla, que son la mayoría.

La cofradía fue una verdadera escuela de vida cristiana. Descubrí la presencia de Dios en los pobres y necesitados, me ayudó a rezar más y mejor, me enseñó a ser más humilde, paciente y generoso con los demás.

Estaba muy orgulloso de ser sacerdote para acompañar a la gente en su camino espiritual, para consolar a los tristes y administrar la gracia de Dios. Estaba convencido de que ya había descubierto mi vocación, pero aparecieron en el camino los niños que terminaron de robarme el corazón para siempre. Descubrí que necesitaban de la presencia diaria de sacerdotes preparados y dispuestos a darles el pan de la piedad y las letras.

Por ello, si hay muchachos con deseos de ayudar, busque el mejor modo de canalizar esta inquietud. Promueva con diligencia la fundación de alguna cofradía o congregación mariana para que los muchachos conozcan la realidad de la gente sencilla y se dediquen a las obras de misericordia, que es cosa muy grata a Dios y de gran utilidad para el progreso de la sociedad.

A los jóvenes deseosos de ayudar a los demás, les pediría lo mismo que deseo a los maestros de las Escuelas Pías: que amen a Dios, adquieran las virtudes de la caridad, la paciencia, humildad y que sean muy competentes y constantes en su compromiso. Que recuerden que, si trabajan por puro amor de Dios e inspiren un grado de amor de Dios en el corazón de los niños, el Señor les dará el ciento por uno, si estuvieren en la gracia de Dios. (EP 3042)

Deseo a los voluntarios que tengan un espíritu grande para ayudar no solo a los con ejemplo y doctrina (EP 4321) y, sobre todo, que recuerden las palabras de Jesús que tanto han resonado en mi corazón: “Lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Comencé dando unas horas a la semana por los pobres y terminé consagrado a ellos como religioso de las Escuelas Pías.

Que Dios bendiga a todos los jóvenes que tienen la inquietud y el deseo de ayudar a los demás. Han elegido un camino hermoso que les enseñará a ser buenos cristianos y ciudadanos activos para la reforma de la sociedad.

 José de Calasanz

 

 

P. Javier Alonso, Sch. P.

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.

Panorama Calasanz
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