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¡Convertíos!

¡Convertíos!

Queridos hermanos y hermanas, llegamos al Tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Como se dijo en la reflexión del domingo anterior: estamos en la escuela del discipulado. Las lecturas propuestas por la Liturgia nos conducen al inicio de la vida pública de Jesús y revelan la dinámica fundamental del Evangelio: Dios hace brillar su luz precisamente allí donde la realidad parece más marcada por la sombra. El profeta Isaías anuncia que el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. La región de Zabulón y Neftalí, antes humillada, se convierte en lugar de esperanza. Dios elige las periferias, los espacios heridos de la historia, para iniciar algo nuevo. La luz no niega la existencia de la noche, sino que la atraviesa y la transforma. Esta promesa sigue siendo actual siempre que la vida parece oscurecida por el sufrimiento, la violencia o la falta de sentido.

San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, nos ayuda a comprender cómo esta luz debe ser acogida en la vida de la comunidad. Denuncia las divisiones y recuerda que Cristo no está dividido. Cuando el centro deja de ser el Evangelio y pasa a ser personas, grupos o ideologías, la comunidad pierde su claridad y su fuerza misionera, pues el Evangelio es el punto de unidad. Pablo insiste en que fue enviado a anunciar el Evangelio, no con sabiduría humana, sino con la sencillez de la cruz. La verdadera luz que ilumina a la Iglesia no nace de la vanidad ni de la competencia, sino de la fidelidad a Cristo.

En el Evangelio, Mateo presenta a Jesús iniciando su misión precisamente en Galilea, tierra mezclada, marginada y considerada impura por muchos. Allí se cumple la profecía de Isaías. Jesús comienza proclamando: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca”. La conversión es el primer paso para acoger la luz. A continuación, Jesús llama a los primeros discípulos. No elige sabios ni poderosos, sino sencillos pescadores, hombres insertos en la vida cotidiana. El llamado es claro y exigente: “Venid en pos de mí”. Seguir a Jesús implica dejar redes, seguridades y caminos ya conocidos, para aprender un nuevo modo de vivir.

Para nosotros, escolapios, esta Palabra ilumina profundamente nuestra misión. Jesús llama a los discípulos mientras camina, trabaja y se acerca a las personas. De la misma manera, la educación es un espacio privilegiado de evangelización y de encuentro con la luz de Cristo. Estamos llamados a ser presencia de esperanza en contextos muchas veces marcados por divisiones, tinieblas y exclusiones. La misión con niños y jóvenes nos exige unidad, coherencia y fidelidad al Evangelio, para que la luz no se apague ni se distorsione.

Celebrar esta liturgia es renovar la certeza de que Cristo sigue pasando por nuestra Galilea, llamándonos a seguirlo y enviándonos a anunciar, con palabras y gestos, que la luz ha vencido a las tinieblas. Que, unidos a Él y guiados por el Espíritu, podamos ser instrumentos de esta luz que libera, sana y transforma.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

Este es el Cordero de Dios

Este es el Cordero de Dios

Queridos hermanos y hermanas, estamos en el Tiempo Ordinario. Me gusta pensar este tiempo litúrgico como una verdadera escuela: la Escuela del Discipulado. En ella, Jesús, el Maestro, nos va educando con sus gestos y palabras, enseñándonos poco a poco a ser discípulos y discípulas según su corazón. No es un tiempo sin importancia, sino un tiempo de aprendizaje cotidiano de la fe, donde la identidad y la misión se van modelando. Las lecturas de hoy nos colocan precisamente ante este misterio: toda llamada nace de la iniciativa amorosa de Dios y se orienta siempre al bien de los demás.

El profeta Isaías presenta la figura del Siervo del Señor, llamado desde el seno materno para una misión que supera sus propios límites. Dios dice: «Tú eres mi siervo, Israel, en quien me glorificaré». Sin embargo, esta elección no es cierre ni privilegio exclusivo. Al contrario, el Señor amplía el horizonte de la misión: el Siervo es constituido luz para las naciones, para que la salvación alcance los confines de la tierra. La vocación, por tanto, nunca es autorreferencial; existe para irradiar vida, esperanza y sentido. Ser llamado es ser enviado.

Esta misma dinámica aparece en el saludo inicial de la Primera Carta a los Corintios. Pablo se reconoce como llamado por Dios para ser apóstol de Jesucristo y recuerda que toda la comunidad es santificada en Cristo. La gracia y la paz que él anuncia no son simples fórmulas espirituales, sino el fundamento de una existencia transformada por la pertenencia a Dios. La misión nace de la gracia recibida y se vive en la comunión. Nadie se envía a sí mismo; es Dios quien llama, sostiene y envía, insertando cada vocación en el cuerpo de la Iglesia.

En el Evangelio, Juan el Bautista señala a Jesús y proclama: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Juan comprende que su misión no es ocupar el centro, sino ser testigo. Ve al Espíritu descender sobre Jesús y reconoce en Él al Hijo de Dios. Jesús es presentado como el Cordero que asume sobre sí la fragilidad humana para liberarla del pecado y de la muerte. Su identidad está profundamente unida a su misión: salva no por la fuerza, sino por la entrega; no por la imposición, sino por el amor que se dona.

Para nosotros, dentro de la tradición escolapia, esta Palabra ilumina profundamente nuestro modo de vivir la fe y la misión educativa. Estamos llamados, como el Siervo de Isaías, a ser luz en contextos muchas veces marcados por la pobreza, la exclusión y la falta de horizontes. Como Juan el Bautista, somos invitados a señalar a Cristo y no a nosotros mismos, ayudando a niños y jóvenes a reconocer al Cordero de Dios presente en sus vidas. Y, como Pablo, somos enviados a vivir y anunciar la gracia y la paz que brotan del encuentro con Jesús.

Celebrar esta liturgia es renovar la conciencia de que nuestra misión nace de la mirada amorosa de Dios sobre nosotros y se realiza cuando, con humildad y fidelidad, ponemos nuestra vida al servicio del Evangelio, para que la luz de Cristo alcance a todos, especialmente a los pequeños y a los más olvidados.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

Este es mi Hijo amado: ungido para servir

Este es mi Hijo amado: ungido para servir

Queridos hermanos y hermanas, celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor. Las lecturas nos sitúan ante un momento decisivo de la vida de Jesús: su Bautismo en el Jordán. No se trata simplemente de un rito inicial ni de un episodio aislado, sino de una verdadera revelación de quién es Él y de la misión que asume. En el Jordán se manifiestan identidad, unción y envío. El Hijo entra en las aguas de nuestra historia para inaugurarlas de nuevo desde Dios.

El profeta Isaías nos presenta la figura del Siervo del Señor, elegido y sostenido por Dios, en quien el Señor se complace. Este Siervo no se impone por la fuerza, no grita, no apaga la mecha que aún humea ni quiebra la caña resquebrajada. Su modo de actuar está marcado por la mansedumbre, la fidelidad y el cuidado de los frágiles. Es un estilo que contrasta radicalmente con las lógicas de dominación y poder. La misión del Siervo es clara: establecer el derecho, ser luz de las naciones, abrir los ojos de los ciegos y liberar a los prisioneros. Es una misión profundamente liberadora y restauradora.

Esta profecía encuentra su pleno cumplimiento en Jesús. En el Evangelio, Él se acerca a Juan Bautista y pide ser bautizado. Jesús no necesitaba conversión, pero elige descender a las aguas, colocarse en medio de los pecadores y solidarizarse con la humanidad herida. Aquí se revela un dato central de nuestra fe: Dios no salva desde fuera, sino desde dentro de la historia. La resistencia inicial de Juan expresa nuestra dificultad para comprender a un Mesías que no se impone, sino que se abaja. La respuesta de Jesús es decisiva: “Conviene que cumplamos toda justicia”. La justicia de Dios no es legalismo, sino fidelidad a su proyecto de amor.

Al salir del agua, el cielo se abre. El Espíritu desciende sobre Jesús como paloma y la voz del Padre proclama: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Estamos ante una verdadera epifanía trinitaria: el Padre revela, el Hijo se entrega y el Espíritu unge. Jesús es el Hijo amado no por lo que hace, sino por lo que es. Y precisamente porque es amado, es enviado.

La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, nos ayuda a comprender las consecuencias de esta unción. Pedro proclama que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y que pasó haciendo el bien y liberando a todos los que estaban oprimidos. El poder que brota del Bautismo no es poder de dominación, sino fuerza de servicio. La unción recibida en el Jordán orienta toda la vida de Jesús hacia los demás, especialmente hacia los pobres, los enfermos y los excluidos.

Esta Palabra interpela directamente nuestra vida. Por el Bautismo, también nosotros hemos sido ungidos y llamados hijos e hijas amados de Dios. Pero esta identidad no nos encierra en privilegios; al contrario, nos envía en misión. Ser bautizado es asumir el estilo del Siervo: mansedumbre, cercanía, compromiso con la justicia y valentía evangélica. Para nosotros, dentro de la tradición escolapia, esto adquiere un rostro concreto en la misión educativa. Educar es servir, es cuidar lo frágil, es creer que el Espíritu sigue actuando en la vida de los niños y de los jóvenes.

Celebrar el Bautismo del Señor es, por tanto, renovar una certeza fundamental: antes de cualquier tarea o ministerio, somos amados. Y precisamente porque somos amados, somos enviados a pasar por el mundo haciendo el bien, como Jesús, el Siervo amado y ungido del Padre.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

Acción evangelizadora con los jóvenes y las mujeres: una Iglesia en salida, acogedora, inclusiva y misericordiosa

Acción evangelizadora con los jóvenes y las mujeres: una Iglesia en salida, acogedora, inclusiva y misericordiosa

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia está llamada a responder con valentía evangélica a los desafíos del tiempo presente, con apertura, discernimiento y coraje. Entre los innumerables desafíos, destaca la urgente necesidad de reflexionar, discernir y profundizar la evangelización a partir del papel de los jóvenes y de las mujeres en la Iglesia. Bien sabemos que ambos grupos siguen enfrentando prejuicios, exclusión social y limitaciones en su participación plena y fecunda en la comunidad eclesial. De ahí la elección de este tema, tan actual para la Iglesia.

La Iglesia, en cuanto signo de salvación, no puede eximirse de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo a aquellos que, por distintos motivos, han sido marginados. En este sentido, es misión de la Iglesia hacer que todos sean acogidos y valorados, pues ha de mirarse en Jesucristo, origen y fundamento de la misma. Igual que Jesús, la Iglesia está invitada a tener una mirada inclusiva y misericordiosa.

En esta misma línea, el Papa Francisco, en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG), nos recuerda que «la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (EG 47). Se necesita una actitud valiente y profética, ya que el Magisterio y la reflexión teológica ofrecen bases para pensar y construir una pastoral más integradora. Así, la propuesta de una «Iglesia en salida», presente en los números 20–23 de Evangelii Gaudium, abre horizontes para promover la dignidad, el protagonismo y la participación de estos grupos, sin perder la fidelidad al Evangelio.

Si nos detenemos con atención y discernimiento, podemos darnos cuenta de que las diversas realidades pastorales nos muestran que los jóvenes y las mujeres se encuentran en las «periferias existenciales», término usado por el Papa Francisco para designar los lugares donde la dignidad humana se ve herida (EG 20). La Iglesia necesita reconocer este hecho para comprender que la evangelización no puede ni debe limitarse a un grupo selecto que se considera especial, ejemplar y “ya listo”, sino que su tarea principal es llegar a todos los que necesitan acogida y el anuncio de la buena noticia de la esperanza cristiana: Jesucristo.

Las mujeres

No se pueden negar los pequeños avances que la Iglesia ha tenido en relación con el papel de las mujeres, pero es necesario denunciar proféticamente los cambios que todavía deben realizarse. Evangelii Gaudium reconoce explícitamente que «aún es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia» (EG 103).

Sabemos que, a lo largo de la historia, muchas mujeres han sido relegadas a papeles secundarios, aunque hayan sostenido comunidades, familias y prácticas de fe. Y esto no se queda en el pasado: todavía hoy muchas mujeres quedan limitadas a funciones secundarias (limpiar, cocinar, arreglar el espacio litúrgico), sufren la desvalorización de sus dones e, incluso, sus aportaciones teológicas son puestas en duda. Ignorar la perspectiva femenina en la evangelización puede llevar a una comprensión limitada del Evangelio, porque la experiencia de las mujeres contribuye de manera esencial a revelar su plenitud.

La Iglesia es la comunidad de los llamados y enviados a ser luz para las naciones, pero no una luz que nazca de sí misma, sino la luz de Cristo, que la Iglesia está llamada a reflejar. En este sentido, ha de dialogar también con las distintas experiencias de lo sagrado vividas por tantas mujeres. La promoción del protagonismo femenino, como lugar teológico de la revelación, no es solo una cuestión de justicia: es una cuestión de fidelidad a la misión de anunciar a un Dios que acoge, cuida y se revela a todos.

Los jóvenes

Las juventudes representan uno de los grupos más dinámicos y desafiantes para la acción evangelizadora de la Iglesia; y no podemos olvidar que son también uno de los grupos más hermosos, alegres y llenos de vida. Los jóvenes viven un tiempo precioso de descubrimientos, de preguntas sobre la identidad, el sentido y los valores. No se quedan en la primera respuesta: quieren ir más allá, comprender lo que viven y la fe que profesan. Por eso, la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio de un modo vivo, cercano y atractivo. Como recuerda el Papa Francisco: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (EG 1). Si la Iglesia se mantiene encerrada en sí misma, es como una casa abandonada que no llama la atención de nadie.

Inspirados por el Papa Francisco hablamos con frecuencia de una «Iglesia en salida», pero esta Iglesia solo será realidad cuando quienes llevan más tiempo en ella se encuentren de nuevo, de verdad, con la alegría del Evangelio y, animados por esa misma alegría, salgan al encuentro de las juventudes y muestren con su vida que el Evangelio es capaz de transformar la existencia y la sociedad.

Esa alegría, que no es superficial ni pasajera, abre espacios de diálogo, de participación y de protagonismo juvenil. Christus Vivit (CV) afirma que «los jóvenes son el ahora de Dios» (CV 178): no son solamente destinatarios de la evangelización, sino sujetos activos de la misión de construir comunidades más vivas y misioneras.

Evangelizar a los jóvenes es caminar a su lado, conocer sus experiencias, acoger sus desafíos y respetar sus historias, ayudándoles a descubrir que Cristo es la fuente de una vida plena (cf. CV 132–133). Ante las influencias de las redes sociales, el relativismo cultural y la presión por los resultados, es esencial ofrecer una fe vivida con alegría, que despierte el sentido de pertenencia y haga visible el amor concreto de Dios. Esta acción pastoral se realiza en la escucha atenta, la paciencia y la misericordia, acompañando a cada joven en su crecimiento personal y espiritual.

Conclusión

Reconocer que jóvenes y mujeres se enfrentan a menudo a prejuicios, exclusión y límites en su participación plena en la comunidad eclesial exige una pastoral que combine acogida, protagonismo y formación integral. Evangelii Gaudiumsubraya que la Iglesia debe ser capaz de dialogar con las realidades contemporáneas y ofrecer una experiencia de evangelización significativa, creativa y acogedora, recordando que evangelizar no es solo anunciar con palabras, sino ofrecer una experiencia de vida comunitaria marcada por la misericordia y la inclusión.

La acción evangelizadora de la Iglesia con los jóvenes y las mujeres debe ser un testimonio vivo de acogida, inclusión y misericordia. Reconocer sus experiencias, desafíos y potencialidades garantiza que el Evangelio llegue a todos de manera significativa. El protagonismo femenino y juvenil no expresa únicamente demandas sociales, sino la propia misión de la Iglesia como signo del Reino de Dios, promoviendo la dignidad, la participación y la esperanza. Una Iglesia en salida exige valentía, creatividad y una atención pastoral fina ante las realidades concretas de las periferias existenciales.

Abrirse a la voz y a la presencia de jóvenes y mujeres confirma la vocación de la Iglesia como comunidad viva y misionera. Cada persona está llamada a ser a la vez sujeto y destinataria del amor de Cristo, participando activamente en la misión evangelizadora. Así, la evangelización se convierte en una experiencia de vida plena, que revela el rostro misericordioso de Dios y fortalece la marcha de la humanidad hacia la comunión y la justicia.

Referencias

  1. Exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit. Roma, 2019. Disponible en: papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.pdf. Consultado el 28 de octubre de 2025.
  2. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Roma, 2013. Disponible en: papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.pdf. Consultado el 25 de octubre de 2025.

Ação evangelizadora junto aos jovens e as mulheres: uma Igreja em saída, acolhedora, inclusiva e misericordiosa

Ir. Marcus Túlio, Sch.P

Desde o Concilio Vaticano II, a Igreja é chamada a responder com coragem evangélica aos desafios do tempo presente com abertura, discernimento e coragem. Entre os inúmeros desafios, destaca-se a urgente necessidade de refletir, discernir e aprofundar a evangelização decorrente do papel dos jovens e das mulheres na Igreja. Sabe-se que ambos os grupos ainda enfrentam preconceitos, exclusão social e limitações na participação plena e frutuosa na comunidade eclesial. Daí a escolha deste tema tão atual para a Igreja.

A Igreja enquanto sinal de salvação, não pode se eximir de anunciar a Boa-Nova de Jesus Cristo àqueles que, por diferentes motivos, têm sido marginalizados. Neste sentido, é papel da Igreja fazer com que todos sejam acolhidos e valorizados, pois precisa se espelhar em Jesus Cristo, origem e fundamento da mesma. Assim como Jesus, a Igreja é convidada a ter um olhar inclusivo e misericordioso.

Neste mesmo sentido, o Papa Francisco, na Exortação Apostólica Evangelli Gaudium (EG), nos recorda que “a Igreja não é uma alfândega; é a casa paterna onde há lugar para cada um com a sua vida fatigada” (EG 47). É preciso uma abordagem corajosa e profética, já que o Magistério e a reflexão teológica oferecem bases para pensar e construir uma pastoral mais integradora. Sendo assim, a proposta de uma “Igreja em saída”, presente nos pontos 20-23 da Exortação Apostólica Evagelli Gaudium, oferece horizontes para promover a dignidade, o protagonismo e a participação desses grupos, sem perder a fidelidade ao Evangelho.

Ao deter-nos com atenção e discernimento, podemos perceber que as diversas realidades pastorais nos apontam que os jovens e as mulheres se encontram nas “periferias existenciais”, termo usado pelo Papa Francisco para designar os lugares onde a dignidade humana é ferida (EG 20). A Igreja precisa reconhecer este fato, par que assim possa compreender que a evangelização não pode e nem deve se limitar a um grupo seleto que se acreditam especiais, modelos e prontos, mas o seu maior papel é alcançar todos os que necessitam de acolhida e anúncio da boa notícia da esperança cristã: Jesus Cristo.

 As mulheres

Não se pode negar os pequenos avanços que a Igreja teve em relação ao papel das mulheres, mas é preciso denunciar de forma profética as mudanças que ainda precisa serem feitas. E, a Evangelii Gaudium reconhece explicitamente que ainda “é preciso ampliar os espaços para uma presença feminina mais incisiva na Igreja” (EG 103).

Sabe-se que, ao longo da história, muitas mulheres foram relegadas a papéis secundários, embora tenham sustentado comunidades, famílias e práticas de fé. E não para no passado, ainda hoje muitas mulheres são limitadas a funções secundárias (como limpar, cozinhar e arrumar o espaço litúrgico), sofrem desvalorização de seus dons e, até mesmo, suas contribuições teológicas são colocadas em dúvida. Ignorar a perspectiva feminina na evangelização pode resultar em uma compreensão limitada do Evangelho, pois a experiência das mulheres contribui de maneira essencial para revelar sua totalidade.

A Igreja é a comunidade dos chamados e enviados a ser luz para as nações, mas não uma luz que nasce dela mesma e sim uma luz que é do Cristo e que ela é convidada a refletir. Neste sentido, deve dialogar também com as diferentes experiências do Sagrado feita por tantas mulheres. Neste sentido, a promoção do protagonismo feminino, como lugar teológico da revelação não é uma questão de justiça, mas de uma fidelidade à missão de anunciar um Deus que acolhe, cuida e se revela a todos.

Os jovens

As juventudes representam um dos grupos mais dinâmicos e desafiadores para a ação evangelizadora da Igreja. Mas, não podemos negar que também é um dos grupos mais bonitos, alegres e cheios de vida. Os jovens vivem um período bonito de descobertas, de questionamentos sobre identidade, proposito e valores. Não param na primeira resposta, querem ir além, entender o que vivem e a fé que professam. Por isso, a Igreja é chamada a anunciar o Evangelho de modo vivo, próximo e atraente. Como recorda o Papa Francisco: “A alegria do Evangelho enche o coração e a vida inteira daqueles que se encontram com Jesus” (EG 1). Se a Igreja se mantém fechada em si mesma, é como uma casa abandonada, que não chama atenção de ninguém.

Inspirados pelo Papa Francisco, dizemos muito de uma “Igreja em saída”, mas essa Igreja só acontecerá quando os que nela estão há mais tempo se encontrarem verdadeiramente com a alegria do Evangelho e, animados por essa mesma alegria forem aos encontros das juventudes e mostrarem com suas vidas que o Evangelho é capaz de transformar a vida e a sociedade.

Essa alegria, que não é superficial nem passageira, abre espaços de diálogo, participação e protagonismo juvenil. A Christus Vivit (CV) afirma que “os jovens são o agora de Deus” (CV 178), não apenas destinatários da evangelização, mas sujeitos ativos da missão de construir comunidades mais vivas e missionárias.

Evangelizar os jovens é caminhar ao lado deles, conhecendo suas experiências, acolhendo seus desafios e respeitando suas histórias, ajudando-os a descobrir que Cristo é a fonte de uma vida plena (cf. CV 132-133). Diante das influências das redes sociais, do relativismo cultural e da pressão por resultados, é essencial oferecer uma fé vivida com alegria, que desperte pertencimento e torne visível o amor concreto de Deus. Essa ação pastoral se realiza na escuta atenta, na paciência e na misericórdia, acompanhando cada jovem em seu crescimento pessoal e espiritual.

Conclusão

O reconhecimento de que jovens e mulheres frequentemente enfrentam preconceitos, exclusão e limitações na participação plena na comunidade eclesial exige uma pastoral que combine acolhimento, protagonismo e formação integral. A Evangelii Gaudium enfatiza que a Igreja deve ser capaz de dialogar com as realidades contemporâneas e oferecer uma experiência de evangelização significativa, criativa e acolhedora, lembrando que a evangelização não é apenas um anúncio de palavras, mas uma experiência de vida em comunidade, marcada pela misericórdia e inclusão.

A ação evangelizadora da Igreja junto aos jovens e às mulheres deve ser um testemunho vivo de acolhida, inclusão e misericórdia. Reconhecer suas experiências, desafios e potencialidades garante que o Evangelho alcance a todos de forma significativa. O protagonismo feminino e juvenil reflete não apenas demandas sociais, mas a missão da Igreja como sinal do Reino de Deus, promovendo dignidade, participação e esperança. Uma Igreja em saída exige coragem, criatividade e atenção pastoral frente às realidades concretas das periferias existenciais.

Abrir-se à voz e à presença de jovens e mulheres confirma a vocação da Igreja como comunidade viva e missionária. Cada pessoa é chamada a ser agente e destinatária do amor de Cristo, participando ativamente da missão evangelizadora. Assim, a evangelização torna-se uma experiência de vida plena, revelando o rosto misericordioso de Deus e fortalecendo a caminhada da humanidade rumo à comunhão e à justiça

REFERÊNCIAS

FRANCISCO. Exortação apostólica pós-sinodal Christus Vivit. Roma: 2019. Disponível em: papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.pdf. Acesso em: 28 out. 2025

FRANCISCO. Exortação apostólica Evangelii Gaudium. Roma: 2013. Disponível em: papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.pdf Acesso em: 25 out. 2025.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

¡El Señor está llegando!

¡El Señor está llegando!

¡Queridos hermanos y queridas hermanas, llegamos al cuarto domingo de Adviento! ¡El Señor está llegando! Las lecturas nos introducen profundamente en el misterio de un Dios que no permanece distante, sino que entra en la historia humana con delicadeza, respeto y fidelidad a sus promesas. El profeta Isaías anuncia a Acaz un signo que no nace de la fuerza política ni de la seguridad humana, sino de la iniciativa gratuita de Dios: la joven concebirá y dará a luz un hijo, y será llamado Emanuel, Dios-con-nosotros. Este signo se ofrece en un contexto de miedo e inestabilidad, recordándonos que Dios actúa precisamente cuando el corazón humano vacila. EMANUEL NO ES SOLO UNA PROMESA FUTURA, SINO LA CERTEZA DE QUE DIOS CAMINA CON SU PUEBLO EN MEDIO DE LA HISTORIA. El Salmo 23 profundiza esta dinámica al afirmar que todo pertenece al Señor y al preguntar quién puede subir al monte santo. La respuesta es clara: el que tiene manos limpias y corazón puro. La Encarnación no es únicamente un acontecimiento exterior, sino una invitación a la conversión interior, a la apertura sincera para acoger la presencia de Dios que desea habitar en nosotros.

En la carta a los Romanos, san Pablo presenta a Jesucristo como aquel que pertenece verdaderamente a nuestra historia, descendiente de David según la carne, y al mismo tiempo revelado como Hijo de Dios por el Espíritu. Esta unión de lo humano y lo divino es el centro de nuestra fe y el fundamento de la misión de la Iglesia. En Cristo, Dios asume nuestra condición para conducirnos a la obediencia de la fe, es decir, a una respuesta confiada y total a su amor. Esta obediencia no es una sumisión ciega, sino una adhesión libre a un proyecto que genera vida. El Evangelio nos presenta a José como testigo silencioso de esta fe obediente. Ante una situación humanamente difícil de comprender, José decide no cerrar el corazón, sino escuchar la voz de Dios. Su justicia no es legalismo, sino misericordia; su fe no se expresa en palabras, sino en decisiones concretas. Al acoger a María y al niño Jesús, José acoge también la misión de cuidar, proteger y educar al Hijo de Dios.

Me gustaría destacar la figura de José, que puede iluminar profundamente nuestra misión educativa y pastoral. Así como él, estamos llamados a crear espacios seguros donde la vida pueda crecer, a acompañar procesos con paciencia y a confiar en que Dios actúa incluso cuando no vemos resultados inmediatos. Educar, a la luz del Evangelio, es cooperar con la obra del Emanuel, ayudando a niños y jóvenes a reconocer que Dios está con ellos, especialmente en las situaciones de fragilidad. Celebrar estas lecturas es renovar nuestra confianza en un Dios que entra en la historia, habita nuestras casas, nuestras escuelas y comunidades, y nos envía a ser signos vivos de su presencia amorosa en el mundo.

Caros irmãos e irmãs, chegamos ao quarto domingo do Advento! O Senhor está chegando! As leituras nos introduzem profundamente no mistério de um Deus que não permanece distante, mas entra na história humana com delicadeza, respeito e fidelidade às suas promessas. O profeta Isaías anuncia a Acaz um sinal que não nasce da força política nem da segurança humana, mas da iniciativa gratuita de Deus: a jovem conceberá e dará à luz um filho, e ele será chamado Emanuel, Deus-conosco. Este sinal é oferecido num contexto de medo e instabilidade, lembrando-nos que Deus age precisamente quando o coração humano vacila. EMANUEL NÃO É APENAS UMA PROMESSA FUTURA, MAS A CERTEZA DE QUE DEUS CAMINHA COM O SEU POVO NO MEIO DA HISTÓRIA. O Salmo 23 aprofunda essa dinâmica ao afirmar que tudo pertence ao Senhor e ao perguntar quem pode subir ao monte santo. A resposta é clara: aquele que tem mãos limpas e coração puro.

A Encarnação não é apenas um acontecimento exterior, mas um convite à conversão interior, à abertura sincera para acolher a presença de Deus que deseja habitar em nós. Na carta aos Romanos, São Paulo apresenta Jesus Cristo como aquele que pertence verdadeiramente à nossa história, descendente de Davi segundo a carne e, ao mesmo tempo, revelado como Filho de Deus pelo Espírito.

Esta união do humano e do divino é o centro da nossa fé e o fundamento da missão da Igreja. Em Cristo, Deus assume a nossa condição para nos conduzir à obediência da fé, isto é, a uma resposta confiante e total ao seu amor. Esta obediência não é uma submissão cega, mas uma adesão livre a um projeto que gera vida. O Evangelho nos apresenta José como testemunha silenciosa dessa fé obediente. Diante de uma situação humanamente difícil de compreender, José decide não fechar o coração, mas ouvir a voz de Deus. Sua justiça não é legalismo, mas misericórdia; sua fé não se expressa em palavras, mas em decisões concretas. Ao acolher Maria e o menino Jesus, José acolhe também a missão de cuidar, proteger e educar o Filho de Deus.

Gostaria de destacar a figura de José, que pode iluminar profundamente nossa missão educativa e pastoral. Assim como ele, somos chamados a criar espaços seguros onde a vida possa crescer, a acompanhar processos com paciência e a confiar que Deus age mesmo quando não vemos resultados imediatos. Educar, à luz do Evangelho, é cooperar com a obra do Emanuel, ajudando crianças e jovens a reconhecer que Deus está com eles, especialmente em situações de fragilidade. Celebrar estas leituras é renovar a nossa confiança num Deus que entra na história, habita as nossas casas, as nossas escolas e comunidades, e nos envia para sermos sinais vivos da sua presença amorosa no mundo.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

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