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Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia está llamada a responder con valentía evangélica a los desafíos del tiempo presente, con apertura, discernimiento y coraje. Entre los innumerables desafíos, destaca la urgente necesidad de reflexionar, discernir y profundizar la evangelización a partir del papel de los jóvenes y de las mujeres en la Iglesia. Bien sabemos que ambos grupos siguen enfrentando prejuicios, exclusión social y limitaciones en su participación plena y fecunda en la comunidad eclesial. De ahí la elección de este tema, tan actual para la Iglesia.

La Iglesia, en cuanto signo de salvación, no puede eximirse de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo a aquellos que, por distintos motivos, han sido marginados. En este sentido, es misión de la Iglesia hacer que todos sean acogidos y valorados, pues ha de mirarse en Jesucristo, origen y fundamento de la misma. Igual que Jesús, la Iglesia está invitada a tener una mirada inclusiva y misericordiosa.

En esta misma línea, el Papa Francisco, en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG), nos recuerda que «la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (EG 47). Se necesita una actitud valiente y profética, ya que el Magisterio y la reflexión teológica ofrecen bases para pensar y construir una pastoral más integradora. Así, la propuesta de una «Iglesia en salida», presente en los números 20–23 de Evangelii Gaudium, abre horizontes para promover la dignidad, el protagonismo y la participación de estos grupos, sin perder la fidelidad al Evangelio.

Si nos detenemos con atención y discernimiento, podemos darnos cuenta de que las diversas realidades pastorales nos muestran que los jóvenes y las mujeres se encuentran en las «periferias existenciales», término usado por el Papa Francisco para designar los lugares donde la dignidad humana se ve herida (EG 20). La Iglesia necesita reconocer este hecho para comprender que la evangelización no puede ni debe limitarse a un grupo selecto que se considera especial, ejemplar y “ya listo”, sino que su tarea principal es llegar a todos los que necesitan acogida y el anuncio de la buena noticia de la esperanza cristiana: Jesucristo.

Las mujeres

No se pueden negar los pequeños avances que la Iglesia ha tenido en relación con el papel de las mujeres, pero es necesario denunciar proféticamente los cambios que todavía deben realizarse. Evangelii Gaudium reconoce explícitamente que «aún es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia» (EG 103).

Sabemos que, a lo largo de la historia, muchas mujeres han sido relegadas a papeles secundarios, aunque hayan sostenido comunidades, familias y prácticas de fe. Y esto no se queda en el pasado: todavía hoy muchas mujeres quedan limitadas a funciones secundarias (limpiar, cocinar, arreglar el espacio litúrgico), sufren la desvalorización de sus dones e, incluso, sus aportaciones teológicas son puestas en duda. Ignorar la perspectiva femenina en la evangelización puede llevar a una comprensión limitada del Evangelio, porque la experiencia de las mujeres contribuye de manera esencial a revelar su plenitud.

La Iglesia es la comunidad de los llamados y enviados a ser luz para las naciones, pero no una luz que nazca de sí misma, sino la luz de Cristo, que la Iglesia está llamada a reflejar. En este sentido, ha de dialogar también con las distintas experiencias de lo sagrado vividas por tantas mujeres. La promoción del protagonismo femenino, como lugar teológico de la revelación, no es solo una cuestión de justicia: es una cuestión de fidelidad a la misión de anunciar a un Dios que acoge, cuida y se revela a todos.

Los jóvenes

Las juventudes representan uno de los grupos más dinámicos y desafiantes para la acción evangelizadora de la Iglesia; y no podemos olvidar que son también uno de los grupos más hermosos, alegres y llenos de vida. Los jóvenes viven un tiempo precioso de descubrimientos, de preguntas sobre la identidad, el sentido y los valores. No se quedan en la primera respuesta: quieren ir más allá, comprender lo que viven y la fe que profesan. Por eso, la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio de un modo vivo, cercano y atractivo. Como recuerda el Papa Francisco: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (EG 1). Si la Iglesia se mantiene encerrada en sí misma, es como una casa abandonada que no llama la atención de nadie.

Inspirados por el Papa Francisco hablamos con frecuencia de una «Iglesia en salida», pero esta Iglesia solo será realidad cuando quienes llevan más tiempo en ella se encuentren de nuevo, de verdad, con la alegría del Evangelio y, animados por esa misma alegría, salgan al encuentro de las juventudes y muestren con su vida que el Evangelio es capaz de transformar la existencia y la sociedad.

Esa alegría, que no es superficial ni pasajera, abre espacios de diálogo, de participación y de protagonismo juvenil. Christus Vivit (CV) afirma que «los jóvenes son el ahora de Dios» (CV 178): no son solamente destinatarios de la evangelización, sino sujetos activos de la misión de construir comunidades más vivas y misioneras.

Evangelizar a los jóvenes es caminar a su lado, conocer sus experiencias, acoger sus desafíos y respetar sus historias, ayudándoles a descubrir que Cristo es la fuente de una vida plena (cf. CV 132–133). Ante las influencias de las redes sociales, el relativismo cultural y la presión por los resultados, es esencial ofrecer una fe vivida con alegría, que despierte el sentido de pertenencia y haga visible el amor concreto de Dios. Esta acción pastoral se realiza en la escucha atenta, la paciencia y la misericordia, acompañando a cada joven en su crecimiento personal y espiritual.

Conclusión

Reconocer que jóvenes y mujeres se enfrentan a menudo a prejuicios, exclusión y límites en su participación plena en la comunidad eclesial exige una pastoral que combine acogida, protagonismo y formación integral. Evangelii Gaudiumsubraya que la Iglesia debe ser capaz de dialogar con las realidades contemporáneas y ofrecer una experiencia de evangelización significativa, creativa y acogedora, recordando que evangelizar no es solo anunciar con palabras, sino ofrecer una experiencia de vida comunitaria marcada por la misericordia y la inclusión.

La acción evangelizadora de la Iglesia con los jóvenes y las mujeres debe ser un testimonio vivo de acogida, inclusión y misericordia. Reconocer sus experiencias, desafíos y potencialidades garantiza que el Evangelio llegue a todos de manera significativa. El protagonismo femenino y juvenil no expresa únicamente demandas sociales, sino la propia misión de la Iglesia como signo del Reino de Dios, promoviendo la dignidad, la participación y la esperanza. Una Iglesia en salida exige valentía, creatividad y una atención pastoral fina ante las realidades concretas de las periferias existenciales.

Abrirse a la voz y a la presencia de jóvenes y mujeres confirma la vocación de la Iglesia como comunidad viva y misionera. Cada persona está llamada a ser a la vez sujeto y destinataria del amor de Cristo, participando activamente en la misión evangelizadora. Así, la evangelización se convierte en una experiencia de vida plena, que revela el rostro misericordioso de Dios y fortalece la marcha de la humanidad hacia la comunión y la justicia.

Referencias

  1. Exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit. Roma, 2019. Disponible en: papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.pdf. Consultado el 28 de octubre de 2025.
  2. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Roma, 2013. Disponible en: papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.pdf. Consultado el 25 de octubre de 2025.

Ação evangelizadora junto aos jovens e as mulheres: uma Igreja em saída, acolhedora, inclusiva e misericordiosa

Ir. Marcus Túlio, Sch.P

Desde o Concilio Vaticano II, a Igreja é chamada a responder com coragem evangélica aos desafios do tempo presente com abertura, discernimento e coragem. Entre os inúmeros desafios, destaca-se a urgente necessidade de refletir, discernir e aprofundar a evangelização decorrente do papel dos jovens e das mulheres na Igreja. Sabe-se que ambos os grupos ainda enfrentam preconceitos, exclusão social e limitações na participação plena e frutuosa na comunidade eclesial. Daí a escolha deste tema tão atual para a Igreja.

A Igreja enquanto sinal de salvação, não pode se eximir de anunciar a Boa-Nova de Jesus Cristo àqueles que, por diferentes motivos, têm sido marginalizados. Neste sentido, é papel da Igreja fazer com que todos sejam acolhidos e valorizados, pois precisa se espelhar em Jesus Cristo, origem e fundamento da mesma. Assim como Jesus, a Igreja é convidada a ter um olhar inclusivo e misericordioso.

Neste mesmo sentido, o Papa Francisco, na Exortação Apostólica Evangelli Gaudium (EG), nos recorda que “a Igreja não é uma alfândega; é a casa paterna onde há lugar para cada um com a sua vida fatigada” (EG 47). É preciso uma abordagem corajosa e profética, já que o Magistério e a reflexão teológica oferecem bases para pensar e construir uma pastoral mais integradora. Sendo assim, a proposta de uma “Igreja em saída”, presente nos pontos 20-23 da Exortação Apostólica Evagelli Gaudium, oferece horizontes para promover a dignidade, o protagonismo e a participação desses grupos, sem perder a fidelidade ao Evangelho.

Ao deter-nos com atenção e discernimento, podemos perceber que as diversas realidades pastorais nos apontam que os jovens e as mulheres se encontram nas “periferias existenciais”, termo usado pelo Papa Francisco para designar os lugares onde a dignidade humana é ferida (EG 20). A Igreja precisa reconhecer este fato, par que assim possa compreender que a evangelização não pode e nem deve se limitar a um grupo seleto que se acreditam especiais, modelos e prontos, mas o seu maior papel é alcançar todos os que necessitam de acolhida e anúncio da boa notícia da esperança cristã: Jesus Cristo.

 As mulheres

Não se pode negar os pequenos avanços que a Igreja teve em relação ao papel das mulheres, mas é preciso denunciar de forma profética as mudanças que ainda precisa serem feitas. E, a Evangelii Gaudium reconhece explicitamente que ainda “é preciso ampliar os espaços para uma presença feminina mais incisiva na Igreja” (EG 103).

Sabe-se que, ao longo da história, muitas mulheres foram relegadas a papéis secundários, embora tenham sustentado comunidades, famílias e práticas de fé. E não para no passado, ainda hoje muitas mulheres são limitadas a funções secundárias (como limpar, cozinhar e arrumar o espaço litúrgico), sofrem desvalorização de seus dons e, até mesmo, suas contribuições teológicas são colocadas em dúvida. Ignorar a perspectiva feminina na evangelização pode resultar em uma compreensão limitada do Evangelho, pois a experiência das mulheres contribui de maneira essencial para revelar sua totalidade.

A Igreja é a comunidade dos chamados e enviados a ser luz para as nações, mas não uma luz que nasce dela mesma e sim uma luz que é do Cristo e que ela é convidada a refletir. Neste sentido, deve dialogar também com as diferentes experiências do Sagrado feita por tantas mulheres. Neste sentido, a promoção do protagonismo feminino, como lugar teológico da revelação não é uma questão de justiça, mas de uma fidelidade à missão de anunciar um Deus que acolhe, cuida e se revela a todos.

Os jovens

As juventudes representam um dos grupos mais dinâmicos e desafiadores para a ação evangelizadora da Igreja. Mas, não podemos negar que também é um dos grupos mais bonitos, alegres e cheios de vida. Os jovens vivem um período bonito de descobertas, de questionamentos sobre identidade, proposito e valores. Não param na primeira resposta, querem ir além, entender o que vivem e a fé que professam. Por isso, a Igreja é chamada a anunciar o Evangelho de modo vivo, próximo e atraente. Como recorda o Papa Francisco: “A alegria do Evangelho enche o coração e a vida inteira daqueles que se encontram com Jesus” (EG 1). Se a Igreja se mantém fechada em si mesma, é como uma casa abandonada, que não chama atenção de ninguém.

Inspirados pelo Papa Francisco, dizemos muito de uma “Igreja em saída”, mas essa Igreja só acontecerá quando os que nela estão há mais tempo se encontrarem verdadeiramente com a alegria do Evangelho e, animados por essa mesma alegria forem aos encontros das juventudes e mostrarem com suas vidas que o Evangelho é capaz de transformar a vida e a sociedade.

Essa alegria, que não é superficial nem passageira, abre espaços de diálogo, participação e protagonismo juvenil. A Christus Vivit (CV) afirma que “os jovens são o agora de Deus” (CV 178), não apenas destinatários da evangelização, mas sujeitos ativos da missão de construir comunidades mais vivas e missionárias.

Evangelizar os jovens é caminhar ao lado deles, conhecendo suas experiências, acolhendo seus desafios e respeitando suas histórias, ajudando-os a descobrir que Cristo é a fonte de uma vida plena (cf. CV 132-133). Diante das influências das redes sociais, do relativismo cultural e da pressão por resultados, é essencial oferecer uma fé vivida com alegria, que desperte pertencimento e torne visível o amor concreto de Deus. Essa ação pastoral se realiza na escuta atenta, na paciência e na misericórdia, acompanhando cada jovem em seu crescimento pessoal e espiritual.

Conclusão

O reconhecimento de que jovens e mulheres frequentemente enfrentam preconceitos, exclusão e limitações na participação plena na comunidade eclesial exige uma pastoral que combine acolhimento, protagonismo e formação integral. A Evangelii Gaudium enfatiza que a Igreja deve ser capaz de dialogar com as realidades contemporâneas e oferecer uma experiência de evangelização significativa, criativa e acolhedora, lembrando que a evangelização não é apenas um anúncio de palavras, mas uma experiência de vida em comunidade, marcada pela misericórdia e inclusão.

A ação evangelizadora da Igreja junto aos jovens e às mulheres deve ser um testemunho vivo de acolhida, inclusão e misericórdia. Reconhecer suas experiências, desafios e potencialidades garante que o Evangelho alcance a todos de forma significativa. O protagonismo feminino e juvenil reflete não apenas demandas sociais, mas a missão da Igreja como sinal do Reino de Deus, promovendo dignidade, participação e esperança. Uma Igreja em saída exige coragem, criatividade e atenção pastoral frente às realidades concretas das periferias existenciais.

Abrir-se à voz e à presença de jovens e mulheres confirma a vocação da Igreja como comunidade viva e missionária. Cada pessoa é chamada a ser agente e destinatária do amor de Cristo, participando ativamente da missão evangelizadora. Assim, a evangelização torna-se uma experiência de vida plena, revelando o rosto misericordioso de Deus e fortalecendo a caminhada da humanidade rumo à comunhão e à justiça

REFERÊNCIAS

FRANCISCO. Exortação apostólica pós-sinodal Christus Vivit. Roma: 2019. Disponível em: papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.pdf. Acesso em: 28 out. 2025

FRANCISCO. Exortação apostólica Evangelii Gaudium. Roma: 2013. Disponível em: papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.pdf Acesso em: 25 out. 2025.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

Panorama Calasanz
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