¡Queridos hermanos y queridas hermanas, llegamos al cuarto domingo de Adviento! ¡El Señor está llegando! Las lecturas nos introducen profundamente en el misterio de un Dios que no permanece distante, sino que entra en la historia humana con delicadeza, respeto y fidelidad a sus promesas. El profeta Isaías anuncia a Acaz un signo que no nace de la fuerza política ni de la seguridad humana, sino de la iniciativa gratuita de Dios: la joven concebirá y dará a luz un hijo, y será llamado Emanuel, Dios-con-nosotros. Este signo se ofrece en un contexto de miedo e inestabilidad, recordándonos que Dios actúa precisamente cuando el corazón humano vacila. EMANUEL NO ES SOLO UNA PROMESA FUTURA, SINO LA CERTEZA DE QUE DIOS CAMINA CON SU PUEBLO EN MEDIO DE LA HISTORIA. El Salmo 23 profundiza esta dinámica al afirmar que todo pertenece al Señor y al preguntar quién puede subir al monte santo. La respuesta es clara: el que tiene manos limpias y corazón puro. La Encarnación no es únicamente un acontecimiento exterior, sino una invitación a la conversión interior, a la apertura sincera para acoger la presencia de Dios que desea habitar en nosotros.
En la carta a los Romanos, san Pablo presenta a Jesucristo como aquel que pertenece verdaderamente a nuestra historia, descendiente de David según la carne, y al mismo tiempo revelado como Hijo de Dios por el Espíritu. Esta unión de lo humano y lo divino es el centro de nuestra fe y el fundamento de la misión de la Iglesia. En Cristo, Dios asume nuestra condición para conducirnos a la obediencia de la fe, es decir, a una respuesta confiada y total a su amor. Esta obediencia no es una sumisión ciega, sino una adhesión libre a un proyecto que genera vida. El Evangelio nos presenta a José como testigo silencioso de esta fe obediente. Ante una situación humanamente difícil de comprender, José decide no cerrar el corazón, sino escuchar la voz de Dios. Su justicia no es legalismo, sino misericordia; su fe no se expresa en palabras, sino en decisiones concretas. Al acoger a María y al niño Jesús, José acoge también la misión de cuidar, proteger y educar al Hijo de Dios.
Me gustaría destacar la figura de José, que puede iluminar profundamente nuestra misión educativa y pastoral. Así como él, estamos llamados a crear espacios seguros donde la vida pueda crecer, a acompañar procesos con paciencia y a confiar en que Dios actúa incluso cuando no vemos resultados inmediatos. Educar, a la luz del Evangelio, es cooperar con la obra del Emanuel, ayudando a niños y jóvenes a reconocer que Dios está con ellos, especialmente en las situaciones de fragilidad. Celebrar estas lecturas es renovar nuestra confianza en un Dios que entra en la historia, habita nuestras casas, nuestras escuelas y comunidades, y nos envía a ser signos vivos de su presencia amorosa en el mundo.
Caros irmãos e irmãs, chegamos ao quarto domingo do Advento! O Senhor está chegando! As leituras nos introduzem profundamente no mistério de um Deus que não permanece distante, mas entra na história humana com delicadeza, respeito e fidelidade às suas promessas. O profeta Isaías anuncia a Acaz um sinal que não nasce da força política nem da segurança humana, mas da iniciativa gratuita de Deus: a jovem conceberá e dará à luz um filho, e ele será chamado Emanuel, Deus-conosco. Este sinal é oferecido num contexto de medo e instabilidade, lembrando-nos que Deus age precisamente quando o coração humano vacila. EMANUEL NÃO É APENAS UMA PROMESSA FUTURA, MAS A CERTEZA DE QUE DEUS CAMINHA COM O SEU POVO NO MEIO DA HISTÓRIA. O Salmo 23 aprofunda essa dinâmica ao afirmar que tudo pertence ao Senhor e ao perguntar quem pode subir ao monte santo. A resposta é clara: aquele que tem mãos limpas e coração puro.
A Encarnação não é apenas um acontecimento exterior, mas um convite à conversão interior, à abertura sincera para acolher a presença de Deus que deseja habitar em nós. Na carta aos Romanos, São Paulo apresenta Jesus Cristo como aquele que pertence verdadeiramente à nossa história, descendente de Davi segundo a carne e, ao mesmo tempo, revelado como Filho de Deus pelo Espírito.
Esta união do humano e do divino é o centro da nossa fé e o fundamento da missão da Igreja. Em Cristo, Deus assume a nossa condição para nos conduzir à obediência da fé, isto é, a uma resposta confiante e total ao seu amor. Esta obediência não é uma submissão cega, mas uma adesão livre a um projeto que gera vida. O Evangelho nos apresenta José como testemunha silenciosa dessa fé obediente. Diante de uma situação humanamente difícil de compreender, José decide não fechar o coração, mas ouvir a voz de Deus. Sua justiça não é legalismo, mas misericórdia; sua fé não se expressa em palavras, mas em decisões concretas. Ao acolher Maria e o menino Jesus, José acolhe também a missão de cuidar, proteger e educar o Filho de Deus.
Gostaria de destacar a figura de José, que pode iluminar profundamente nossa missão educativa e pastoral. Assim como ele, somos chamados a criar espaços seguros onde a vida possa crescer, a acompanhar processos com paciência e a confiar que Deus age mesmo quando não vemos resultados imediatos. Educar, à luz do Evangelho, é cooperar com a obra do Emanuel, ajudando crianças e jovens a reconhecer que Deus está com eles, especialmente em situações de fragilidade. Celebrar estas leituras é renovar a nossa confiança num Deus que entra na história, habita as nossas casas, as nossas escolas e comunidades, e nos envia para sermos sinais vivos da sua presença amorosa no mundo.

MARCUS TÚLIO MARTINS
Escolapio
Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.
Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.


