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Queridos hermanos y hermanas, celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor. Las lecturas nos sitúan ante un momento decisivo de la vida de Jesús: su Bautismo en el Jordán. No se trata simplemente de un rito inicial ni de un episodio aislado, sino de una verdadera revelación de quién es Él y de la misión que asume. En el Jordán se manifiestan identidad, unción y envío. El Hijo entra en las aguas de nuestra historia para inaugurarlas de nuevo desde Dios.

El profeta Isaías nos presenta la figura del Siervo del Señor, elegido y sostenido por Dios, en quien el Señor se complace. Este Siervo no se impone por la fuerza, no grita, no apaga la mecha que aún humea ni quiebra la caña resquebrajada. Su modo de actuar está marcado por la mansedumbre, la fidelidad y el cuidado de los frágiles. Es un estilo que contrasta radicalmente con las lógicas de dominación y poder. La misión del Siervo es clara: establecer el derecho, ser luz de las naciones, abrir los ojos de los ciegos y liberar a los prisioneros. Es una misión profundamente liberadora y restauradora.

Esta profecía encuentra su pleno cumplimiento en Jesús. En el Evangelio, Él se acerca a Juan Bautista y pide ser bautizado. Jesús no necesitaba conversión, pero elige descender a las aguas, colocarse en medio de los pecadores y solidarizarse con la humanidad herida. Aquí se revela un dato central de nuestra fe: Dios no salva desde fuera, sino desde dentro de la historia. La resistencia inicial de Juan expresa nuestra dificultad para comprender a un Mesías que no se impone, sino que se abaja. La respuesta de Jesús es decisiva: “Conviene que cumplamos toda justicia”. La justicia de Dios no es legalismo, sino fidelidad a su proyecto de amor.

Al salir del agua, el cielo se abre. El Espíritu desciende sobre Jesús como paloma y la voz del Padre proclama: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Estamos ante una verdadera epifanía trinitaria: el Padre revela, el Hijo se entrega y el Espíritu unge. Jesús es el Hijo amado no por lo que hace, sino por lo que es. Y precisamente porque es amado, es enviado.

La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, nos ayuda a comprender las consecuencias de esta unción. Pedro proclama que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y que pasó haciendo el bien y liberando a todos los que estaban oprimidos. El poder que brota del Bautismo no es poder de dominación, sino fuerza de servicio. La unción recibida en el Jordán orienta toda la vida de Jesús hacia los demás, especialmente hacia los pobres, los enfermos y los excluidos.

Esta Palabra interpela directamente nuestra vida. Por el Bautismo, también nosotros hemos sido ungidos y llamados hijos e hijas amados de Dios. Pero esta identidad no nos encierra en privilegios; al contrario, nos envía en misión. Ser bautizado es asumir el estilo del Siervo: mansedumbre, cercanía, compromiso con la justicia y valentía evangélica. Para nosotros, dentro de la tradición escolapia, esto adquiere un rostro concreto en la misión educativa. Educar es servir, es cuidar lo frágil, es creer que el Espíritu sigue actuando en la vida de los niños y de los jóvenes.

Celebrar el Bautismo del Señor es, por tanto, renovar una certeza fundamental: antes de cualquier tarea o ministerio, somos amados. Y precisamente porque somos amados, somos enviados a pasar por el mundo haciendo el bien, como Jesús, el Siervo amado y ungido del Padre.

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

Panorama Calasanz
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