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Y tu vida, ¿qué sabor tiene?

Y tu vida, ¿qué sabor tiene?

Una de las características que más recordamos a nivel de los sentidos es el sabor de las comidas preparadas por las personas que más amamos, como por ejemplo el sabor de los platos de nuestra madre o abuela o de la región de donde procedemos. Y es algo que incluso nos transporta a momentos de nuestra infancia llenos de alegría y recuerdos de cuando todo era más sencillo.

En el Evangelio de este domingo el Señor nos invita a ser sal de la tierra, a dar sabor a un mundo que ha perdido poco a poco la sazón, el gusto. A un mundo donde ya nada “sabe bien” porque nos ha hecho seres insatisfechos, demandantes, exigentes e inconformes. Hasta las comidas rápidas son signo de ello, de querer saciarnos rápidamente y ya. Pero la buena comida se sazona, se prepara con amor, lleva tiempo, lleva amor. Y por eso cuando nos sentamos a la mesa podemos disfrutar tanto del plato que tenemos delante como del amor que sabemos que tiene guardado detrás de cada ingrediente. De esa misma manera Dios va poniendo todos los ingredientes en nuestra vida, en cada etapa, para darle “sabor”, siendo la sal para que podamos gustar de nuestra existencia y para que de allí podamos aportar y darle sabor a este mundo tantas veces insípido. El “sabor” de la experiencia de Dios, de la Palabra de Dios, de la entrega gratuita y desinteresada que logra calar en la vida de los otros para que ellos encuentren ese “sabor”, ese gusto por esta vida, pues al final nos espera el banquete compartido con los hermanos, con el Señor, con los pobres que tienen tanta hambre y sed de vida y de luz.

Demos gracias a Dios porque prepara un banquete delante de nosotros para compartirlo con toda la humanidad, para que nadie quede con hambre ni en el cuerpo ni en el espíritu y podamos todos disfrutarlo en verdadera fraternidad.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

5 de febrero de 2023 | 5º Domingo del Tiempo Ordinario

Mateo 5,13-16 Vosotros sois la luz del mundo

​En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio.

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeñó como Postulador General y como responsable de la oficina de comunicación de la Orden en Roma del 2015 al 2022. Actualmente es profesor de inglés en uno de nuestros colegios en Bogotá.

¿Verdadera incapacidad de verlo o excusas para no hacerlo?

¿Verdadera incapacidad de verlo o excusas para no hacerlo?

A este mundo hemos venido a transitar muchos caminos. Cada uno de nosotros está en constante búsqueda. Nos trazamos horizontes y metas en las diferentes etapas de la vida. Y me atrevería a decir que al final, todos buscamos la verdadera felicidad, la plenitud de la vida, la paz en el corazón. En resumen, el Amor.

Pero en medio de esas búsquedas aparecen ciertos obstáculos que pareciera que no quieren dejarnos avanzar. El obstáculo está ahí delante, existe, es objetivo. Pero el obstáculo no tiene la última palabra ni puede definir nuestra existencia. Nos quedan siempre dos opciones: o quedarnos bloqueados, petrificados, estáticos, o podemos afrontarlo y superarlo para seguir adelante. Y esta segunda opción requiere coraje, determinación y la confianza en Dios para poder lograrlo.

Zaqueo, que era bajo de estatura, no dejó que ni su tamaño, ni quienes no lo dejaban ver, ni el treparse a un árbol, ni el juicio o murmuraciones de los demás, determinaran su deseo de ver a Jesús, hablar con él y tenerlo como huésped en su casa. Contra todo pronóstico Jesús estuvo en su casa y llegó la salvación tanto a él como a su familia.

Dejemos entrar a Jesús a nuestro corazón superando cualquier obstáculo que se presente para evitarlo. Que cada día sea Él el invitado principal. Que dialoguemos con Él desde la pequeñez de nuestra existencia. Que comamos con Él cada día, alimentándonos de su Palabra y de su Cuerpo y de su Sangre. Que divisemos el horizonte para encontrarlo siempre mirándonos con amor, misericordia y ternura. Y que así seamos instrumentos de conversión para todos los que nos rodean, pudiendo disfrutar de la salvación que sólo Él nos puede dar.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 30 de Octubre de 2022 | 31º domingo de tiempo ordinario

Lucas 19, 1-10: El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán.

Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio.

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeñó como Postulador General y como responsable de la oficina de comunicación de la Orden en Roma del 2015 al 2022. Actualmente es profesor de inglés en uno de nuestros colegios en Bogotá.

Somos hijos del Amor y la Vida que vienen de Dios

Somos hijos del Amor y la Vida que vienen de Dios

Escribo estas líneas en medio de un contexto que está tocando el corazón de toda la humanidad por la guerra en Ucrania y sus nefastas consecuencias para su población y su futuro.

El evangelio de este domingo habla de la muerte y la infertilidad que resultan de nuestra falta de conversión y de nuestro miedo a dar frutos en abundancia. Jesús nos invita a ver las cosas desde otra perspectiva, a reflexionar y a entender que Dios con infinita paciencia espera que demos los pasos necesarios para convertirnos y ser terreno fértil, sabiéndonos hijos del Amor y de la Vida que vienen de Él.

Nos parece increíble que aunque la historia nos ha enseñado que las guerras solo generan desolación, hambre, muerte y dolor, seguimos repitiendo los mismos errores. Parece que no aprendiéramos de nuestro pasado y seguimos cayendo una y otra vez. ¿Qué nos hace falta para escuchar, entender y seguir la palabra de Dios?

Este domingo de Cuaresma nos impulsa a dar testimonio de la obra salvífica que el Señor teje en nosotros día a día, con nuestras palabras, nuestro pensamiento y nuestras acciones. A no echarle a Él la culpa de las desgracias nuestras, de las enfermedades o de las muertes. A ser pacientes con nuestros hermanos como Él lo es con cada uno de nosotros. A florecer y dar fruto, cada uno según su propio ritmo, pero sin dejar de hacerlo. A no perder la esperanza como Él no la pierde contigo y conmigo. ¡Ánimo, que siempre podemos construir un mundo mejor!

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 20 de Marzo de 2022 | Domingo 3º de Cuaresma

Lucas 13, 1-9: Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús contestó:

-«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».»

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.

Alegría en el servicio

Alegría en el servicio

La vida moderna, llena de afanes y prisas, no nos permite siempre detenernos por un instante para observar con calma tanto lo que sucede en nuestro interior, como lo que pasa en la vida de los otros, especialmente de los más necesitados. Nuestro lenguaje cada vez tiende más al individualismo, al egocentrismo. Incluso si nos viéramos en un espejo con el móvil en la mano u observando la pantalla del ordenador, nos daríamos cuenta de que nuestra posición se parece a la de la caparazón del caracol que se va encerrando poco a poco en sí mismo. Gente en los restaurantes que no se habla por estar pegados a sus móviles, padres de familia que no saben cómo criar a sus hijos y les dan una Tablet o un móvil para que no molesten, jóvenes y también adultos absortos en juegos on-line en sus dispositivos que se encierran en sí mismos, personas al volante que ponen sus vidas y las de los demás en riesgo por la prisa de revisar las notificaciones de los mensajes que llegan, música a alto volumen en los audífonos de tantos para no dejar que el “ruido” de fuera los disturbe o distraiga…

Esta radiografía de tantas personas en el mundo de hoy, hace difícil que haya más oportunidades de abrir el corazón con alegría por la venida del Señor que se manifiesta en tantas maneras, circunstancias y personas, pero que perdemos la oportunidad de encontrarlo en ellas por estar absortos en nuestro pequeño mundo pseudo-virtual.

María, en su época, podría haberse llenado de justificaciones como sus quehaceres cotidianos, su propio embarazo, el riesgo de un viaje, la inexperiencia sobre el tema de los partos, etc., para no ir donde su prima Isabel. Sin embargo, como se había manifestado abierta a hacer la voluntad del Padre, también se muestra en el evangelio de este domingo dispuesta a salir de su zona de confort para ir al encuentro de una persona mayor que necesitaba ayuda. Primó para ella el bienestar de los demás sobre el suyo. Lo hizo a prisa, no con pereza. Y esto llevó una gran alegría tanto a Isabel como al niño que estaba en su vientre. La bondad transforma, alegra, pacifica, fortalece y anima a quien la da y a quien la recibe.

Que este último domingo de Adviento, antes de celebrar la Navidad, sea un momento para que todos nosotros reafirmemos nuestro compromiso de seguir en la construcción del Reino de Dios para que Jesús, tomando forma y vida en nuestros corazones y a través de nuestras manos, pueda seguir haciendo el bien a todas las personas que encontremos por el camino, bendiciéndolas y alegrándolas profundamente.

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 19 de Diciembre de 2021 | Domingo 4º de Adviento

Lucas 1, 39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.

Busquemos lo que realmente nos une

Busquemos lo que realmente nos une

Caminamos por el mundo durante nuestra vida encontrándonos con cientos o miles de personas que van pasando y dejan su huella al igual que nosotros en ellas. Pero de todas esas personas, algunas van ocupando un lugar especial porque los vínculos so duraderos y surge un afecto, un cariño y en algunos casos hasta el amor. Si viviéramos cada encuentro como una oportunidad de amar más al otro, lograríamos caminar como hizo Jesús en la tierra, creando vínculos que salvan, liberan, sanan, construyen y cambian vidas. Desafortunadamente el mundo nos ha ido cambiando la manera de ver, de observar a los otros. Casi desde el primer encuentro con alguien nos creemos con la capacidad de juzgarlo, definirlo y etiquetarlo. Y por esa manera de usar nuestros ojos y nuestro corazón en relación con el otro, nos fijamos en los defectos, limitaciones y debilidades creando paulatinamente una distancia invisible a los ojos, pero palpable en la relación cotidiana. Nos encontramos con lo que nos separa y divide y no permitimos que la relación crezca, se fortalezca y madure. Debido a esto, rompemos con el otro, nos alejamos y nos encerramos. Se genera una barrera tal que ninguno de los dos la puede saltar. Y allí acaba todo, porque en nuestro corazón no dejamos que habitara el amor, el perdón, la escucha y la capacidad de vivir en libertad y dejar vivir al otro. Si vemos a Jesús y sus palabras en el Evangelio de este domingo, nos damos cuenta que nos invita a que busquemos lo que realmente nos une, lo que nos acerca, lo que genera comunión. Él no aleja a las personas, mucho menos a los niños que se acercan a él para que los bendiga. Quiere estar con ellos, compartir con ellos.

En nuestra vida escolapia estamos llamados a crear puentes, derribar muros, abrir caminos para el encuentro, el diálogo, la fraternidad, la vida en comunidad y en familia. Que pueda cada uno hacer su camino por donde lo lleve el Señor, pero contando con los demás para poder apoyarnos y crecer juntos. Si alguien va adelante es el Señor que guía nuestros pasos, pero entre nosotros estamos llamados a caminar juntos. A acercar. A tratar de sanar nuestra ruptura con nuestra propia historia, con los demás y con Dios. A ser una sola carne, un solo cuerpo. Pidámosle al Dios del Amor y de la misericordia que seamos instrumentos de esta unión en medio de este mundo dividido por las envidias, el orgullo, los celos y las discordias. Y que siguiendo los pasos de Calasanz, busquemos el feliz transcurso de las vidas de nuestros niños, niñas y jóvenes.​

P. Andrés Valencia Henao Sch. P.

Domingo 03 de Octubre de 2021 | 27º domingo de tiempo ordinario

Marcos 10, 2-16: Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

 

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios «los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

ANDRES VALENCIA HENAO

ANDRES VALENCIA HENAO

Escolapio. Postulador General

Nacido en Colombia en 1977. Exalumno del Colegio Calasanz de Pereira. Ha trabajado como director de escuela y asistente provincial de la Provincia Nazaret. Se desempeña como encargado de las causas de los santos en la Casa General de San Pantaleo en Roma desde el año 2015. También es el responsable de la Oficina de Comunicación de la Orden.

Panorama Calasanz
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