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¡Sígueme!

¡Sígueme!

¡Cuántos Evangelios en uno solo! ¡Qué riqueza! ¿Con qué podemos quedarnos en las múltiples lecciones del evangelio de hoy?

Desde la humildad y la sencillez, yo subrayaría lo siguiente: “sígueme”. Eso es lo que nos pide Jesús. Pero creo que no debemos verlo desde la radicalidad, aunque también, sino desde el amor. Jesús empieza por reprender a sus discípulos por querer castigar a los samaritanos, por no ofrecerle alojamiento, por su indolencia. Parece que la lectura de hoy es reprensiva, pero no. Jesús es tolerante y no los escarmienta (recordemos que los samaritanos eran opuestos a los judíos). Aunque seas un mal samaritano, Jesús es comprensivo.

¿Qué nos pide Jesús entonces? Que le sigamos ¿no? Y eso ¿en qué consiste entonces? ¿En dejarlo todo? Sí, pero eso tiene sus matices. Bienaventurados los que siguen la llamada y su vocación les llama a consagrarse al Señor. Y también bienaventurados los que hacen de su vida un testimonio del amor de Dios. Los que convierten sus actos cotidianos en un reflejo de la caridad cristiana, sean samaritanos, sean agricultores, o sean huérfanos. Cuando el reino de Dios es lo decisivo, nuestra vida adquiere el sentido correcto. Y nuestras acciones, también.

Es entonces cuando nuestro yo se diluye en el yo de los demás, en el nosotros. Y así podemos construir el anticipo del Reino. Abandonémonos en el nosotros, en el ellos, en Él … y sigámosle. Y haremos bien. Amen.

Domingo 26 de Junio de 2022 | 13º domingo de tiempo ordinario

Lucas 9, 51-62: Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

​Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.

Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:

«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».

Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno:

«Te seguiré adondequiera que vayas».

Jesús le respondió:

«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

A otro le dijo:

«Sígueme».

Él respondió:

«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».

Le contestó:

«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

Otro le dijo:

«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».

Jesús le contestó:

«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.

Ha echado todo lo que tenía para vivir

Ha echado todo lo que tenía para vivir

​El Evangelio de la viuda es muy sencillo. No parece complicado de entender en comparación con otras parábolas de Jesús. No des de lo que te sobre, sino de lo que necesitas. No aparentes caridad, sé caritativo. Clarísimo.

Pero quizá no es tan simple. Y requiere de múltiples lecturas. Desde aquí ofrezco una visión distinta, humilde.

La viuda, en el mundo antiguo, era una figura frágil y desprotegida. La viuda del Evangelio no parece tener hijos, como en otros casos relacionados con la vida de Jesús; seguramente estaba sola. Y, además, es pobre. Tan pobre que no pudo ni ofrecer un cuadrante en moneda, sino dos leptones, la acuñación de menor valor. Viuda, sola, pobre … casi invisible.

Y, aun así, Jesús es el único que la ve, contempla la escena y sabe ver su bondad, su virtud, su caridad, su humildad … Y tiene que llamar a sus discípulos, despistados como siempre, para explicarles lo que ha sucedido. ¡Qué paciencia!

Creo que son dos ejemplos en los que mirarnos. Por supuesto, siempre Jesús, que es capaz de ver lo bueno en lo escondido. Cuántas veces hemos menospreciado a esas abuelitas que echan unos centimitos de euro al pasar el cepillo durante la Misa. No. No pensemos mal. Jesús así nos lo enseña. No seamos jueces.

Y la viuda. La creo sabedora de que su vida está ya de caída. De un final más cercano cada vez. Pero está llena de fe y esperanza, porque sabe que su siguiente vida, la vida eterna, está garantizada. Creo que no entrega sus moneditas para ganarse ese cielo. Es al revés, las ofrece, porque cree en la vida junto a Dios; se sabe acreedora de esa buena noticia, de que compartirá la vida eterna con el Señor. Por eso sabe que ni siquiera necesita esas monedas. Sólo la fe en Dios le es suficiente. Ella no entrega las monedas, se entrega ella a Dios.

En definitiva, el Evangelio de la viuda quizá no es tan sencillo de leer, de entender y, menos aún, de llevarlo a la práctica. Pero intentémoslo. Amen.

Domingo 07 de Noviembre de 2021 | 32º domingo de tiempo ordinario

Marcos 12, 38-44: Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

​En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

-«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

-«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.