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Y así Dios lo será todo para todos

Y así Dios lo será todo para todos

En ocasiones, las predicaciones de Jesús pueden sonarnos descarnadas en un mundo actual, regido por el hipercriticismo, el buenismo y la falta de responsabilidad. Un mundo en el que es más frecuente protestar por supuestos agravios, discriminaciones, injusticias, sin ofrecer ni ejecutar soluciones. Parece que nuestra realidad sólo puede vivirse desde la protesta enfadada contra múltiples y diversas situaciones. Y a este pensamiento crítico se suma el revés de la trama: una posición de buenismo inútil, incapaz de afrontar las soluciones reales de la vida. Voy a poner un ejemplo crudo. No sé qué día del año se celebra el día de las personas con síndrome de Down. En esta jornada, se nos invita a llevar calcetines de distinto color. Estupendo. Si sirve para que algunos despistados pierdan el temor o la prevención de acercarse a estas maravillosas personas, será una gran iniciativa. Lo llamativo, no obstante, es que esta iniciativa la defienden algunos colectivos que abogan por permitir el aborto si el feto es diagnosticado con este síndrome. ¿Cabe mayor incongruencia? ¿Cómo se puede defender matar a una criatura porque tiene una característica peculiar que luego vas a celebrar si consigue nacer?

Volvamos a Jesús. Que mejor será. ¿Qué creo que intenta decirnos Jesús? Entre otras cosas, que debemos defender siempre a los humildes. Es decir, como cristianos siempre, y esto es lo decisivo, siempre, siempre, tenemos que ayudar a quien lo necesite. Quiero subrayar que ni aquellos a los que Jesús llama ovejas ni aquellos a los que denomina cabras son conscientes de porqué son juzgados. Simplemente actuaron de un modo concreto en sus vidas, ayudando o despreciando al humilde. Por tanto, no debemos entender en esta lectura que Jesús quiere que nuestros actos sean buenos para premiarnos con el cielo. Bueno, sí. Pero no debernos entenderlo de una forma literal. Jesús nos ofrece su ejemplo. Si vivimos nuestra vida con amor, con caridad, estaremos indicándole a Cristo, a Dios, qué eternidad queremos vivir. No es Dios el que nos castiga o premia; somos nosotros. Las ovejas no sabían que ayudaban al Señor. Las ovejas socorrían a su prójimo, al hambriento, al sediento … Hicieron lo que es justo. Amaron caritativamente a sus cercanos. En las Escuelas Pías tenemos siempre presente el ejemplo de Calasanz, que sí supo ver, ayudar y amar a los más humildes.

Y eso es lo que debemos hacer cada uno de nosotros, para ser ovejas y no cabras. Amar al que tenemos al lado. Dando nuestra ayuda, dando nuestra persona. En eso consiste también el cielo: en el amor infinito. Y, en contraste, en eso radica el infierno, en no amar ni ser amado. ¿Hay algo más triste y desazonador?

Ya lo dice San Pablo: así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida… y así Dios será todo en todas las cosas.

26 de noviembre de 2023 | XXXIV domingo del Tiempo Ordinario

Mateo 25,31-46: Venid, heredad el reino preparado para vosotros.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.» Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.» Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.

Nada os preocupe

Nada os preocupe

La riqueza de las sagradas escrituras se comprueba en días como hoy. Personalmente, las lecturas evangélicas en las que Jesús se comporta o predica de forma especialmente dura, se me hacen difíciles de comprender.  Me generan un cierto estupor porque no contemplo la figura de Cristo, sin su ánimo redentor y misericordioso. Por eso, en este domingo XXVII del Tiempo Ordinario, se hace particularmente trascendente prestar atención a todas y cada una de las lecturas. Veamos.

En el Evangelio, Jesús nos habla de unos labradores, arrendatarios, que, lejos de dar su parte a los propietarios, maltratan a los emisarios recaudadores, y finalmente, asesinan al hijo de los dueños. Jesús cuenta esta parábola a los sumos sacerdotes y ancianos. ¿Por qué? Les anticipa lo que sucederá con su propia vida, cuando lo cuelguen de un madero y le den muerte de cruz, como Hijo de Dios. Es el momento en que señala que los judíos no han cumplido la alianza con su Dios. Porque ese pacto no ha dado frutos. Habéis recibido la Palabra, y no ha dado obras. Esto es lo decisivo que anuncia Jesús en el día de hoy. Os lo he dado todo y no habéis devuelto nada.

Israel no ha dado frutos, respetando la ley, pero incapaz de superarla en bien del hombre, de la persona. ¿Y ya está? Jesús disuelve la alianza con el pueblo de Israel y ¿ahí se acaba todo? No. San Pablo, como en tantas ocasiones históricamente, nos desentraña la Palabra: ponedlo por obra. Es decir, Dios, el Dios de la paz, está con los que practican lo que aprendieron, recibieron, oyeron y vieron en Jesús. O, dicho de otro modo, la fe, sin obras, es una fe muerta y vacía… aunque recemos a Dios, vayamos a misa todos los domingos … Nos han dado el mayor de los dones, una vida con fe. Si no somos capaces de intentar devolver a Jesús, a Dios, parte de lo nos ha regalado, no somos dignos de su amor y su misericordia. ¿Y cómo podemos devolver a Jesús parte de lo que nos ha obsequiado? Poniendo a Jesús como ejemplo a seguir en todo lo que hacemos. Que Él sea la piedra angular de todo lo que hacemos y construimos en nuestra vida. Como un sabio y ejemplar escolapio me dijo un día, pregúntate qué haría Jesús en cada ocasión y busca hacer lo mismo. Por eso, en ese intento de ponerlo en obra, encontraremos que la paz de Dios está con nosotros. Y nada nos preocupará.

Domingo, 8 de octubre de 2023 | XXVII domingo de tiempo ordinario

Mateo 21, 33-43: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?» Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.

El perdón infinito

El perdón infinito

El evangelio del XXIV domingo del Tiempo Ordinario es muy fácil de entender: perdona, como quieras que te perdonen a ti.

Lo dice Jesús de dos maneras, ambas expresivas. Perdona a tu hermano hasta setenta veces siete, que es como decir infinitamente. Categórico.

Pero la historia del criado injusto tiene algún matiz subrayable. Veamos. Su rey le ha prestado diez mil talentos que el siervo ha sido incapaz de devolver. ¿Y qué hace el monarca cuando el criado pide su clemencia? Se compadece de él, y le perdona la deuda. Le libera. Le regala los diez mil talentos, en definitiva. Diez mil talentos es una cantidad inimaginable de dinero. En los evangelios se habla de que el salario diario de un jornalero era un denario de plata. Un talento podría equivaler aproximadamente a 6000 denarios. Grosso modo el siervo le debía a su rey 60 millones de denarios. Esto revela una generosidad enorme del rey, sin duda; y una paciencia inagotable. Frente a esta actitud, el siervo injusto es incapaz de perdonar una deuda de cien denarios a un compañero. No perdona como le perdonaron a él.

Pensemos ahora que el rey es nuestro Señor. El criado injusto somos cada uno de nosotros. Desde que nacemos, vivimos acumulando deudas con Dios, pero siempre nos perdona. Es más, nos ha perdonado definitivamente. Porque su crédito son diez mil talentos, que es como decir la vida eterna. ¿Qué nos pide el Señor a cambio? que seamos capaces de perdonar. Esto es lo que irrita al rey de la historia evangélica, que su siervo es incapaz de condonar una deuda; además, ridícula comparada con la deuda del otro criado.

Por tanto, y esto es lo decisivo, Dios nos ha regalado ya los diez mil talentos. Ése es nuestro crédito concedido. Pensemos qué hacer con él y actuemos también en nuestra vida, en lo pequeño, intentando imitar lo que Él haría. Debemos vivir para hacernos merecedores de la vida eterna, sabiendo que Dios ya nos la ha concedido. En el caso del perdón, nos lo ha dejado claro: perdonar siempre, infinitamente.

Domingo, 17 de septiembre de 2023 | XXIV domingo de tiempo ordinario

Mateo 18, 21-35: ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.

¡Sígueme!

¡Sígueme!

¡Cuántos Evangelios en uno solo! ¡Qué riqueza! ¿Con qué podemos quedarnos en las múltiples lecciones del evangelio de hoy?

Desde la humildad y la sencillez, yo subrayaría lo siguiente: “sígueme”. Eso es lo que nos pide Jesús. Pero creo que no debemos verlo desde la radicalidad, aunque también, sino desde el amor. Jesús empieza por reprender a sus discípulos por querer castigar a los samaritanos, por no ofrecerle alojamiento, por su indolencia. Parece que la lectura de hoy es reprensiva, pero no. Jesús es tolerante y no los escarmienta (recordemos que los samaritanos eran opuestos a los judíos). Aunque seas un mal samaritano, Jesús es comprensivo.

¿Qué nos pide Jesús entonces? Que le sigamos ¿no? Y eso ¿en qué consiste entonces? ¿En dejarlo todo? Sí, pero eso tiene sus matices. Bienaventurados los que siguen la llamada y su vocación les llama a consagrarse al Señor. Y también bienaventurados los que hacen de su vida un testimonio del amor de Dios. Los que convierten sus actos cotidianos en un reflejo de la caridad cristiana, sean samaritanos, sean agricultores, o sean huérfanos. Cuando el reino de Dios es lo decisivo, nuestra vida adquiere el sentido correcto. Y nuestras acciones, también.

Es entonces cuando nuestro yo se diluye en el yo de los demás, en el nosotros. Y así podemos construir el anticipo del Reino. Abandonémonos en el nosotros, en el ellos, en Él … y sigámosle. Y haremos bien. Amen.

Domingo 26 de Junio de 2022 | 13º domingo de tiempo ordinario

Lucas 9, 51-62: Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

​Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.

Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:

«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».

Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno:

«Te seguiré adondequiera que vayas».

Jesús le respondió:

«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

A otro le dijo:

«Sígueme».

Él respondió:

«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».

Le contestó:

«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

Otro le dijo:

«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».

Jesús le contestó:

«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.

Ha echado todo lo que tenía para vivir

Ha echado todo lo que tenía para vivir

​El Evangelio de la viuda es muy sencillo. No parece complicado de entender en comparación con otras parábolas de Jesús. No des de lo que te sobre, sino de lo que necesitas. No aparentes caridad, sé caritativo. Clarísimo.

Pero quizá no es tan simple. Y requiere de múltiples lecturas. Desde aquí ofrezco una visión distinta, humilde.

La viuda, en el mundo antiguo, era una figura frágil y desprotegida. La viuda del Evangelio no parece tener hijos, como en otros casos relacionados con la vida de Jesús; seguramente estaba sola. Y, además, es pobre. Tan pobre que no pudo ni ofrecer un cuadrante en moneda, sino dos leptones, la acuñación de menor valor. Viuda, sola, pobre … casi invisible.

Y, aun así, Jesús es el único que la ve, contempla la escena y sabe ver su bondad, su virtud, su caridad, su humildad … Y tiene que llamar a sus discípulos, despistados como siempre, para explicarles lo que ha sucedido. ¡Qué paciencia!

Creo que son dos ejemplos en los que mirarnos. Por supuesto, siempre Jesús, que es capaz de ver lo bueno en lo escondido. Cuántas veces hemos menospreciado a esas abuelitas que echan unos centimitos de euro al pasar el cepillo durante la Misa. No. No pensemos mal. Jesús así nos lo enseña. No seamos jueces.

Y la viuda. La creo sabedora de que su vida está ya de caída. De un final más cercano cada vez. Pero está llena de fe y esperanza, porque sabe que su siguiente vida, la vida eterna, está garantizada. Creo que no entrega sus moneditas para ganarse ese cielo. Es al revés, las ofrece, porque cree en la vida junto a Dios; se sabe acreedora de esa buena noticia, de que compartirá la vida eterna con el Señor. Por eso sabe que ni siquiera necesita esas monedas. Sólo la fe en Dios le es suficiente. Ella no entrega las monedas, se entrega ella a Dios.

En definitiva, el Evangelio de la viuda quizá no es tan sencillo de leer, de entender y, menos aún, de llevarlo a la práctica. Pero intentémoslo. Amen.

Domingo 07 de Noviembre de 2021 | 32º domingo de tiempo ordinario

Marcos 12, 38-44: Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

​En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

-«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

-«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.

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