La riqueza de las sagradas escrituras se comprueba en días como hoy. Personalmente, las lecturas evangélicas en las que Jesús se comporta o predica de forma especialmente dura, se me hacen difíciles de comprender. Me generan un cierto estupor porque no contemplo la figura de Cristo, sin su ánimo redentor y misericordioso. Por eso, en este domingo XXVII del Tiempo Ordinario, se hace particularmente trascendente prestar atención a todas y cada una de las lecturas. Veamos.
En el Evangelio, Jesús nos habla de unos labradores, arrendatarios, que, lejos de dar su parte a los propietarios, maltratan a los emisarios recaudadores, y finalmente, asesinan al hijo de los dueños. Jesús cuenta esta parábola a los sumos sacerdotes y ancianos. ¿Por qué? Les anticipa lo que sucederá con su propia vida, cuando lo cuelguen de un madero y le den muerte de cruz, como Hijo de Dios. Es el momento en que señala que los judíos no han cumplido la alianza con su Dios. Porque ese pacto no ha dado frutos. Habéis recibido la Palabra, y no ha dado obras. Esto es lo decisivo que anuncia Jesús en el día de hoy. Os lo he dado todo y no habéis devuelto nada.
Israel no ha dado frutos, respetando la ley, pero incapaz de superarla en bien del hombre, de la persona. ¿Y ya está? Jesús disuelve la alianza con el pueblo de Israel y ¿ahí se acaba todo? No. San Pablo, como en tantas ocasiones históricamente, nos desentraña la Palabra: ponedlo por obra. Es decir, Dios, el Dios de la paz, está con los que practican lo que aprendieron, recibieron, oyeron y vieron en Jesús. O, dicho de otro modo, la fe, sin obras, es una fe muerta y vacía… aunque recemos a Dios, vayamos a misa todos los domingos … Nos han dado el mayor de los dones, una vida con fe. Si no somos capaces de intentar devolver a Jesús, a Dios, parte de lo nos ha regalado, no somos dignos de su amor y su misericordia. ¿Y cómo podemos devolver a Jesús parte de lo que nos ha obsequiado? Poniendo a Jesús como ejemplo a seguir en todo lo que hacemos. Que Él sea la piedra angular de todo lo que hacemos y construimos en nuestra vida. Como un sabio y ejemplar escolapio me dijo un día, pregúntate qué haría Jesús en cada ocasión y busca hacer lo mismo. Por eso, en ese intento de ponerlo en obra, encontraremos que la paz de Dios está con nosotros. Y nada nos preocupará.
Domingo, 8 de octubre de 2023 | XXVII domingo de tiempo ordinario
Mateo 21, 33-43: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?» Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Laico
Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.