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​El Evangelio de la viuda es muy sencillo. No parece complicado de entender en comparación con otras parábolas de Jesús. No des de lo que te sobre, sino de lo que necesitas. No aparentes caridad, sé caritativo. Clarísimo.

Pero quizá no es tan simple. Y requiere de múltiples lecturas. Desde aquí ofrezco una visión distinta, humilde.

La viuda, en el mundo antiguo, era una figura frágil y desprotegida. La viuda del Evangelio no parece tener hijos, como en otros casos relacionados con la vida de Jesús; seguramente estaba sola. Y, además, es pobre. Tan pobre que no pudo ni ofrecer un cuadrante en moneda, sino dos leptones, la acuñación de menor valor. Viuda, sola, pobre … casi invisible.

Y, aun así, Jesús es el único que la ve, contempla la escena y sabe ver su bondad, su virtud, su caridad, su humildad … Y tiene que llamar a sus discípulos, despistados como siempre, para explicarles lo que ha sucedido. ¡Qué paciencia!

Creo que son dos ejemplos en los que mirarnos. Por supuesto, siempre Jesús, que es capaz de ver lo bueno en lo escondido. Cuántas veces hemos menospreciado a esas abuelitas que echan unos centimitos de euro al pasar el cepillo durante la Misa. No. No pensemos mal. Jesús así nos lo enseña. No seamos jueces.

Y la viuda. La creo sabedora de que su vida está ya de caída. De un final más cercano cada vez. Pero está llena de fe y esperanza, porque sabe que su siguiente vida, la vida eterna, está garantizada. Creo que no entrega sus moneditas para ganarse ese cielo. Es al revés, las ofrece, porque cree en la vida junto a Dios; se sabe acreedora de esa buena noticia, de que compartirá la vida eterna con el Señor. Por eso sabe que ni siquiera necesita esas monedas. Sólo la fe en Dios le es suficiente. Ella no entrega las monedas, se entrega ella a Dios.

En definitiva, el Evangelio de la viuda quizá no es tan sencillo de leer, de entender y, menos aún, de llevarlo a la práctica. Pero intentémoslo. Amen.

Domingo 07 de Noviembre de 2021 | 32º domingo de tiempo ordinario

Marcos 12, 38-44: Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

​En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

-«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

-«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Laico

Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.