El evangelio del XXIV domingo del Tiempo Ordinario es muy fácil de entender: perdona, como quieras que te perdonen a ti.
Lo dice Jesús de dos maneras, ambas expresivas. Perdona a tu hermano hasta setenta veces siete, que es como decir infinitamente. Categórico.
Pero la historia del criado injusto tiene algún matiz subrayable. Veamos. Su rey le ha prestado diez mil talentos que el siervo ha sido incapaz de devolver. ¿Y qué hace el monarca cuando el criado pide su clemencia? Se compadece de él, y le perdona la deuda. Le libera. Le regala los diez mil talentos, en definitiva. Diez mil talentos es una cantidad inimaginable de dinero. En los evangelios se habla de que el salario diario de un jornalero era un denario de plata. Un talento podría equivaler aproximadamente a 6000 denarios. Grosso modo el siervo le debía a su rey 60 millones de denarios. Esto revela una generosidad enorme del rey, sin duda; y una paciencia inagotable. Frente a esta actitud, el siervo injusto es incapaz de perdonar una deuda de cien denarios a un compañero. No perdona como le perdonaron a él.
Pensemos ahora que el rey es nuestro Señor. El criado injusto somos cada uno de nosotros. Desde que nacemos, vivimos acumulando deudas con Dios, pero siempre nos perdona. Es más, nos ha perdonado definitivamente. Porque su crédito son diez mil talentos, que es como decir la vida eterna. ¿Qué nos pide el Señor a cambio? que seamos capaces de perdonar. Esto es lo que irrita al rey de la historia evangélica, que su siervo es incapaz de condonar una deuda; además, ridícula comparada con la deuda del otro criado.
Por tanto, y esto es lo decisivo, Dios nos ha regalado ya los diez mil talentos. Ése es nuestro crédito concedido. Pensemos qué hacer con él y actuemos también en nuestra vida, en lo pequeño, intentando imitar lo que Él haría. Debemos vivir para hacernos merecedores de la vida eterna, sabiendo que Dios ya nos la ha concedido. En el caso del perdón, nos lo ha dejado claro: perdonar siempre, infinitamente.
Domingo, 17 de septiembre de 2023 | XXIV domingo de tiempo ordinario
Mateo 18, 21-35: ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

LUIS SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Laico
Nacido en La Coruña en 1971. Casado y padre de cuatro hijos. Antiguo alumno del Calasanz de Valencia. Historiador. Colabora en la Orden y en la Provincia Betania.