Pascua, tiempo de paz
La Pascua es el tiempo de la alegría, el tiempo del gozo y hoy el Evangelio también nos recuerda: un tiempo de Paz. Jesús lo primero que les dice a sus discípulos es “La paz esté con ustedes”; ellos llenos de miedo no terminan de entender y Jesús les repite “La paz esté con ustedes”. Jesús sabía que lo primero que necesitaban sus discípulos para anunciar su mensaje era tener paz.
¿Qué es lo que nos da paz a nuestros corazones? ¿Qué es aquello que nos quita el miedo? Que la presencia de Jesús en nuestras vidas, la alegría de saber que con su muerte ha vencido a la muerte, nos dé aquella paz y tranquilidad que nos invite a vencer todos los miedos que podríamos tener.
Por otro lado, realmente ¿creemos sin ver? Muchas veces somos como Tomás, que necesitamos de las evidencias para creer que efectivamente Jesús está entre nosotros; a pesar de no sentir a Jesús debemos creer en Él y confiar en su plan salvífico todo el tiempo.
Y si en verdad necesitamos de nuestros sentidos para comprobar aquella presencia divina en nuestras vidas. Que nos baste abrir la ventana y ver todos los signos y las huellas de nuestro creador alrededor de nosotros. Nosotros mismos somos evidencia de que Aquel que nos amará, aunque no los merezcamos está siempre al lado nuestro reflejado en todo aquello que nos rodea: familia, amigos, naturaleza, conflictos, bendiciones, etcétera.
Que la vida nos invite siempre a creer en la misericordia de Dios, que nos invite siempre a hacer que los demás crean y que, al mismo tiempo, nos haga ser hacedores de paz en nuestra realidad. Feliz Día de la Misericordia.
Francisco López Jiménez
16 de abril 2023 | Domingo 2º de Pascua o de la Divina Misericordia
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

FRANCISCO LÓPEZ JIMÉNEZ
Educador