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La vida comunitaria es la manera en que Jesús nos pide que vivamos. El estar dentro de una comunidad religiosa escolapia siendo un laico es toda una experiencia que vale la pena agradecer y compartir. Todo este tiempo al lado de mis hermanos escolapios ha sido un cúmulo de instantes y emociones que nos hacen crecer y nos invitan a amar todavía más.

El compartir la vida, la fe y, en este caso, la fundación del sueño escolapio en Guatemala es manifestación del Espíritu en cada uno de nosotros; pues, en medio de nuestras diferencias, el centro son los niños y la comunidad parroquial.

Hemos compartido la emoción de llegar a lo desconocido; la osadía de comenzar en medio de la pandemia; la alegría de soñar juntos un mundo escolapio en estas tierras. Todos hemos dado lo mejor que tenemos para hacer que esto sea una realidad que día a día nos invite a ir por más.

Sin duda alguna, el momento más difícil fue cuando el COVID llegó a la comunidad. Un padre gravemente enfermo nos hizo unirnos como comunidad y cada quien hacer lo que le tocaba hacer apretando el hombro para que la obra siguiese en pie y todo siguiera tal cual Dios lo tuviera planeado.

Así que invito a todos los laicos a animarse a vivir de manera prestada esta vida comunitaria escolapia, que no es otra cosa que el medio que necesitamos para acércanos todos juntos al Reino. Ser parte de esta vida comunitaria escolapia es un regalo que Dios da a los valientes que se arriesgan a todo con tal de llevar el ideal calasancio a aquellos lugares donde aún hacen falta manos escolapias. Así que no tengamos miedo de compartir nuestras manos, nuestros pensamientos y nuestro espíritu escolapio; verán que este arriesgarse es una verdadera ganancia en nuestras vidas.

Francisco López Jiménez

FRANCISCO LÓPEZ JIMÉNEZ

FRANCISCO LÓPEZ JIMÉNEZ

Educador