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Bienaventurados los pobres

Bienaventurados los pobres

Bienaventurados los pobres. Es casi seguro que esta frase no será utilizada como eslogan por ninguna gran empresa o un gobierno. Sin embargo, según el lema propositivo de Jesús, bienaventurados son los pobres. Es decir, felices son los que aprecian los bienes del Reino de Dios. Ay de aquellos que, en sus decisiones, en la gestión de sus vidas, sólo buscan la adquisición de bienes mundanos.

¿Qué es la pobreza? Libertad. Un hombre que vive en la pobreza espiritual no depende de los bienes terrenales temporales, ni en su cuerpo, en su estatura espiritual ni en sus decisiones. Tal hombre sabe que nunca puede ser lo suficientemente pobre como para cerrar su corazón a otras personas. Tal hombre sabe que la brújula de su vida es Jesucristo, cuya libertad es el amor que nos llama a la comunión con los demás.

¿Qué es la pobreza? Independencia. La pobreza espiritual es también un estado de independencia. En el hombre que vive en la pobreza espiritual vemos que no está enraizado en cosas egoístas que buscan su propio bien, sino que se atreve a confiar en la providencia de Dios Creador. La independencia no es un fin en sí mismo. Más bien, es un testimonio de que su confianza está en nuestro Dios.

¿Qué es la pobreza? Una de las claves de nuestra educación. Aquellos de nosotros que somos miembros de la familia calasancia también podemos entender esta parte del evangelio como una de las claves de nuestra educación. Si nos esforzamos por vivir en libertad e independencia, podemos confiar en que el crecimiento libre y saludable de los jóvenes en nuestras obras, tendrá lugar en libertad e independencia.

Roland Márkus Sch. P.

Domingo 13 de febrero de 2022 | 6º domingo de tiempo ordinario

Lucas 6, 17. 20-26: Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

ROLAND MÁRKUS

ROLAND MÁRKUS

Escolapio

Escolapio en Budapest. Universitario y colabora en el colegio. Coordinador provincial del Movimiento Calasanz.

Bautizarse con Espíritu

Bautizarse con Espíritu

Tal vez nos bautizamos sólo con agua y nunca comenzamos una nueva etapa en nuestra vida…

El bautismo de Jesús marca el final del período de la Navidad y el comienzo del período del tiempo ordinario. Jesús se bautizó en las aguas del Jordán. Pero, ¿qué tipo de agua es ésta? Esta es la que usaron todos los que querían arrepentirse: oficiales de aduanas, prostitutas, soldados, etc.

La inmersión de Jesús es simbólica, pero lo que tiene que decir es muy real. No se trata del agua del Jordán, no se trata del espectáculo. La inmersión de Jesús es un signo de encuentro con Dios y de muerte y resurrección. Sumergirse es el acto de morir para este mundo, morir al pecado y resucitar a una vida diferente. Para que luego, como personas diferentes, podamos trabajar de otro modo por el reino de Dios.

Cuando alguien decide bautizarse, en este caso en su vida comienza una nueva etapa. El acto simbólico de sumergirse significa que el creyente renace, comenzando una vida diferente a la anterior. Jesús sintió que tenía que cambiar su vida vivida como obrero y abandonar Nazaret. Cualquier persona que se sumerja en el agua y salga de allí muere y resucita. Jesús también muere a su forma de vida y comienza un nuevo modo de vida. Está lleno del Espíritu Santo, se entrega al liderazgo del Espíritu, y desde entonces quiere ayudar a todas las personas a pensar y actuar de acuerdo con el Espíritu.

Según el texto, “al salir del agua, vio que los cielos se abrían”. Especialmente en invierno, el cielo está cubierto de nubes durante largos días y semanas. Durante este tiempo no podemos ver el sol, nos sentimos “desconectados”. “Los cielos se abrían” significa que el estado de separación de Dios termina, y se establece una conexión viva entre el cielo y la tierra; Dios está con los hombres.

En este domingo, la palabra de Dios nos invita a examinarnos a nosotros mismos ¿sí estamos en una relación viva con Él? ¿O tenemos claro que Él está «sobre las nubes», y vivimos sin ella? Tal vez nos bautizamos sólo con agua y nunca comenzamos una nueva etapa en nuestra vida… Podemos pedirle a Jesús, que nos «bautice» con su Espíritu, para que podamos vivir, tratar a las personas, a Él mismo y al mundo como él lo hacía.

Roland Márkus Sch. P.

Domingo 10 de Enero de 2021 | Bautismo del Señor 

Marcos 1,7-11: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

ROLAND MÁRKUS

ROLAND MÁRKUS

Escolapio

Escolapio en Budapest. Universitario y colabora en el colegio. Coordinador provincial del Movimiento Calasanz.