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La queja de Marta, producto de una vida agitada, menoscaba la fraternidad…

La queja de Marta, producto de una vida agitada, menoscaba la fraternidad…

Marta, es una mujer que le abre las puertas de su vida a Jesús (v.38). Pero, a diferencia de María, Marta no se aquieta ante Jesús, no tiene orientada completamente su vida hacia él. Algo la desorienta aún. Su vida no está sostenida en la escucha de la Palabra (v.39). Su trabajo, sus tareas, sus proyectos, que no son malos, están por encima hasta de su hermana (V.40), hasta de la misma fraternidad. Marta se preocupa y se agita por muchas cosas. Su situación vital está agitada (v.41). Y Jesús le recuerda lo que verdaderamente es importante, Él y la escucha de la Palabra.

O vivimos desde una experiencia comunitaria anclada en la contemplación de Cristo, o viviremos quejándonos los unos de los otros porque nos consideraremos más eficientes, más capaces, que los demás hermanos. Llegaremos a pensar que nuestros criterios de trabajo son tan buenos que todos deben unirse a nosotros en menoscabo de la vida comunitaria asentada en el Evangelio.

Marta y María son amigas del Señor, las dos le abren su casa. Cada una es valiosa. El problema no es lo que hace Marta, ni ella, es la queja que le hace a Jesús de su hermana: “¿No te importa que ella me deje sola en el trabajo?”. El criterio de fraternidad, para ella, es el trabajo y no la dedicación a Cristo. Por eso Jesús recuerda que María tiene la mejor parte. Esto es lo que nos toca cuidar. Nuestra primera misión, lo esencial, es la comunidad escolapia anclada en Cristo, el Señor nos envía. La mística de nuestras comunidades religiosas es la mejor parte. No somos unos buenos gerentes de colegios o de parroquias, somos hermanos escolapios, nos une el Evangelio, y somos enviados, al estilo de Calasanz, a compartir nuestro tesoro con los niños y todas las personas de nuestras obras.

El mundo actual nos lleva corriendo, queremos llegar a todo, nos esclavizamos del trabajo. Vivimos dispersos, angustiados. La vida agitada de Marta es la vida de la mayoría de las personas. El sinsentido ante todo lleva a la deshumanización propia y a la falta de fraternidad. Queremos tenerlo todo, controlarlo todo, y al final, somos esclavos de todo, vamos perdiendo libertad, nos alejamos de Dios y dejamos de amar al hermano. Nos toca entonces, detenernos, sentarnos a los pies del Señor, escucharlo, así tendremos la mejor parte. Nutrir nuestras vocaciones para luego salir al encuentro de aquel que está perdido. Que la escucha del Señor nos lleve a dar lo mejor de nosotros allí donde estemos, a construir un mundo más fraterno y humano.

P. Óscar García Sch. P.

Domingo 17 de Julio de 2022 | 16º domingo de tiempo ordinario

Lucas 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.» Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

ÓSCAR GARCÍA

ÓSCAR GARCÍA

Educador

Nací en Bucaramanga (Colombia). Vivo en Venezuela desde hace 30 años. Estudié filosofía y Teología en Caracas, luego hice la Licenciatura en Lengua y Literatura en Maracaibo. Hice mi primera profesión en el año 2000. Vivo actualmente en Maracaibo.

Vayamos a la otra orilla…

Vayamos a la otra orilla…

Jesús nos invita a ponernos en camino, ir a la otra orilla, es un cambio de lugar, pero también un cambio de vida y es en plural, en grupo. Implica movernos en equipo, con otros, como hermanos. Construir algo nuevo juntos, mirar el horizonte, soñar con un mundo mejor entre todos.

“Se levantó una gran tormenta”: un recorrido donde se nos presentan dificultades. Podemos ver a nuestro alrededor y descubrir tantas tormentas, tantos vientos contrarios. El individualismo que hace al hombre indiferente ante lo que vive el otro. La búsqueda del propio bienestar como el único fin personal donde tiendo a usar o a desechar al otro. Tanto que puede hacer autosuficiente y que lleva a no querer construir algo más humano con los otros. La humanidad se construye entre todos cuando descubro que necesito del otro.

Descubrir que Jesús nos deja libres. Saber que es nuestra responsabilidad. Nos toca crecer y asumir la transformación de la historia, conducir la barca. Que no podemos dejar que el miedo, que nuestra zona de confort nos paralice. Nos toca arriesgarnos los unos por los otros. La fe implica el riesgo y la valentía. “No te importa que estemos a punto de perecer”: podemos culpar al Señor de la desgracia y no darnos cuenta que tal vez estamos haciendo nuestra tarea a medias por no perder nuestras seguridades.

Nos falta convencernos que este proyecto, ir juntos a la otra orilla, que nuestra fe en Jesús va mucho más allá de la misma historia, del mismo egoísmo, del mismo mal. “Hasta el viento lo obedece”. Nos dejamos esclavizar por la frustración, por la desesperanza, por las dificultades, por la misma muerte, por el mal que es perverso. Alimentarnos con la esperanza de experimentar que Jesús pudo más que la muerte, más que el egoísmo. Sostener nuestra vida y nuestra fraternidad en esta convicción. No podemos llegar a la otra orilla juntos si no logramos vivir desde la convicción que es Jesús y su proyecto de amor lo que nos une, lo que nos sostiene y nos marca la ruta.

Vivamos la alegría de ser elegidos por el Señor para ir a la otra orilla. Él nos regala una misión, un proyecto de vida, de un mundo nuevo. Con esta invitación aviva nuestro corazón. Hermanos, soltemos lo que nos ata, vamos a la otra orilla.

P. Óscar García Sch. P.

​12º domingo de tiempo ordinario | Marcos 4,35-40: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

​Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «Pero ¿quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

ÓSCAR GARCÍA

ÓSCAR GARCÍA

Educador

Nací en Bucaramanga (Colombia). Vivo en Venezuela desde hace 30 años. Estudié filosofía y Teología en Caracas, luego hice la Licenciatura en Lengua y Literatura en Maracaibo. Hice mi primera profesión en el año 2000. Vivo actualmente en Maracaibo.