+39 06 68 40 741 scolopi@scolopi.net
¿Quién decís que soy yo?

¿Quién decís que soy yo?

En el evangelio de hoy escuchamos la pregunta más inquietante que podemos oír: “Y vosotros (tú) ¿quién decís que soy yo?” Se trata de una pregunta fundamental, que puede transformar nuestra vida, si la oímos, y si nos atrevemos a responderla. Porque lo primero es oírla: si pasamos nuestros días con los auriculares puestos, escuchando otras canciones o conversaciones, difícilmente la oiremos.

Pedro sí que la oyó, y se atrevió a responder. Y responde bien, pero su mérito queda disminuido, en boca de Jesús, porque le han “soplado” la respuesta. Pedro, por sí mismo, y a pesar del trato que tenía con Jesús, no hubiera sido capaz de dar la respuesta justa.

Y luego viene la reacción de Jesús: no le da una buena calificación por “chico listo”, sino que le confía la misión más importante que un hombre puede recibir en la tierra: ser el fundamento de su Iglesia, y recibir las llaves para abrir y cerrar, atar y desatar en su nombre. ¡Tremenda responsabilidad! Pero el mismo que le había dado la respuesta, le daría la fuerza y la sabiduría para asumirla, y desempeñarla heroicamente, a pesar de su debilidad y sus fallos.

Dios nos dirige a cada uno de nosotros esa misma pregunta hoy. Como Pedro, esperamos que el Espíritu nos diga la respuesta. Si la oímos, y nos atrevemos a responderla, inmediatamente Jesús nos confiará una misión: la nuestra, única e importante en el plan de Dios. Y al mismo tiempo nos dará las fuerzas para llevarla a cabo.

Así, pues, tú ¿quién dices que es Jesús?

José P. Burgués

Domingo 27 de agosto de 2023 | XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Mateo 13, 16-20: Vosotros, ¿quién decís que soy yo?

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

JOSE PASCUAL BURGUÉS

JOSE PASCUAL BURGUÉS

Escolapio

Escolapio desde que en 1977 hizo su primera profesión en Peralta de la Sal, España, cuna de nuestro Fundador Calasanz. 

Piedad, Letras… y más

Piedad, Letras… y más

El P. Gianbattista Monti (1832-1889), de Nápoles, inventa el dirigible, pero el P. General Calasanz Casanovas le dice que no puede volar.

Los escolapios han oído hablar sin duda del P. Eugenio Barsanti (1821-1864), toscano, inventor del motor a explosión. Cuando fue a presentarlo a Bélgica enfermó de una extraña enfermedad y murió a los pocos días. Su familia siempre pensó que había sido envenenado. El caso es que poco tiempo después los alemanes Daimler y Benz presentaron la patente de un vehículo que se movía por sí mismo, automóvil, con un motor muy similar al que había inventado nuestro P. Barsanti…  a quien Italia considera un hijo ilustre y gran inventor.

Menos conocida es la historia del P. Gianbattista Monti, que en 1868 proponía al P. General la construcción de un dirigible experimental (los primeros dirigibles comenzaron a funcionar hacia 1900). No solo necesitaba su permiso; necesitaba también dinero para construir un modelo en tamaño real, pues el prototipo experimental, pequeño, funcionaba. Una vez demostrada su utilidad, la Orden podría ganar mucho dinero (esa era la intención también del P. Barsanti). Pero el P. General, tras consultar a un famoso físico escolapio, el P. Chelini, que enseñaba en la Universidad de Roma, le dijo que “no perdiera tiempo y esfuerzos en un problema irrealizable”. Tras intercambiar varias cartas, al fin el P. Monti le respondió en 1869:

“Veneradísimo P. General, yo siento por Usted un gran aprecio, profundo y desinteresado: siento veneración por Usted. V.P. me dice que mi invento no funcionará, y yo recibo su palabra como un oráculo. Sin embargo, mi pensamiento me dice que llegará un tiempo en que mis ideas serán puestas en práctica, y mi ingenio se moverá con dirección determinada. Es tal la ligereza de todo el sistema rígido que he inventado, es tal la velocidad de mi hélice, que el hecho no podrá dejar de corresponder a mis expectativas. Lo cierto es que todos han aprobado la cosa, y me están animando”.

 Y se olvidó del asunto. Y los escolapios italianos siguieron siendo pobres, como quería Calasanz. Pero al menos algunos lo intentaron, y demostraron que, además de la piedad y las letras, se podía avanzar también en las ciencias, y en sus aplicaciones prácticas.

JOSE PASCUAL BURGUÉS

JOSE PASCUAL BURGUÉS

Escolapio

Escolapio desde que en 1977 hizo su primera profesión en Peralta de la Sal, España, cuna de nuestro Fundador Calasanz. Después de haber trabajado en varios países, en la actualidad es el Archivero General de la Orden en la casa de San Pantaleo, Roma, y se dedica a dar a conocer la historia de las Escuelas Pías.
Panorama Calasanz
Resumen de privacidad

Este sitio Web utiliza cookies para mejorar su experiencia mientras navega por el sitio Web.

Fuera de estas cookies, las cookies que se clasifican según sea necesario se almacenan en su navegador, ya que son esenciales para el funcionamiento de las funcionalidades básicas del sitio Web.

También utilizamos cookies de terceros que nos ayudan a analizar y comprender cómo utiliza este sitio Web. Estas cookies se almacenarán en su navegador solo con su consentimiento.

Tiene la opción de optar por no recibir estas cookies. Pero la exclusión voluntaria de algunas de estas cookies puede afectar su experiencia de navegación.