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Seguir a Jesús: entrar en la lógica del amor pleno, libre y sin ataduras

Seguir a Jesús: entrar en la lógica del amor pleno, libre y sin ataduras

Escuchar a Jesús es pacificador, esperanzador, reconfortante. Es esa palabra de misericordia, de ánimo para levantarse, de gozo por el inmenso amor del Padre que Jesús mismo nos ha dado a conocer. Sin embargo, el Evangelio de este domingo, nos presenta a Jesús que expresa condiciones para todo aquél que quiera seguirlo. Condiciones serias, radicales y que nos sacuden para discernir sobre la libertad que necesitamos para dejar de instalarnos, de anidar, de preferir y optar por la comodidad en el camino del seguimiento.

Jesús es exigente porque la misión, el proyecto del Reino de Dios, tiene plena importancia y no admite medias tintas, ni ambigüedades, ni reservas que cuidar. Así como algunos animales marcan su territorio y lo defienden como su espacio propio, nada más contrario al seguimiento de Jesús que intentar hacer lo mismo, marca nuestros espacios, nuestras prioridades, aquello que es tan mío y que no estoy dispuesto a soltar ni arriesgarlo a perderlo. ¿Cuál es mi tierra? ¿Mi espacio, ese que he marcado como reducto plenamente mío que no estoy dispuesto a dejar?

Jesús nos presenta una manera sabía de proceder, contracorriente, nos presenta la fuerza y convicción de una elección y nos pide ponderar claramente los riesgos de esa aventura en las parábolas de la construcción de la torre y la empresa militar. No puedo elegir seguir a Jesús si esa elección no es expresión de una preferencia absoluta concorde con el propio Jesús y las exigencias del Reino. Quedarme a medio camino sería desfigurar la misión.

No puedo seguir a Jesús si no soy capaz de dejar de lado interés familiares para promover la construcción de una familia humana amplia, desde la vivencia de la justicia y la solidaridad fraterna del Reino que contribuya a un mundo más acorde a lo que Dios quiere para sus hijos.

No podré seguir a Jesús si solo busco mi comodidad, mi bienestar y mi interés. Si me falta la libertad interior y la pasión para hacer de ese seguimiento la razón fundamental de mi vida, sin escatimar dejar lo que fuera necesario.

No seré fiel seguidor de Jesús si no estoy dispuesto a afrontar los riesgos propios de vivir para la construcción de su Reino y su justicia.

Este domingo la atención está en la calidad de cristianos que somos, en un mundo convulso en el que vivimos no podemos ser seguidores de Jesús a medias, sin radicalidad, sin pasión y sin testimoniar la prioridad de valores plenos y distintos que dan respuesta a las necesidades más profundas del ser humano.

Seguir a Jesús es entrar en la lógica del amor pleno, libre, sin ataduras, de la donación sin medida afrontando la cruz que puedo padecer al vivir por y para y los valores del Reino de Dios. Seguir a Jesús es caminar en la radicalidad apasionada propia de alguien que se ha dejado ganar el corazón por El.

P. Emmanuel Suárez Sch. P.

Domingo 04 de Septiembre de 2022 | 23º domingo de tiempo ordinario

Lucas 14, 25-33: El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

Escolapio

Nacido en Apizaco (México). Actualmente se desempeña como Director de Pastoral en el colegio Carlos Pereyra de Puebla. Es Delegado del Padre General para la Participación y en su provincia es también Asistente Provincial. Recientemente la Congregación General lo ha nombrado coordinador del Equipo Central para la coordinación del Camino Sinodal en las Escuelas Pías.       

El que cree en mí tiene la vida eterna

El que cree en mí tiene la vida eterna

Se murmura cuando no se está de acuerdo con alguien, cuando nos cerramos a una propuesta o proyecto, cuando vivimos, y queremos seguir así, sin proceso ni puesta en camino, cuando hemos hecho de la fe una estación segura donde no hay lugar para la acogida del Evangelio que siempre nos invita a salir, nos envía.

Murmura el pueblo de Israel ante Moisés, murmuran los fariseos constantemente ante la propuesta de Jesús, murmuran los judíos en el Evangelio de hoy; “¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

Ante la murmuración Jesús, no retrocede, les explica que la fe es un Don del Padre, Don al que ellos se han cerrado y lanza una afirmación; “El que cree en mí, tiene la vida eterna”. Jn 6,47

Vida eterna no solo como la vida plena y sin límite después de la muerte, sino como vida plena, profunda, vivida en este mundo con rasgos de la eternidad de Dios.

Creer como actitud vital que nos abre a acoger, sin reparos, la propuesta de Jesús, el Reino de Dios.

Creer permitiendo que el Espíritu habite a sus anchas nuestra persona.

Creer y ponerse en camino (Iglesia en salida nos dice Francisco) abiertos a las mociones del Espíritu que suele llevarnos por donde menos pensamos y quizá queremos.

Creer aceptando y dejándonos impregnar del infinito Amor de Dios que es el motor de nuestro actuar y la raíz del amor que a su vez podemos compartir.

Creer siendo testigos de lo que hemos visto, lo que hemos vivido en nuestra persona cuando hemos dejado a Dios trastoque nuestra vida.

Creer como Don de Dios que hemos de pedir con humildad para realizar un progresivo despertar al Dios que nos habita y nos envía a los mismos a quienes Jesús buscó.

Somos llamados a gozar, vivir y compartir rasgos de vida eterna, la vida de Dios, la vida que Jesús nos mostró.

P. Emmanuel Suárez Sch. P.

Domingo 08 de Agosto de 2021 | 19º domingo de tiempo ordinario

Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

Escolapio

Nacido en Apizaco (México). Actualmente se desempeña como Director de Pastoral en el colegio Carlos Pereyra de Puebla. Es Delegado del Padre General para la Participación y en su provincia es también Asistente Provincial. Recientemente la Congregación General lo ha nombrado coordinador del Equipo Central para la coordinación del Camino Sinodal en las Escuelas Pías.