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Se murmura cuando no se está de acuerdo con alguien, cuando nos cerramos a una propuesta o proyecto, cuando vivimos, y queremos seguir así, sin proceso ni puesta en camino, cuando hemos hecho de la fe una estación segura donde no hay lugar para la acogida del Evangelio que siempre nos invita a salir, nos envía.

Murmura el pueblo de Israel ante Moisés, murmuran los fariseos constantemente ante la propuesta de Jesús, murmuran los judíos en el Evangelio de hoy; “¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

Ante la murmuración Jesús, no retrocede, les explica que la fe es un Don del Padre, Don al que ellos se han cerrado y lanza una afirmación; “El que cree en mí, tiene la vida eterna”. Jn 6,47

Vida eterna no solo como la vida plena y sin límite después de la muerte, sino como vida plena, profunda, vivida en este mundo con rasgos de la eternidad de Dios.

Creer como actitud vital que nos abre a acoger, sin reparos, la propuesta de Jesús, el Reino de Dios.

Creer permitiendo que el Espíritu habite a sus anchas nuestra persona.

Creer y ponerse en camino (Iglesia en salida nos dice Francisco) abiertos a las mociones del Espíritu que suele llevarnos por donde menos pensamos y quizá queremos.

Creer aceptando y dejándonos impregnar del infinito Amor de Dios que es el motor de nuestro actuar y la raíz del amor que a su vez podemos compartir.

Creer siendo testigos de lo que hemos visto, lo que hemos vivido en nuestra persona cuando hemos dejado a Dios trastoque nuestra vida.

Creer como Don de Dios que hemos de pedir con humildad para realizar un progresivo despertar al Dios que nos habita y nos envía a los mismos a quienes Jesús buscó.

Somos llamados a gozar, vivir y compartir rasgos de vida eterna, la vida de Dios, la vida que Jesús nos mostró.

P. Emmanuel Suárez Sch. P.

Domingo 08 de Agosto de 2021 | 19º domingo de tiempo ordinario

Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

EMMANUEL SUÁREZ SERRANO

Escolapio

Nacido en Apizaco (México). Actualmente se desempeña como Director de Pastoral en el colegio Carlos Pereyra de Puebla. Es Delegado del Padre General para la Participación y en su provincia es también Asistente Provincial. Recientemente la Congregación General lo ha nombrado coordinador del Equipo Central para la coordinación del Camino Sinodal en las Escuelas Pías.       

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