por Julio Alberto Álvarez Díaz | Sep 8, 2024 | Comentario al Evangelio
En el signo sacramental del bautismo el último de los signos es el signo de cruz sobre el oído y la boca con la invocación del “Effetá” decimos: El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos te permita, muy pronto, escuchar su palabra y profesar la fe para la gloria y alabanza de Dios Padre.
Después de años de desarrollo de nuestra fe, aquí estamos, laicos, profesos de votos religiosos, otros diáconos, otros presbíteros, otros ministros… Una comunidad de diversidad de ministerios, nunca de jerarquías, ni de privilegios, ni de ventajas mundanas con criterios mundanos. Si nos decimos hijos de Calasanz, entonces aceptamos con amor su experiencia personal y asumimos su espiritualidad como camino seguro al encuentro con el resucitado. Nuestra espiritualidad escolapia es un tesoro que hay que profundizar, y sobre todo integrar en nuestro actuar cotidiano.
El criterio de abajamiento, o llámese, kénosis, o llámese compasión, o llámese misericordia, o llámese comprensión, o llámese pobreza, o llámese solidaridad, sea como sea llamado, este criterio es ineludible para todo escolapio. Así como Calasanz lo ha dicho, es un camino estrecho, pero lleno de consuelos y alegrías. Cito a Calasanz: Ninguno de los antiguos filósofos conoció la verdadera felicidad y gozo y, lo que es peor, pocos, por no decir poquísimos la conocen entre los cristianos, por haberla puesto Cristo, que es nuestro Maestro, en la cruz; la cual, si bien parece a muchos en esta vida que es muy difícil de practicar, tiene no obstante dentro de sí tantos bienes y consuelos internos que aventajan a todos los terrenos [EP 257]
Él nos ha brindado la maravillosa oportunidad de abrirnos al Evangelio, dándonos, al igual que al protagonista de esta historia, la capacidad de transformarnos en nuevas criaturas que caminan con fe y disfrutan de una vida plena, llenos de la gloria de Dios que no podemos dejar de compartir. ¡Esta es nuestra historia única y especial! Regresar a la Eucaristía significa renovarla de manera profunda y significativa, recordándonos que somos creyentes en un viaje continuo y siempre renovador, donde Dios es el protagonista y nosotros tenemos la responsabilidad de vivir esta experiencia con dedicación y alegría.
La comunidad de Santiago claramente evidencia una ruptura de criterios fraternos en el trato desigual y forjado en base a apariencias. ¡Qué tan apetecible siempre han sido las apariencias! hasta para el más santo, esto mismo es una tentación. Por otro lado, la comunidad de Santiago revela un grupo humano que desdibuja la caridad y fraternidad, imponiendo la idea de autoridad y grupos de privilegios y otro de esclavos.
Por otro lado, el Evangelio es una ventana a una comunidad donde la presencia de Jesús es el signo de que entra hasta las entrañas de la miseria humana para restituirla en su condición original, la relación amorosa con su creador. Tres signos: Jesús lo lleva a solas con él, le mete los dedos a los oídos, y con sus saliva toca la lengua. Jesús entra en lo más profundo de nuestras entrañas, sin apariencias, sin antesalas, únicamente quiere que le veamos a Él como el único Señor que tiene palabras de vida eterna, y que no sabremos a dónde ir, y con quién ir, si no es tras de sus huellas.
Ésta es la alegría que inunda de agradecimiento a la comunidad de San Marcos, no solo al que lo ha curado sino a todos en ella. No pueden quedarse callados los discípulos, aunque Jesús les dice que guarden discreción, ellos no pueden guardar y enterrar el gran tesoro que les hace dibujar en sus rostros una bella sonrisa que brota desde el alma.
Estimados hermanos, Dios nos da una misión, y también la fuerza para ajustar lo que nos impide el encuentro cotidiano con él: las apariencias y el autoengaño.
Dios nos dé la luz y la paz que nuestro corazón necesita.
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.
por Julio Alberto Álvarez Díaz | Mar 23, 2024 | Comentario al Evangelio
Marcos nos presenta un Dios que no se define por su poderío, sino por su humildad y entrega en la cruz. No se trata de un triunfador al estilo humano, sino de un ser apasionado por el misterio de la muerte de Jesús, quien entrega su vida para concedernos la libertad.
La lógica divina desafía toda lógica humana. Ante la vanagloria y el poder desmedido, la cruz se alza como un símbolo de misericordia y amor. En la miseria y el sufrimiento, Dios se revela como el único capaz de ofrecernos una esperanza verdadera. La cruz no es un mero adorno o símbolo religioso, sino el estandarte que ondea victorioso en el corazón de la fe cristiana. Desde su ignominia y dolor, brota la esperanza que sostiene e impulsa a los creyentes en su camino hacia la vida eterna.
No por necesidad, sino por amor infinito, Dios elige la cruz como camino de redención. A pesar de la crueldad y el oprobio que la rodeaban, la cruz se convierte en el instrumento de la victoria de Dios sobre el pecado y la muerte. Ante las tiranías del poder, la injusticia lacerante, el dolor punzante y la muerte inevitable, Dios no responde con la lógica humana.Su silencio es elocuente; es la antesala de su última palabra: la resurrección de Cristo. Un Jesús en pasión revela un rostro inédito de Dios: un Dios que se compadece, que sufre con los que sufren, que se entrega hasta el extremo por amor.
El centurión romano, al pie de la cruz, experimenta la irrupción de lo divino en lo humano. Su mirada, habituada a la violencia y la muerte, se ve cautivada por la entrega incondicional de Jesús. En ese instante, se abre una brecha en su corazón y comienza a vislumbrar un Dios diferente, un Dios que no se impone por la fuerza, sino que conquista por el amor.
El poder de Dios no se asienta en la dominación o la coerción, sino en la entrega y la misericordia. Se manifiesta desde el «revés» de la historia, donde la lógica humana naufraga. La cruz, símbolo de ignominia y derrota, se convierte en el instrumento de la victoria definitiva sobre el mal.
La resurrección de Jesús es la aurora que disipa las tinieblas del mundo y alumbra la esperanza inquebrantable de los cristianos. No es una ilusión vana, sino una certeza basada en la victoria de Cristo sobre la muerte. Es la fuerza que sostiene a los creyentes en medio de las tribulaciones, la que les recuerda que Dios nunca los abandona.
En la cruz y la resurrección se revela el misterio insondable del amor de Dios. La cruz nos muestra la profundidad de ese amor, capaz de entregarse hasta el extremo por la salvación de la humanidad. La resurrección nos da la esperanza de que ese amor es capaz de vencer al mal y a la muerte, y de abrirnos las puertas a la vida eterna.
En este camino de fe, no estamos solos. La comunidad cristiana, como una familia, nos acompaña, nos sostiene y nos anima a seguir adelante. Juntos, celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, y juntos, proclamamos al mundo la esperanza que brota de la cruz.
La cruz no es el final, sino el comienzo. Es la puerta que nos abre a la vida eterna, a la plenitud del amor de Dios. Es la fuente de la esperanza que nos impulsa a construir un mundo más justo, más fraterno, más lleno de la luz de Cristo.
Que la cruz, símbolo de la esperanza cristiana, sea la brújula que guíe nuestros pasos, la luz que ilumine nuestro camino y la fuerza que nos impulse a seguir adelante con la certeza de que el amor de Dios siempre vence.
“Dios se agota, a través del infinito espesor del tiempo y del espacio, para alcanzar el alma y seducirla. Si ésta se deja arrancar, aunque no sea más que lo que dura un soplo, un consentimiento puro y completo, entonces Dios se alza a su conquista. Y una vez que se ha convertido en algo completamente suyo, la abandona. La deja completamente sola. Y entonces le toca a ella atravesar, esta vez a tientas, el infinito espesor del tiempo y del espacio en busca de aquél a quien ama. De esa manera el alma vuelve a hacer en sentido inverso el viaje que Dios hizo hasta ella. Y eso es la cruz.” Simone Weil
por Julio Alberto Álvarez Díaz | Ene 5, 2024 | Comentario al Evangelio
A todos los lectores de este blog Panorama Calasanz, les deseamos un feliz año nuevo 2024. Deseamos acoger la palabra de Dios para transmitir la alegría del mensaje de Cristo Verbo Encarnado con Ustedes.
Acabamos el tiempo de Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor, después de recordar la Epifanía del Señor. Ambas, son una manifestación de la misericordia de Dios a la humanidad. Dios se revela de manera plena a través del verbo encarnado. El hijo de Dios que asume nuestra condición humana bendice y diviniza nuestra carne, nuestra existencia, nuestra presencia y existencia, para decirnos: no temas, yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo.
Jesús asume nuestra carne para mostrarnos el camino seguro que nos llevará al Padre, que nos conducirá por un camino de verdad y de vida. También en este día, Jesús se deja bautizar por las aguas del Jordán. Nuevo signo de alianza perenne entre Dios y el hombre. Las aguas del Jordán atestiguan la presencia de la voz del Padre, el envío del Espíritu Santo y el bautismo del Hijo. Ellos tres, según el profeta, nos sostienen en nuestro camino, en la toma de conciencia del proyecto de Dios en nuestra vida y nuestro contexto para incidir en él y transformarlo en Reino de Dios.
El Bautismo más que un rito es un signo de identidad e identificación con el Reino de Dios. La nueva y definitiva alianza de Dios con la humanidad. No habrá más manifestaciones de la plena revelación de la voluntad de Dios que ésta. Si creemos en Él, viviremos. Jesús se deja bendecir por las aguas, para que nosotros a su vez, unidos a Él, nos sumerjamos en una vida plena de amor, una vida en Dios. Ambos movimientos, son recíprocos, como un diálogo de amor y fidelidad.
Los cielos se abrieron, una voz habló, y la fuerza del Espíritu Santo descendió. Increíble misterio: las puertas del cielo se han abierto para la humanidad a través del puente que es Jesús. Unidos a su amor, accedemos a la vida del Reino. Jesús nos enseña que ser guiados por el Espíritu de Vida. El Espíritu Santo le da a Jesús la autoridad plena para su misión en la tierra, lo cual nos hermana y nos hace una sola familia en el Espíritu. ¿No es esto una invitación también para nosotros y hermanarnos como una familia que busca la paz?
Lo que tenemos que hacer como seguidores de Jesús es convertirnos y seguirle. Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados al Banquete que él nos prepara. Feliz día del Bautismo del Señor. Asumamos con alegría nuestro Bautismo como bendición, como alianza, como camino, como misión, como esperanza de plenitud.
6 de enero de 2024 | Epifanía del Señor
Mt 2, 1-12: Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.
por Julio Alberto Álvarez Díaz | Dic 16, 2023 | Comentario al Evangelio
Ésta es una de las grandes expresiones que Calasanz transmitió a sus religiosos incluso en medio de los años de tribulación al final de su vida: no pierdan la alegría.
El papa Francisco comenzó su pontificado recordando a la Iglesia ser testigos del mensaje alegre del Evangelio: Evangelii Gaudium. Así como cada una de sus acciones, el pontífice recibe y acoge con alegría y misericordia a los pobres, a los vulnerables, a los viejos, a los que sufren en la guerra, a los descartados, a los que viven las consecuencias del cambio climático… porque está en nuestra raíz cristiana no solo el deber moral del Evangelio sino el ser vidrio que trasparenta la mano misericordiosa y el rostro alegre de Dios a través de nuestra presencia y acciones.
Cómo lograr esta alegría perene en nuestra persona, cómo ser impulsados a la alegría divina que acoge la realidad humana vulnerable, según las palabras de San Pablo: a través de nuestra escucha obediente al Espíritu Santo. El Papa Francisco y Calasanz nos enseñan que la vida y la obra de Dios no se puede sostener sin el Espíritu de Dios, sin su acción generativa de dones en la Iglesia y el mundo. La ayuda del Espíritu Santo es signo de profecía en nuestras comunidades. La ley del Espíritu Santo nos ayuda a abrir caminos a los pobres, a los bienaventurados. La práctica del discernimiento evangélico a través del Espíritu Santo abre puertas de renovación y de conversión constante sobre nuestras prácticas que han perdido profecía.
Estamos muy cerca del acontecimiento de la Navidad. Esta cerca nuestra salvación. Está cerca la acción definitiva de Dios. No hay más que decir, sino solo contemplar y obedecerle. María, nos lo dice cuando en las bodas de Caná dice: “hagan lo que Él les diga”, pues para nosotros, la venida del Señor es un acontecimiento de gracia.
Algunas preguntas que nos pueden ayudar a vivir la alegría del nacimiento de Jesús este año:
¿Cómo puedo describir que la relación entre Jesús y nuestra comunidad es una realidad que realmente nos caracteriza y nos define? ¿o es una anécdota bonita?
¿Cómo narramos nuestra alegría comunitaria actual como hombres y mujeres que viven la alegría del Evangelio en medio de tanto relativismo e indiferencia?
Nuestras comunidades y nuestras celebraciones ¿son atrayentes y signos de vida y esperanza para los pobres y los demás?
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.
por Julio Alberto Álvarez Díaz | Sep 30, 2023 | Comentario al Evangelio
Constancia y fidelidad es lo que atribuye este texto dominical al hijo que recapacitó su respuesta contraria a la voluntad del Padre. Se detuvo en su camino, reflexionó y arrepentido de su respuesta, volvió a la viña de su Padre para continuar trabajando. Esta es la lógica argumentativa y práctica de la experiencia del creyente, del seguidor de la buena noticia de Jesucristo: la compasión y el arrepentimiento, “lento a la cólera y rico en piedad y leal” con el que lo invoca.
Este texto me recuerda a la manera en cómo Calasanz pretendió que la obra pía de dar luz a los niños y jóvenes más desfavorecidos, quedara en manos de otros. Buscó en varias congregaciones religiosas, en los maestros rionales, y todos le cerraban la puerta… hasta que recapacitó, y volviéndose a sí y dialogando con el Espíritu Santo, aceptó continuar con tal obra pía que hasta ahora seguimos impulsando entre religiosos y laicos.
Calasanz dispuso su voluntad totalmente a la voluntad del Padre para seguir caminando juntos, en comunión y bendiciendo a las creaturas con la paternidad que solo Calasanz podría dar a los niños abandonados de aquel siglo romano. Esto irrumpió su vida de manera definitiva, pues así, es como logró comprender con plenitud, lo que quiere decir: compasión quiero y no sacrificios; o aquellas palabras que dicen: “lo que hiciste a uno de estos pequeños a mi me lo hiciste”. Pues bien, solo la atracción de la voluntad del Padre, en su amor, compasión, lealtad, constancia, fidelidad, hace que el hijo torne a la casa de su Padre, rectifique y se quede en la casa.
Así, en la parábola del Evangelio de hoy, el Señor nos invita a hacer un ejercicio de reflexión personal sobre nuestra práctica. A detectar nuestras resistencias al proyecto de amar en el Reino de Dios y su justicia, a detectar nuestras ofensas a la creación y a las creaturas, a desarrollar en nuestras vidas el perdón y la reconciliación para vivir conectados y no desconectados a la voluntad del Padre. Hay muchas razones para vivir en comunión con la voluntad del Padre, para volver a él, para permanecer en él… quizá la más importante es no vivir en el abandono o en la soledad.
La Palabra de Dios tiene una fuerza incalculable de restauración, de reintegración, de regeneración, de transformación. Muchas veces leemos en el texto la manera en como Dios y el cielo se alegra porque lo que estaba perdido se ha vuelto a encontrar. El arrepentimiento y la rectificación de nuestra voluntad es el llamado al reconocimiento de la grandeza restauradora del amor del Padre en nuestras vidas. Gracias esta interna intuición, podemos nuevamente, ajustar el paso y seguir las huellas del Señor: “Porque es eterna tu misericordia”.
1 de octubre de 2023 | XXVI domingo del Tiempo Ordinario
Mt 21, 28-32: ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.