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Esperar con esperanza

Esperar con esperanza

La situación gastada de nuestro tiempo por la guerra, por la incertidumbre, por la volatilidad de las esperanzas, por la destrucción de nuestros ecosistemas vitales y relacionales, por la profundización de las vulnerabilidades en salud, alimentación, educación, derechos humanos básicos producen una reacción catalizadora cuando entran en contacto con el Evangelio, o quizá aún más a la inversa.

El adviento es un momento ideal para vivir el presente en clave de esperanza. El problema es cuando vivimos el adviento como una práctica pasiva, idealista, infantil o sentimental de quien cree que el Reino ya está entre nosotros y vendrá con gran poder.  Hoy día, nosotros los cristianos estamos llamados a vivir “despiertos”, conscientes, activos, clarificados, empoderados a dar cuenta del “nivel y capacidad de sensibilidad” frente a los desafíos presentes.

Tenemos una gran historia que nos precede y tenemos un gran Espíritu que nos confirma en nuestra fe, esperanza y amor. Por tal motivo, hoy día se hace evidente nuestro desafío creador y creativo para dar respuestas a los desafíos antropológicos y culturales actuales. Tenemos la llamada de recomenzar, porque siempre es posible «recomenzar» para el ser humano. Pero no podemos hacerlo de cualquier modo, tenemos que hacerlo como hombres y mujeres de “Espíritu” como diría nuestro santo Padre Calasanz, con espíritu de fundador. Hoy día es preciso hacer las cosas con mayor credibilidad, congruencia, empatía, alegría, audacia, perseverancia, inteligencia. Hemos de esperar con esperanza, es decir con esperas legítimas y creadoras, activas y propositivas (incluyendo el martirio) para hacer más cercano aquello que esperamos.

Calasanz y los mártires, y tantísimos religiosos y laicos santos de “la puerta de al lado” (como diría el Papa Francisco en la Gaudete et exultate) nos muestran que sus esperas activas (afortunado atrevimiento y tesonera paciencia) dieron como fruto: abrir paso al derecho a la educación de calidad a niños y jóvenes en medio de la injusticia y la diametralidad social. Sus luchas no llegaron a la meta de La Gran Lucha, pero sí que nos han ofrecido a nosotros una razón a nuestra propia lucha. Estamos escribiendo y sumando juntos a la misma historia de salvación a través de las Escuelas Pías inculturadas en el mundo. Sabemos que el proyecto nos supera, sin embargo, nos apasiona, nos atrae y nos mueve a hacer algo más por los niños y los jóvenes. Eso es esperar con esperanza.

Te invito querido lector a revisar tus esperas. ¿De qué tipo son tus esperas? ¿Sin sabor? ¿Sin pasión? ¿Sin fe? ¿Sin compromiso y profundidad? ¿indiferentes y autistas? Es momento, de revisar nuestro ritmo de cómo hacemos las cosas en el mundo, en nuestra Iglesia, en nuestra aula, en nuestros patios, en nuestros atrios, en nuestros escritorios, en nuestras capillas, en nuestras salas de juntas, en nuestros ordenadores y dispositivos, en nuestro silencio, en nuestro mar interno lleno de pensamientos y deseos, en nuestra oración.

Te invito querido lector a que este inicio de año litúrgico e inicio de Adviento nos sumemos a la voluntad de Dios en su Hijo que nos ha dado su Espíritu a que dejemos resonar la vida que nos ofrece cuando nos dice: “estén atentos, vigilantes”. Atentos ante el futuro sin descuidar el presente. Vigilantes y atentos, sensibles de humanidad, y que preparan juntos el pesebre de quienes nacen en vulnerabilidad y requieren de calor, amor y un hogar feliz, una casa digna. ¿Será este Jesús de Nazareth y sus padres José y María?

Julio Alberto Álvarez, Sch. P.

27 de noviembre de 2022 | Domingo 1º de Adviento

Mt 24,  37-44: Estad en vela para estar preparados

«Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.

«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ

Escolapio

Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.

Los otros nueve se sanaron, pero el décimo: no.

Los otros nueve se sanaron, pero el décimo: no.

El Evangelio de este domingo me sugiere esta reflexión: los diez leprosos fueron sanados, los diez. El Reino de Dios es un don para todos ofrecido, pero la capacidad de acogida en el humano siempre es diferente en su intensidad. La salvación es para todos ofrecida, pero la capacidad de multiplicarla en verdadera alegría es diferente en su misterio.

El Evangelio habla de diez hombres que salieron al paso de Jesús, y fueron sanados de igual manera. Después los diez fueron enviados a presentarse con los sacerdotes. Pero, uno de ellos regresó a Jesús para agradecerle su acción sobre él y glorificar a Dios por su misericordia. Era un samaritano.

La identidad, nacionalidad de los otros nueve, no lo sabemos. Solo sabemos que el que regresó era un samaritano y que el efecto del paso de Jesús por su vida le sanó, y le hizo regresar a la fuente de vida: Jesús.

¿Por qué el último no solo sanó? Lo que pasó en este samaritano, según palabras de Jesús: Tu fe te ha salvado. La reacción y el efecto de la mirada de Jesús en su vida fue mucho más. El Reino de Dios siempre, es más. La acción de la luz pascual sobre la creación y sus creaturas, siempre será más. Por tal motivo, el Reino de Dios siempre sorprende a todos con su potencia y su belleza en clave de ser MÁS.

Todos fueron sanados, pero solo el último fue salvado porque reconoció a quién tenía que volver: Jesús. La lejanía, se volvió cercanía. La sanación, recuperó el sentido de vivir. La plegaria, dispuso la escucha profunda de fe. La gratitud, puso en movimiento a La Fuente. La esperanza, se volvió realidad escatológica. La soledad, se volvió relación. La exclusión, posibilitó la reintegración. La impotencia se convirtió en Palabra.

Por tal motivo, el Reino de Dios siempre es MÁS. El Reino de Dios es un regalo incondicional e inmerecido, si lo ponemos en proporción a nuestros actos y deseos. Pero, si el Reino de Dios lo acogemos en relación al deseo de Dios, comprenderemos por qué somos amados, por qué ser agradecidos, por qué postrarnos ante su presencia, por qué comprometernos para coadyuvar al crecimiento del Reino de Dios en nuestro entorno próximo.

El MÁS del Reino de Dios habita en nuestra alma y se canaliza a través de nuestra voluntad. ¡Escúchalo! Retornar a la fuente provoca la escucha intensa del deseo eterno de Dios de amarte. Cuando te ayude a sanar tus heridas, no te quedes solo en el efecto de estar a salvo. Ve adentro de tu alma, donde resonará la voz de Dios que te dice: SIEMPRE HE SIDO FIEL A TI. SIEMPRE HE ESTADO CONTIGO A TU LADO. SIEMPRE HE SIDO MÁS PARA TI.

Ánimo y que Dios nos dé la luz y la paz que necesitamos.

Julio Alberto Álvarez

Domingo 09 de Octubre de 2022 | 28º domingo de tiempo ordinario

Lucas 17, 11-19: ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ

Escolapio

Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.