¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?
Queridos hermanos, nos encontramos ya en el tercer domingo de cuaresma, casi a la mitad de nuestro peregrinar cuaresmal. La Iglesia nos sigue invitando a una conversión de corazón que sea verdadera y duradera y que no solo dure por cuarenta días.
El evangelista San Juan que estaremos escuchando durante los próximos domingos, nos propone una gran lectura para que no perdamos la oportunidad de poder vivir este tiempo favorable. Jesús ya llego a Jerusalén y al entrar en el templo se encuentra con esta escena: la Casa de su Padre se ha convertido en un lugar donde se hace dinero, donde se realizan injusticias y solo los que tienen pueden practicar su fe. Y es lo que Jesús reclama y en esta ocasión lo demuestra con un gesto fuerte.
Pero como siempre, los fariseos permanecen con una venda en sus ojos que no les deja ver la realidad. Jesús sabe muy bien cuanto tardo el templo en ser construido, es por eso por lo que su reclamo no es sobre el templo físico sino hacia el templo espiritual que cada uno posee. Jesús conoce el corazón del hombre, nos dice el evangelista, y eso nos deja ver como Jesús sabe que la apariencia de mercado que tiene el templo refleja el estado del alma de todos aquellos que allí se encontraban, por eso tumba las mesas, porque desea que ellos se despierten y se den cuenta que el único capaz de sanar y ungir es Dios.
Por tal motivo, mis queridos hermanos, yo les invito una vez más a que se detengan y se pregunten, cómo está el estado de tu alma. Una pregunta que nos puede ayudar a identificar aquellas cosas que son necesarias descartar de nuestros templos interiores y que al final de cuentas no nos permiten comprender los signos de los tiempos.
3 de marzo de 2024 | III Domingo de Cuaresma
Jn 2, 13-25: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

JORGE L. RAMÍREZ
Escolapio
Padre Jorge L. Ramirez, Sch.P. es originario de Puerto Rico, pero vive en la Comunidad Escolapia de Nueva York donde es Formador y acompaña la pastoral del Colegio de Santa Elena como la Pastoral Hispana de la Parroquia.