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Somos portadores del Reino y de la justicia que suplicamos

Somos portadores del Reino y de la justicia que suplicamos

El evangelio de hoy es demasiado conmovedor al afirmar “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos”. Esta afirmación es crucial para la vida de toda persona que proclama ser seguidor e imitador de Jesucristo.

Los saduceos al acercarse a Jesús y antes de interrogarlo con su pregunta escéptica sobre la resurrección, da  pie a la expresión “Maestro” (en hebreo significa rabbi), que solo se utilizaba para nombrar a personas que divulgaban las enseñanzas de la ley mosaica. 

En este caso se denota que los saduceos se muestran en concordia con Jesús (lo digo por la manera tan explicita de dirigirse a él al inicio), aunque sus intenciones sean todo lo contrario al exponer su inconformidad acerca de la resurrección. Jesús siempre nos deja asombrados por las respuesta que tan sabiamente ocupa al justificar sus palabras. En este caso su comentario lo fundamenta desde lo predicho por Moisés <<… y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al señor “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”. No es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos>>.

Jesús defiende con toda seguridad y esperanza la resurrección de los muertos, y es capaz hasta de dar la vida para testimoniar sus palabras. También nos recuerda que Dios es un Dios de vivos. Esto interpela la vida del cristiano, porque le impulsa a examinar la manera de vivir los valores del Reino en la vida actual; en el presente, en el ahora. He aquí que se encarna la justicia que expresa Jesús de manera tan explicita: <<los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán>>. 

Vivir una vida digna es una de las grandes máximas de la vida humana. Pero puede sonar un tanto imposible o simple para algunos. Pero realmente, ¿Qué es lo que puede llevar a las personas de nuestras sociedades a encarnar la justicia, la fraternidad, la empatía, el amor para alcanzar la invitación de Jesús?

Tratemos de encontrar una respuesta colectiva, es decir, no solo pensando en nuestro beneficio individual, sino en pro de la sociedad. Pero, ¿quién es la sociedad? Tal parece que es un termino un tanto ambiguo porque a la vez abarca a toda una nación, y al mismo tiempo no repercute en ninguna persona.

Hablar de sociedad es apropiarnos literalmente de la palabra, y llevar una vida digna evoca al bien que se gesta y se vive en el seno familiar. Si en la familia se enfatizan los valores positivos, buenos hábitos, el respeto mutuo, la solidaridad con el semejante , etc., estoy convencido, en que la falacia errónea a la que nos hemos apegado “es la sociedad la que tiene que cambiar”, definitivamente recibe una transformación radical, porque en realidad, es el núcleo familiar el que debe ser portador del cambio que gritamos y anhelamos alcanzar.

Alejandro Méndez

Domingo 6 de Noviembre de 2022 | 32º domingo de tiempo ordinario

Lucas 20, 27-38No es Dios de muertos, sino de vivos

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

ALEJANDRO MÉNDEZ

ALEJANDRO MÉNDEZ

Escolapio

Nacido en Oaxaca (México). Actualmente es Junior de la Provincia de México. Es coordinador del Grupo de Acólitos de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Tlalcoligia, Cdmx. Cursa el tercer semestre de la licenciatura en Teología y la licenciatura en Innovación Educativa y Gestión del Conocimiento.