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“Ministerio en verdad muy digno, MUY NOBLE, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy noble, por ser menester angélico y divino, realizado por los ángeles custodios, de los cuales los hombres se constituyen en esto cooperado­res.” (MCT)

Lo noble hace referencia a lo que es auténtico, sin doblez, que no busca otro interés sino en ser lo que se es. Por eso vivimos tiempos de tan poca nobleza. Nos disfrazamos, nos escondemos bajo máscaras y artificios, evitamos ser quienes somos para parecernos a todos, una ingeniosa manera de sobrevivir, ser como los demás y secuestrar nuestro yo más auténtico.

Para Calasanz el ministerio educativo es una acción divina, ejercido fundamentalmente por ángeles, esto es, creaturas creadas por Dios para evidenciar su bondad y misericordia y cuidar de los demás. Más allá de creer o no en la existencia de los ángeles, se está apuntando a la excelencia del ejercicio docente, que no solo no puede ser ejercido por cualquiera, sino que es prerrogativa exclusiva de Dios y a quien se lo encomiende. En un momento donde la docencia de los niños y de los pobres era considerada como un ‘oficio vil y despreciable’ por los mismos humanistas del siglo XVII, san José de Calasanz agiganta la figura del maestro. Me gustaría saber quién ha colocado en la historia de la humanidad a tanta altura y reconocimiento el hacer del educador: cooperador directo de Dios. Más adelante matizará esta expresión para referirse al educador como cooperador de la Verdad (de Dios y de lo creado). ¡Cuánto bien nos haría a las sociedades modernas suscitar en los niños y jóvenes una sed ávida por la verdad! En un momento donde se ha universalizado el uso de las ‘fake news’, de la mentira institucional y de la trampa como medio de subsistencia, poder educar en la verdad es un auténtico ejercicio revolucionario. Sin duda, los populismos, son el efecto de una educación fragmentada, precaria e ideologizada que, en vez de poner el centro en la felicidad de la persona y su desarrollo, lo pone en la necesidad del sistema establecido y del mercado. Como recibía hace unos días en una afirmación de otro gran pedagogo contemporáneo, Paulo Freire, ‘lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer’.

‘Muy noble’ es otro aumentativo que pone en evidencia que la educación no puede estar sujeta a los vaivenes políticos, a las modas ambientales ni a los ‘lobbys’ ideológicos de turno. Lo noble es lo auténtico, y eso no depende de una tendencia o capricho, sino que está escrito en el corazón de cada ser humano, en la entraña de todo lo creado. Por tanto, un sistema educativo estará bien orientado si tiene como premisa primera y fundamental a la persona y el desarrollo feliz de su vida. Todo lo demás, en mayor o menor medida, es manipulación.

De la misma manera, afirmar que es un ‘menester angélico y divino’ es confirmar la intuición moderna de que la educación no depende tanto de programas y leyes cuanto de la capacitación y formación de los actores de la misma: los maestros. Y para tener sujetos bien preparados, requiere una propuesta formativa exigente y rigurosa. El acceso a la carrera de profesor debería ser el más exigente y restrictivo, como ocurre con medicina, arquitectura u otros estudios de difícil acceso por el corte de nota. Con todos mis respetos a cuanto estudian educación (magisterio), no puede ser la carrera donde acaban los que no han podido acceder a otras carreras universitarias. Que se convierta en los estudios de consolación, la segunda división de las carreras universitarias. Pero para eso, la sociedad debería considerar la enseñanza como pilar de una sociedad y eso evidenciarlo con un trato, tanto en dignidad como en retribución, de excelencia.

Junto al rigor formativo, la escrupulosidad humana, psicológica y espiritual. Para Calasanz el oficio educativo no pueden llevarlo adelante sino los que mejor acceso a la formación tenían y con un considerable desarrollo de su vida espiritual: los sacerdotes. Él precisará que deben ser especialmente sacerdotes los que se dediquen a la educación porque con eso se aseguraba, en aquel entonces, una esmerada formación y una cuidada vida espiritual. De ahí la nobleza. Traduzcamos a nuestros días qué suponen esas dos condiciones para la vida de un educador.

Como vemos, con este nuevo aumentativo, el santo viejo convierte el ejercicio educativo no solo en una cuidada y respetada profesión sino en un verdadero ministerio eclesial, a la altura y valoración de cualquier otro, lo que supondrá una mirada tan innovadora que no volvemos a escucharlo hasta tres siglos y medio después en el Concilio Vaticano II.

Muy noble es la vida y dedicación de millones de educadores que hay en el mundo que, muy aparte de la consideración social, el salario o las condiciones precarias en las que desarrollan su ministerio, siguen mostrando al mundo que, acompañar la vida humana en sus inicios para desarrollarla y sacar lo mejor de sí, continúa siendo una experiencia impresionante. Lo noble también sería una gratitud inmensa para con cada uno de ellos.​

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.