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Memorial al Cardenal Tonti (V)

Memorial al Cardenal Tonti (V)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, MUY MERITORIO, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy meritorio, por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia, un remedio preventivo y curativo del mal, inductor e iluminador para el bien, destinado a todos los muchachos de cualquier condición -y, por tanto, a todos los hombres, que pasan primero por esa edad- mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo…” (MCT)

Meritorio es que merece reconocimiento. Y lo que es digno de reconocerse socialmente es porque aporta un bien, una utilidad y un beneficio al conjunto de una sociedad. La educación de los pobres es meritoria, y lo es por los motivos que Calasanz indica como efectos de un proceso que también señala. En el fondo, está evidenciando la causa y el efecto de la educación, y con ello, el camino (la metodología) para llegar al propósito final de la misma.

  1. Remedio preventivo y curativo del mal.

Posiblemente de las primeras veces que alguien habla del que luego se conocería como método educativo preventivo (y se lo atribuyen a san Juan Bosco dos siglos después). No pensar en el mal a curar sino en la evitación del mismo es una de las finalidades de la educación calasancia. En un momento que en las sociedades vemos las consecuencias de la avaricia, el egoísmo, la vanidad, la manipulación ideológica… tenemos en nuestras manos la posibilidad de ‘prevenir’. La educación no observa la realidad actual para sanar el mal, sino para aprender a prevenirlo en la siguiente generación. Es este un principio que debería primar en las leyes de educación: la sociedad que deseamos y no la prevalencia con parches y retoques de la actual. En el fondo, no habrá transformación si no hay prevención.

Cuando hay tantos intereses que mantener, se desea controlar la educación, pues puede prevenir (y por tanto transformar) o puede consolidar el statu quo. Lo estamos viendo estos días (y se propagará más), tras unos sistemas educativos centrados en lo instrumental, lo afectivo, lo lúdico, lo técnico y lo productivo, hemos generado unas generaciones frágiles, incapaces de saber esperar para alcanzar metas, insuficientemente preparadas para el esfuerzo y la creatividad ante lo adverso, con una mirada centrada en el consumo y la adquisición al precio que sea, y desmemoriadas de su historia, de las luchas y sufrimientos de sus antepasados para llegar a sociedades democráticas e igualitarias. Estas generaciones centradas en el producto y no en el sujeto, inflan lo competencial (la capacidad de hacer) y no tanto el propio sujeto, la persona, que es donde nace la verdadera prevención. Uno puedo prevenir lo que conoce, por propia experiencia o por la experiencia de otro. Pero se nos ha educado sin raíces, como dueños no como administradores, de manera que nos sentimos llenos de derechos y faltos de obligaciones. Valores como la discreción, la verdad, el pudor, la urbanidad, la humildad, la paciencia, el agradecimiento, el esfuerzo, la fortaleza (o resiliencia),el perdón… han sido relegados al ámbito de lo religioso y lo privado, emparejándolos con la fragilidad y la inutilidad, en el fondo, con la no productividad.

La historia ya no hace falta memorizarla y si se hace, se reduce a los acontecimientos tribales y locales, sufriendo una fragmentación tal que ya no hay visiones globales sino particulares y localistas que no permiten ver más allá de mi propio ombligo histórico; la filosofía no hace falta estudiarla porque bajo el aforismo ‘hay que enseñar a pensar’, omitimos los logros y avances de nuestros pensadores pasados para educar a pensar lo que queremos que se piense, lo que se ha llamado el pensamiento único. Y para justificar la ausencia de estos saberes humanísticos, han aparecido en la escuela una enorme cantidad de aprendizajes bastardos y ajenos a la escuela para desfigurarla y vaciarla de su propio contenido. ¿Podemos decir mirando los últimos 30 años que con la educación que estamos desarrollando estamos previniendo el mal social y curando las heridas pasadas del odio racial, la xenofobia, la discriminación sexual, protección del medio ambiente, desigualdad de oportunidades o la cultura de la deshonestidad y la corrupción? Porque si no podemos, nuestro sistema educativo está podrido, viciado y rancio. Con nuestro santo viejo, o la educación previene y cura el mal o no estamos educando bien.

  1. Inductor e iluminador para el bien.

¿Cabe una definición más hermosa del hecho de educar? ‘In-ducir’ es hacer que una persona tienda a algo que yo quiero, pues nos guste o no, toda educación es una manera de manipulación, pero ese no es el problema (en todo caso el problema es no reconocerlo), sino para qué y para quién manipulo, educo. Por eso se hace tan importante lo que en algunas tradiciones orientales llaman ‘la iluminación’ que es ese estado en el que uno se encuentra con lo bueno, bello y verdadero, lo saborea y suscita en él el deseo de adquirirlo, de vivirlo. Sin pretender que Calasanz pensara en estas categorías, sí vislumbró la necesidad de ‘iluminar’ pues solo necesita ser iluminado lo que está a oscuras, lo que no se ve o se percibe con dificultad. La educación para Calasanz debe ‘iluminar para el bien’, debe ayudar a crear los resortes vitales necesarios para percibir y descubrir lo bueno, lo bello y lo verdadero en la vida. ¿Qué bien percibe hoy un adolescente? ¿O qué belleza y verdad? El dinero, el poder, la fama, el éxito, el placer sexual (¡como si no existiesen más fuentes de placer!)… Si eso es lo que perciben, esa es la luz que les ha aportado su educación. No vayamos descargando responsabilidades a la familia, la sociedad, el ambiente. Cuando se ilumina la verdad, la bondad y la belleza (que es un proceso que necesita ser educado), el hombre desea vivir por ellas. De nuevo hemos de preguntarnos qué iluminamos con nuestras materias, con nuestras propuestas educativas, con las actividades que proponemos, con la manera de valorar y evaluar los aprendizajes. ¿Estamos induciendo e iluminando para el bien?

  1. Destinado a todos.

Hoy parece una perogrullada, pero hace cuatro siglos era un atrevimiento: pensar que la educación era un derecho universal. Y viendo la situación que estamos viviendo estos días uno diría que no es tan de Perogrullo. Millones de estudiantes que han podido continuar sus estudios en algunas partes del mundo sin salir de casa, escuchando y viendo sus maestros, realizando sus tareas y siendo valoradas al instante. Mientras, otros, desplazándose kilómetros para captar las ondas de una radio para escuchar, o esperando con paciencia a que su celular descargue un archivo en whatsapp o que su vecino le pueda llevar la tarea que enviaron por alguna red social. ¿Universal? Ciertamente, en Calasanz, se percibe un romanticismo educativo, deseando más que constatando, que la educación y las condiciones que la posibilitan, son un bien de primera necesidad.

Y todo esto tan meritorio, ¿cómo? Y aquí radica una de las intuiciones más delicadas y de más calado de san José de Calasanz: “mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo”. Piedad y Letras, lo resumió para su Orden. No son suficientes los saberes humanos, pues eso por sí solo hincha y ensoberbece al hombre, es necesaria para un equilibrio y estabilidad desarrollar también el espíritu, la innata dimensión transcendente. El santo nunca utilizó las expresiones ‘educación integral’, ‘educación emocional’ o ‘inteligencias múltiples’, pero detrás de su pensamiento estaba que la persona para ser educada ha de serlo en su globalidad, si no, provoca monstruos. Y para aquellos tiempos el hombre era una unidad de cuerpo y alma, y por tanto, la educación debía hacerse cargo de todas sus dimensiones. Negar el desarrollo espiritual (aquello que va más allá de lo físico) en educación, es la nueva manera de manipular y aherrojar al ser humano a los límites de su biología castrando una parte sustancial de la existencia humana. Desarrollar esa dimensión con áreas como religión, tutoría o desarrollo personal no deberían estar cuestionadas en ningún sistema que se digne llamarse integral o global.

Y comenzaba Calasanz diciendo que esto se daba ‘por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia’. Como apéndice final, para tanto cantamañanas, soplagaitas y necios que andan sueltos por ahí negando la historia y rescribiéndola en tiras de papel higiénico, quizá les haga bien recordar (si algo vale para instruir a un necio convencido), que muchos de los derechos humanos, de la configuración de las sociedades libres y democráticas, de los avances en la igualdad y, sobre todo, del desarrollo de la educación para todos, se deben a personas como Calasanz que siendo Iglesia entregaron su vida para consolidar una realidad que hoy nos la hemos encontrado hecha. ¡Eso sí que es meritorio!

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Memorial al Cardenal Tonti (IV)

Memorial al Cardenal Tonti (IV)

“Ministerio en verdad muy digno, MUY NOBLE, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy noble, por ser menester angélico y divino, realizado por los ángeles custodios, de los cuales los hombres se constituyen en esto cooperado­res.” (MCT)

Lo noble hace referencia a lo que es auténtico, sin doblez, que no busca otro interés sino en ser lo que se es. Por eso vivimos tiempos de tan poca nobleza. Nos disfrazamos, nos escondemos bajo máscaras y artificios, evitamos ser quienes somos para parecernos a todos, una ingeniosa manera de sobrevivir, ser como los demás y secuestrar nuestro yo más auténtico.

Para Calasanz el ministerio educativo es una acción divina, ejercido fundamentalmente por ángeles, esto es, creaturas creadas por Dios para evidenciar su bondad y misericordia y cuidar de los demás. Más allá de creer o no en la existencia de los ángeles, se está apuntando a la excelencia del ejercicio docente, que no solo no puede ser ejercido por cualquiera, sino que es prerrogativa exclusiva de Dios y a quien se lo encomiende. En un momento donde la docencia de los niños y de los pobres era considerada como un ‘oficio vil y despreciable’ por los mismos humanistas del siglo XVII, san José de Calasanz agiganta la figura del maestro. Me gustaría saber quién ha colocado en la historia de la humanidad a tanta altura y reconocimiento el hacer del educador: cooperador directo de Dios. Más adelante matizará esta expresión para referirse al educador como cooperador de la Verdad (de Dios y de lo creado). ¡Cuánto bien nos haría a las sociedades modernas suscitar en los niños y jóvenes una sed ávida por la verdad! En un momento donde se ha universalizado el uso de las ‘fake news’, de la mentira institucional y de la trampa como medio de subsistencia, poder educar en la verdad es un auténtico ejercicio revolucionario. Sin duda, los populismos, son el efecto de una educación fragmentada, precaria e ideologizada que, en vez de poner el centro en la felicidad de la persona y su desarrollo, lo pone en la necesidad del sistema establecido y del mercado. Como recibía hace unos días en una afirmación de otro gran pedagogo contemporáneo, Paulo Freire, ‘lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer’.

‘Muy noble’ es otro aumentativo que pone en evidencia que la educación no puede estar sujeta a los vaivenes políticos, a las modas ambientales ni a los ‘lobbys’ ideológicos de turno. Lo noble es lo auténtico, y eso no depende de una tendencia o capricho, sino que está escrito en el corazón de cada ser humano, en la entraña de todo lo creado. Por tanto, un sistema educativo estará bien orientado si tiene como premisa primera y fundamental a la persona y el desarrollo feliz de su vida. Todo lo demás, en mayor o menor medida, es manipulación.

De la misma manera, afirmar que es un ‘menester angélico y divino’ es confirmar la intuición moderna de que la educación no depende tanto de programas y leyes cuanto de la capacitación y formación de los actores de la misma: los maestros. Y para tener sujetos bien preparados, requiere una propuesta formativa exigente y rigurosa. El acceso a la carrera de profesor debería ser el más exigente y restrictivo, como ocurre con medicina, arquitectura u otros estudios de difícil acceso por el corte de nota. Con todos mis respetos a cuanto estudian educación (magisterio), no puede ser la carrera donde acaban los que no han podido acceder a otras carreras universitarias. Que se convierta en los estudios de consolación, la segunda división de las carreras universitarias. Pero para eso, la sociedad debería considerar la enseñanza como pilar de una sociedad y eso evidenciarlo con un trato, tanto en dignidad como en retribución, de excelencia.

Junto al rigor formativo, la escrupulosidad humana, psicológica y espiritual. Para Calasanz el oficio educativo no pueden llevarlo adelante sino los que mejor acceso a la formación tenían y con un considerable desarrollo de su vida espiritual: los sacerdotes. Él precisará que deben ser especialmente sacerdotes los que se dediquen a la educación porque con eso se aseguraba, en aquel entonces, una esmerada formación y una cuidada vida espiritual. De ahí la nobleza. Traduzcamos a nuestros días qué suponen esas dos condiciones para la vida de un educador.

Como vemos, con este nuevo aumentativo, el santo viejo convierte el ejercicio educativo no solo en una cuidada y respetada profesión sino en un verdadero ministerio eclesial, a la altura y valoración de cualquier otro, lo que supondrá una mirada tan innovadora que no volvemos a escucharlo hasta tres siglos y medio después en el Concilio Vaticano II.

Muy noble es la vida y dedicación de millones de educadores que hay en el mundo que, muy aparte de la consideración social, el salario o las condiciones precarias en las que desarrollan su ministerio, siguen mostrando al mundo que, acompañar la vida humana en sus inicios para desarrollarla y sacar lo mejor de sí, continúa siendo una experiencia impresionante. Lo noble también sería una gratitud inmensa para con cada uno de ellos.​

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Memorial al Cardenal Tonti (III)

Memorial al Cardenal Tonti (III)

“Ministerio en verdad MUY DIGNO, muy noble, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

Calasanz en esta parte de la defensa del ministerio educativo utiliza unos aumentativos que describen las claves, no solo de la educación cuanto del educador. Y esta es una clave bien importante: la educación, al final, depende del educador. El peor sistema educativo puede dar excelentes resultados con buenos educadores, pero también el mejor sistema educativo fracasa con unos educadores mediocres. De ahí, deberíamos concluir que, la formación, consideración, gratificación y trato a los educadores deberían estar exquisitamente cuidados por los gobiernos, y sería mucho mejor que lo fueran por los estados. Un indicador de calidad de un sistema educativo no son los resultados comparados con otros países, sino el trato que se da a los educadores, y en muchas ocasiones correlacionan. Y ciertamente, en una sociedad, ¿a quién se trata mejor?, a los que se les considera más dignos: jueces, médicos, arquitectos, grandes empresarios, banqueros, artistas y deportistas famosos… Pues según sea la dignidad que se le da a alguien, así se le valora. De esta manera el santo viejo busca presentar el ministerio educativo como el ejercicio de un oficio elevado, sublime, por ser la base de las sociedades modernas (y lo dice iniciando el siglo XVII). Y lo describe con estos aumentativos que en alguna ocasión se tradujeron por superlativos (dignísimo, nobilísimo, meritísimo…) y que los iremos comentando.

“MUY DIGNO, por girar en torno a la salvación, conjuntamente, del alma y del cuerpo.” (MCT)

Lo digno es lo que es merecedor de respeto y estima. Y para san José de Calasanz el ministerio de la educación debería ser muy respetado y estimado.

Pero aquí se está poniendo en valor la educación para todos y, en concreto, para los pobres, los que no tienen recursos, para los que se les ha privado de una vida digna. Una escuela es un lugar ‘dignificador’ de las personas. Cuando Calasanz apunta a la dignidad de la educación está señalando los efectos que provoca en el ser humano, pues despojándolo de todo juicio o disfraz, lo descubre como hijo de Dios y, por tanto, como un ser con toda la dignidad posible.

Educar es evidenciar lo que somos, apartándonos de una práctica presente en todas las épocas que tiende a dividir y clasificar a los seres humanos por sus recursos, lugar de nacimiento, color de piel, creencias, relaciones, etc.

Educar es considerar, poner en valor la igual dignidad de todos y presentar procesos para que esta esencia humana crezca y se acredite.

Educar es la acción más respetable que puede realizar un hombre con otro, pues no solo lo hermana, sino que lo mejora.

Educar es participar de la misma acción de Dios, por eso dignifica al que la propone y al que la recibe y responde al primer mandato que Dios da al ser humano tras su creación: ‘creced y multiplicaos’.

La educación para Calasanz no es digna porque enseñe o forme a la persona, eso también lo hacen otro tipo de disciplinas no educativas, sino porque salva o participa del proceso de salvación de la persona. La salvación no es un concepto únicamente religioso, sino que es la aspiración más elevada, sublime y profunda de cualquier ser humano. Un niño se salva cuando vive equilibradamente su infancia; un adolescente se salva cuando integra armónicamente sus cambios; un joven se salva cuando es capaz de desplegar toda la riqueza para la que ha sido creado. Por eso la educación gira ‘en torno a la salvación’, sabiendo que afecta a la globalidad de la persona, a su cuerpo y a su alma. Ambas realidades que han de ser educadas (descubiertas y desarrolladas) por las letras (cultura) y la piedad (fe). La medicina cura personas, la educación, las salva. Si es digno curar personas, el ministerio educativo es ‘muy digno’.

Pero la dignidad ni se da ni se quita, se tiene. Y ahí reside el problema, en que lo digno corrompido es una tragedia. Un educador es digno en sí mismo, y si no es considerado digno es porque no es un educador. Podrán respetarlo más o menos, se le valorará o no, será considerado o despreciado, pero si es educador, no pierde en nada su dignidad, al contrario, la evidencia. Pero si se corrompe a sí mismo por ideología, por intereses particulares bastardos o por dinero, se convierte en el mayor de los males, la más nefasta de las realidades porque se traiciona a sí mismo, a sus estudiantes y a la sociedad a la que debería servir y mejorar. Decían los latinos ‘corruptio optimi, pessima’ (la corrupción de lo óptimo es la peor). Y una manera muy sutil de corromper la educación es fragmentar la realidad humana: por un lado, la inteligencia, por otra la biología, por otra lo espiritual, por otra lo psicológico y lo emocional. Fragmentar al hombre o negarle alguna de estas dimensiones en educación es la mejor de las manipulaciones que puede realizar un estado. Por eso la intuición de Calasanz es tan actual, porque la dignidad está en el ‘conjuntamente’, en abordar a la persona en su globalidad, ¿qué ciencia, disciplina o saber es capaz de acercarse a la persona en su totalidad? Solo la educación; y los que desean corromperla por intereses, lo que intentarán siempre es dividir, desmembrar para intentar producir una creatura que responda a los intereses de cada época. Y curiosamente, cada época, hipervalora una dimensión distinta.

Dignificar la educación es presentar al hombre lo que realmente es, desarrollar la más sublime de las antropologías que se reconoce en la persona de Jesucristo, ‘Cristo manifiesta el hombre al propio hombre’ (GS 22). Y esto último, tampoco ha de ser tomado como un apunte religioso, aunque para Calasanz sí lo fuera, porque detrás de cada sistema educativo hay un modelo de hombre y la única manera honesta de no manipular, es presentar el modelo más completo de ser humano o, al menos, el que genera un mayor bien para uno mismo y para los demás. Reto a cualquiera a que presente un modelo de hombre más completo, integrador y generador de vida y convivencia que Jesús de Nazaret. Pongan a su lado el boceto antropológico que subyace a los sistemas educativos actuales, y se darán cuenta que, educar desde este referente es evidenciar la mayor dignidad de cualquier persona. Y entregar la vida a conseguirlo, lo más digno.

Visto así, sin duda, el ministerio educativo es muy digno.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

La inutilidad de la muerte

La inutilidad de la muerte

(La Pasión no es un relato, es una invitación a una experiencia personal única).

El acontecimiento más impresionante que he vivido en mi vida fue estar a los pies de un volcán activo que cada dos o tres minutos hacía estremecer las entrañas de la montaña y escupía rocas que en su recorrido de caída chocaban con otras y se partían mostrando su corazón anaranjado e incandescente ante nosotros. Costa Rica.

Les podría contar de mil formas diferentes la sorpresa, el temor, el sobrecogimiento que sentíamos los imprudentes testigos ante aquel acontecimiento, pero nunca podría provocar de la misma forma aquellos sentimientos en otra persona; la experiencia puede ser narrada y compartida pero no vivida por otros, de manera vicaria.

Algo así es la Palabra de hoy, la Pasión según el evangelista Marcos. Nos propone un itinerario que debería provocar una experiencia personal. “Faltaban dos días para la Pascua”. Este inicio nos prepara, no encamina, nos invita a acompañar a Jesús estos dos días donde se van a dar palabras, acciones y hechos que perdurarán para siempre en la mente y el corazón de sus discípulos, de los de entonces y de los de ahora. Estos dos días de Marcos es nuestra semana santa, el programa de vida al que somos invitados a participar. A lo largo de todo este camino: incertidumbre y confianza, soledad y compañía, violencia y ternura, muerte y vida. Tras el anuncio del complot, se nos llena la pituitaria del aroma agradable y gratificante del perfume que no podrá borrarse por más desencanto y miseria humana, porque el amor es el olor perdurable tras todo lo feo. El deseo de amistad, de encuentro e intimidad con los amigos en la última cena alimentará el ayuno de la traición y el vacío de la negación de los cercanos. La ineludible soledad de Getsemaní, el lugar humano donde reconocernos tan frágiles que solo Dios puede sostener una debilidad tan cruda: la oración como el último trago de agua en la cantimplora extenuada. La humillación de los procesos civil y religioso a Jesús son más la escenificación de una humildad que invita a ser contemplada, asumida y deseada: “Señor, dame esta certeza de saberme en tus manos”. Las burlas son los adornos de la insensatez humana que ante el testimonio callado del amor de Cristo se derriten como azucarillos en el agua tibia de la esperanza cierta. Y la muerte, inútil, radicalmente inútil a la mirada pragmática, consumista y materialista. El primer evangelio solo hace hablar a Jesús para expresar su confianza en su Padre: “Dios mío, Dios mío…”, va musitando el salmo que concluye en una espera confiada. Lo que apenas intuimos los creyentes lo proclaman los alejados con mirada limpia: “Verdaderamente era Hijo de Dios”. Y concluye con un fundido en negro tras depositar el cuerpo inerte del Salvador: “María Magdalena y María de José observaban dónde le colocaban”. Y con las mujeres, cada uno de nosotros somos invitados a observar, a contemplar la aparente inutilidad de muerte que dará paso al milagro de la vida.

P. Carles Such Sch. P.

Domingo 28 de Marzo de 2021 | Domingo de Ramos

Marcos 14,1-15,47: Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

[C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.»
Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados:
S. «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.»
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
+. «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.»
Prometieron dinero a Judas Iscariote
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?
C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
C. Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
+. «Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo
C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:
+. «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.»
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Seré yo?»
C. Respondió:
+. «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!»
Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la alianza
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
+. «Tomad, esto es mi cuerpo.»
C. Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
+. «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres
C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+. Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.» Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan, yo no.»
C. Jesús le contestó:
+. «Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.»
C. Pero él insistía:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.»
C. Y los demás decían lo mismo.
Empezó a sentir terror y angustia
C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
+. «Sentaos aquí mientras voy a orar.»
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
+. «Me muero de tristeza; quedaos aquí velando.»
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+. «¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+. «Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:
+. «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
Prendedlo y conducidlo bien sujeto
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. «Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien sujeto.»
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. «¡Maestro!»
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+. «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.»
C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumo sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:
S. «Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
S. «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?…»
C. Jesús contestó:
+. «Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.»
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
S. «¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?»
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. «Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
No conozco a este hombre que decís
C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
S. «También tú andabas con Jesús, el Nazareno.»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.»
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. «Éste es uno de ellos.»
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:
S. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.»
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. «No conozco a ese hombre que decís.»
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.]
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le pregunto:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+. «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.
Llevaron a Jesús al Gólgota y los crucificaron
C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+. «Eloí, Eloí, lamá sabktaní.»
C. Que significa:
+. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
* Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
José rodó una piedra a la entrada del sepulcro
C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.]

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

​Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

“Un ministerio insustituible… y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.”

Recuerdo cuando leí hace más de treinta años este memorial por primera vez. Algunas de las palabras sonaron a mis jóvenes oídos, arcaicas y anacrónicas. Curiosamente una de ellas era la expresión ‘la reforma de las corrompidas costumbres’, y, sobre todo, por lo de ‘corrompidas’. Tres décadas después y cuatro siglos tras su primera escritura, vuelvo a escuchar a diestro y siniestro a mi alrededor la palabra ‘corrupción’. Como si la historia quisiera hacerle un requiebro al tiempo, y al igual que a Calasanz le removió la conciencia ver a tanto niño y adolescente de la calle dedicados al robo, la extorsión, el pillaje y a saber qué otras ‘lindas’ prácticas corruptas, hoy nos remueve a muchos ver a tantos políticos, jueces, policías, funcionarios… corruptos. Y si lo son de adultos, es posible inferir que no recibieron la educación debida para enderezar esas ‘tendencias torcidas’ (expresión calasancia) que debieron aparecer ya en sus infancias. Sería legítimo preguntarnos, ¿para qué sirvió la educación en estas personas? ¿Fueron educadas para desarrollar el mal (de manera inconsciente ciertamente) o simplemente no les propició ningún cambio interior a lo que despuntaba como germen en ellas? ¿La educación les cambió para mejorar o les consolidó en lo que ya estaba inoculado en ellos?

Quizá, la clave está en la primera palabra de la expresión destacada, reforma. Calasanz apela a una educación que reforma a la persona, no que la instruye únicamente, no que la prepara para la vida adulta solamente, no que la capacita para un trabajo o un estudio superior sin más, no que la dota de una pátina humana y cristiana sin tocar su centro, sino que el proceso que viva el niño en la escuela debe ser el que le permita desarrollarse felizmente como persona. Y nunca la corrupción crea felicidad, ni siquiera al que la ejerce.

Reforma de las corrompidas costumbres, ¿nos atrevemos a enumerar algunas de hoy? El ejercicio del poder político en beneficio propio, la malversación de fondos sociales, la prevaricación en funcionarios públicos en el ámbito de la justicia, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violencia de género, el trato discriminatorio por edad, sexo, ideología, nacimiento… Y seguro que a muchos les van viniendo muchas otras ‘corrompidas costumbres’. Y tras enumerarlas miramos siempre hacia afuera, como si este mal fuese un coronavirus selectivo que ataca a algunos (normalmente los que pueden), sin caer en la cuenta que lo que se corrompe es lo que se posee no lo que se adquiere. Ya con razón Jesús en el evangelio avisa sobre esta escapatoria moral de culpabilizar a lo que está afuera: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mt. 15,19)

El santo viejo descubrió esto mismo en carne de niño callejero. Y quiso proponer un remedio saludable por medio de la educación, sabiendo que, si el niño ‘desde su tierna infancia es imbuido diligentemente en la piedad y las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de toda su vida’, como afirma de nuevo con otras palabras en este memorial. ¿Nuestros procesos educativos actuales propician esta reforma de las corrompidas costumbres? Porque yo lo que veo en muchos de mis alumnos es que desearían emular a los que hoy consiguen fama, prestigio y plata sin importarles la senda ni los medios que los llevaron hasta ahí.

Una buena educación, quizá, la única educación que se precie de llevar este nombre, no es la que mantiene ni la que posibilita la continuidad ni la que prepara para asegurar las estructuras sociales actuales (algunas de ellas corruptas), sino la que reforma, esto es, da nueva forma. La educación actual en el mejor de los casos ‘ahorma’ no ‘reforma’. Hoy sigue actual y vigente este llamado de Calasanz a hacer de la educación el arma más poderosa de transformación social, por ello, como lo saben los que gobiernan, quieren arrostrarse el derecho de manejarla a su antojo, o al servicio de sus ideologías, o al servicio de la ética capitalista-consumista, o peor, al antojo de las costumbres corrompidas. De repente, hemos revertido la finalidad de la educación haciendo de ella un instrumento de poder al servicio del poder establecido. Y ahí surgen todos los problemas de los sistemas educativos de nuestras sociedades.

Hoy evidenciamos que nuestras sociedades necesitan ciudadanos acríticos, dóciles y amaestrados, por eso se elaboran con precisión programas educativos donde las humanidades (filosofía, ética, historia, educación religiosa, música y artes en general) tengan una presencia residual o simplemente, no aparezcan. Al estar centrada en la producción y el trabajo, elaboran currículos tecnológicos y pragmáticos llenándolos de materias instrumentales inoculando una brutal competitividad utilitarista entre los estudiantes. Y aquí que cada cual analice su currículo nacional y su ley educativa y descubrirá sin mucho esfuerzo qué sociedad desean los que nos gobiernan.

Ante este panorama, identificar y clarificar la finalidad de la educación que impartimos es fundamental. El horizonte y la orientación de la educación es clave para educar. En Calasanz está claro: la felicidad o, dicho de otra manera, el ‘buen vivir’ del hombre futuro (y no el ‘bien-estar’).

Visto lo anterior, el debate y la reflexión de los Estados debería centrarse en qué piensan y creen que hace feliz a una persona para poder establecer el proceso educativo que le ayude a vivirlo. Seguro que llegan a conclusiones muy interesantes y sin buscarlo, consensuarían una realidad que daría un gran impulso al país y un futuro prometedor a sus ciudadanos. Si queremos llegar a un Pacto, hemos de saber mirar juntos un horizonte compartido. Y seguramente, lo esencial, lo podemos consensuar: una buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Continuará…

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.