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Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

“Quien piensa saberlo todo fácilmente se encuentra engañado muy a menudo” (San José de Calasanz)

San José de Calasanz fue un hombre de una formación muy esmerada. En sus estudios para acceder al sacerdocio se benefició de las nuevas orientaciones del concilio de Trento que exigía una formación teológica más exigente y, por lo que parece, llegó a doctorarse posteriormente en Barcelona antes de viajar a Roma. Esto le valió el interés de varios obispos que lo tomaron como su hombre de confianza a su lado. Calasanz aspiraba a grandes cargos en la Iglesia, ese fue su horizonte, no por vanidad sino por servir mejor a la Iglesia desde un puesto de responsabilidad. Pensaba saberlo todo de su vida y su futuro, pero se engañó. Los niños de la calle le enseñaron lo que no ilustra ningún libro ni ninguna carrera universitaria: la verdadera sabiduría se esconde en los sencillos. ¡Cuántos errores nos ahorraríamos si desconfiando más de nosotros y de nuestros saberes aprendiéramos a leer la vida ‘desde abajo’! A Calasanz, lo que le dio el saber más importante de la vida que es el propio conocimiento fue su relación cotidiana con los niños en la escuela. Aprender a ver la vida como adultos con los ojos y el corazón de un niño dota a la persona de una nueva inteligencia que le abre más a las dudas que a las certezas, a las preguntas que las respuestas y, ‘caminando como un niñito de dos años que no sabe dar dos pasos sin trastabillar’ no apartamos la vista de quien es apoyo, luz y guía: Dios.

 

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna

Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna

Quien se da a sí mismo ha dado cuanto podía dar”. (San José de Calasanz)

San José de Calasanz encontró su vocación definitiva, aquella con la que se desarrolla lo mejor de sí mismo, en la ancianidad de la vida de entonces. A los 60 años hacía su profesión religiosa como el primer escolapio de la historia de la Iglesia. Antes de vivir ese momento, intentó buscar alternativas, intermediarios, llamó a muchas puertas, dio parte de su tiempo, de su hacienda, de su misma vocación sacerdotal, hasta que entendió por la lectura que hizo de su historia pasada, y descubrió en la educación de los niños pobres que Dios le pedía la vida, sin reservarse nada, debía dar un salto al vacío y dejarse guiar en esa nueva realidad, inédita en la Iglesia hasta ese momento, que fueron las Escuelas Pías, la primera Orden religiosa cuyo carisma fue la educación popular como medio de santificación (hoy diríamos de evangelización). Ese 25 de marzo de 1617 entregó todo lo que tenía y se consagró para siempre, dio cuanto podía dar, a sí mismo, sus proyectos, sus sueños, su tierra… y se le regalaron 30 años más de vida. Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna.

 

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Saber esperar

Saber esperar

 “En las obras de Dios no hay que tener prisas” (San José de Calasanz)

San José de Calasanz no nació educador, lo hicieron educador los niños romanos de la calle. Posiblemente recordaría lo que su madre o el maestro de su pueblo o los religiosos trinitarios harían con él en sus primeras letras y aprendizajes. Pero solo la vida aquilatada por la experiencia y la sabiduría nacida de los errores cometidos y corregidos posteriormente hacen de uno un educador. Esta vez Calasanz, tras equivocarse muchas veces en sus juicios y, sobre todo, en sus prisas, comprendió que Dios cocina siempre a fuego lento, y aprendió que el tiempo de Dios no se mide por cantidades sino por oportunidades, y en saber esperar la oportunidad que se te da y aprovecharla, está el éxito de la vida. Por eso, el santo experimentó muchas veces que, en las obras de Dios, no hay que tener prisas.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Maestro en la constancia

Maestro en la constancia

“Solo la perseverancia hasta el final merece la corona”  (San José de Calasanz)

San José de Calasanz no es un teórico de la educación o un filósofo de la vida, es un hombre de su tiempo con una mirada audaz que le permitió percibir realidades que ante otros muchos pasaban desapercibidas.

Esto nos indica que cuando Calasanz hace una afirmación no es una sentencia sapiencial fruto de una reflexión cuanto una constatación de la vida. Hoy, esta frase que nos acompaña, es el resumen de su vida, por eso comenzamos por ella, porque ha experimentado que solo la perseverancia en lo que se cree y por lo que se vive permite ver el fruto, aunque este sea invisible o no se dé en el momento que uno espera o desea, ahí está la perseverancia hasta el final.

Gracias, Calasanz, por ser un maestro en la constancia y mostrarnos que, también en tiempos de pandemia, solo la perseverancia hasta el final merece la corona.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Manel y Checho: un sacerdocio vivido como entrega y servicio

Manel y Checho: un sacerdocio vivido como entrega y servicio

Manel Camp es un escolapio español que hoy celebra sus 25 años de ministerio sacerdotal. Checho Suárez es otro escolapio colombiano que hace apenas cuatro días fue ordenado sacerdote. A los dos los miro con emoción y veo en ambos un hermoso icono de lo que es el sacerdocio escolapio, que no es distinto al sacerdocio de cualquier otro sacerdote de nuestra Iglesia, al contrario, lo escolapio hace al sacerdocio ministerial más auténtico. 25 años de permanencia es un testimonio de fidelidad en cualquier ámbito. Hoy que lo permanente dura segundos en las redes sociales y la fidelidad se mide por engrosar una lista de seguidores, Manel es un cuadro atemporal, un anacronismo en este tiempo fugaz y veloz donde ayer es historia y lo que se hace dos veces seguidas crea una tradición. Su constancia en el servicio del altar y en el acompañamiento del Pueblo de Dios, especialmente en sus miembros más pequeños, es argumento de una vida entregada y feliz.

Checho es la encarnación de la aparente estupidez hecha sublimidad. Una persona que en el momento vital más vigoroso (los treinta), de una inteligencia sutil y con una capacidad para sentarse en cualquier cátedra que se propusiese, elige sentarse en un banco de salón de clase, en un pupitre rodeado de mocosos ignorantes, adolescentes insoportables y jóvenes incómodos e insolentes, que en su pupila se convierten en niños adorables, adolescentes fascinantes y jóvenes entusiastas.

Ambos son un cuadro bosquejado, una fotografía desenfocada, una melodía desafinada en este mentiroso mundo nuestro de photoshop. Y los dos son una imagen preciosa de una vida entregada, intensa y generosa. Algunos llaman a esta experiencia felicidad. Sacerdotes escolapios.

La historia de la humanidad es maestra en recordarnos que en los momentos de mayores crisis surgen los testimonios más radicales, los testigos capaces de convocar y movilizar en dirección opuesta a la experiencia y pensamiento únicos. En estos tiempos donde el clericalismo es una lacra para la Iglesia y es una fuente de desórdenes terribles entre consagrados y laicos, vemos resurgir, con gran esperanza, nuevos jóvenes que se sienten llamados a la vida sacerdotal, seducidos por un evangelio que se encarna entre los pobres y un modelo de pastor que es Jesús dando la vida. Jóvenes que ya no pugnan por tiznar el color de sus ropas sino por las zonas donde hay seres humanos carentes de derechos y negados en su dignidad; jóvenes que desean celebrar la eucaristía para convertirse ellos mismo en pan partido y repartido más allá del número de velas en el altar o de la cantidad del estipendio; jóvenes que viven más su responsabilidad bautismal que su estatus de ordenado.

Gracias, Checho, por escoger el caminito con piedras y abrojos para encontrarte con los caídos, acompañar a los desfallecidos y guiar a los decepcionados mostrándoles una nueva manera de ser y estar en el mundo. Abandonaste el carro potente y rápido y te has calzado unas botas de montaña: pastor de polvo en el rostro y callos en las manos.

Manel lleva 25 años intentando vivirse así, acogiendo sus incoherencias como un aprendizaje vital y su inconforme testimonio de querer estar donde debe, aunque no siempre lo ha conseguido. Su cercanía, su sencillez, su talante de pueblo, lo ha hecho un sacerdote niño con los niños y pobre con los pobres. Tentado por ilusiones y engañado en ocasiones por burocracias ha sabido sobreponerse con la entrega a los jóvenes y la alegría de su espontaneidad. Ha errado tanto como ha acertado: empate.

Pero siempre ha ganado en los penales: en caso de duda, el bien del otro. Y nunca disimulando un gran corazón de pastor que le hace sonrojarse como un tímido adolescente o llorar desconsoladamente cuando la ocasión lo ha ameritado.

Gracias nos queda corto. Así que un agradecimiento que te lleve a saborear y disfrutar de tanto bien como el que has regalado. ¡Y por otros 25 que este mundo y esta Iglesia necesita sacerdotes como tú, con el corazón de Dios en un cuerpo muy humano!

A ambos, a Manel y a Checho, os dejo este texto del profeta Malaquías que hoy mismo me he encontrado y he identificado en cada uno de vosotros:

Una doctrina auténtica llevaba en la boca y en sus labios no se hallaba maldad; se portaba conmigo con integridad y rectitud y apartaba a muchos de la culpa. Labios sacerdotales han de guardar el saber y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor”. (Ml 2, 6-7)

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.