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La inutilidad de la muerte

La inutilidad de la muerte

(La Pasión no es un relato, es una invitación a una experiencia personal única).

El acontecimiento más impresionante que he vivido en mi vida fue estar a los pies de un volcán activo que cada dos o tres minutos hacía estremecer las entrañas de la montaña y escupía rocas que en su recorrido de caída chocaban con otras y se partían mostrando su corazón anaranjado e incandescente ante nosotros. Costa Rica.

Les podría contar de mil formas diferentes la sorpresa, el temor, el sobrecogimiento que sentíamos los imprudentes testigos ante aquel acontecimiento, pero nunca podría provocar de la misma forma aquellos sentimientos en otra persona; la experiencia puede ser narrada y compartida pero no vivida por otros, de manera vicaria.

Algo así es la Palabra de hoy, la Pasión según el evangelista Marcos. Nos propone un itinerario que debería provocar una experiencia personal. “Faltaban dos días para la Pascua”. Este inicio nos prepara, no encamina, nos invita a acompañar a Jesús estos dos días donde se van a dar palabras, acciones y hechos que perdurarán para siempre en la mente y el corazón de sus discípulos, de los de entonces y de los de ahora. Estos dos días de Marcos es nuestra semana santa, el programa de vida al que somos invitados a participar. A lo largo de todo este camino: incertidumbre y confianza, soledad y compañía, violencia y ternura, muerte y vida. Tras el anuncio del complot, se nos llena la pituitaria del aroma agradable y gratificante del perfume que no podrá borrarse por más desencanto y miseria humana, porque el amor es el olor perdurable tras todo lo feo. El deseo de amistad, de encuentro e intimidad con los amigos en la última cena alimentará el ayuno de la traición y el vacío de la negación de los cercanos. La ineludible soledad de Getsemaní, el lugar humano donde reconocernos tan frágiles que solo Dios puede sostener una debilidad tan cruda: la oración como el último trago de agua en la cantimplora extenuada. La humillación de los procesos civil y religioso a Jesús son más la escenificación de una humildad que invita a ser contemplada, asumida y deseada: “Señor, dame esta certeza de saberme en tus manos”. Las burlas son los adornos de la insensatez humana que ante el testimonio callado del amor de Cristo se derriten como azucarillos en el agua tibia de la esperanza cierta. Y la muerte, inútil, radicalmente inútil a la mirada pragmática, consumista y materialista. El primer evangelio solo hace hablar a Jesús para expresar su confianza en su Padre: “Dios mío, Dios mío…”, va musitando el salmo que concluye en una espera confiada. Lo que apenas intuimos los creyentes lo proclaman los alejados con mirada limpia: “Verdaderamente era Hijo de Dios”. Y concluye con un fundido en negro tras depositar el cuerpo inerte del Salvador: “María Magdalena y María de José observaban dónde le colocaban”. Y con las mujeres, cada uno de nosotros somos invitados a observar, a contemplar la aparente inutilidad de muerte que dará paso al milagro de la vida.

P. Carles Such Sch. P.

Domingo 28 de Marzo de 2021 | Domingo de Ramos

Marcos 14,1-15,47: Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

[C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.»
Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados:
S. «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.»
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
+. «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.»
Prometieron dinero a Judas Iscariote
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?
C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
C. Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
+. «Id a la cuidad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo
C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:
+. «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.»
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Seré yo?»
C. Respondió:
+. «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!»
Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre, sangre de la alianza
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
+. «Tomad, esto es mi cuerpo.»
C. Cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
+. «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres
C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+. Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.» Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan, yo no.»
C. Jesús le contestó:
+. «Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.»
C. Pero él insistía:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.»
C. Y los demás decían lo mismo.
Empezó a sentir terror y angustia
C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
+. «Sentaos aquí mientras voy a orar.»
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
+. «Me muero de tristeza; quedaos aquí velando.»
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+. «¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+. «Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:
+. «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
Prendedlo y conducidlo bien sujeto
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S. «Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien sujeto.»
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. «¡Maestro!»
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+. «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.»
C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumo sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:
S. «Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.»
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
S. «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?…»
C. Jesús contestó:
+. «Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.»
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
S. «¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?»
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. «Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
No conozco a este hombre que decís
C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
S. «También tú andabas con Jesús, el Nazareno.»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.»
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. «Éste es uno de ellos.»
C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:
S. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.»
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. «No conozco a ese hombre que decís.»
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.]
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le pregunto:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+. «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato pregunto de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contesto más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.
Llevaron a Jesús al Gólgota y los crucificaron
C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo construías en tres días sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+. «Eloí, Eloí, lamá sabktaní.»
C. Que significa:
+. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
* Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
José rodó una piedra a la entrada del sepulcro
C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra en la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.]

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

​Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

La finalidad de la educación. Memorial al Cardenal Tonti (II)

“Un ministerio insustituible… y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.”

Recuerdo cuando leí hace más de treinta años este memorial por primera vez. Algunas de las palabras sonaron a mis jóvenes oídos, arcaicas y anacrónicas. Curiosamente una de ellas era la expresión ‘la reforma de las corrompidas costumbres’, y, sobre todo, por lo de ‘corrompidas’. Tres décadas después y cuatro siglos tras su primera escritura, vuelvo a escuchar a diestro y siniestro a mi alrededor la palabra ‘corrupción’. Como si la historia quisiera hacerle un requiebro al tiempo, y al igual que a Calasanz le removió la conciencia ver a tanto niño y adolescente de la calle dedicados al robo, la extorsión, el pillaje y a saber qué otras ‘lindas’ prácticas corruptas, hoy nos remueve a muchos ver a tantos políticos, jueces, policías, funcionarios… corruptos. Y si lo son de adultos, es posible inferir que no recibieron la educación debida para enderezar esas ‘tendencias torcidas’ (expresión calasancia) que debieron aparecer ya en sus infancias. Sería legítimo preguntarnos, ¿para qué sirvió la educación en estas personas? ¿Fueron educadas para desarrollar el mal (de manera inconsciente ciertamente) o simplemente no les propició ningún cambio interior a lo que despuntaba como germen en ellas? ¿La educación les cambió para mejorar o les consolidó en lo que ya estaba inoculado en ellos?

Quizá, la clave está en la primera palabra de la expresión destacada, reforma. Calasanz apela a una educación que reforma a la persona, no que la instruye únicamente, no que la prepara para la vida adulta solamente, no que la capacita para un trabajo o un estudio superior sin más, no que la dota de una pátina humana y cristiana sin tocar su centro, sino que el proceso que viva el niño en la escuela debe ser el que le permita desarrollarse felizmente como persona. Y nunca la corrupción crea felicidad, ni siquiera al que la ejerce.

Reforma de las corrompidas costumbres, ¿nos atrevemos a enumerar algunas de hoy? El ejercicio del poder político en beneficio propio, la malversación de fondos sociales, la prevaricación en funcionarios públicos en el ámbito de la justicia, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violencia de género, el trato discriminatorio por edad, sexo, ideología, nacimiento… Y seguro que a muchos les van viniendo muchas otras ‘corrompidas costumbres’. Y tras enumerarlas miramos siempre hacia afuera, como si este mal fuese un coronavirus selectivo que ataca a algunos (normalmente los que pueden), sin caer en la cuenta que lo que se corrompe es lo que se posee no lo que se adquiere. Ya con razón Jesús en el evangelio avisa sobre esta escapatoria moral de culpabilizar a lo que está afuera: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mt. 15,19)

El santo viejo descubrió esto mismo en carne de niño callejero. Y quiso proponer un remedio saludable por medio de la educación, sabiendo que, si el niño ‘desde su tierna infancia es imbuido diligentemente en la piedad y las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de toda su vida’, como afirma de nuevo con otras palabras en este memorial. ¿Nuestros procesos educativos actuales propician esta reforma de las corrompidas costumbres? Porque yo lo que veo en muchos de mis alumnos es que desearían emular a los que hoy consiguen fama, prestigio y plata sin importarles la senda ni los medios que los llevaron hasta ahí.

Una buena educación, quizá, la única educación que se precie de llevar este nombre, no es la que mantiene ni la que posibilita la continuidad ni la que prepara para asegurar las estructuras sociales actuales (algunas de ellas corruptas), sino la que reforma, esto es, da nueva forma. La educación actual en el mejor de los casos ‘ahorma’ no ‘reforma’. Hoy sigue actual y vigente este llamado de Calasanz a hacer de la educación el arma más poderosa de transformación social, por ello, como lo saben los que gobiernan, quieren arrostrarse el derecho de manejarla a su antojo, o al servicio de sus ideologías, o al servicio de la ética capitalista-consumista, o peor, al antojo de las costumbres corrompidas. De repente, hemos revertido la finalidad de la educación haciendo de ella un instrumento de poder al servicio del poder establecido. Y ahí surgen todos los problemas de los sistemas educativos de nuestras sociedades.

Hoy evidenciamos que nuestras sociedades necesitan ciudadanos acríticos, dóciles y amaestrados, por eso se elaboran con precisión programas educativos donde las humanidades (filosofía, ética, historia, educación religiosa, música y artes en general) tengan una presencia residual o simplemente, no aparezcan. Al estar centrada en la producción y el trabajo, elaboran currículos tecnológicos y pragmáticos llenándolos de materias instrumentales inoculando una brutal competitividad utilitarista entre los estudiantes. Y aquí que cada cual analice su currículo nacional y su ley educativa y descubrirá sin mucho esfuerzo qué sociedad desean los que nos gobiernan.

Ante este panorama, identificar y clarificar la finalidad de la educación que impartimos es fundamental. El horizonte y la orientación de la educación es clave para educar. En Calasanz está claro: la felicidad o, dicho de otra manera, el ‘buen vivir’ del hombre futuro (y no el ‘bien-estar’).

Visto lo anterior, el debate y la reflexión de los Estados debería centrarse en qué piensan y creen que hace feliz a una persona para poder establecer el proceso educativo que le ayude a vivirlo. Seguro que llegan a conclusiones muy interesantes y sin buscarlo, consensuarían una realidad que daría un gran impulso al país y un futuro prometedor a sus ciudadanos. Si queremos llegar a un Pacto, hemos de saber mirar juntos un horizonte compartido. Y seguramente, lo esencial, lo podemos consensuar: una buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro.

Continuará…

CARLES SUCH

CARLES SUCH

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Lo que fue yermo se torna vergel. Memorial al Cardenal Tonti (I)

Lo que fue yermo se torna vergel. Memorial al Cardenal Tonti (I)

Este año 2021 conmemoramos en la Orden de las Escuelas Pías los 400 años de uno de los textos más significativos y hermosos de san José de Calasanz, el Memorial al Cardenal Miguel Ángel Tonti.

San José de Calasanz escribió con este memorial (escrito eclesial que defiende o reivindica algo) uno de los documentos más bellos en defensa de la educación popular. Con la noble intención de que se aprobara una nueva Orden religiosa en la Iglesia, mostró ante los que regían en aquel momento los designios terrenales de la Iglesia y parte de la humanidad conocida en aquel momento, que educar a los niños pobres era el futuro y la prosperidad de una sociedad y que debía ser una prioridad para los estados propiciar educación a sus niños para que fuesen dignos y buenos ciudadanos capaces de transformar la sociedad, renovar la Iglesia y hacer del desarrollo de sus propias vidas un proceso de felicidad y bienaventuranza. Y esto lo pensó y lo defendió hace 400 años.

Me propongo en varias entregas actualizar ese documento que como hemos indicado se dirige a un cardenal, el cual era el que debía permitir la creación de una nueva organización clerical cuando se pensaba que ya todo estaba creado y no hacían falta más. José de Calasanz, tras haber escrito la Regla (Constituciones) de lo que hasta entonces era su Congregación, escribió con 64 años, con pie y medio en la jubilación forzosa, este escrito con el que no solo consiguió doblegar el parecer y decisión de la iglesia jerárquica (que ya tiene su mérito), sino que los hizo acérrimos defensores de esta nueva obra que se dio a conocer como las Escuelas Pías.

Nuestro santo, queriendo aportar razones para justificar la novedad de su obra, plasmó una de las más hermosas compilaciones a favor de la educación popular, universal, cristiana y gratuita. Sin quererlo, miró al horizonte o mejor, vio en los ojos de aquellos niños harapientos y vulgares de los rincones romanos del Trastévere romano, que el horizonte del ser humano se fragua en su infancia por medio de la educación que recibe y experimenta. Cuando una semilla seca, deforme y aparentemente inútil, es plantada en una tierra cuidada, abonada y regada, saca de lo más íntimo de su fealdad la criatura hermosa que lleva dentro, y lo que fue yermo se torna vergel. Esta es la intuición de fondo en las palabras del santo viejo y que poco a poco iremos actualizando.

400 años después de este canto a la educación popular que es un canto a la libertad humana, los que rigen las voluntades del pueblo y las someten (políticos y gobernantes), se han dado cuenta que hacer crecer bosques a nuestro alrededor es peligroso, porque no se puede controlar la vida de un ente tan plural, diverso y vital (que es lo que provoca una educación como defiende Calasanz en este memorial), así que han secuestrado la potestad de sembrar y han puesto todos los medios para hacer crecer, en su lugar, parques de bonsáis, haciendo de la educación, el arma más sutil y poderosa de asegurar ciudadanos serviles al sistema impuesto para el beneficio de unos pocos, sea en democracia, en dictadura, en teocracia o cualesquiera que sea el régimen político. Por eso, no es de extrañar que, en muchos países democráticos, las leyes que más cambian y se modifican son las leyes educativas, pues no miran a la persona en sí y el bien común (no cambiamos tanto en tan poco tiempo), sino los intereses políticos del gobierno de turno.

Por eso, hoy más que nunca, importa poner en valor la prístina intuición de este viejo español, que tras 24 años educando a niños de las calles romanas, descubrió que la verdadera felicidad del hombre reside en el interior de cada persona y que si no se le acompaña en su primer crecimiento, desde la más tierna infancia, con el agua templada de la sabiduría de la vida hecha cultura, y con el abono de la fe y las buenas costumbres, se endurece y se seca de tal manera con el tiempo que, por más que se lo proponga alguien, rara vez logra despertar la riqueza que atesora. Piedad y Letras, lo resumió José de Calasanz.

Me gustaría mostrar a lo largo de estos comentarios, la importancia o quizá, la urgente necesidad que tienen los pueblos actualmente de hacer de la educación un tema de Estado (incluso ‘de Estados’) que no dependa del gobierno de turno ni de los vaivenes de modas, ocurrencias y tendencias educativas. El Papa Francisco ha bautizado este impulso nuevo y holístico, como la búsqueda de un Pacto Educativo Global.

No hay duda, aquellos Estados que logren ponerse de acuerdo en educar bien a sus nuevas generaciones, serán los que heredarán un mejor futuro humano y sostenible.

San José de Calasanz en este memorial, se adelantó más de tres siglos a lo que para cualquier cultura avanzada es hoy incuestionable: el derecho de todos los niños sin distinción a la educación.

Dos advertencias finales:

  1. Con estas entregas mi pretensión no es hacer un estudio histórico o pedagógico o carismático del texto, sino un comentario personal actualizado. Nada más.
  2. Sería ideal que pudieran darse un tiempo para leer el texto entero (no es largo), aunque en cada comentario copiaremos el texto desde el que nace nuestra reflexión.
CARLES SUCH

CARLES SUCH

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Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

Aprender a leer la vida ‘desde abajo’

“Quien piensa saberlo todo fácilmente se encuentra engañado muy a menudo” (San José de Calasanz)

San José de Calasanz fue un hombre de una formación muy esmerada. En sus estudios para acceder al sacerdocio se benefició de las nuevas orientaciones del concilio de Trento que exigía una formación teológica más exigente y, por lo que parece, llegó a doctorarse posteriormente en Barcelona antes de viajar a Roma. Esto le valió el interés de varios obispos que lo tomaron como su hombre de confianza a su lado. Calasanz aspiraba a grandes cargos en la Iglesia, ese fue su horizonte, no por vanidad sino por servir mejor a la Iglesia desde un puesto de responsabilidad. Pensaba saberlo todo de su vida y su futuro, pero se engañó. Los niños de la calle le enseñaron lo que no ilustra ningún libro ni ninguna carrera universitaria: la verdadera sabiduría se esconde en los sencillos. ¡Cuántos errores nos ahorraríamos si desconfiando más de nosotros y de nuestros saberes aprendiéramos a leer la vida ‘desde abajo’! A Calasanz, lo que le dio el saber más importante de la vida que es el propio conocimiento fue su relación cotidiana con los niños en la escuela. Aprender a ver la vida como adultos con los ojos y el corazón de un niño dota a la persona de una nueva inteligencia que le abre más a las dudas que a las certezas, a las preguntas que las respuestas y, ‘caminando como un niñito de dos años que no sabe dar dos pasos sin trastabillar’ no apartamos la vista de quien es apoyo, luz y guía: Dios.

 

CARLES SUCH

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Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna

Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna

Quien se da a sí mismo ha dado cuanto podía dar”. (San José de Calasanz)

San José de Calasanz encontró su vocación definitiva, aquella con la que se desarrolla lo mejor de sí mismo, en la ancianidad de la vida de entonces. A los 60 años hacía su profesión religiosa como el primer escolapio de la historia de la Iglesia. Antes de vivir ese momento, intentó buscar alternativas, intermediarios, llamó a muchas puertas, dio parte de su tiempo, de su hacienda, de su misma vocación sacerdotal, hasta que entendió por la lectura que hizo de su historia pasada, y descubrió en la educación de los niños pobres que Dios le pedía la vida, sin reservarse nada, debía dar un salto al vacío y dejarse guiar en esa nueva realidad, inédita en la Iglesia hasta ese momento, que fueron las Escuelas Pías, la primera Orden religiosa cuyo carisma fue la educación popular como medio de santificación (hoy diríamos de evangelización). Ese 25 de marzo de 1617 entregó todo lo que tenía y se consagró para siempre, dio cuanto podía dar, a sí mismo, sus proyectos, sus sueños, su tierra… y se le regalaron 30 años más de vida. Dio cuanto podía dar y encontró la vida eterna.

 

CARLES SUCH

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