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Viernes Santo: Pedagogía del sufrimiento

Viernes Santo: Pedagogía del sufrimiento

“No quiero que nadie me diga que Cristo ha dado la vida por mí”. Estas fueron las palabras literales de una estudiante de Secundaria al mes y medio de perder a su hermano apenas unos años mayor que ella.

¿Qué sentido tiene el dolor y el sufrimiento? ¿De qué me sirve que Cristo dé la vida por mí si se la quita a las personas que amo? ¿Por qué sufren los inocentes?

Son preguntas. Y no sé quién dijo que todas las preguntas deben ser respondidas. Hay preguntas que solo deben ser bien formuladas para sostener la vida y cuya respuesta reduce la vitalidad que proporciona la misma pregunta. Ponen en movimiento, nos hacen sacudir la modorra de una vida acomodada y adocenada. Son preguntas para contemplar. Y en esa tierna intimidad donde brota la pregunta, ese espacio humano que llamamos vulnerabilidad, ahí, se da el encuentro saludable entre el sufrimiento humano y su sentido.

Eso es la Cruz de Cristo. Es ese mismo acontecer entre el grito desgarrado del sufrimiento que no soporto y el sentido que me permite sostenerme milagrosamente vivo. Nacemos sufriendo (el neonato que no sufre no se abre a la vida) con un llanto que proporciona el oxígeno imprescindible para subsistir en este mundo. Y morimos experimentando y provocando sufrimiento, porque el sufrimiento es inevitable, como lo es la risa, el hambre o la sed. El dolor es otra cosa.

La experiencia que nos da a vivir la liturgia del Viernes santo es la posibilidad de contemplar el sufrimiento cara a cara y suscitar sentido, como aquellos israelitas heridos de muerte por las serpientes en el desierto, que alzando la vista y contemplando directamente el origen de su herida, quedaban sanos. Como ese soldado que contemplando la cruz de Cristo hace su primera confesión de fe: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”. Contemplar en silencio y dejar que brote el sentido.

El que huye del sufrimiento, lo perpetúa. El que lo esconde, le condiciona su vida. El que lo niega, se duele constantemente. Y Cristo, libera. Deja que la escucha de la Pasión de hoy y el gesto de adoración sean tu pedagogo, tus acompañantes en este transitar lo que me supera, lo que no entiendo y me hace sufrir.

El Viernes santo no es eterno sino finable. Y su límite y horizonte es la esperanza, fruto de una contemplación serena, conmovida y confiada. No tengas miedo de mirar directamente lo que te supera. Como reza el canto: “Busca el silencio. Ten atento el corazón. Calla y contempla”.

Viernes 15 de Abril de 2022 | Viernes Santo
Juan 18,1-19,42: Pasión de N.S. Jesucristo según san Juan

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Y tú, ¿para qué trabajas?

Y tú, ¿para qué trabajas?

A lo largo de estos dos años de pandemia se han publicado los datos de contagiados y defunciones de cada país. A la par, han ido apareciendo voces de alarma sobre otra causa colateral a la pandemia que son las muertes por suicidio, que han crecido de manera exponencial. ¿Qué hay detrás de un suicidio? Ciertamente es una realidad compleja pero donde encontramos, tras los cuadros de depresión, desilusión, pérdidas afectivas… una escalofriante falta de sentido de la vida. ¿Para qué vivo y para quién vivo? Tiene también mucha conexión con el tema vocacional. Pues hoy, en el evangelio de este domingo, Jesús se responde a esta pregunta y asume como proyecto de vida lo que le mantendrá en su misión y en los momentos de dificultades hasta su propia muerte violenta.

El evangelio de hoy es una apelación a nuestra conciencia, es una pregunta clara que requiere de una respuesta sincera: ¿para qué trabajas? La respuesta que demos marca el horizonte de sentido de nuestra vida. Si la respuesta es para ganar dinero, cuando pierda esta capacidad de adquirir, mi vida dejará de tener sentido. Si la respuesta es para sacar adelante a mi familia, cuando falten, mi vida dejará de tener sentido… Entonces, ¿qué respuesta mantiene el sentido de una vida? Jesús responde a quienes le escuchan: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”

Trabajar impulsado por lo que Dios quiere de mí (bajo el impulso de su Espíritu), liberar de tantas esclavitudes que vivimos en nuestros contextos, anunciar Buena Noticia a los pobres y desheredados, ayudar a ver a los que no ven más allá y trabajar por la fraternidad universal (año de gracia del Señor), da sentido a la vida ocurra lo que ocurra, pase lo que pase.

Jesús en Nazaret, en su pueblo natal, hoy renace con la visión clara de su vocación y aquello por lo que dará su vida, pues solo el que está dispuesto a dar la vida por algo es capaz de mantenerse más allá de la muerte.

En este domingo se nos invita a sacudir la modorra del materialismo, de la productividad, del consumismo, de la búsqueda vana de gloria humana para renovar los fundamentos de nuestra vida y preguntarnos con seriedad: ¿para quién soy yo?

…………….

3er Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 1,1-4.4,14-21.

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra.
Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír».
CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

Memorial al Cardenal Tonti (VI)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, muy meritorio, MUY BENEFICIOSO, MUY ÚTIL, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy beneficioso, por ayudar a todos en todo: sin ninguna acepción de personas y, por tanto, suministrando lo necesario y haciendo pedagogos de todos los niños, incluso acompañándolos hasta sus propias casas.

Muy útil, por los numerosos cambios de vida efectuados, como puede comprobarse con frecuencia entre los muchachos, tanto que no se reconocen según eran anteriormente.” (MCT)

Beneficio y utilidad.

En estas dos descripciones de los efectos del ministerio educativo aparece el Calasanz de la escuela. No el pedagogo de oficina, no el funcionario de educación, no el teórico e ilustrado. Aquí firma el santo con el sobrenombre de maestro.

La educación es una actividad casi espiritual como ya henos visto, pero encarnada, profundamente arraigada a la naturaleza humana (como veremos más adelante), y por ello, todo lo humano conlleva implicaciones para la persona, sean del signo que sean; si es positivo hablamos de beneficios y si es negativo de perjuicios. Pero, además, dado que la educación mira al desarrollo de la persona, esto es, tiene un propósito, un horizonte, hemos de constatar su utilidad o no. Esta mirada sobre la educación es tremendamente moderna, pero con una peculiaridad que supera la actualidad: la utilidad no está en los procesos instrumentales (contenidos, saberes, aprendizajes) sino en el logro de la finalidad: transcurso feliz de la vida. Ahí hay que constatar la utilidad o no del ministerio educativo.  Examinémolos por partes, aunque sea brevemente.

La educación ayuda ‘a todos en todo’, y esto lo han sabido descubrir las sociedades modernas haciendo de la escuela el hipermercado de los aprendizajes vitales. Lo que antes se aprendía en casa, o con el grupo de iguales en el barrio o en el pueblo, o en la relación con las generaciones de mayores, o en la iglesia… ahora se vuelca en la escuela. En el siglo XVII, dado que los pobres no tenían esos ámbitos de aprendizaje enumerados, Calasanz vislumbra una escuela como la de hoy, pero con toda seguridad, hoy no la plantearía así, sino que despojaría a la escuela de aprendizajes propios de otros ámbitos empoderando a estos y dejando la escuela para integrar y manejar lo anterior. Ese ‘abandono’ tácito o explícito que se hace de la educación de los hijos (por parte de los padres) y de los ciudadanos (por parte de los estados) han convertido la escuela, con perdón, en el vertedero de todos los saberes, aprendizajes y enseñanzas que se considera debe adquirir una persona, imposibilitando que la escuela desarrolle con calidad y efectividad los dones y talentos intelectuales y emocionales de los estudiantes. Tener que hacer educación vial, nutrición, primeros auxilios, comportamientos democráticos, tratar la igualdad, el buen trato, la higiene personal, el cuidado del cuerpo, la prevención de las dependencias y el maltrato, el respeto a las propias tradiciones, el amor a la patria, la buena utilización de las redes sociales, el uso del tiempo libre y la cantidad de hidratos de carbono que debo consumir diariamente… hacen muy compleja la labor de un maestro que, además, es evaluado no por todo lo anterior, sino por un currículo en el que debe desarrollar su materia y sus enseñanzas concretas.

Calasanz asume todo esto por imposibilidad real, incluso, como él mismo expresa, haciéndose guías de los niños (pedagogos) acompañándolos a sus casas para que no perdieran en la calle lo que habían adquirido en la escuela. Pero hoy tenemos otros medios para despojar a la escuela de tantas adherencias que son propias de otros estamentos y posibilitar en ella procesos que ayuden a hacer crecer en los niños y adolescentes todas sus capacidades. Hoy, además, el beneficio no se da en acompañar a los estudiantes a sus casas sino en acompañarlos personalmente en su trayectoria vital.

Y la utilidad.

¿En qué pensamos cuando hablamos de una educación útil o de la utilidad de la educación? Seguramente nos viene a la cabeza que nuestros alumnos sean útiles a la sociedad, o que puedan estudiar algo útil para ganarse la vida, o quizá que lo aprendido sea útil para el futuro familiar o laboral. Utilidad como gravamen de lo recibido en mi educación, como una tasa que he de pagar en el futuro, como expresa su etimología, la capacidad de ser usado. Y, sin embargo, llega este santo viejo que se hizo maestro cuando llegaba casi a su jubilación (actual) y apunta al centro de la finalidad de la educación: el cambio de vida, la conversión, humana y religiosa. Un buen proceso educativo ‘convierte’ a la persona, la rehace, la reconfigura, sería como un nuevo nacimiento. Para Calasanz el ministerio educativo es como un buen proceso de iniciación cristiana que concluye con la verificación del cambio de vida y la recepción del bautismo. Hacerse hombre, hacerse mujer, hacerse ciudadano, hacerse cristiano. Y llegados aquí es obligada la pregunta: ¿qué cambios significativos de vida descubrimos en nuestros alumnos? En ocasiones, cuando vamos por la vida y nos regala el encuentro con aquel estudiante díscolo e impertinente que cruza la calle para saludarte y con educación y respeto reverente alude a la paciencia que se tuvo con él y nos cuenta el cambio de su vida, nos llenamos de satisfacción y gozo. Eso es utilidad verificada. Pero desgraciadamente, también nos encontramos con corruptos, ladrones, ambiciosos o simplemente aquellos que no supieron ni pudieron cambiar el signo de una vida miserable transmitida, que formaron parte de nuestras aulas y que siguieron nuestros procesos. ‘Cambios de vida’, he ahí un propósito educativo para pegar en nuestras pizarras al comenzar nuestra clase cada día. En educación, para Calasanz, la utilidad es descubrir el secreto de mi vida, para qué he sido creado y tirar adelante con ello, mi propia vocación. Nada más útil que descubrir para qué he sido creado. Eso, me cambia la vida.

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Memorial al Cardenal Tonti (V)

Memorial al Cardenal Tonti (V)

“Ministerio en verdad muy digno, muy noble, MUY MERITORIO, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy meritorio, por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia, un remedio preventivo y curativo del mal, inductor e iluminador para el bien, destinado a todos los muchachos de cualquier condición -y, por tanto, a todos los hombres, que pasan primero por esa edad- mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo…” (MCT)

Meritorio es que merece reconocimiento. Y lo que es digno de reconocerse socialmente es porque aporta un bien, una utilidad y un beneficio al conjunto de una sociedad. La educación de los pobres es meritoria, y lo es por los motivos que Calasanz indica como efectos de un proceso que también señala. En el fondo, está evidenciando la causa y el efecto de la educación, y con ello, el camino (la metodología) para llegar al propósito final de la misma.

  1. Remedio preventivo y curativo del mal.

Posiblemente de las primeras veces que alguien habla del que luego se conocería como método educativo preventivo (y se lo atribuyen a san Juan Bosco dos siglos después). No pensar en el mal a curar sino en la evitación del mismo es una de las finalidades de la educación calasancia. En un momento que en las sociedades vemos las consecuencias de la avaricia, el egoísmo, la vanidad, la manipulación ideológica… tenemos en nuestras manos la posibilidad de ‘prevenir’. La educación no observa la realidad actual para sanar el mal, sino para aprender a prevenirlo en la siguiente generación. Es este un principio que debería primar en las leyes de educación: la sociedad que deseamos y no la prevalencia con parches y retoques de la actual. En el fondo, no habrá transformación si no hay prevención.

Cuando hay tantos intereses que mantener, se desea controlar la educación, pues puede prevenir (y por tanto transformar) o puede consolidar el statu quo. Lo estamos viendo estos días (y se propagará más), tras unos sistemas educativos centrados en lo instrumental, lo afectivo, lo lúdico, lo técnico y lo productivo, hemos generado unas generaciones frágiles, incapaces de saber esperar para alcanzar metas, insuficientemente preparadas para el esfuerzo y la creatividad ante lo adverso, con una mirada centrada en el consumo y la adquisición al precio que sea, y desmemoriadas de su historia, de las luchas y sufrimientos de sus antepasados para llegar a sociedades democráticas e igualitarias. Estas generaciones centradas en el producto y no en el sujeto, inflan lo competencial (la capacidad de hacer) y no tanto el propio sujeto, la persona, que es donde nace la verdadera prevención. Uno puedo prevenir lo que conoce, por propia experiencia o por la experiencia de otro. Pero se nos ha educado sin raíces, como dueños no como administradores, de manera que nos sentimos llenos de derechos y faltos de obligaciones. Valores como la discreción, la verdad, el pudor, la urbanidad, la humildad, la paciencia, el agradecimiento, el esfuerzo, la fortaleza (o resiliencia),el perdón… han sido relegados al ámbito de lo religioso y lo privado, emparejándolos con la fragilidad y la inutilidad, en el fondo, con la no productividad.

La historia ya no hace falta memorizarla y si se hace, se reduce a los acontecimientos tribales y locales, sufriendo una fragmentación tal que ya no hay visiones globales sino particulares y localistas que no permiten ver más allá de mi propio ombligo histórico; la filosofía no hace falta estudiarla porque bajo el aforismo ‘hay que enseñar a pensar’, omitimos los logros y avances de nuestros pensadores pasados para educar a pensar lo que queremos que se piense, lo que se ha llamado el pensamiento único. Y para justificar la ausencia de estos saberes humanísticos, han aparecido en la escuela una enorme cantidad de aprendizajes bastardos y ajenos a la escuela para desfigurarla y vaciarla de su propio contenido. ¿Podemos decir mirando los últimos 30 años que con la educación que estamos desarrollando estamos previniendo el mal social y curando las heridas pasadas del odio racial, la xenofobia, la discriminación sexual, protección del medio ambiente, desigualdad de oportunidades o la cultura de la deshonestidad y la corrupción? Porque si no podemos, nuestro sistema educativo está podrido, viciado y rancio. Con nuestro santo viejo, o la educación previene y cura el mal o no estamos educando bien.

  1. Inductor e iluminador para el bien.

¿Cabe una definición más hermosa del hecho de educar? ‘In-ducir’ es hacer que una persona tienda a algo que yo quiero, pues nos guste o no, toda educación es una manera de manipulación, pero ese no es el problema (en todo caso el problema es no reconocerlo), sino para qué y para quién manipulo, educo. Por eso se hace tan importante lo que en algunas tradiciones orientales llaman ‘la iluminación’ que es ese estado en el que uno se encuentra con lo bueno, bello y verdadero, lo saborea y suscita en él el deseo de adquirirlo, de vivirlo. Sin pretender que Calasanz pensara en estas categorías, sí vislumbró la necesidad de ‘iluminar’ pues solo necesita ser iluminado lo que está a oscuras, lo que no se ve o se percibe con dificultad. La educación para Calasanz debe ‘iluminar para el bien’, debe ayudar a crear los resortes vitales necesarios para percibir y descubrir lo bueno, lo bello y lo verdadero en la vida. ¿Qué bien percibe hoy un adolescente? ¿O qué belleza y verdad? El dinero, el poder, la fama, el éxito, el placer sexual (¡como si no existiesen más fuentes de placer!)… Si eso es lo que perciben, esa es la luz que les ha aportado su educación. No vayamos descargando responsabilidades a la familia, la sociedad, el ambiente. Cuando se ilumina la verdad, la bondad y la belleza (que es un proceso que necesita ser educado), el hombre desea vivir por ellas. De nuevo hemos de preguntarnos qué iluminamos con nuestras materias, con nuestras propuestas educativas, con las actividades que proponemos, con la manera de valorar y evaluar los aprendizajes. ¿Estamos induciendo e iluminando para el bien?

  1. Destinado a todos.

Hoy parece una perogrullada, pero hace cuatro siglos era un atrevimiento: pensar que la educación era un derecho universal. Y viendo la situación que estamos viviendo estos días uno diría que no es tan de Perogrullo. Millones de estudiantes que han podido continuar sus estudios en algunas partes del mundo sin salir de casa, escuchando y viendo sus maestros, realizando sus tareas y siendo valoradas al instante. Mientras, otros, desplazándose kilómetros para captar las ondas de una radio para escuchar, o esperando con paciencia a que su celular descargue un archivo en whatsapp o que su vecino le pueda llevar la tarea que enviaron por alguna red social. ¿Universal? Ciertamente, en Calasanz, se percibe un romanticismo educativo, deseando más que constatando, que la educación y las condiciones que la posibilitan, son un bien de primera necesidad.

Y todo esto tan meritorio, ¿cómo? Y aquí radica una de las intuiciones más delicadas y de más calado de san José de Calasanz: “mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo”. Piedad y Letras, lo resumió para su Orden. No son suficientes los saberes humanos, pues eso por sí solo hincha y ensoberbece al hombre, es necesaria para un equilibrio y estabilidad desarrollar también el espíritu, la innata dimensión transcendente. El santo nunca utilizó las expresiones ‘educación integral’, ‘educación emocional’ o ‘inteligencias múltiples’, pero detrás de su pensamiento estaba que la persona para ser educada ha de serlo en su globalidad, si no, provoca monstruos. Y para aquellos tiempos el hombre era una unidad de cuerpo y alma, y por tanto, la educación debía hacerse cargo de todas sus dimensiones. Negar el desarrollo espiritual (aquello que va más allá de lo físico) en educación, es la nueva manera de manipular y aherrojar al ser humano a los límites de su biología castrando una parte sustancial de la existencia humana. Desarrollar esa dimensión con áreas como religión, tutoría o desarrollo personal no deberían estar cuestionadas en ningún sistema que se digne llamarse integral o global.

Y comenzaba Calasanz diciendo que esto se daba ‘por establecer y poner en práctica con plenitud de cari­dad en la Iglesia’. Como apéndice final, para tanto cantamañanas, soplagaitas y necios que andan sueltos por ahí negando la historia y rescribiéndola en tiras de papel higiénico, quizá les haga bien recordar (si algo vale para instruir a un necio convencido), que muchos de los derechos humanos, de la configuración de las sociedades libres y democráticas, de los avances en la igualdad y, sobre todo, del desarrollo de la educación para todos, se deben a personas como Calasanz que siendo Iglesia entregaron su vida para consolidar una realidad que hoy nos la hemos encontrado hecha. ¡Eso sí que es meritorio!

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.

Memorial al Cardenal Tonti (IV)

Memorial al Cardenal Tonti (IV)

“Ministerio en verdad muy digno, MUY NOBLE, muy meritorio, muy beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.” (MCT)

“Muy noble, por ser menester angélico y divino, realizado por los ángeles custodios, de los cuales los hombres se constituyen en esto cooperado­res.” (MCT)

Lo noble hace referencia a lo que es auténtico, sin doblez, que no busca otro interés sino en ser lo que se es. Por eso vivimos tiempos de tan poca nobleza. Nos disfrazamos, nos escondemos bajo máscaras y artificios, evitamos ser quienes somos para parecernos a todos, una ingeniosa manera de sobrevivir, ser como los demás y secuestrar nuestro yo más auténtico.

Para Calasanz el ministerio educativo es una acción divina, ejercido fundamentalmente por ángeles, esto es, creaturas creadas por Dios para evidenciar su bondad y misericordia y cuidar de los demás. Más allá de creer o no en la existencia de los ángeles, se está apuntando a la excelencia del ejercicio docente, que no solo no puede ser ejercido por cualquiera, sino que es prerrogativa exclusiva de Dios y a quien se lo encomiende. En un momento donde la docencia de los niños y de los pobres era considerada como un ‘oficio vil y despreciable’ por los mismos humanistas del siglo XVII, san José de Calasanz agiganta la figura del maestro. Me gustaría saber quién ha colocado en la historia de la humanidad a tanta altura y reconocimiento el hacer del educador: cooperador directo de Dios. Más adelante matizará esta expresión para referirse al educador como cooperador de la Verdad (de Dios y de lo creado). ¡Cuánto bien nos haría a las sociedades modernas suscitar en los niños y jóvenes una sed ávida por la verdad! En un momento donde se ha universalizado el uso de las ‘fake news’, de la mentira institucional y de la trampa como medio de subsistencia, poder educar en la verdad es un auténtico ejercicio revolucionario. Sin duda, los populismos, son el efecto de una educación fragmentada, precaria e ideologizada que, en vez de poner el centro en la felicidad de la persona y su desarrollo, lo pone en la necesidad del sistema establecido y del mercado. Como recibía hace unos días en una afirmación de otro gran pedagogo contemporáneo, Paulo Freire, ‘lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer’.

‘Muy noble’ es otro aumentativo que pone en evidencia que la educación no puede estar sujeta a los vaivenes políticos, a las modas ambientales ni a los ‘lobbys’ ideológicos de turno. Lo noble es lo auténtico, y eso no depende de una tendencia o capricho, sino que está escrito en el corazón de cada ser humano, en la entraña de todo lo creado. Por tanto, un sistema educativo estará bien orientado si tiene como premisa primera y fundamental a la persona y el desarrollo feliz de su vida. Todo lo demás, en mayor o menor medida, es manipulación.

De la misma manera, afirmar que es un ‘menester angélico y divino’ es confirmar la intuición moderna de que la educación no depende tanto de programas y leyes cuanto de la capacitación y formación de los actores de la misma: los maestros. Y para tener sujetos bien preparados, requiere una propuesta formativa exigente y rigurosa. El acceso a la carrera de profesor debería ser el más exigente y restrictivo, como ocurre con medicina, arquitectura u otros estudios de difícil acceso por el corte de nota. Con todos mis respetos a cuanto estudian educación (magisterio), no puede ser la carrera donde acaban los que no han podido acceder a otras carreras universitarias. Que se convierta en los estudios de consolación, la segunda división de las carreras universitarias. Pero para eso, la sociedad debería considerar la enseñanza como pilar de una sociedad y eso evidenciarlo con un trato, tanto en dignidad como en retribución, de excelencia.

Junto al rigor formativo, la escrupulosidad humana, psicológica y espiritual. Para Calasanz el oficio educativo no pueden llevarlo adelante sino los que mejor acceso a la formación tenían y con un considerable desarrollo de su vida espiritual: los sacerdotes. Él precisará que deben ser especialmente sacerdotes los que se dediquen a la educación porque con eso se aseguraba, en aquel entonces, una esmerada formación y una cuidada vida espiritual. De ahí la nobleza. Traduzcamos a nuestros días qué suponen esas dos condiciones para la vida de un educador.

Como vemos, con este nuevo aumentativo, el santo viejo convierte el ejercicio educativo no solo en una cuidada y respetada profesión sino en un verdadero ministerio eclesial, a la altura y valoración de cualquier otro, lo que supondrá una mirada tan innovadora que no volvemos a escucharlo hasta tres siglos y medio después en el Concilio Vaticano II.

Muy noble es la vida y dedicación de millones de educadores que hay en el mundo que, muy aparte de la consideración social, el salario o las condiciones precarias en las que desarrollan su ministerio, siguen mostrando al mundo que, acompañar la vida humana en sus inicios para desarrollarla y sacar lo mejor de sí, continúa siendo una experiencia impresionante. Lo noble también sería una gratitud inmensa para con cada uno de ellos.​

P. Carles Such Sch. P.

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.