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El buen humor es manifestación del amor a la vida en gratuidad. Se manifiesta normalmente en la sonrisa ante las cosas que pasan en la vida propia y ajena, personal y social .De la sonrisa se ha dicho con razón que es como la caricia del amor.

Hay personas que por carácter o temperamento se dice que tienen buen humor y de otras al contrario que no lo tienen. La distinción entre unas y otras está, entre otras cosas, en su capacidad de aceptar bromas. Pero el sentido del humor  va más allá de los aspectos temperamentales y es una tarea a trabajar en uno mismo de modo que podamos incorporarla a nuestra conducta diaria, como parte o dimensión de nuestra manera de ser.  Se ha escrito que “El humor y la sabiduría son  las grandes esperanzas de nuestra cultura” (Konrad Z. Lorenz). Diría que  ser sabio es poseer también, además de conocimientos, sentido del humor. El sentido del humor empieza por reírse de uno mismo. ¡Cuántas cosas hacemos que, si las miramos con atención, más que tomarlas en serio vale la pena  sonreírlas. En etapas  más tempranas de la vida, al coincidir con nuestra afirmación personal e independencia, el sentido del humor como para reírse de uno mismo  no es tan viable. Creciendo en edad, el sentido del humor que lleva hasta reírse de uno mismo es señal de madurez.  Tendemos a endiosarnos y a construirnos pedestales como para exigir respeto, entendido muchas veces como no admitir bromas ni hilaridad por parte de los demás respecto a lo que hacemos o decimos.  Pero esto nos encierra en nosotros mismos y dificultad la sociabilidad con los demás, tan necesaria para  una buena salud mental y psicológica.

También el poseer sentido del humor ante la vida, lo que somos y lo que vemos, ayuda a una buena salud espiritual. Dios sorprende tantas veces y, en vez de quejarse, lo bueno es abrirse  con una sonrisa a la sorpresa y lo inesperado. Lo que no significa que ante los padecimientos y males, propios y ajenos, hagamos ironía o sarcasmo, riéndonos del mal ajeno. Esto no es caridad, cuando la caridad es el árbitro de todas nuestras relaciones. Podemos hablar de las bromas de Dios o de la vida, que hasta  alguna vez todos hemos experimentado. Asumirlas con humor las hace llevaderas e incorporadas positivamente a nuestra realidad.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
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