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Y así nos va, un mundo lleno de reos, procesados, quemados y adúlteros. ¿Qué le vamos a hacer? Y, por otro lado, apenas se ven tuertos y mancos que luchen contra la tentación y el pecado. ¡Qué penita!

Esta sería la literalidad del texto evangélico de este domingo VI del Tiempo Ordinario, pero más nos vale que lo acojamos como una nueva ironía evangélica, una provocación más de Jesús (en la que es también un maestro) y abandonemos los fundamentalismos en los textos religiosos que solo generan monstruos.

La clave de interpretación de cualquier texto evangélico es ‘ser buena noticia’, por tanto, hablar de calamidades, mutilaciones físicas y condenas es propio de los telediarios pero no del evangelio. ¿Dónde está entonces el sentido de estas palabras de Jesús que abre en nosotros un horizonte nuevo y nos orienta de una manera decisiva? En el regreso a nosotros mismos, en el encuentro con la imagen de Dios con la que hemos sido creados. En el descubrimiento del misterio de Dios que se prolonga en el mismo ser humano.

Para los judíos, a los que Jesús dedica estas palabras, la Ley mosaica es la institución más noble y sagrada, la presencia más evidente de un Dios que manifiesta su voluntad en el cumplimiento de esta ley. Pero tanto ha fascinado a los judíos el ropaje legal que han confundido continente con contenido: la ley a cumplir con la voluntad salvadora de Dios. Es como el niño que nunca corre y al preguntarle el porqué, responde: “mi papá me dijo un día al bajar a la calle: ‘no corras’.” Pero como este niño, el pueblo judío ha extrapolado ‘el cumplimiento’ a toda la esfera religiosa, a toda relación con Dios: si cumplo la ley, vivo en la voluntad de Dios. Y así es, como manifiesta Jesús, con la particularidad de que es imposible cumplir la Ley desde un protagonismo de la propia voluntad y el mero esfuerzo humano. Si así fuera, relegaríamos a Dios a un nuevo (y sublime) objeto de consumo más.

Por eso Jesús da un giro sorprendente: si quieres cumplir la Ley, busca en tu interior y descubre a Dios dentro de ti. Y ahí, en lo más íntimo de tu intimidad, encuéntrate con dos realidades que se atraen poderosamente: la propia debilidad y vulnerabilidad humana con la presencia omnipotente y misericordiosa de Dios. Y es en este juego a dos, en este ‘flirteo’ entre lo humano y lo divino, donde acontece el milagro de la vida bienaventurada, feliz. Una existencia que ya no vive desde lo externo, sino que vive lo externo desde la mirada interior, por tanto, una mirada limpia, generadora de vida; una mirada que reconoce al otro como igual y hermano; una mirada que ennoblece y dignifica a la mujer tanto como al varón; una mirada que descubre el bien en el interior de cada cosa, acontecimiento y persona; una mirada que asume una realidad donde se dan juntos la ganga y metal precioso.

Esa es nuestra realidad y esa es la buena noticia de hoy: vivir en la sencillez de vida de los pequeños y adquirir la mirada ingenua de los niños, cuyas palabras para acoger o rechazar se limitan al sí, sí o al no, no.

Que cada uno se aplique el cuento y decida cómo quiere vivir y mirar: ‘Habéis oído que se dijo:… Pero yo os digo…’

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:

“No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

CARLES SUCH

CARLES SUCH

Religioso

Sacerdote escolapio entregado a la vida y acompañando la de niños y jóvenes para vivir con pasión. Perú es su lugar actual. España su cuna. El corazón humano su universo y Cristo, Calasanz y el evangelio su horizonte.
Panorama Calasanz
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