El trabajo está en la condición de las personas humanas y acompaña su existencia. De ahí el drama del paro o la desocupación cuando faltan. Trabajo y descanso, no esclavitud y paro, son para bien de la persona. Va bien, pues, preguntarse sobre todo respecto al descanso: ¿para bien o para mal? Hay una dominante en la sociedad de hoy, al menos en la occidental y neoliberal, la que más conozco por ser circunstancia en la que vivo, donde solo cuenta la acción y el trabajo. La educación misma que nos damos y que ofrecemos a las nuevas generaciones parece legitimar la ausencia del descanso, como si fuera perder el tiempo o “matarlo” como es el dicho antiguo: “¿Qué haces? Matando el tiempo”. También se defiende como saludable y necesario el descanso, sobre todo el dormir. Profundizando más en el valor del descanso Joseph Ratzinger, Papa emérito Benedicto XVI, dejo escrito: “es un acto de humildad y de honestidad constructiva saber pararnos, reconocer nuestro límite, concedernos un tiempo de respiro (El resplandor de Dios en nuestro tiempo, Ed. Herder, Barcelona 2012). Recientemente Ediciones cristiandad han publicado una defensa apologética muy interesante sobre la bondad del descanso y, además, sobre su repercusión en la espiritualidad de quien sabe practicarlo con sentido y mesura (Maximilien LE FE´BURE DU BUS, Elogio espiritual del descanso, Madrid 2022).
Vivimos presionados por las prisas; pasamos de una ocupación a otra, ya sea laboral que de entretenimiento e información. Nos levantamos y acostamos con el móvil en la mano y el ordenador está siempre recorriendo redes sociales sin descanso ni sosiego. Lo malo es que la reflexión personal y también en grupo queda sin espacio ni tiempo. No digamos ya la meditación. Con ello renunciamos tontamente a condiciones necesarios para la salud, la corporal y la espiritual. Resalto en este momento la salud espiritual que necesariamente se alimenta con oración reflexiva y meditación. Es sabiduría saber distribuir en la jornada el tiempo para trabajar y el tiempo para descansar, el ajetreo –a veces impuesto- y el sosiego. Todo sin ansiedad y con paz.
P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA
Escolapio