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También hoy, como a lo largo de la historia, mucha gente sigue practicando la peregrinación hacia lugares destacados por su significado religioso o por su incidencia histórica. Las metas más frecuentes y conocidas son, por ejemplo, Santiago de Compostela, las tumbas de las Apóstoles Pedro y Pablo en Roma, Santuarios marianos como Loreto, Lourdes o Fátima. Podemos tomar el peregrinar como metáfora de la vida personal. Toda peregrinación tiene una meta bien conocida para el caminante que emprende el recorrido. Nuestra vida personal ¿tiene alguna meta? ¿Sabríamos expresarla con sentimientos y palabras? Entender la vida personal como un recorrer caminos es motivador y estimulante para no quedarse sin rumbo, mejorar continuamente, encontrar novedades que impactan, descubrir el gozo y la alegría de vivir consagrados a una causa noble y solidaria. Porque aunque el camino sea personal, caminamos juntos y en compañía; el camino es más llevadero como sucede cuando el peregrino encuentra un compañero o hace el recorrido en grupo. Para el cristiano el evangelio muestra caminos, sintetizados en la enseñanza y vida de Jesús: “yo soy el camino”. Los evangelios transmiten estas palabras que ponen en boca de Jesús (ver Jn 14,16). Impregnar, por lo tanto, nuestro caminar con el espíritu de Jesús es imprescindible para el cristiano, que al mismo tiempo sentirá esponjarse su corazón porque entre los compañeros de camino está Jesús mismo. De este modo el caminar en la vida se hace también una vivencia espiritual, unida a la experiencia humana de progreso y crecimiento como personas.

Las pequeñas metas que se van alcanzando en el caminar de la vida dejan sus marcas, sus huellas que, sin estar esclavos de la memoria del pasado y si sabemos incorporarlas a nuestra personalidad a modo de enriquecimiento de nuestro patrimonio vital, su recuerdo volverá a ser estímulo para seguir adelante en el camino, aunque nos invada el cansancio o la desorientación. Es lo mismo que sucede en la peregrinación material en tantas personas: la experiencia vivida queda marcada en el recuerdo y traerla a la vida en los momentos que sean renueva el sentido de las cosas vividas y vuelve a ser estímulo e impulso para perseverar y esperar sin desanimarse nunca.

Sinopsis: se propone tomar la realidad del peregrinar a un lugar significativo por su referencia religiosa o histórica como metáfora de la misma vida personal. Tomar la vida como camino hacia una meta noble y solidaria es algo que da sentido a la vida misma, centra en una forma de ser feliz y aporta ayuda a los demás porque abre a la generosidad solidaria.

P. Jesús María Lecea Sch. P.

JESUS MARIA LECEA

JESUS MARIA LECEA

Escolapio

Entregado a la docencia de la teología y la filosofía en Salamanca, Miami y Madrid. Animador pastoral de niños en la catequesis parroquial y en el Movimiento Junior de Acción Católica. Servicios institucionales a la Orden escolapia y a la vida religiosa de España y Europa. Vive actualmente en Pamplona, Navarra. Su horizonte vital es ser un artesano de la paz de las personas y los pueblos con un corazón apasionado por el mundo, la educación y el Evangelio.
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