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Quizás sea el pasar del tiempo, las etapas de vida cruzadas, la escucha de las preocupaciones y liberaciones de quienes van pasos adelante, pero he caído en cuenta de la importancia de reconocer los procesos que confluyen para que el hoy sea tan maravilloso o no como se nos presenta.

Lo que fueron propuestas y articulaciones sociales y educativas en el pasado, hoy pueden ser vistas en lo cotidiano como naturales pero desposeídas del motivo por el cual surgieron y nacieron. La vida dada por los que nos precedieron se pueden mantener en el recuerdo, pero no necesariamente en las prácticas nacidas por la conciencia del para qué nacieron y en qué contexto lo hicieron.

Esas propuestas innovadoras, por sencillas que hayan sido, no necesariamente hoy son vigentes en su forma, pero quizás sí en el espíritu que las hizo emerger. Así, frente a la vorágine de propuestas educativas, en cualquier ámbito curricular o no, importadas de otros contextos espaciales o temporales pueden no ser buena noticia por ignorar el espíritu que les llevó a formarse. Quizás nos quedamos más en las formas, en la fidelidad a metodologías y técnicas, pero vacías del sentido que pretendían los fundadores, por lo que los frutos obtenidos de las mismas van distanciándose de su origen novedoso.

Los expertos en lo técnico, en lo práctico, por la pericia con la que han desarrollado las experiencias educativas, corren el riesgo de perder el sentido y el motivo por los que nace una innovación.

Por ello, me quedo pensando que no todo lo que se nos presenta como nuevo lo es, ni todo lo que consideramos obsoleto es digno de ser olvidado. ¿Quién puede decir hoy que no extraña el encuentro personal con otros sin mediación tecnológica? ¿Quién no extraña el estar gustando el presente y no estar únicamente enfocado en la actividad siguiente?

Mucho podemos aprender de la historia: aquello que hizo surgir y el proceso que llevó a emerger algo que se presentó como buena noticia, para dejarse abrazar por ella y así, aprender lo relevante de la estrategia que permita hacer nacer otra enraizada en nuestro tiempo.

Definitivo es escuchar a los niños y jóvenes, a pobres y vulnerables, con menos recursos, que nos hacen volver a la fuente de la educación calasancia y cristiana: la encarnación en lo sencillo de la más grande noticia.

Dios quiere nacer en cada uno de nosotros no importando el origen ni la trayectoria de vida. Él quiere estar cercano y encontrarse con cada uno según su modo y capacidad, para que podamos descubrir desde nuestro interior toda la herencia que nos dejó y disponerlo todo a desarrollar nuestro mejor modo de ser estando con Él.

Esto nos lleva a los educadores a contemplar la acción del Espíritu en cada niño y joven para potenciar experiencias que detonen este movimiento aspiracional a ser verdaderas personas y verdaderos hijos de Dios, manifestando en nuestras obras el gran amor que nos ha abrazado y nos ha enviado a servir con alegría a los que buscan su rostro.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.