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¡Viva Cristo Rey!

¡Viva Cristo Rey!

En la festividad de hoy se nos revela la majestad de un Dios que ha decidido amarnos de tal modo que ni siquiera el dolor y la muerte impedirán que se retraiga de su deseo y voluntad. En la cruz se nos presenta la grandeza del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu, que aún lastimado, abandonado y condenado a una muerte ignominiosa, injusta y cruenta, decide abrazarnos y perdonarnos.

¿Te imaginas estando ahí enfrente contemplando ese cuadro tan duro?

Tres voces, nacidas del parco corazón humano: “sálvate a ti mismo”. Una propuesta que propone la soberbia, la vanidad y la autosuficiencia como principios de acción, justificada por el dolor sentido.

En medio de éstas, uno de sus compañeros de cruz es capaz de compadecerse del mismo Jesús, y por otro lado, reconocer la bondad y generosidad con la que ha vivido, sanado y predicado a personas de cualquier procedencia.

Contemplar el dolor del hombre justo, le ha llevado a reconocer el desamor con el que ha vivido y la necesidad de no evadir la cruz sino de ser perdonado y acogido por el amor del Dios de la Vida.

¡Vaya amor tan generoso el de Jesús que estando en la cruz, en medio de dolores, desprecios y burlas, que le mira con misericordia y le extiende el Espíritu para ofrecerle la paz que sólo puede provenir de Él! ¡Cuánta alegría hay en el cielo con un pecador que se arrepienta, con un hermano nuestro que ha vuelto a la vida!

Jesús nos muestra, que el amor de Dios no tiene ninguna condición para aquel que le busca con humildad y libertad. Que no buscará defenderse de nuestro desamor, sino que está siempre dispuesto a acogernos cuando cansados y necesitados estemos. Que no presta oídos a burlas, incitaciones o desprecios, pues la vida de sus hijos es primero. 

Esa es la grandeza mostrada por Jesús, quien vaciado de todo ego y en las condiciones más dolentes e injustas, es capaz de abrazar a todo el que busque ser sanado y acogido por Él.

¡Viva Cristo Rey!

Jorge Campa Pérez

Domingo 20 de Noviembre de 2022 | Jesucristo, Rey del universo

Lucas 23, 35-43: Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino 

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:

—«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

—«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

—«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro lo increpaba:

—«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada».

Y decía:

—«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le respondió:

—«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

¡Maestro, que pueda ver!

¡Maestro, que pueda ver!

El profeta Jeremías nos invita en la primera lectura a alegrarnos por la vida recobrada de aquellos que habían sido olvidados y dejado al margen. Contemplar con alegría el retorno de quienes habían sido desterrados y a quienes se les había arrancado de una vida buena y fecunda. “Ciegos, cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna”. Todo ello semejante a ver el retorno de nuestros estudiantes a las aulas.

Sin embargo, en el Evangelio, nos topamos con situaciones asumidas y acostumbradas en lo cotidiano. Bartimeo es un pobre hombre por donde le queramos ver, desapropiado y dejado en las orillas del camino, olvidado por la cultura e incluso, reconocido como molesto. Pero nos revela una gran lección.

Desde ese lugar en el que se le ha colocado muestra su deseo de ser sanado, de dejarse transformar la vida por Jesús. Quizás tuvo que luchar contra sus propios miedos, y se refiere a Él con sus propios medios, con lo que sabía hacer: gritar y llamar la atención. ¡De qué otra forma pudo haberlo hecho! ¿De qué manera lo hacen nuestros niños y jóvenes?

El Espíritu le movió a cerrar sus oídos frente a la ceguera de la gente que seguía a Jesús y gritó más alto. ¡Cuánta fe en un hombre cuya vida había estado acostumbrada a estar en la periferia! Y, como cuando se abre el telón, inicia lo central de la escena: Jesús escucha, le ve, no le es indiferente y se alegra con él.

Invita a quienes en otro momento callaron a ese molesto hombre a verle, a escucharle, a llamarle a la mesa de la Vida. Quizás algunos se sorprendieron del gesto, quizás otros no comprendieron, pero el anuncio ha sido dado: ordenar toda nuestra vida desde la mirada compasiva y las entrañas misericordiosas del Padre.

¡Qué emoción tan grande resultó ser tomado en cuenta cuando llevaba toda una vida al margen de todo y de todos! ¡Qué esperanza ser liberado de semejante situación para vivir completo!

Lo que parece sorprendente es la pregunta de Jesús: ¿qué quieres que haga por ti? Él le escucha con atención y con el respeto que siempre nos tiene se pone a su servicio para hacer lo que él le pida. Bartimeo, le expresa su herida más profunda: ¡maestro, que vea! No pidió más, no rogó otros bienes que a los ojos de nuestro mundo son importantes, sólo lo esencial: ¡que vea!.

La mirada de Jesús, indudablemente tierna y amorosa, su sonrisa de quien se regocija por la vida recobrada de un hermano nos invade la escena, nos abre a la alegría provocada por el amor de Dios y la restitución de la vida del hermano que vivía entre sombras.

Jesús, le ha cambiado la vida pues se la ha abierto al amor, al encuentro, a la Verdad. Y en humildad y gratitud decide seguirle.

La fe de Bartimeo nos habla de reconocerse necesitado de Dios para sanar nuestras heridas más profundas pues solos no podemos. Y Jesús nos invita, por un lado, a alegrarnos por una vida que ha cobrado su sentido pleno, y por otro, a contemplar la grandeza del amor de Dios que nos acoge, y que nos invita a reorientar nuestra inteligencia, voluntad y deseo hacia Él, de tal forma que abramos nuestros sentidos y entrañas al grito de quienes se han quedado en el camino, a quienes hemos olvidado o descuidado por estar al pendiente de otras preocupaciones, a quienes relativizamos sus condiciones de vida por no estar en nuestros planes.

¡Alegrémonos por la vida de quienes se recuperan de condiciones de muerte! Dios sigue vivo y actuando cuando escuchamos y salimos al encuentro de quienes por sí mismos no pueden ver su gran amor. Seamos puente de alegría y esperanza para todos aquellos niños y jóvenes que se sienten como Bartimeo, quien desde las sombras grita: ¡Maestro, ten compasión de mí!

Dios con todos.

Jorge Campa Pérez

Domingo 24 de Octubre de 2021 | 30º domingo de tiempo ordinario

Marcos 10, 46-52: Maestro, haz que pueda ver.

 

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

“Ya no me siento sola”

“Ya no me siento sola”

Compartir la buena noticia de lo que el Señor ha hecho en mi vida me ha llevado a emprender un camino nuevo, suave y artesanal, en el que el encuentro y la comunión se vayan convirtiendo en necesidad y aliento del Espíritu.

Así, desde hace 4 años, bajo una intuición con personas sensibles a la escucha de la Palabra de Jesús en medio de los niños, surgió la petición de ellas: ¿dónde vives, Maestro? Y comprendí que la invitación del Padre era a acompañar a algunas personas en un proceso de escucha e interiorización. Cada una, con historias de vida distintas y experiencias formativas muy diversas, con una vida de fe popular con matices algo formados, pero todas ellas compartiendo el mayor tesoro: la búsqueda y disposición para dejarse abrazar por Jesús.

Así, a través de la oración y de la meditación de distintas exhortaciones del Papa Francisco, cada una fue creciendo en interioridad, en la necesidad de encontrarse con las otras y ahí, con gran disposición, descubrirse renovadas por la paz y la alegría, signos de la presencia del Espíritu.

El proceso fue al modo de cada una y al mismo tiempo, de la interacción y compartir de los frutos del camino. Sin presiones, sin prisas y casi sin rumbos propios, se fueron dejando conducir por las mociones del Padre en sus corazones. Jesús fue hablando de manera personal con la historia presente y pasada de ellas y sanando las huellas de los fragmentos de vida que dolieron y rompieron con la comunión con los demás, e incluso, consigo mismas.

La oración se fue convirtiendo en el pan necesitado y buscado y el encuentro sincero y voluntario en el modo en el que Dios iba aclarando las dudas y haciéndose presente en lo cotidiano. “Ya no me siento sola”, fue una de las frases que han marcado la experiencia del resucitado en la vida de la comunidad.

Sus frutos han sido muy diversos: atender y cuidar a quienes estuvieron acompañando a sus familiares en enfermedades prolongadas, estar prontos a la escucha cuando algún otro se sentía confundido en sus afectos, favorecer la comunión de bienes para hacer llegar recursos a niños y familias con necesidades básicas, acompañar a niños en su encuentro con Jesús en distintas obras, buscar espacios de formación en identidad cristiana y calasancia…

Cada una, en ese viaje a su interior, fue encontrándose con un Padre que sale a nuestro camino, a cualquier hora del día, y les ha enviado desde Él y no a título personal, a anunciar en medio de los niños, principalmente los más pequeños, el proyecto de vida que nos ha dejado como herencia: nuestra mejor forma de ser.

En este proceso, se han hermanado con mayor profundidad con otros que recorren los caminos de la espiritualidad y carisma escolapio, ya sean laicos y religiosos, en un plano de familiaridad y sintonía. Indudablemente, se han reconocido como parte de la gran comunidad cristiana escolapia, donde cada quien, a su paso y ritmo, va disfrutando de la presencia de Dios en medio de las necesidades y aspiraciones de los pequeños. Y todo para mayor amor al Padre y servicio al prójimo.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

Abrazar y soltar la historia

Abrazar y soltar la historia

Quizás sea el pasar del tiempo, las etapas de vida cruzadas, la escucha de las preocupaciones y liberaciones de quienes van pasos adelante, pero he caído en cuenta de la importancia de reconocer los procesos que confluyen para que el hoy sea tan maravilloso o no como se nos presenta.

Lo que fueron propuestas y articulaciones sociales y educativas en el pasado, hoy pueden ser vistas en lo cotidiano como naturales pero desposeídas del motivo por el cual surgieron y nacieron. La vida dada por los que nos precedieron se pueden mantener en el recuerdo, pero no necesariamente en las prácticas nacidas por la conciencia del para qué nacieron y en qué contexto lo hicieron.

Esas propuestas innovadoras, por sencillas que hayan sido, no necesariamente hoy son vigentes en su forma, pero quizás sí en el espíritu que las hizo emerger. Así, frente a la vorágine de propuestas educativas, en cualquier ámbito curricular o no, importadas de otros contextos espaciales o temporales pueden no ser buena noticia por ignorar el espíritu que les llevó a formarse. Quizás nos quedamos más en las formas, en la fidelidad a metodologías y técnicas, pero vacías del sentido que pretendían los fundadores, por lo que los frutos obtenidos de las mismas van distanciándose de su origen novedoso.

Los expertos en lo técnico, en lo práctico, por la pericia con la que han desarrollado las experiencias educativas, corren el riesgo de perder el sentido y el motivo por los que nace una innovación.

Por ello, me quedo pensando que no todo lo que se nos presenta como nuevo lo es, ni todo lo que consideramos obsoleto es digno de ser olvidado. ¿Quién puede decir hoy que no extraña el encuentro personal con otros sin mediación tecnológica? ¿Quién no extraña el estar gustando el presente y no estar únicamente enfocado en la actividad siguiente?

Mucho podemos aprender de la historia: aquello que hizo surgir y el proceso que llevó a emerger algo que se presentó como buena noticia, para dejarse abrazar por ella y así, aprender lo relevante de la estrategia que permita hacer nacer otra enraizada en nuestro tiempo.

Definitivo es escuchar a los niños y jóvenes, a pobres y vulnerables, con menos recursos, que nos hacen volver a la fuente de la educación calasancia y cristiana: la encarnación en lo sencillo de la más grande noticia.

Dios quiere nacer en cada uno de nosotros no importando el origen ni la trayectoria de vida. Él quiere estar cercano y encontrarse con cada uno según su modo y capacidad, para que podamos descubrir desde nuestro interior toda la herencia que nos dejó y disponerlo todo a desarrollar nuestro mejor modo de ser estando con Él.

Esto nos lleva a los educadores a contemplar la acción del Espíritu en cada niño y joven para potenciar experiencias que detonen este movimiento aspiracional a ser verdaderas personas y verdaderos hijos de Dios, manifestando en nuestras obras el gran amor que nos ha abrazado y nos ha enviado a servir con alegría a los que buscan su rostro.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.

A la escucha

A la escucha

Contemplar la realidad desde los ojos de Calasanz se me presenta como una oportunidad de aprender a escuchar desde sus entrañas de misericordia al modo y forma del Espíritu. Cada día brinda la oportunidad de discernir formas nuevas de acompañar a los niños y adolescentes, pero no desde lo que mi intelecto, experiencia y sentir me indican, pues ello sólo respondería a mi, sino desde ellos, desde lo que ven, comprenden, sienten y anhelan.

Si algo estoy aprendiendo en los caminos con los más pequeños y vulnerables es a escuchar sus dolores y silencios, a mirar sus horizontes y compartir sus ilusiones y esperanzas. Sentir con ellos y dejarme tocar por aquello que les aqueja y que les brinda ánimo para salir de su automarginación, se ha convertido en una práctica cotidiana. No puedo negar que vivir con las entrañas abiertas es incómodo, pero ahí se revelan en mi interior las entrañas esperanzadoras de Calasanz.

Así mismo, he ido aprendiendo a no pensar desde mis propios referentes, ritmos y estructuras mentales, a no prestar oído a mis afectos para responder con prontitud a lo que se me presenta como una oportunidad de intervenir. En mi interior, la voz del Padre me ha pedido que escuche y sienta con ellos, y como en el camino de Emaús, aprenda a acompañar a cada uno según su modo y forma. Y que, mediante la compañía en el camino vaya revelando lo que el Padre quiere para cada uno y para todos: vivir en alegría y paz mediante el amor generoso.

Es bien cierto, que la funcionalidad y eficiencia como cultura contemporánea me ha invadido en más de una década para hacer que los planes se realicen según mi forma y modo, considerado como lo conveniente, lo bueno y lo agradable; pero en esta pascua, lo que se me ha presentado como epifanía es la necesidad de ponerme de rodillas frente a las formas de vida de los pequeños, de los sencillos, donde quiera que se encuentren, sin juzgar ni querer solucionar desde mí, sino con ellos, cada uno de acuerdo a su capacidad y posibilidad, quizás sin buscar soluciones prontas, pero sí el encuentro fraterno y la cercanía empática, y así diluir la falsa idea de ir solos en el camino que se nos presenta árido y monótono.

Es ahí, donde se me ha revelado el rostro de un Dios que quiere encontrarse con sus hijos y desea comunicar su amor y voluntad. Sea pues las huellas del viejo Aragonés las señales que me conduzcan a servir y cooperar en la encarnación de un reino aún siempre por venir, aún siempre por revelar en cada uno de los más pequeños la grandeza de ser suyos.

Jorge Campa Pérez

JORGE CAMPA PÉREZ

JORGE CAMPA PÉREZ

Laico

Mexicano, colaborador de la Universidad Cristóbal Colón y del Centro Social Calasanz Veracruz. Pertenece a la fraternidad de las Escuelas Pías de México.