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​El sentido común me dice que la identidad de una persona, una institución, una idea, una nación… no se puede entender en “oposición a…” otra sino “en relación a…” Por ejemplo, la identidad masculina se entiende como complementa a la femenina, la “maternidad” con la “filiación”, la luz con la oscuridad, las izquierdas con las derechas y así, con todo.

Heráclito reflexiona explícitamente sobre la identidad de los opuestos: Aunque diferentes y opuestos en su diversidad y oposición, todo lo que existe, tomado absolutamente, es idéntico a los demás. No hay identidad pura, sino en relación.

En la tradición filosófica oriental también aparece una reflexión parecida. “Yin yang” es un principio filosófico y religioso que explica la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias que son esenciales en el universo. El “yin” está asociado a lo femenino, la oscuridad, la pasividad y la tierra; y el “yang” vinculado a lo masculino, la luz, lo activo y el cielo. Según esta filosofía, ambos dinamismos son necesarios para mantener el equilibrio universal.

En definitiva, toda identidad está asociada al equilibrio entre dinamismos que parecen opuestos y enfrentados, pero que en realidad son complementarios y necesarios.

Este principio de metafísica elemental se puede aplicar a muchas realidades. En este artículo, lo aplicaré a los diferentes modelos educativos que pueden darse en un país y su necesaria complementariedad para que toda la sociedad salga beneficiada.

En la última ley educativa (Lomloe) que se está debatiendo en España estos días (Lomloe) se dice que la Escuela Pública es el eje que vertebra el sistema educativo dejando a la Escuela Concertada como subsidiaria. Con este planteamiento, El Estado se constituye en el garante único del derecho a la educación con la mal llamada “escuela pública” –yo la llamaría estatal-. Los otros modelos (concertada, privada) quedan supeditados a la “publica”.

Hay muchas voces que dicen: “Si los padres quieren escuela católica (o de otra naturaleza), que se la paguen aparte”. También dicen: “Los de la escuela concertada se aprovechan de los recursos del Estado para adoctrinar, para hacer su negocio privado”. Está bien, quizá haya escuelas concertadas que “laven el cerebro” de los niños y que estén montadas como negocio; pero son la excepción. No se puede legislar con excepciones.

La garante del derecho a la educación es la sociedad civil (la tribu) en su conjunto (iglesia, empresas, gremios, sindicatos, asociaciones…) de la que los padres son los primeros responsables. La sociedad confía en una estructura administrativa (Estado) para que gestione del mejor modo el acceso a la escuela de todos, siempre escuchando la voz de los padres.

Todos tienen derecho a que la educación básica sea gratuita, ya sea de iniciativa estatal o privada. El Estado tiene la obligación de construir una buena red de escuelas y ponerlas al servicio de la comunidad; pero si hay escuelas de titularidad privada que tengan vocación pública, debe recibir subvención del Estado siempre y cuando esté garantizado el principio de gratuidad y exista la demanda en las familias.

La Escuela Concertada no es subsidiaria sino complementaria a las gestionadas directamente por la administración pública (Escuelas Estatales). Es complementaria porque también ejerce una función pública; es decir, garantiza el derecho a la educación de los que optan por un proyecto educativo determinado y aceptado libremente por los padres.

En el siglo XVII, cuando la estructura del Estado era muy débil y la sociedad no tenía conciencia que la educación es un derecho de los niños, José de Calasanz abrió escuelas gratuitas para todos (públicas) y solicitó sin complejos la ayuda de administraciones públicas e iniciativas privadas. Más tarde, le siguieron en Francia los hermanos de La Salle y muchos otros hasta nuestros días.

Sólo bien entrado el siglo XIX los Estados tomaron conciencia de su responsabilidad, pero ya las escuelas de la Iglesia llevaban tiempo garantizando este derecho fundamental. Por eso, carece de sentido común que los Estados quiten esta función pública a la Iglesia cuando fue pionera en abrir escuelas populares.

La belleza aparece cuando hay armonía entre los colores y las formas. La sociedad no es monocromática, sino compleja y diversa. Hay diferentes cosmovisiones y antropologías; por tanto, es razonable, que existan diferentes proyectos educativos que coexistan en un proyecto común de sociedad que ilusione a todos.

Escuchemos a Heráclito. Busquemos la unidad en la diversidad y la complementariedad de los opuestos. Es de sentido común que trabajemos por un “Pacto por la Educación” en el que superemos las diferencias ideológicas y busquemos el bien de los niños. Ese es el camino.

 

 

JAVIER ALONSO

JAVIER ALONSO

Escolapio

Actualmente está destinado a la presencia de Carora (Venezuela) donde ejerce su misión como rector del colegio y párroco. Desde 2015 es el Delegado General para Ministerio escolapio y coordinador de la red de parroquias escolapias.