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Queridos hermanos y hermanas. Llegamos al segundo domingo de Adviento. Estamos preparando nuestra casa, es decir, nuestra vida, para la llegada del Dios que se hizo pequeño. La liturgia de este domingo nos invita a sumergirnos en la esperanza que atraviesa toda la Sagrada Escritura y que encuentra su plenitud en Jesucristo, revelación plena del Padre.

El profeta Isaías, en la primera lectura, anuncia el surgimiento de un brote en el tronco aparentemente muerto de Jesé, una imagen de que Dios hace nacer la vida donde nuestros ojos ya no perciben posibilidades. Este renuevo, lleno del Espíritu, inaugura un tiempo de justicia, paz y reconciliación, recordándonos que la obra de Dios crece a menudo de forma silenciosa, como ocurre en la educación, espacio tan querido por la espiritualidad escolapia.

El Salmo 71 retoma esta promesa presentando a un rey que gobierna con justicia, especialmente en favor de los pobres y los pequeños. Esta sensibilidad hacia los más vulnerables encuentra un eco directo en la misión de San José de Calasanz, que vio en la educación de los niños y niñas más pobres un camino concreto para manifestar el Reino.

Pablo, en la carta a los Romanos, afirma que todo ha sido escrito para nuestra instrucción, recordándonos que la Palabra de Dios educa, forma y orienta. Cristo, al hacerse servidor, acoge a judíos y paganos y los reúne en una misma alabanza, enseñándonos que la verdadera unidad nace de la humildad y del servicio.

En el Evangelio, Juan Bautista aparece como una voz que provoca, denuncia y llama a la conversión. Su palabra no busca consuelo, sino verdad que despierta. Nos recuerda que la conversión no es un sentimiento pasajero, sino una decisión valiente que debe generar frutos visibles. No basta con presentar títulos espirituales o apariencias religiosas; es necesario dejar que Dios moldee nuestra vida desde dentro.

Para nosotros, religiosos, laicos y educadores escolapios, esta llamada es aún más urgente, ya que nuestra misión con los niños y jóvenes solo tiene sentido si brota de un corazón continuamente convertido y generoso. El Espíritu Santo, fuego que purifica y fecunda, nos impulsa a renovar actitudes, revisar motivaciones y reavivar la esperanza. Hoy, guiados por el brote de Jesé y la voz firme de Juan Bautista, estamos invitados a unir esperanza y conversión, para que, como Cristo, podamos construir una paz basada en la justicia, especialmente en la vida de los pequeños que Dios confía a nuestro cuidado. ¡Que Calasanz nos una cada vez más!

MARCUS TÚLIO MARTINS

MARCUS TÚLIO MARTINS

Escolapio

Marcus Túlio Martins Lourenço de Maria e José, Sch.P., es religioso escolapio de la Provincia Brasil-Bolivia. Licenciado en Filosofía por el Centro Universitario Salesiano de Vitória (ES), actualmente cursa Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología. Tiene formación complementaria en Fe y Política por la Arquidiócesis de Vitória do Espírito Santo y en el Curso de Acompañantes Vocacionales de Jóvenes para la Vida Religiosa Consagrada y Presbiteral por la misma institución jesuita.

Desempeña su labor pastoral en el Movimiento Calasanz, en la Pastoral Vocacional y en la Escuela Catequética «P. Francisco Orcoyen, Sch.P.», espacios en los que integra misión, formación y acompañamiento.

Panorama Calasanz
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