En el signo sacramental del bautismo el último de los signos es el signo de cruz sobre el oído y la boca con la invocación del “Effetá” decimos: El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos te permita, muy pronto, escuchar su palabra y profesar la fe para la gloria y alabanza de Dios Padre.
Después de años de desarrollo de nuestra fe, aquí estamos, laicos, profesos de votos religiosos, otros diáconos, otros presbíteros, otros ministros… Una comunidad de diversidad de ministerios, nunca de jerarquías, ni de privilegios, ni de ventajas mundanas con criterios mundanos. Si nos decimos hijos de Calasanz, entonces aceptamos con amor su experiencia personal y asumimos su espiritualidad como camino seguro al encuentro con el resucitado. Nuestra espiritualidad escolapia es un tesoro que hay que profundizar, y sobre todo integrar en nuestro actuar cotidiano.
El criterio de abajamiento, o llámese, kénosis, o llámese compasión, o llámese misericordia, o llámese comprensión, o llámese pobreza, o llámese solidaridad, sea como sea llamado, este criterio es ineludible para todo escolapio. Así como Calasanz lo ha dicho, es un camino estrecho, pero lleno de consuelos y alegrías. Cito a Calasanz: Ninguno de los antiguos filósofos conoció la verdadera felicidad y gozo y, lo que es peor, pocos, por no decir poquísimos la conocen entre los cristianos, por haberla puesto Cristo, que es nuestro Maestro, en la cruz; la cual, si bien parece a muchos en esta vida que es muy difícil de practicar, tiene no obstante dentro de sí tantos bienes y consuelos internos que aventajan a todos los terrenos [EP 257]
Él nos ha brindado la maravillosa oportunidad de abrirnos al Evangelio, dándonos, al igual que al protagonista de esta historia, la capacidad de transformarnos en nuevas criaturas que caminan con fe y disfrutan de una vida plena, llenos de la gloria de Dios que no podemos dejar de compartir. ¡Esta es nuestra historia única y especial! Regresar a la Eucaristía significa renovarla de manera profunda y significativa, recordándonos que somos creyentes en un viaje continuo y siempre renovador, donde Dios es el protagonista y nosotros tenemos la responsabilidad de vivir esta experiencia con dedicación y alegría.
La comunidad de Santiago claramente evidencia una ruptura de criterios fraternos en el trato desigual y forjado en base a apariencias. ¡Qué tan apetecible siempre han sido las apariencias! hasta para el más santo, esto mismo es una tentación. Por otro lado, la comunidad de Santiago revela un grupo humano que desdibuja la caridad y fraternidad, imponiendo la idea de autoridad y grupos de privilegios y otro de esclavos.
Por otro lado, el Evangelio es una ventana a una comunidad donde la presencia de Jesús es el signo de que entra hasta las entrañas de la miseria humana para restituirla en su condición original, la relación amorosa con su creador. Tres signos: Jesús lo lleva a solas con él, le mete los dedos a los oídos, y con sus saliva toca la lengua. Jesús entra en lo más profundo de nuestras entrañas, sin apariencias, sin antesalas, únicamente quiere que le veamos a Él como el único Señor que tiene palabras de vida eterna, y que no sabremos a dónde ir, y con quién ir, si no es tras de sus huellas.
Ésta es la alegría que inunda de agradecimiento a la comunidad de San Marcos, no solo al que lo ha curado sino a todos en ella. No pueden quedarse callados los discípulos, aunque Jesús les dice que guarden discreción, ellos no pueden guardar y enterrar el gran tesoro que les hace dibujar en sus rostros una bella sonrisa que brota desde el alma.
Estimados hermanos, Dios nos da una misión, y también la fuerza para ajustar lo que nos impide el encuentro cotidiano con él: las apariencias y el autoengaño.
Dios nos dé la luz y la paz que nuestro corazón necesita.

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.