Constancia y fidelidad es lo que atribuye este texto dominical al hijo que recapacitó su respuesta contraria a la voluntad del Padre. Se detuvo en su camino, reflexionó y arrepentido de su respuesta, volvió a la viña de su Padre para continuar trabajando. Esta es la lógica argumentativa y práctica de la experiencia del creyente, del seguidor de la buena noticia de Jesucristo: la compasión y el arrepentimiento, “lento a la cólera y rico en piedad y leal” con el que lo invoca.
Este texto me recuerda a la manera en cómo Calasanz pretendió que la obra pía de dar luz a los niños y jóvenes más desfavorecidos, quedara en manos de otros. Buscó en varias congregaciones religiosas, en los maestros rionales, y todos le cerraban la puerta… hasta que recapacitó, y volviéndose a sí y dialogando con el Espíritu Santo, aceptó continuar con tal obra pía que hasta ahora seguimos impulsando entre religiosos y laicos.
Calasanz dispuso su voluntad totalmente a la voluntad del Padre para seguir caminando juntos, en comunión y bendiciendo a las creaturas con la paternidad que solo Calasanz podría dar a los niños abandonados de aquel siglo romano. Esto irrumpió su vida de manera definitiva, pues así, es como logró comprender con plenitud, lo que quiere decir: compasión quiero y no sacrificios; o aquellas palabras que dicen: “lo que hiciste a uno de estos pequeños a mi me lo hiciste”. Pues bien, solo la atracción de la voluntad del Padre, en su amor, compasión, lealtad, constancia, fidelidad, hace que el hijo torne a la casa de su Padre, rectifique y se quede en la casa.
Así, en la parábola del Evangelio de hoy, el Señor nos invita a hacer un ejercicio de reflexión personal sobre nuestra práctica. A detectar nuestras resistencias al proyecto de amar en el Reino de Dios y su justicia, a detectar nuestras ofensas a la creación y a las creaturas, a desarrollar en nuestras vidas el perdón y la reconciliación para vivir conectados y no desconectados a la voluntad del Padre. Hay muchas razones para vivir en comunión con la voluntad del Padre, para volver a él, para permanecer en él… quizá la más importante es no vivir en el abandono o en la soledad.
La Palabra de Dios tiene una fuerza incalculable de restauración, de reintegración, de regeneración, de transformación. Muchas veces leemos en el texto la manera en como Dios y el cielo se alegra porque lo que estaba perdido se ha vuelto a encontrar. El arrepentimiento y la rectificación de nuestra voluntad es el llamado al reconocimiento de la grandeza restauradora del amor del Padre en nuestras vidas. Gracias esta interna intuición, podemos nuevamente, ajustar el paso y seguir las huellas del Señor: “Porque es eterna tu misericordia”.
1 de octubre de 2023 | XXVI domingo del Tiempo Ordinario
Mt 21, 28-32: ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.