Bendecido día, estimados lectores de Panorama Calasanz. La gracia y la paz a través de la meditación de la Palabra continúe siendo su fortaleza y guía en sus vidas.
Este domingo de Pascua la Palabra nos ayuda a poner en el centro la dinámica del discernimiento a través de la búsqueda de la verdad. El Evangelista San Juan escribe: “Si me aman, guardarán mis mandamientos”. Amar a Jesús, puede tener una referencia afectiva. Amar a Jesús puede correlacionarse con la intensidad de fidelidad y lealtad por el amor correspondido o donado. Amar a Jesús puede ser la reacción agradecida por “haber recibido una gracia” a cambio. En fin, no es mi intensión estigmatizar las puertas por las que Dios se vale para que le conozcan y le amen. Dios tiene más de un camino para llegar a él. Sin embargo, deseo plantear la afirmación de que amar a Jesús, es amar lo que Él amó, amar a Jesús significa ser atraído por aquello que le apasionaba y experimentaba día a día como motor de su vida. Amar a Jesús no es un simple sentimiento de admiración, sino de atracción, de asentimiento, de identificación, de adhesión, de relación íntima corresponsable, de amor.
No obstante, Jesús dio su vida en servicio de los demás, no para buscar gloria personal, para que le alabaran, o le quisieran, sino que todo lo que hizo es para que vieran a su Padre y viendo sus obras, entonces creyéramos y tuviéramos acceso al Padre, como él cada día lo tenía. Esto es maravilloso, Jesús no dio su vida con la muerte, sino que, durante su vida, dio la vida en servicio a los demás, día a día, porque esos eran reflejos en la tierra de su amor que sentía por su Padre. Una persona inspirada, amada, llena del Paráclito, que actuaba conforme a la relación que le vinculaba a su Padre.
Si esto es de este modo, amamos lo que Jesús amó y por eso le amamos. Además, lo que nos apasiona de Jesús no es la búsqueda de su gloria personal, sino que Él deseaba era ser reflejo en el servicio de sus hermanos: la voz, los oídos, los pies, el corazón, las manos, de su Padre para que le conocieran y accedieran a Él. Entonces, podemos afirmar también que, si finalmente conocemos al Padre, entonces accedemos a La Verdad, La Bondad, La Belleza. Por eso, Jesús es el Camino, la Verdad, y la Vida. Es decir, amamos la vida que el Padre provee y agradecemos su infinita misericordia. Esta es la Verdad que buscamos, al modo en como lo hacía Jesús, y por eso lo amamos. Buscamos, cómo haría las cosas el Dios de la vida, el Dios de la creación, el Padre de Jesús. A su vez, Jesús lo traducía en cercanía, servicio, acogida, misericordia, etc. Cada una de sus acciones se vuelve un reflejo de la Verdad, la voluntad de Dios, cada acción de Jesús se vuelve el discernimiento a través del cual se ejercita el discípulo, día a día.
Finalmente, si la búsqueda de la verdad, es una cualidad fundamental del discernimiento, entonces, podríamos decir, que cumplir los mandatos de Jesús, no es un simple e ingenuo asentimiento o una ingenua obediencia, sino es una consecuencia de la voluntad del Padre en la tierra. El discernimiento de la Verdad tiene como fuente el amor a Jesús y tiende como a su fin; el amor al Padre a través del amor a Jesús será finalmente, el encuentro amoroso con el Padre y la traducción de ese encuentro en obediencia y verdad en nuestro mundo.
Por eso amar a Jesús, no es una cuestión ética, lógica, jurídica, sentimental, psicológica, sino que es un profundo y continuo camino de conocimiento del Padre, amamos lo que él amó: a su hijo Jesucristo, y en él a todo el género humano que ha sido salvado por su misericordia. Mientras más intenso es el amor, más es la libertad en la verdad con la que actuamos, siendo reflejo del amor a los demás.
Por lo tanto, escrutar el amor de Padre y gustar de Él, es principio de Verdad: Él es la fuente de donde emana la Verdad. Así Jesús, hace las obras que le ha escuchado a su Padre en medio de sus discípulos y a los habitantes de Jerusalén y sus alrededores. Jesús anuncia un nuevo modo de relacionarnos, de mirarnos, de comportarnos, de amarnos. El efecto de tal amor que son nuestras acciones están íntimamente ligadas a la estrecha relación con el Padre quien es comunicado a través del inmenso amor que se tienen el Padre y el hijo.
Por eso, el discernimiento no son solo afirmaciones convenientes, jurídicas, lógicas, o normas convenientemente sociales, sino el discernimiento es la expresión de la verdad por tal amor íntimo entre el Padre y el discípulo, entre Jesús y el discípulo: “quien me ve a mi, ve a mi Padre”.
Tal espíritu de Jesús hacia su Padre, tal relación tan absolutamente inseparable y cercana, es la promesa que Él hace, cuando nos promete enviarnos otro Paráclito. Eso es lo absolutamente esencial en la vida del cristiano: recibir al Paráclito quien le guiará el resto de su vida. Los apóstoles bajaron a imponer las manos y a conceder el don del Espíritu, pues solo eran bautizados. Ellos bajaron para compartir el carácter de nuestra vida cristiana. Nuestras acciones solo pueden estar guiadas bajo la relación estrecha en el amor, y tal amor es Jesucristo y su Padre juntos.
Julio Alberto Álvarez, Sch. P.
14 de mayo de 2023 | VI Domingo de Pascua
Jn 14, 15-21: Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

JULIO ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ
Escolapio
Nació en Puebla. Amante de la naturaleza y siempre dispuesto a aprender.